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Tema: [Literario] Relatos de Humor Negro

  1. #13
    Speed Black Woman
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    UN DESTINO CRUEL

    -Le llaman al teléfono por la línea dos, Sr. Benavides.
    -De acuerdo Benítez, en seguida me pongo. ¿Sabes quién es?
    -Es su cuñado Raúl, Sr. Benavides, y me ha parecido que estaba algo alterado. Creo que es algo urgente.
    -Muy bien Benítez, puedes seguir con lo tuyo.

    Alberto Benavides era el jefe de sección de una importante editorial. Era un hombre de mediana edad, y algo regordete, síntomas de una vida sedentaria debido a su trabajo de estar todo el día sentado en la oficina.

    Aquella mañana de jueves transcurría de una manera normal, aunque era un día algo especial, era su aniversario de boda.
    -¡Diez años de casados! – Pensaba sonriente mientras miraba su anillo de compromiso.
    Para aquella noche habían preparado una fiesta en casa, a la que acudirían sus familiares y amigos, incluso tenía preparada una sorpresa para su mujer.

    Pero todos estos pensamientos fueron interrumpidos por Benítez, su secretario personal, despertando del trance en el que se encontraba, pensando en su esposa y en todos y cada uno de esos maravillosos diez años de matrimonio. Estaba y seguía estando muy enamorado.

    Descolgó el teléfono.

    -Sí, dime, Raúl.
    -¡Alberto! ¡Alberto! -Respondió su cuñado gritando y sollozando.
    -¡¿Qué te ocurre?! ¡¿Te ha pasado algo?!
    -¡Mi hermana! ¡Oh, Dios mío! ¡Dios mío!
    -¡¿Que ha pasado con mi mujer?! ¡¿Vamos, responde?! -Gritó Alberto, levantándose del sillón y algo nervioso ahora.
    -¡Alberto! ¡Escúchame! Mi hermana, tu mujer, ha muerto. –Contestó Raúl, medio llorando.

    A Alberto en ese momento se le vino el mundo encima, no daba crédito a lo que estaba oyendo. Se quedó mudo, sin decir nada, simplemente se limitaba a oír lo que le decía su cuñado por teléfono.

    -La han atropellado y ha muerto. Me han llamado del hospital. Estoy ahora aquí… y…

    Alberto ya no oía ni lo que decía su cuñado, se quedó petrificado, y dejó caer el teléfono, como si su brazo hubiese perdido su fuerza. Y ahí se quedó un rato, hasta que un par de lágrimas asomaron por sus ojos.


    Aún no era ni mediodía y el sol ya apretaba entre los edificios de la ciudad. El tráfico de vehículos por las calles y la gente bulliciosa caminaba por las aceras cómo cualquier otro día, cómo cualquier otro día excepto para un hombre que caminaba sin rumbo y con la mirada perdida en la lejanía. Alberto había abandonado las oficinas sin decir nada, y ahora andaba despacio, sumido en sus pensamientos y con los ojos llorosos.

    Y caminó y caminó, y siguió caminando, perdiendo la noción del tiempo, y en ese tiempo una idea comenzó a tomar forma en su cabeza.
    -Tengo que poner fin a mi vida. Sin ella mi razón de ser ya no tiene sentido. –Pensaba Alberto, repitiéndose esa frase en su mente una y otra vez. Ya estaba convencido, ya sabía cómo poner fin a su sufrimiento. A tal grado de convencimiento llegó, que dejo de llorar. Se aflojó el nudo de la corbata, miró alrededor y vio que estaba cerca de una ferretería.

    -Hola, buenas, necesito una cuerda. –Dijo Alberto al dependiente.
    -Muy bien, ¿De cuántos metros la necesita? –Preguntó el dependiente.
    -No sé, con 10 o 15 metros será suficiente. –Respondió Alberto, que ahora se le veía incluso sonriente.

    Salió de la tienda y cogió un taxi.

