Espacioprofundo.es 26/02/13

Son muchos los datos que nos señalan que en el pasado marciano, el planeta rojo pudo tener una superficie húmeda, la presencia de esta agua nos muestra un mundo más cálido que podría haber sido el hogar de formas de vida. Pero si hay algo que desearían ver todos los astrobiólogos seria la existencia de vida microbiana en la actual superficie marciana y parece ser que sus deseos podrían verse cumplidos.

Las diferentes investigaciones que se llevan a cabo en diferentes lugares de nuestro planeta que parecen tener similitudes con el planeta rojo, regiones como la Antártida o el desierto de Atacama, nos muestran como estas formas de vida primigenias podrían prosperar en estos ambientes extremadamente fríos y áridos. Esto ha sido señalado durante las presentaciones del “The Present-Day Habitability of Mars” que se celebró en la Universidad de California Los Ángeles a principios de este mes.

Pero pese al polvoriento aspecto del dios de la guerra, Marte no tiene porque ser un mundo absolutamente árido, hay regiones que nos muestran que en la actualidad aun poseen humedad que se revela durante los veranos marcianos. La evidencia son las características en el terreno en las que parece fluir este preciado líquido de forma estacional, proporcionando un refugio para la vida tal como la conocemos.

“Desde luego, no se puede descartar la posibilidad de que sea habitable hoy”, comento Alfred McEwen de la Universidad de Arizona, investigador principal de la cámara HiRISE instalada en el Mars Reconnaissance Orbiter (MRO).

McEwen explico algunas observaciones interesantes realizadas por HiRISE, estas sugieren la presencia de agua salada deslizándose por las empinadas laderas marcianas durante la primavera y el verano locales.

Tal y como señala McEwen, hasta ahora han sido identificados 16 lugares en los que se aprecian estas características, sobre todo en las laderas del cañón Valles Marineris. Pero estos deshielos estacionales no han sido algo puntual, sino que parecen superponerse a los caminos creados en el pasado por estos flujos de agua.

Aunque estas aguas ricas en sales pueden tener su origen en el subsuelo marciano, Edwin Kite del Caltech señalo que existe una creciente sospecha de que un proceso conocido como delicuescencia, en el que la humedad presente en la atmósfera es recogida por los diferentes compuestos del suelo, permitiendo así que se convierta en el líquido responsable de estas escorrentías.

El problema es que desconocemos si estas aguas son el lugar idóneo para la presencia de vida, su elevada salinidad y acidez podrían hacer de ellas un hábitat extremadamente corrosivo para cualquier forma de vida.

“Esta agua salada marciana podría ser o no habitable para los microbios, ya sean de la Tierra o de Marte” señalo McEwen.

Pero no siempre es necesaria la presencia de una gran cantidad de agua para que la vida perdure, en nuestro planeta hemos descubierto formas de vida tanto en los secos desiertos de Atacama como en los áridos y helados paramos de la Antártida.

Curiosamente, la actividad humana ha provocado la disminución del grosor de la capa de ozono sobre nuestros polos, esto nos ha proporcionado un entorno en nuestro planeta que es bajado de forma estacional, desde agosto hasta noviembre, por altas dosis de radiación ultravioleta, haciendo de esta región de débil campo magnético y fina atmosfera un Marte en la Tierra.

Tal y como explico Chris McKay del Centro Ames de la NASA, en los valles secos antárticos se pueden hallar organismos habitando en las rocas, a la suficiente profundidad como para protegerse de los peores envites de radiación, pero lo suficientemente cerca de la superficie para recibir los beneficios de la fotosíntesis. Algo similar podría estar ocurriendo en Marte hoy en día, si es que en algún momento se desarrollo la vida en ese mundo.

McKay también discutió sobre la delicuescencia, que en el Atacama permite que las sales recojan la suficiente humedad para permitir la presencia de vida.

Mientras tanto, otros ponentes de la presentación se hicieron eco de los datos de la Phoenix Lander de la NASA que nos mostro la existencia de percloratos, una sustancia química que contiene cloro (similar al existente en la lejía utilizada en la limpieza) cerca del polo norte de Marte en 2008.

McKay y otros investigadores creen que el perclorato puede ser la razón por la que las dos sondas Viking de la NASA no detectaron la presencia de compuestos orgánicos en el Planeta Rojo durante la década de 1970.

Las Viking vaporizaron el suelo marciano en busca de cualquiera de cualquier compuesto orgánico que se evaporase durante este proceso. Por desgracia no encontraron nada, y aunque si observaron la presencia de este cloro fue atribuido a la contaminación de las muestras. Pero después de que el Phoenix Lander descubriese estos percloratos, McKay y otros investigadores realizaron un experimento para poner a prueba estos resultados.

Añadieron perclorato en muestras recogidas en el desierto de Chile en las que estaban presentes compuestos orgánicos. Tras calentar estas muestras se toparon con los mismos resultados mostrados por las Vikings, sugiriendo así que estos compuestos orgánicos estaban presentes en las muestras recogidas por las Vikings.

Si bien esta historia de fondo es interesante por derecho propio, el perclorato es también relevante para la posible habitabilidad de Marte hoy en día.

“Resulta que el perclorato es una potente fuente de energía quimioautotrófica”, comento Carol Stoker, también del centro Ames de la NASA, señalando que estos productos químicos podrían permitir que la vida sobreviviese en una completa oscuridad, donde la fotosíntesis no es una opción para obtener energía. La quimioautotrófica es una facultad exclusiva de bacterias en nuestro planeta que es conocida también como la quimiosíntesis.

En la Tierra conocemos la existencia de algunos microbios terrestres que utilizan los percloratos para alimentarse, por lo que, si existe algún vínculo entre la vida marciana y la terrestre, es posible que esto también este sucediendo en Marte.