..... Una representante de «Compassion in World Farming» dejó a los asistentes a una conferencia tan estupefactos, que no pudieron ni aplaudir al final

1. El público se cree todo lo que pone en las etiquetas

Apenas seis minutos. Eso es lo que necesitó una portavoz de la asociación «Compassion in World Farming» (que lucha contra la explotación de los animales y su cría en granjas intensivas) para dejar sin palabras a un auditorio lleno de estudiantes universitarios. Y es que, en esos 360 segundos, una actriz contratada por esta organización como ponente demostró cómo desvían la atención del consumidor algunas firmas alimentarias y determinados supermercados para que la sociedad no se pregunte de dónde proceden los alimentos que compra.

A su vez, la conferencia –que fue subida a YouTube a principios de septiembre y cuenta ya con casi medio millón de visitas- mostró cómo algunas empresas logran, mediante técnicas muy sencillas, que sus clientes no se cuestionen cómo han sido criados los animales cuya carne y derivados se pueden adquirir en el supermercado. La información recibida debió ser demasiado impactante para el público, pues ninguno de los presentes pudo dar ni sola una palmada al final de la misma para agradecer la ponencia.

El público se cree todo lo que pone en las etiquetas

La primera técnica que la actriz (que hacía las veces de una experta en marketing durante la conferencia para favorecer la llegada del mensaje a sus interlocutores) explica al público parece sencilla: «La gente se cree todo lo que pone en las etiquetas». Sin embargo, los ejemplos que ofrece hacen pensar que, en muchos casos, determinadas marcas pueden modificar el comportamiento de los consumidores con eslóganes de lo más sencillos.

Es el caso de los «Shreddies», unos cereales cuadrados comercializados en Nueva Zelanda e Inglaterra que, cuando empezaron a perder ventas hace unos años, decidieron dar «un giro radical a su producto» (y nunca mejor dicho). ¿Qué hicieron para captar más clientes? Voltear la imagen de los cereales 45 grados y afirmar que habían creado un nuevo tipo en forma de diamante. La idea les granjeó unos beneficios increíbles sin gastar ni un dólar, y todo ello gracias al marketing.

A su vez, la ponente pone ejemplos mucho más actuales y que se centran más en el tema de la exposición. El primero hacer referencia a la etiqueta «Producto de granja». Según afirma, al ver esta frase, el consumidor piensa en un rancho de película en el que los animales vagan por la campiña libremente. Sin embargo, en realidad están tan masificadas que pueden tener más de 4.000 gallinas en una habitación. «Sería mejor decir que es un sistema en el que los animales están confinados, pero eso no queda bien en la etiqueta», señala la representante de la organización.

2. Un mensaje siempre positivo

A continuación, la actriz -que representa el papel de experta en marketing- explica la siguiente regla de oro de algunas firmas alimentarias: conseguir que el público pase por alto el maltrato de los animales en las granjas masificadas y hacer que nadie preste atención a sus penosas condiciones de vida. Para ello, se esfuerzan en que sus mensajes asocien el progreso a la «ganadería intensiva» (aquella que confina a miles de animales en una habitación para abaratar costes y aumentar la producción). «El desafío para los vendedores es que el consumidor se sienta a gusto con aquello que está viendo», destaca la ponente.

Para conseguir este objetivo, el marketing hace uso de una sencilla técnica: recurrir siempre a mensajes positivos. De esta forma, en lugar de señalar que el 50% de los medicamentos mundiales se usan en animales de granjas masificadas, dicen simplemente que «Como la tecnología se ha vuelto más eficiente, los veterinarios incorporan [en las granjas] nuevas tecnologías y métodos en sus prácticas».

3. El propio consumidor

La tercera técnica es la definitiva. Según la ponente, el «arma secreta» de algunas empresas que masifican las granjas es el propio consumidor, que, al no querer saber de dónde vienen los productos que está comprando, tiene una «ignorancia voluntaria» hacia esa información. Toda una lección que dejó sin palabras a un centenar de personas.

abc.es 29/09/14