    Alberto estaba en las afueras de la ciudad, ahora caminaba deprisa y moviendo la cabeza de uno al otro lado, como buscando algo. Hasta que al final lo encontró.
    Justo al lado suyo, un árbol fuerte dejaba al descubierto una gruesa rama a unos tres metros del suelo.
    Echó un vistazo alrededor para asegurarse que estaba solo, no quería que nadie estropeara su plan. De la bolsa de plástico sacó la cuerda y la dejó caer al suelo. Luego se quitó la chaqueta para estar más cómodo. Se sentó al pie del árbol y comenzó a hacer un nudo corredizo en uno de uno de los extremos. Acto seguido, volvió a mirar alrededor buscando algo.
    En menos de cinco minutos había vuelto con dos neumáticos usados, los colocó uno encima del otro, justo debajo de la rama.
    Cogió de nuevo la cuerda, y tras varios intentos torpes, logró pasarla por encima de la rama. Aún fatigado como estaba, y sudando cómo nunca lo había hecho, ató el otro extremo al árbol, teniendo en cuenta que el lazo con el nudo corredizo del otro extremo, quedase a la altura adecuada.
    Luego, se terminó de quitar la corbata, se subió sobre los neumáticos, colocó el lazo de la cuerda alrededor de su cuello y apretó el nudo.
    -¡En seguida estoy contigo, cariño! –Dijo en voz alta, mientras saltaba fuera de los neumáticos.

    El golpe que se dio contra el suelo fue terrible, cayó de pie torciéndose el tobillo y cayendo luego dándose un fuerte golpe en la boca contra una piedra.
    Alberto no sabía lo que había pasado, pero gritaba de dolor. Se echó las manos a la boca, tenía algo dentro. La abrió y escupió dos dientes ensangrentados.

    Una vez recuperado, no sabía por qué su plan había fallado. Se quitó la cuerda, ahora rota, del cuello, y mientras se la quitaba, vio una etiqueta en la cuerda. No la había visto antes. En la etiqueta decía:

    “Cuerda de Nylon trenzada. 15 metros. Uso doméstico. No apta para ahorcamientos. Made in China”

    Se levantó como pudo del suelo, muy contrariado, apenas podía caminar, le dolía mucho el tobillo y la boca, pero siguió caminando cómo pudo, y caminó y caminó.


    Serían sobre las tres de la tarde, cuando Alberto llegó cabizbajo, muerto de calor y cojeando a un cruce de vías de ferrocarril. Se sentó en el suelo para descansar, se sentía agotado, triste y lo único que quería era poner fin a su vida.
    Se quedó pensativo un buen rato mirando las vías, hasta que una leve sonrisa se le dibujó en su rostro.
    -¡Eso es! –Exclamó en voz alta. -Esperaré a que pase algún tren para poner mi cuello sobre la vía, no habrá cuerda que se rompa esta vez. –Pensaba.

    El sol quemaba ahora de lo lindo, y allí, sudando como un cerdo, permanecía Alberto junto a la vía, muy atento, esperando la llegada de algún ferrocarril, pero ninguno llegaba. De modo que decidió sentarse a esperar bajo un árbol cercano, y allí, espero, y espero hasta que al cabo de un buen rato, escuchó el bocinazo de un tren que se acercaba.

    Rápidamente y con mucho esfuerzo por la torcedura del tobillo, se levantó, y tan aprisa como pudo se dirigió a las vías, miró hacia la derecha y vio cómo un tren de mercancías se aproximaba.
    Se arrodilló y puso el cuello sobre uno de los raíles. Tan pronto cómo puso el cuello, lo levantó de golpe y se quejó amargamente. Se había quemado. Las vías estaban muy calientes debido al sol que daba sobre ellas.
    Casi sin tiempo para quejarse, se quitó un zapato, lo puso en el raíl y luego, su cuello, sobre el zapato y cerró los ojos.
    -Ya voy, querida mía. –Dijo Alberto, y en ese momento sintió un estruendo que hacía incluso vibrar la tierra. Y el tren pasó y se alejó hasta que desapareció en la lejanía.

    -¡Eh, usted! ¿Qué? ¿Tomando el sol? -Era la voz chistosa de un muchacho joven, de unos 15 años, iba subido en bici. Llevaba unos auriculares, que se apartó de los oídos al parar justo delante de Alberto. –A ver, deje que lo adivine, ¿A qué pensaba suicidarse? –Dijo el joven medio riéndose. –Deje que le dé un consejo, la próxima vez que quiera que un tren le degolle, ponga el cuello en el raíl correcto.

    Alberto abrió los ojos, no del todo, ya que el sol le impedía hacerlo, y poniéndose una mano sobre la frente para hacer sombra a su vista, miró al chico, y luego miro alrededor.
    -¡Cierto! Me he equivocado de vía. –Pensó muy ofuscado.

    -Dígame una cosa. –Siguió hablando el muchacho, sacando un cigarrillo del bolsillo de la camiseta. -¿Cuántas veces ha intentado suicidarse hoy?

