Salamo Arouch, nacido en Salónica en 1923, comenzó a boxear cuando era niño siguiendo la afición de su padre, un rudo estibador del puerto. Con la ayuda de un entrenador profesional, llegó a convertirse en campeón del peso medio con tan solo diecisiete años. Sólo un año más tarde su carrera deportiva se vio truncada y su vida, al ser judío, puesta en peligro: los alemanes habían invadido Salónica. Esta población, que formaba parte de Grecia desde la firma del Tratado de Bucarest en 1913, era una de las que tenía mayor porcentaje de población judía desde la expulsión de los judíos de España y, por tanto, de origen sefardí. Más de cincuenta mil judíos de Salónica fueron enviados al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau y en su mayoría fueron asesinados en las cámaras de gas. El resto, entre los que se encontraban el protagonista de esta historia o Jacques Stroumsa —el llamado violinista de Auschwitz, la voz viva del ladino—, tuvieron mejor suerte y fueron condenados a trabajos forzados.

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A los alemanes que vigilaban los campos les gustaba montar espectáculos entre los prisioneros para que les amenizasen las veladas. Así que cuando un oficial alemán preguntó al grupo que si alguien sabía pelear, Arouch, muy debilitado por el duro trabajo y la escasez de comida, estuvo a punto de callarse, pero cuando se enteró que el premio por ganar era una barra de pan… dio un paso al frente. Sin ningún árbitro y con las únicas reglas de que la pelea terminaría cuando se dejase KO a su oponente o cuando los alemanes la diesen por terminado, disputó el combate contra otro prisionero y consiguió dejarlo KO en el primer asalto. Como aquel joven tenía maneras y entretenía a los oficiales, las veladas se repitieron dos veces por semana hasta llegar a disputar más de doscientos combates durante dos años contra otros prisioneros e incluso soldados alemanes sin perder ninguno de ellos.

El oficial al mando le recompensó trasladándolo a trabajar a la cocina donde Arouch aprovechó para alimentarse algo mejor y, de paso, sacar comida para compartir con sus compañeros cuando regresaba al barracón por la noche. Aquel entretenimiento, del que en un principio se benefició, se convirtió en una tortura, porque los prisioneros derrotados desaparecían. Arouch sabía que estaba peleando por su vida, pero se dio cuenta que con sus victorias condenaba a otros a la muerte.

Si no gano, no sobrevivo – se repetía una y otra vez.

Todo terminó en 1945 cuando fue trasladado al campo de Bergen-Belsen donde volvió a los trabajos forzados. Allí conoció a Marta Yechiel, también judía de Salónica, que se convertiría en su esposa al terminar la guerra.

Cuando el campo fue liberado, Arouch buscó a su familia por el resto de los campos, pero ninguno de ellos había sobrevivido. Así que, junto a su esposa, emigró a Palestina, en el aquel momento bajo mandato británico. Allí abandonó la práctica del boxeo y se convirtió en un hombre de negocios. Arouch regresó al campo de Auschwitz para asesorar a los guionistas de la película El triunfo del espíritu (1989) basada en su vida y con Willem Dafoe en el papel protagonista.

Lo que me mantuvo vivo fue la determinación por poder contar al mundo algún día lo que vi en Auschwitz. Estar aquí [en Auschwitz] ahora para decir lo que pasó me hace sentir vivo


historiasdelahistoria.com / Javier Sanz 13 octubre 2016

Salamo Arouch, el judío que sobrevivió gracias al boxeo