Hace poco te hablamos de las desventajas que trae eso de darle al chicle continuamente. Ahora bien, el que no lleva azúcar tiene algunos beneficios que te van a dejar con los ojos abiertos.



Según la repetición de estudios realizada por la Asociación Española de Fabricantes de Caramelos Y Chicles (CAYCHI), más del 50% de la población española consume a diario caramelos de masca para calmar distintas ansiedades. La cifra se repite en las diferentes franjas de edades.

La media hasta ahora mostraba que la mitad de la población se reconocía consumidora de chicles, pero los estudios realizados en este año revelan que la cifra ya alcanza un 85% de población y siempre por el mismo motivo: la ansiedad. Y es que este motivo es el principal mal que reduce cuando existe estrés o ansiedad. Masticar chicle supone hacer ejercicio mandibular y al ser sistemático los nervios se reducen.

Sirve también para calmar la ansiedad que pueden producir acciones como dejar de fumar, realizar una dieta estricta, tener hambre o demás situaciones que alteren el sistema nervioso.

En relacion a la comida, las personas que comen después de las comidas reducen su ingesta de calorías en un 8,2%, de manera que también participa en la bajada de peso.

Esto es así porque su práctica activa en el cerebro la sensación de saciedad. Además de suponer un leve gasto calórico que gira alrededor de las 11 calorías por hora, algo que nunca viene mal.

Alivia los dolores de cabeza precisamente por su acción continuada, ya que el sentido de comer chicle es no parar de masticar.

Reduce también las náuseas y es un buen amigo de las malas digestiones o dolores de estómago.

El chicle contiene xilitol, un edulcorante, y gracias a ello ayuda a reducir las caries e incluso previene de sus apariciones, ya que reduce el crecimiento de la bacteria que las causa. Relacionado con la higiene bucal, también previene el desgaste del esmalte de los dientes.

Aunque sin duda la ventaja más curiosa de este ejercicio es la que se relaciona con la memoria directamente. Sí, algunos estudios recientes están comprobando que las personas que mascan chicle son más asiduas a retener información y cuentan con una agilidad superior en el proceso de aprendizaje y al pensar. La razón se debe al sencillo acto de masticar repetidamente, lo que se traduce en mandar continuamente órdenes al cerebro. Así, éste nunca deja de trabajar y está acostumbrado a ir unos cuantos pasos por delante.

Siempre y cuando no se pase de más de 20 tomas diarias, ¿quién quiere un chicle?


esquire.es 09/06/14