    -Dos. –Respondió Alberto.

    -Me lo imaginaba. Es usted un suicida novato, pero ánimo, no se desanime, es cuestión de práctica, tras tres o cuatro intentos se convertirá en un suicida profesional. –Continuaba hablando el muchacho, mientras se alejaba pedaleando, fumando y riendo a carcajadas.

    Alberto se volvió a poner el zapato, se puso en pie, y comenzó a caminar, y caminó y caminó y siguió caminando.

    Serían ya aproximadamente las 5 de la tarde, y el pobre hombre sin rumbo y sin esperanzas, seguía andando, ya casi sin fuerzas. El estómago le rugía, no había probado bocado desde el desayuno, pero era algo que no le importaba. Caminaba sumido en sus pensamientos, cuando sin darse cuenta estaba pasando por un puente que cruzaba una autovía. Justo en la mitad del mismo, se paró, se apoyó con los brazos en la barandilla, y miró hacia abajo.

    Justo debajo, cantidad de vehículos circulaban en uno y otro sentido a gran velocidad, se quedó unos minutos observando, cómo hipnotizado, y otra ligera sonrisa apareció en su cara.
    Exacto, se le ocurrió que esa sería la forma de poner fin a su existencia, se dejaría caer por el puente, y si el golpe contra el asfalto no le mataba, algún coche le remataría. Esta vez no tenía duda de que algo fallase.
    Pasó las piernas por encima de la barandilla, eso sí, dada su baja actividad física, le costó lo suyo, incluso le dio un calambre en unos de los gemelos. Aun así, consiguió su propósito.
    Estaba justo detrás de la barandilla, sujetado por sus manos a los barrotes. Sólo tenía que dar un pequeño paso adelante y soltarse para cumplir su deseo.

    -¡Amor mío, te quiero! ¡Allá voy! –Gritó Alberto justo antes de saltar.

    Unos segundos después, Alberto se sentía cómodo, ya no tenía calor, un frescor agradable recorría su cuerpo, se sentía cómo en una nube.

    -¡Ya! Ahora sí, ya lo he conseguido, creo que estoy en el cielo. –Pensaba sonrientemente, hasta que sintió algo extraño. Un olor desagradable le comenzó a incomodar, y el olor se hacía notar cada vez más.
    -¿Será ese el olor del infierno? Creo que una vez leí que aquellos que se suicidan no van al cielo.- Pensaba Alberto, un poco preocupado ahora, y quiso salir de dudas.

    Abrió los ojos, y vio un cielo completamente azul, pero notaba también demasiado ruido. Quiso incorporarse, pero no podía ponerse en pie, movió la cabeza de uno al otro lado, hasta que la cruda y apestosa realidad le golpeó fuertemente en su alma.
    Estaba casi enterrado en un montón de estiércol que transportaba una camioneta.

    No existen palabras para describir el desánimo y la decepción que sentía. Y por si fuese poco, estaba bañado en excrementos de animal. El olor ya era insoportable. Por suerte, la camioneta salió pronto de la autovía, llegó a un terreno agrícola cercano, y descargó toda la carga, incluido Alberto, en el suelo.

    Un minuto después, y cómo si de un gusano se tratase, salió del montón de estiércol arrastrándose. Intentó que nadie le viera, sobre todo el conductor de la camioneta.

    Diez minutos más tarde, Alberto volvía a caminar por el arcén de una carretera. Su aspecto era lamentable, deambulaba mirando al suelo, cojeando, y lleno de inmundicia hasta las cejas. Parecía un zombi.
    Pero siguió caminando, y caminó, y caminó y continuó caminando.

    Curiosamente, el paseo, entre comillas, en la camioneta, le había acercado de nuevo a la ciudad.
    Serían las siete de la tarde cuando ya comenzaba a ver a los lejos los primeros edificios. Miraba a los lejos, cuando un chico en una bicicleta le sobrepasó.

    -¡Animo! ¡Ya le queda menos para ser un suicida profesional! –Dijo el joven, riéndose y pasando de largo. Naturalmente, era el mismo muchacho que se encontró en las vías del tren.

    Mientras Alberto, o el zombi de Alberto, se acercaba a la ciudad, otra idea le rondó la cabeza. Ya parecía estar completamente seguro de cómo suicidarse. Se le ocurrió irse a casa, cerrar bien la puerta, meterse en la bañera y allí mismo, cortarse las venas con la navaja de afeitar.
    Mientras más pensaba en esa idea, más seguro estaba de que ahora ya nada podría fallar.

