La mañana era tan brumosa que apenas se veía un metro de carretera, a pesar de llevar el coche como todas las luces, que parcia una romería, casi no vio las luces de emergencia del vehículo de la autopista que iba delante. Frenó con cuidado, pues aún quedaba restos de hielo de la noche tan fría que había hecho. Tuvo que esperar a que el vehículo diera la orden de poder seguir, ya que apenas tenía hueco por donde pasar.

Mientras se puso a hacer unas llamadas que tenía pendientes del trabajo, así pasaría el tiempo y se le haría menos pesada la espera; aunque algo en el retrovisor le hizo alzar la vista. Unas luces se aproximaban a gran velocidad y no tenían trazas de frenar.

Y no frenó, se le incrustó en la parte trasera del coche, menos mal, que Maggie no se había quitado el cinturón, mientras esperaba, sino se hubiera incrustado en el parabrisas. Pero no fue el único que se empotro, sino que le siguieron una tanda más de coches y en cuestión de un segundo, se formó tal colisión en cadena, que parecían autos de choque. Maggie salió del coche con un humor de perros, al mismo tiempo, los efectivos de seguridad fueron a ocuparse del accidente y para cerciorarse de que todo el mundo estuviera bien y no hubiera heridos. Afortunadamente, todo el mundo estaba bien, con unas contusiones propias del choque, pero sin víctimas importantes, tan solo era metal apachurrado.

El conductor que provocó el accidente, salió del coche muy preocupado y comentando que se quedó sin frenos y que no podía hacer nada, el coche empezó a patinar y la única cosa que podía hacer era dejar que fuera por su propia inercia. Lo único que le preocupaba es que el conductor del coche de delante estuviera bien y no tuviera ninguna contusión importante.

Cuando ambos cruzaron sus miradas, no podían dar crédito a lo que estaban viendo, Maggie reconoció a John y John reconocido a Maggie, su gran amor y a la que había perdido hacía ya mucho tiempo. Todo volvió a aquel día de verano cuando ambos se conocieron y se enamoraron.

- ¡¡¡¡¡¡¿¿¿Tu???!!!!!!, tenías que ser precisamente tu quien organizase todo este tumulto – dijo Maggie
- ¡¡¿¿Maggie??!!, ¿eres tú? Estas como siempre, tan simpática. ¿Estás herida?
- - Estoy bien, pero no gracias a tus acciones.

En ese momento Maggie se dio cuenta de porque se había enamorado de él nada más verle, su vestimenta informal, a pesar de ser el dueño de la empresa de informática más importante del país, su sonrisa torcida y su mirada picara.

John recordó, también, porque había sido tan tondo de dejarla marchar hace tanto tiempo, a pesar de tener un carácter impredecible, Maggie, seguía siendo su amor.

Mientras ellos se miraban y recordaban todo lo que habían perdido por su intransigencia y por las habladurías de terceras personas que no podían soportar que fueran la pareja más enamorada y bien avenida de la cuadrilla. Aunque ambos ya se conocían por oídas, no lo habían hecho en persona hasta que coincidieron en una cena de amigos comunes. Fue un reconocimiento mutuo y en ese mismo momento supieron que serían pareja. Y no paso mucho tiempo hasta que se hicieran novios y planearan su boda; pero el futuro no sería tan de rosa, cuando John no apareció el día de su boda civil. Maggie estaba destrozada y la única salida que vio factible fue alejarse de todo, familia, amigos y trabajo; y marcharse muy lejos. Así lo hizo, y se marchó a la sucursal de Miami que tenía la empresa de arquitectura y allí paso los últimos diez años, hasta que decidió regresar. Apenas, hacia una semana que había vuelto y se estaba poniendo al día de su nuevo trabajo. Hasta que ahora, había pasado esto: encontrarse cara a cara con su pasado.

Después de que toda la colisión se había arreglado, retiraran los coches y atendieran a los pasajeros de los otros coches de simples contusiones sin importancia, John y Maggie se volvieron a mirar.

- Creo que tenemos una conversación pendiente – dijo John
- Lo dudo, ya que fuiste tú quien me dejo sola, no tengo nada que aclarar contigo – dijo Maggie
- Pues yo soy de una opinión contraria. Aceptas tomarte un café contigo o de lo contrario no parare hasta conseguirlo, y sabes que soy capaz de alterarte mucho la vida. Maggie sabía que lo haría, pues en el vocabulario de John no estaba la palabra “no”, no existía; y desde luego no pararía hasta que Maggie cediera.
- Vale, déjame que arregle la situación actual en el trabajo y luego quedamos en la cafetería de siempre, dentro de una hora.
- Bien, allí te espero – dijo John, mientras la miraba como se alejaba en el coche que la empresa había enviado hasta la zona del desastre.

