Después de perder a mi anterior perro por una enfermedad en el corazón,
decidí que no había mejor manera de demostrar mi creencia en que todos los animales
son dignos de amor que abriéndole mi corazón y las puertas de mi casa a
un perro con necesidades especiales.

Adopté a Vespa en una organización dedicada a encontrarle hogar a las mascotas.
En lugar de con patas delanteras, Vespa nació con unas pequeñas “alitas de pollo”
que le permiten gatear o saltar pero sólo sobre superficies blandas como el césped o alfombra.

Debido a que Vespa no era un candidato para poder usar prótesis,
me decidí a investigar sobre el uso de ruedas delanteras en perros.
La falta de extremidades anteriores son un desafío mucho más grande que la falta de miembros posteriores.

Vespa y yo volamos a Denver para ver a un grupo especialista en mejorar la movilidad
de los animales.
Allí le hicieron un molde de su pecho para poder hacer un chaleco especial con ruedas.

Una vez en casa, he trabajado con ella para estirar las piernas y le ayudé para que aprendiese a correr.
La puerta a un gran mundo se ha abierto para mi dulce Vespa.

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