    Aceleró el paso todo lo que pudo. Pero lo cierto es que ya no podía ni con su alma. Para una persona cómo él, no acostumbrada a practicar ningún deporte, ya no sentía ni las piernas, las tenía agarrotadas y los pies le dolían tanto, que apenas podía dar un paso más.
    No se sabe muy bien cómo llegó, pero se encontraba ya en la urbanización donde tenía su chalet. Era una zona residencial de gente bien posicionada y poco acostumbrada a ver personas del aspecto que traía Alberto. Nadie que se cruzaba con él por la calle, ni le reconocían. Y los pocos que tenían el valor de cruzarse con él, se pasaban a la acera de enfrente del olor tan desagradable que desprendía.

    Llegados a este punto, vendría bien hacer una descripción de su penosa apariencia. De su traje, sólo le quedaban los pantalones, la camisa y los zapatos. La camisa que un principio era de color blanco nuclear, ahora era más bien multicolor, una mezcla de manchas marrones y grises. Sobre todo predominaba el color marrón del estiércol, adornado con manchas grises de sudor.
    El pantalón negro, ya no era negro, parecía que llevara puesto un saco de patatas de color marrón, y roto por la parte de atrás, que dejaba ver unos calzoncillos blancos.
    Los zapatos italianos con los cordones desatados, y llenos de excremento.
    Su manera de andar, era lamentable. Cojeaba, y cada paso que daba era una odisea para el pobre Alberto, le dolía todo, levantaba los brazos con cada movimiento, cómo tratando de no hacerse más daño al caminar.

    La cara era un poema, sucia de tierra, y con un labio inflamado, seguramente debido a los dientes que perdió cuando intentó ahorcarse. También tenía una buena quemadura muy roja en el cuello de cuando lo puso sobre el raíl, y el cabello parecía cómo si lo tuviese encrespado, de tanta porquería que llevaba entre los pelos.
    Si hubiese llevado una cruz a cuestas, podía haber sido confundido por el Ecce Homo.

    Al fin se encontraba frente a su casa, y un nudo en la garganta sintió al pensar que al abrir la puerta, no encontraría a su amada esposa dentro.
    Llorando ahora, buscó en sus bolsillos las llaves, por suerte no las había perdido, y abrió la puerta, entró, y luego la cerró.

    Encendió la luz del recibidor, y en ese instante, le pareció haber oído un murmullo en el salón.
    -Ojalá sea un ladrón con una pistola y me mate. –Pensó, mientras se dirigía allí.

    Lo que pasó a continuación hizo que a Alberto casi le diera un infarto, fueron unos segundos que parecía que le habían inmovilizado, se quedó absorto, con la boca abierta, y con los ojos abiertos cómo platos y el corazón le latía a mil por hora.
    Al encender la luz del salón, vio que estaba lleno de personas, eran sus familiares y amigos, preparados para la fiesta de aniversario de boda. Cada uno con una copa de champán, y todos gritaron a la vez. – ¡Felicidades!

    Pero la sorpresa no acabó ahí, desde su derecha apareció su mujer con otra copa en la mano.
    -Felicidades Cariño. –Dijo su mujer, que cambió algo su rostro a ver las pintas que traía su marido. -¿Qué te ha ocurrido? Estás hecho un desastre.
    -¿Qué? Eh… Bueno… -A Alberto no le salían las palabras. Su cabeza le daba vueltas, estaba muy confuso, incluso le dio un pequeño mareo y tuvo que apoyarse sobre la pared. Hasta que al final dijo: -Nada, no es nada, un pequeño accidente. –Dijo en voz baja y medio avergonzado por no querer decir la verdad.
    - Venga, vamos arriba, te prepararé un buen baño caliente. –Dijo su mujer cariñosamente. –Y esa ropa… uff, que olor más feo. Venga vamos.

    Mientras Alberto se bañaba, y curaba un poco sus heridas, oía en el piso de abajo cómo la fiesta seguía, se escuchaban risas, música y las voces de la gente cantando y brindando. Ya comenzaba a sentirse más relajado, y comprendió que lo de la muerte de su mujer había sido una macabra broma de su cuñado. Se estaba comenzando a enfadar, y tenía ganas de vestirse e ir al salón y tener unas palabras con él.
    -Me va a oír. Este cuñado mío me va a oír, menuda bromita me ha gastado. –Pensaba Alberto, mientras salía de la bañera y se secaba.