Maggie, iba pensando si había hecho bien en aceptar tomar el café con John; todavía recordaba aquel día y no solo la decepción del silencio de John, sino la humillación por la que paso. No comprendía la actitud de John, puesto que su relación se había basado en decirse la verdad por muy dura que fuera, porqué le había hecho ese desprecio. Si no la quería podría habérselo dicho cara a cara y solucionar los problemas que hubieran tenido, pero no había sido así, la había dejado sola con todos los invitados y su familia. Llego a la oficina, y explicó lo que había ocurrido, dejo arreglado el proyecto que tenía que entregar al día siguiente, se armó de valor y fue al encuentro de John.

Allí estaba, sentado en la misma mesa donde se habían confesado muchas cosas y donde habían planeado su vida juntos. Algo en el pecho de Maggie se detuvo al cruzar su mirada con la de John, aun sentía mariposas en el estómago cuando la miraba de esa forma, como si le hiciera una sesión de rayos X y pudiera ver dentro de ella todo lo que sentía.

- Hola, gracias por venir. Te veo muy bien – dijo John
- Pero no gracias a ti – dijo Maggie
- Mi Maggie de siempre, impulsiva en todo lo que dice y hace. A pesar de querer mantenerse seria, Maggie no pudo más que sonreír ante la mirada de niño travieso de John.
- Soy ya mayor para cambiar y es mejor seguir como soy, así nadie tiene que pensar mucho como actuar conmigo – dijo Maggie.
- Touche….

Pidieron dos cafés y se pusieron al día de lo que les había ocurrido en esos diez años y llegaron al quid de la cuestión, a lo que ocurrió el fatídico día de primavera. Por muchas vueltas que quisieran dar, todos los pensamiento y actitudes se dirigían a aquella hora de la tarde.

- Creo que ha llegado la hora de hacer frente a lo que ocurrió y porque me dejaste plantada delante del juez – dijo Maggie
- Yo no te deje plantada – dijo John, mientras la miraba enfurruñado. Me llamaron de Nueva York, mi padre se estaba muriendo y quería despedirse de mí. Le di una carta a George para que te la diera, en ella te decía que te reunirías conmigo, mientras yo me adelantaba.
- Mentira – dijo Maggie, mientras unas minúsculas lágrimas de impotencia aparecían en sus ojos. Yo no recibí ninguna carta. George, cuando llego me dijo que te había dejado en casa y él se había adelantado para saber si todo estaba bien y para ayudar a Steffany en lo que necesitara-
- Eso no es verdad. Recibí la llamada de mi madre, ella te lo puede afirmar, me mandaron el avión de la familia, y te dejé los billetes en el aeropuerto, todo te lo decía en la carta. Te estuve esperando, aunque fueron días muy complicados, poniendo la empresa en orden y enfrentándome con todas las sanguijuelas que mi padre tenía al lado. Nunca perdí la esperanza de que te reunirías conmigo. Además, cuando llamé a tu familia no la pude encontrar y George y Steffany me dijeron que te habías ido sin dar ninguna explicación y que no sabían dónde estabas.
- Después de sentirme tan humillada me quise ir y olvidar todo lo que me había pasado – dijo Maggie mientras le miraba atónita y sin llegar a entender lo que realmente estaba ocurriendo, intentando aceptar la explicación de John. Me marche a Miami, me lleve a mi familia y me desligué de todo lo que había dejado aquí. A George y Steffany les dije a donde iba y les dejé mi dirección y teléfono por si había dejado algo aquí inconcluso. Si te soy sincera, sí que encontré sus actitudes algo raras y que podía haber algo escondido, pero el dolor era tan fuerte que no quise darle mayor importancia.
- Así que hemos estado atrapados en una tela de araña, gracias a nuestros mejores amigos, dijo John con una mirada muy rara y que Maggie no conocía. Habrá que ponerlos en su sitio.

Se pusieron de acuerdo en lo que iban hacer, como en los viejos tiempos y toda esa complicidad entre ambos volvió como si el tiempo no hubiera pasado.

Cuando George y Steffany les vieron juntos, todo el color de la cara se les escapo y se quedaran tan pálidos que los fantasmas tenían algo más de color. Ante su mirada, no les quedó más remedio que confesar el complot que habían armado para separarlos, puesto que Steffany estaba enamorada de John y George de Maggie. No querían que fueran felices y que, si no podían estar con ellos, la mejor forma era separarles de por vida y que nunca se volvieran a ver.

Tanto John como Maggie no daban crédito a lo que les estaban contando y oyendo, hasta donde podía llegar un ser humano por la envidia y la destrucción de la felicidad ajena. Podían tomar muchas decisiones ante la actitud de sus amigos, pero decidieron dejarles con sus miserias, esas personas no merecían ni sus lágrimas, no sus insultos, ni sus palabras de agravio. Su mejor venganza era que les vieran juntos y felices como siempre tendría que haber sido.

Maggie y John salieron de la cafetería, se miraron y se fusionaron en un abrazo. Sus ojos se encontraron y sus labios de fundieron en un apasionado beso, donde los años no hubieran pasado en vano. Se separaron sin apenas respiración y sus corazones latían tan fuerte que se podían oír.

- Me aceptaras una invitación a cenar, ¿verdad? – dijo John

Maggie le miro y esa mirada le decía todo lo que su corazón no podía explicar.