No hay que bucear mucho en el diccionario para encontrar adjetivos que definan a quien ha marcado con su ingenio la historia de Apple. Steve Jobs, el genio, creativo, visionario y responsable de que la compañía de Cupertino sea a día de hoy una de las empresas más valoradas, sigue, un año después de su muerte, detrás del éxito arrollador de la manzana. Él y no otro es el responsable de que Apple no solo sea una marca, sino también una forma de ser y de entender la tecnología e incluso una obsesión para muchos de sus incondicionales seguidores. Y es que aquel fan de los Beatles que creó Apple en un garaje no fue solo un as de la tecnología, sino también del márketing, sabiendo dotar a sus presentaciones de un halo de genialidad que más de uno ha intentado imitar sin éxito.

Pero Steve Jobs no era solo apariencia. El alma de Apple, literalmente, ha sido una aportación clave para la industria tecnológica y musical: iTunes, iPod, iPhone, iPad, Mac... y ha revolucionado un mercado que todavía hoy vive sus mejores momentos gracias a algunas de sus creaciones.


Gracias a un ingente talento y a un socio prometedor, Jobs fundó en 1976 junto a Steve Wozniak Apple, una incipiente empresa en la que sus ideas no llegaron a encajar del todo, por lo que en 1984 fue retirado de la compañía que él mismo había fundado. Los datos narran por sí solos la historia de su ausencia, pues las cifras de Apple empeoraron de manera más que notable hasta su regreso, en 1997. Lo que pasó a partir de ese año ya se conoce: llegó la era del «Think different» («piensa diferente»), del diseño, el minimalismo, la usabilidad y la revolución.

Con 56 años, el cáncer que Steve Jobs había llevado casi en secreto y cuyo alcance solo era delatado por su deteriorada apariencia retiró al genio de los focos y de las entrañas de Apple. Solo un mes antes su mano derecha, Tim Cook, ya había sido designado como sustituto de Jobs en Cupertino y encargado de mantener a la compañía donde su mentor la había dejado. Pero la sombra de Jobs es más que alargada y, al igual que con cada dato negativo sobre su enfermedad las acciones de Apple se desplomaban en Bolsa, los mercados no acabaron por «cogerle el punto» a Cook y volvieron a castigar a la compañía el día de la muerte de Jobs, así como cuando Cook se enfrentó solo al escenario vacío para afrontar la primera «Keynote» como nuevo líder.

El solo hecho de que el apellido Jobs se convirtiera en sinónimo de Apple hizo que la muerte del creador, aunque tristemente prevista, preocupara a más de uno por el futuro de la compañía. Expertos y analistas se apresuraron a alertar de que, sin Steve Jobs, Apple correría la suerte que le había tocado años atrás, cuando su creador fue apartado. Esto no puede predecirse todavía, cuando un año después de su muerte la mano de Jobs sigue detrás de todo lo que Apple presenta. Su modo de entender el trabajo así como su inventiva y genialidad marcan todavía las decisiones y los productos con la que la compañía de la manzana llena cada día sus tiendas de todo el mundo.


Solo el paso del tiempo y la llegada de nuevas generaciones puede difuminar la marcada sombra que todavía planea sobre Apple, pues parece claro que será una ardua tarea para la empresa repetir, o al menos imitar, el legado que Jobs ha dejado en Cupertino y que ha hecho que la estrategia de Apple siga constantemente asociada a su creador.

«La muerte es, probablemente, el mejor regalo de la vida». El discurso que Steve Jobs pronunciaba en la Universidad de Standford en 2005 fue uno de los vídeos más reproducidos en YourTube tras su muerte. Tanto seguidores como detractores de la manzana coinciden en que Steve Jobs ha marcado un antes y un después en el modo de entender la tecnología. Y seguirá así mucho tiempo, hasta que llegue el siguiente genio. «El único modo de realizar un gran trabajo es amar lo que uno hace. No sean conformistas».


Fuente: ABC