    Sus amigos y familiares, incluida su mujer, seguían de celebración en el salón. Las copas de vino, Champan y Martini se vaciaban rápidamente, mientras la música hacía bailar a la mayoría, cuando Alberto apareció.
    Parecía otro, con su traje limpio, perfumado y el pelo engominado. Aunque seguía cojeando ligeramente.
    Su mujer al verle, se fue hacia él, le dio una copa de Champan, y brindaron.
    -Por nosotros. –Dijo ella, con una cálida voz.
    Luego se abrazaron y se fundieron en un eterno beso de puro amor, mientras los invitados, aplaudían y felicitaban a la pareja en voz alta, incluido Raúl, su cuñado, que ya parecía estar con dos copas de más.

    Media hora más tarde, Alberto y Raúl, hablaban a solas en el jardín.

    -¡¿Cómo me has podido gastar semejante broma?! –Le dijo Alberto a su cuñado, con la voz subida de tono.
    -Venga, vamos, no me digas que te has enfadado. –Respondió medio riendo Raúl.
    -Si supieras lo que he estado a punto de hacer por tu culpa. –Replicó Alberto.
    -¿Hacer? ¿Qué ibas a hacer? –Preguntó Raúl.
    -Nooo, nada, nada, no tiene importancia. –Le contestó Alberto, que no quería decirle la verdad.
    -Sí, ya lo sé, y cómo soy muy bromista, quería gastarte una broma, y al mismo tiempo darte mi regalo de aniversario. –Dijo Raúl guiñándole un ojo.
    -¿Qué me quieres decir? –Preguntó Alberto un tanto dubitativo.
    -Me imagino que al recibir la noticia de la muerte de tu mujer, te pondrías muy triste, ¿cierto?, seguro que hasta has llorado, pero… ¿Y la alegría que has recibido cuando has visto que mi hermana estaba viva? Eso no está pagado. –Le explicó Raúl, cómo si le hubiese hecho el mejor regalo del mundo.
    -Estas enfermo. –Le dijo Alberto, lanzándole la bebida a la cara. Luego se marchó de nuevo al salón con su mujer.

    Dos horas después, la fiesta había terminado. Ya no quedaba nadie en casa, excepto Alberto y su mujer. Estaban sentados en un sofá, y Alberto le contó toda la historia, de cómo Raúl le gastó la nefasta broma, y de cómo él intentó quitarse la vida por ella.
    Su mujer no tardó en llorar, conmovida por lo que le contaba su marido, y al mismo tiempo estaba furiosa con su hermano.
    Luego ambos se abrazaron y se volvieron a abrazar. Más tarde se fueron a la cama y se quedaron dormidos.

    Al cabo de una hora, Alberto se despertó preso de una pesadilla. Normal, visto cómo le había ido el día. Se levantó de la cama, y fue a la cocina a tomar algo. Iba a abrir el frigorífico, cuando en la mesa vio una copa de Martini. Le apeteció en ese momento. Agarró la copa y se la tomó de un trago. Con tantas ganas se la bebió que no reparó en la aceituna que había en el fondo de la copa, y ésta se le quedó atascada en la garganta. Intentó gritar para pedir ayuda, ya que la aceituna le impedía respirar. Comenzó a ponerse nervioso y comenzó a golpear todo lo que veía a su paso, empezó a ponerse rojo, se mareaba. Cayó al suelo de rodillas, se agarraba la garganta con ambas manos, hasta que al final, cayó de bruces contra el suelo ya sin pulso.

    Aquel joven de la bicicleta, tenía razón. Al final, Alberto se convirtió en un suicida profesional.

  2. Los Siguientes 5 Usuarios Agradecieron a Sorgin por Este Mensaje:

    dan defensor (12/10/2017),karter (11/09/2017),miguelpichardo (10/09/2017),Rafi (16/09/2017),razonable (03/10/2017)

  3. #14
    ¥♫share is not a crime♫¥
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    Avatar de miguelpichardo
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    08 Jul, 12
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    Predeterminado

    muy interesante........

    Pegasus01 y dan defensor les gusta.





