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El buceo autónomo es una de las actividades deportivas más gratificantes que existen. Mediante él, los humanos logramos acceder a un mundo maravilloso y totalmente diferente al que estamos acostumbrados en el medio aéreo donde vivimos, y eso ha motivado que hoy en día, millones de personas lo hayan practicado y otras muchas se preparen cada día para vivir la experiencia.

Pero, como prácticamente todo en la vida, el buceo tiene sus propias reglas que son de riguroso cumplimiento ya que pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte. La violación de algunas de ellas puede llevar a la aparición de la peligrosa enfermedad de la descompresión, un grave padecimiento del que te hablaremos hoy.



Explicación científica del síndrome de descomprensión

Esta enfermedad se observó por primera vez en 1841, cuando unos buzos que debían permanecer largo tiempo sumergidos comenzaron a notar unos síntomas muy extraños cuando volvían a la condición atmosférica habitual, como debilidad extrema, miembros adormecidos, entre otros de mayor gravedad.

Los médicos no estaban exactamente seguros de qué producía este mal, pero sabían que podía tratarse introduciendo a la víctima en una cámara de alta presión que fuera disminuyendo la misma de manera lenta y progresiva, hasta alcanzar la presión a nivel del mar. Por este motivo, fue llamada enfermedad descompresiva o de la descompresión.

Hoy se sabe que el origen de esta enfermedad es la formación de burbujas de gas inerte, en este caso Nitrógeno, en el interior de nuestro cuerpo. Este gas se encuentra disuelto pero inactivo en nuestra sangre y no representa ningún peligro a la presión atmosférica a la que estamos acostumbrados en la superficie terrestre, pero todo cambia cuando hacemos una inmersión en el mar.

Fase de descenso

Al descender, la presión atmosférica aumenta de manera sostenible sobre nuestro cuerpo, produciéndose un incremento de las presiones parciales del gas en la sangre, los alveolos pulmonares y los tejidos, produciendo una absorción y una dilución de los mismos en el organismo, lo cual se conoce como fase de saturación.

La cantidad de gas absorbida es proporcional a la presión parcial del gas según estipula la ley de Henry, por lo que el tiempo de exposición, la profundidad, la temperatura, el riego sanguíneo y otros factores influirán en el grado de saturación que alcanzaremos.

Fase de ascenso

Cuando termina nuestro buceo y ascendemos a la superficie, ocurre exactamente lo contrario, se invierte el gradiente de presión y los gases se liberan de los tejidos y salen a la sangre y los pulmones, es la conocida como fase de desaturación.

Todo este gas sobrante debe liberarse lentamente, por lo que hay tiempos de ascenso muy bien establecidos en dependencia de la profundidad y la duración de la inmersión. Si no se respetaran estos plazos y la liberación de gas es muy rápido, ocurriría un proceso llamado sobresaturación crítica y se formarían peligrosas burbujas en nuestro interior. Es un proceso análogo a los que ocurre cuando abrimos una lata de refresco que contenga gas a presión.

Consecuencias de este proceso

Las consecuencias de esta liberación de burbujas podrían ser tan graves que pueden provocar una parálisis permanente o incluso la muerte del buceador. Una vez liberadas, pueden obstruir los vasos sanguíneos impidiendo la irrigación de determinadas zonas del cuerpo y algunas terminaciones nerviosas, lo cual podría inducir infartos cerebrales, cardíacos y daños generalizados en zonas del esqueleto, pulmones y muchos otros sitios.

El paciente que padece la enfermedad descompresiva debe ser llevado lo más rápido posible a una cámara de alta presión, la cual sigue siendo la mejor solución para evitar desenlaces fatales. No obstante, la mejor solución es la prevención y la disciplina, con lo cual seguro podremos seguir disfrutando del fondo marino.

Ojocientífco.com 13/04/14