El cierre de la Administración Federal retrasa la actualización del Modelo Magnético Mundial debido al rápido desplazamiento del polo norte que afecta a la navegación.


Representación del campo magnético que emana del interior del planeta, deformado por el viento solar en la parte izquierda./ESA

¿Qué tienen que ver las hamburguesas con el campo magnético de la Tierra? Pues en este momento están relacionados. Hace unos días, el presidente estadounidense Trump recibió en la Casa Blanca al equipo ganador del campeonato nacional de fútbol americano universitario y el ágape consistió en hamburguesas de dos grandes marcas de comida rápida. La razón de esta extraña experiencia gastronómica fue el cierre de la Administración Federal decretada por Trump, que ha afectado también al personal de la Casa Blanca y que estos días cumple un mes de duración.

La parálisis administrativa teniendo consecuencias mucho más graves que esta llamativa anécdota y la ciencia es una de las áreas más afectadas, ya que el gigante norteamericano tiene el sistema público de I+D más avanzado del mundo y la naturaleza no sabe de desafíos políticos como el de Trump a los congresistas demócratas. El polo norte magnético (que en realidad es el polo sur del gigantesco imán que representa la Tierra) está moviéndose rápidamente y la semana pasada los científicos coordinados por un organismo estadounidense pensaban hacer público el nuevo Modelo Magnético Mundial, que afecta a todos los sistemas de navegación modernos, como el GPS. Por ahora se ha pospuesto hasta finales de mes la presentación, con la esperanza de que para entonces la situación se normalice.

Este nuevo modelo actualiza el anterior, que se hizo público en 2015 y estaba previsto que permaneciera en vigor hasta 2020. Sin embargo, los observatorios que miden continuamente el campo magnético terrestre, haciendo un servicio al mundo que prácticamente nadie conoce, han constatado que el eje magnético, que nunca coincide con el geográfico (el de rotación de la Tierra), está desplazándose con inusual rapidez. Se mueve en el norte del planeta desde Canadá hacia Siberia y el año pasado sobrepasó el meridiano cero, o sea que está ya en el hemisferio oriental. Esto hace necesario una corrección urgente en el actual modelo, para evitar que el error de las medidas de navegación, las de barcos, aviones, sistemas militares, satélites y cualquier particular que use Google Maps, sea cada vez mayor.

Los sistemas de navegación se orientan por los polos magnéticos y es necesario conocer con la mayor exactitud posible la llamada declinación magnética, que es la diferencia en cada punto del planeta entre el norte geográfico y el que marca la brújula para poder conocer dónde se encuentra algo. El Instituto Geográfico Nacional, por ejemplo se surte de estos modelos para su servicio de cálculo de la declinación magnética en la Península y Baleares.


Deriva del polo magnético en el norte de la Tierra desde 1900 (en rojo). /BGS

Además del movimiento del polo norte magnético, también ha habido desde 2016 otros cambios en el interior del planeta que han modificado el campo magnético terrestre, explicó recientemente el científico estadounidense Arnaud Chulliat en la revista Nature. Los satélites Swarm de la Agencia Europea del Espacio, y los especialistas de la Agencia del Océano y la Atmósfera de Estados Unidos (NOAA) y del Instituto Geológico Británico (BGS) fueron, entre otros, los que comprobaron que el modelo (que representa el campo magnético y también predice su evolución) se estaba quedando anticuado rápidamente y empezaron a modificarlo con los datos de los tres últimos años.

Aunque no se conoce exactamente cómo se genera el campo magnético que forma una burbuja alrededor de la Tierra (la magnetosfera) que la protege en parte de la radiación solar y cósmica, sí se sabe que el componente principal es el movimiento de la aleación de hierro líquido en el núcleo externo terrestre, que rodea el núcleo interno, sólido y metálico. Los científicos llevan casi dos siglos estudiando el polo norte magnético, que durante el siglo pasado subió de latitud desde los 70 grados a más de 80 grados en el norte de Canadá. El polo sur también se desplaza, pero de forma distinta, en la Antártida.

Ya en este siglo el polo norte magnético se ha movido a más velocidad, acercándose al polo norte geográfico, y parece dirigirse directamente hacia Siberia. La investigación sobre la historia de la Tierra ha mostrado que los polos magnéticos errantes son la norma más que la excepción. Pasa lo mismo con la inversión periódica entre el norte y el sur magnéticos, sin que este cambio, que tarda muchos años en completarse, parezca haber afectado a la vida en el planeta. De hecho, la última inversión tuvo lugar hace 780.000 años, durante la Edad de Piedra de la humanidad.

El Modelo Magnético Mundial es una de las dos únicas herramientas de precisión disponibles para conocer la declinación y aplicarla a la navegación, por lo que es muy utilizada en el mundo entero y sus actualizaciones muy esperadas, tanto por la OTAN como por el sistema Android de los móviles, por poner solo dos ejemplos.

publico.es / Malen Ruiz de Elvira, 22 enero 2019

Trump, las hamburguesas y el GPS