  4. #15
    Speed Black Woman
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    Avatar de Sorgin
    Fecha de ingreso
    02 Sep, 12
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    LA HERENCIA

    Mientras Giovanni llegaba al aeropuerto internacional Marco Polo de Venecia, su cabeza no dejaba de pensar en cómo estaba transcurriendo su vida y si era lo que él había querido hacer o se lo habían impuesto sin que él se diera cuenta. Al mismo tiempo que intentaba acomodarse en el asiento business del avión, siempre le pasaba lo mismo, su 1’98m de altura no era fácil acomodarlo en cualquier sitio y menos mal que era delgado y su cuerpo no ocupaba mucho asiento. Era como decía si madre: “hijo, eres más largo que una vela y tan delgado como un palo y eso que comes todo lo que te pongo en la mesa, pero no sé a dónde va”.

    Con su altura todo el mundo decía que era apto para el deporte y sobre todo para el baloncesto, pero Giovanni era un poco pato y parecía que tuviera dos pies izquierdos y dos manos derechas, no daba una, por lo que era objeto de burla de todos los compañeros de clase. No es que será el típico empollón, pero si que tenía muy buena memoria y todo se le quedaba enseguida. Posteriormente descubrió que a eso se le llamaba “Memoria Fotográfica”. Así que entre las burlas del deporte y de su inteligencia no le dejaban en paz en el colegio, a lo que hay que añadir que era católico como buen italiano. Su mamma le decía “bambino, es que te tienen envidia y por eso se meten contigo. Pero tú no les hagas ni caso y sigue con lo tuyo”. A eso ahora lo llamamos Bullying o acoso escolar; y como católico, románico e italiano no le quedaba de otra que aguantar, seguir con su vida y esperar que todo pasara pronto. Una infancia de lo más normal.

    Cuando ya fue mayor y se pudo defender, las cosas cambiaron ya no de mofaban de él por su aspecto de espantapájaros, sino gracias a superar su autoestima tomo la vida o al toro por los cuernos y ese niño endeble, delgado y larguirucho se convirtió en todo un notario forense, admirado en su campo por su intuición y su inteligencia en los casos más raros que se puedan encontrar en la sociedad.

    Giovanni Malasera nació, se crio y vive en su Venecia vital, en un palacete en el sestiere de San Polo cerca del Puente Rialto con su mamma, su ama de llaves y su ayudante Michelle Bounarotti, quien no deja que si jefe divague y se centre en su trabajo.

    Giovanni regresaba de Roma, y concretamente del departamento jurídico de la fiscalía de Roma que era de donde casi siempre le llamaban para revisar valoraciones psicológicas de los clientes que habían dejado testamentos o propiedades a entidades no muy normales. Cuando terminó su carrera de notario, él mismo sufrió un caso muy parecido a los que intentaba solucionar. Su primer cliente le dejo su palacete, despojando a su familia de la herencia. Impugnaron el testamento, intentando declarar loco al anciano, pero las investigaciones de Giovanni dieron como resultado, que su familia nunca le había atendido y vivían fuera del país y que por encima de todo no eran familia directa, ya que el anciano no se había casado; acudiendo solo al llamado del testamento y esperando heredar todo lo que el anciano poseía. Un amigo de Giovanni (Andrea Frasela), que había estudiado abogacía como él, le llevo el caso y descubrió que el anciano estaba en su sano juicio y que la familia era una interesada a los que no les correspondía nada, al haber testado el anciano en vida. Así que el Palacete, donde vivía actualmente Giovanni, fue para él junto con una casa en roma y algo de dinero. El Ministerio Jurídico de Venecia se hizo cargo de ejecutar la sentencia y ante el buen trabajo de Andrea y Giovanni en su investigación, propusieron a Giovanni que fuera a un cursillo de Notario Forense al FBI en Estados Unidos para que cuando volviera se hiciera cargo del Departamento Testamentario, que actualmente estaba obsoleto.
    Así fue como Giovanni se convirtió en lo que hoy es su profesión y que le lleva a recorrer casi toda Italia e incluso algún otro país europeo, resolviendo casos tan raros que pueden parecer relatos fantásticos de la mejor mente de guiones de Ciencia Ficción y Thriller de Tarantino.

    Aterrizando ya en su querida Venecia, Giovanni tomo el tren que le llevó a la Piazza de Roma y desde allí cogió el Taxi Acuático que le llevaría hasta su casa. Mientras hacia el recorrido, sus ojos se maravillaban de lo que veía en sus canales con sus 118 pequeñas islas con 455 puentes y sin olvidar a Murano, donde cada vez que llevaba a la mamma volvía a casa con grandes cargamentos de cristal; y Burano, la ciudad de los encajes donde podías ver a sus habitantes en las puertas de las casas haciendo bolillos y a la mamma hablando con ellos de los viejos tiempos cuando su familia vivía allí. Y es que así era Maria Malasera, totalmente opuesta a su hijo, dicharachera, extrovertida y buena cocinara, en cuya cocina siempre podías encontrar un plato de más de comida para quien pudiera presentarse a última hora.

    El Taxi le dejó en la puerta del Palacete al que ocultamente llamaba “Fonda Paco” porque siempre estaba llena de gente que acudían a él por vía de la mamma, pues como todo buen italiano los negocios no se hacían en el despacho, sino delante de un buen plato de pasta. Y aunque tenía el despacho en la corte (calle sin salida) del Barrio de Cannaregio, apenas lo utilizaba; y eso que era el barrio más pintoresco de la ciudad. Así, delante de un plato de pasta con marisco, se encontró a una joven delgada, alta, morena y tan blanca que su piel parecía transparente y tan ingrávida que parecía flotar en la cocina de la mamma.

    - Benvenuti nella tua casa, figlio mio – dijo Maria
    - Buona será mamma. Come siete stati – dijo Giovanni
    - Buon figlio, bene, grazie per chiedere – dijo María.

    Giovanni no podía dejar de morar a la chica, parecía tan desvalida que lo primero que te venía a la cabeza es ayudarla a que se llevase la comida a la boca e inculcarle que la masticara despacio y se la tragase.

    - Hola jefe – le saludo Michelle, que era todo lo contrario que su jefe, pequeño, rechoncho y saltarín, pues no paraba quieto en ninguna parte. ¿Le ha ido bien en su viaje? Ya veo que ha conocido a nuestra nueva cliente. Comentó a su jefe mientras miraba los papeles que llevaba en la mano y que Giovanni tenía que firmar.
    - No Michelle, no la conozco, aunque me gustaría – dijo Giovanni
    - Bueno, le presento a Rebecca Rímini. Aquí Giovanni Malasera, el notario forense que se va hacer cargo de su caso.
    - Buenas tardes, Srta. Rímini – le dijo Giovanni, mientras la miraba a los ojos tan azules como el Mar Adriático y tan penetrantes como un agujero negro del que no podías quitar tu mirada a la espera de que te succionara y te llevara a otra dimensión.
    - Buenas tardes, Sr. Malasera – dijo Rebecca, mientras alzaba los ojos hacia la cara inexpresiva de Giovanni.

    Durante un tiempo largo, los dos se miraron a los ojos como estudiándose mutuamente, quien era el primero que se introduciría en el intelecto del otro y descubrir los más bajos pensamientos que ocultaba todo ser humano en el interior de la mente.

    - En que le puedo ayudar Srta. Rímini, en vista de que tanto mi madre como mi ayudante, se han encargado de esta visita en mi casa en vez de mi despacho, como normalmente tendría que ser – dijo el notario, mientras torcía la boca en una especie de media sonrisa.
    - Yo mismo se lo cuento jefe – dijo Michelle, a la vez que cogía un trozo de tarta que le ofrecía Maria junto a un expresso. La Srta. Rímini ha heredado una gran cantidad de dinero y propiedades que su tío Antonio Rímini le ha dejado en testamento y que su otro tío Federico Rímini le quiere quitar, impugnando el testamento bajo la acusación de incapacidad mental por parte de su hermano Antonio y de trastornos psicológicos y locura por parte de Rebecca.
    - Srta. Rímini ¿está usted loca? Rebecca abrió tanto los ojos que parecían que se iban a salir de las cuencas oculares y se puso tan colorada como un langostino recién sacado del agua hirviendo.
    - No que yo sepa. De lo contrario no estaría aquí conversando con usted Sr. Notario Malasera.

    Giovanni, sonrió ante la lógica contestación de Rebecca y mirando a Michelle a la espera de una salida chistosa de su parte. Pero Buonarotti dejo el café y la tarta encima de la mesa e intentando parecer lo más profesional posible dijo: “Según su tío Federico, Rebecca habla con fantasma y oye voces que le dicen cosas”.

    La risa de Giovanni se pudo oír desde el Gran Canal, una risa sincera que casi nunca se le oía, al primar en él una seriedad tan estricta que nadie pensaba que podía reír como una persona cualquiera o que incluso poseía una dentadura perfecta; a la vez que decía: “Eso es una tontería y no se puede mantener durante un juico”. Comentó cogiendo el café con leche que le ofrecía la mamma. “Es imposible que un juez cuerdo haya admitido a trámite tal acusación sin una argumentación a prueba de balas.

    - El Juez Aiello Domini lo ha admitido, ha pedido una valoración psiquiátrica de Rebecca y una revisión de las propiedades del Sr. Antonio – dijo Michelle
    - El Juez Domini es íntimo amigo de mi tío Federico – dijo Rebecca. Le lleva todos sus asuntos legales y lo que no son legales, según ha comentado alguno de sus amigos
    - Desde este momento está usted representada por mí y mi socio. Esto no se puede permitir, independientemente de las pruebas o resultados que den, siendo el juez representante legal de los asuntos de tu tío, no puede hacerse cargo del caso en su tribunal – dijo Giovanni. Llama a Andrea, que se ponga en comunicación con el Juez Domini, mientras nosotros empezamos con la herencia, mientras Michelle ya estaba con el teléfono en la mano.
    - Gracias por su confianza notario Malasera. Ya no sabía a quién acudir para que me ayudara hasta que vi a su madre en el mercado y quiso saber que me pasaba – dijo Rebecca. Y ahora si me lo permiten me gustaría ir a mi casa, al tiempo que se levantaba de la mesa y Maria la acompañaba a la puerta, con la mirada de Giovanni clavada en su espalda, sabiendo que le tenía que dar una explicación de todo esto. Pero antes tenía que dejar a Rebecca en un taxi acuático que la llevaría a su casa en la isla de Burano.
    - Si, ya sé que me vas a llamar entrometida, hijo – dijo Maria cuando llego a casa de dejar a Rebecca en el taxi. Pero no podía dejarla desamparada a su suerte, después de todo lo que la pasado en su vida.
    - A ver, empieza a contar por esa boquita tuya – dijo Giovanni. A quien se unió Michelle, después de haber hecho todos los mandados de su jefe.

    Yo conocía a su familia cuando éramos jóvenes y nuestros padres eran amigos. Empezamos a salir todos en pandilla, eran los años 60 y el que no tenía una lancha motora no era nadie y nosotros teníamos una, no es que fuéramos ricos, pero si lo suficientemente acaudalados como para mantener una motora y pasearnos por el canal. Nuestros padres intentaron que Antonio y yo nos arregláramos para unir las dos familias, ya que los Rímini querían entrar en el negocio de hostelería y mis padres empezaban a tener éxito con el hotel en la Plaza de San Marcos. Aunque empezamos a tontear, Antonio y yo, tu padre, Máximo, se cruzó un día por mi vida y ya no tuve ojos para nadie más. El asunto no sentó muy bien a ninguna de las familias, pero ya sabes lo testaruda que puedo llegar a ser y yo quería a Máximo a mi lado. Antonio decidió ir a Estados Unidos, donde estaba la gemela de Federico que había marchado unos años atrás al casarse con un americano muy rico, un tejano que tenía pozos de petróleos y un rancho de ganado. Así fue como paso el tiempo, yo me casé con tu madre, te tuve a ti y a tus hermanas y al cabo de los años, Antonio, volvió con una niña preciosa con un pelo tan negro como el azabache y unos ojos tan azules que aprecian como si estuvieras mirando a la mar en ellos y tan flacucha que parecía un espantapájaros, y me recordó a alguien, ¿verdad, hijo? Giovanni bufo como un elefante en una cacharrería, por el comentario de su madre. Nos contó que su hermana y su marido habían muerto en un accidente de avión y que le habían dejado como tutor y albacea de sus bienes a él, todos nos quedamos muy sorprendidos, pensamos que como Federico era el gemelo de Alexia y habían estado en contacto e incluso tenían negocios juntos, será su tutor y albacea. A Antonio también le tomo por sorpresa al leer el testamento, pero las cosas quedaron así, Federico se enfadó y se marchó a Sudamérica donde tenía una plantación y Antonio volvió a Venecia donde estaban sus padres, los abuelos de Rebecca, y era el lugar en el que mejor se encontraba él.

    Cuando nosotros nos mudamos a Venecia, el hotel ya estaba dando bastante dinero y tu padre empezó con el negocio de los hoteles, fuimos perdiendo el contacto con la familia Rímini, aunque por los periódicos y las revistas de sociedad supimos que Antonio había duplicado la herencia de Rebecca y que se casó con una belleza romana, pero que murió muy joven sin hijos, de una enfermedad cardiaca. No sabía nada de ellos, hasta que esta mañana, en el mercado de San Polo, me he encontrado y hemos hablado o mejor dicho nos hemos puesto al día. En cuanto me ha contado en que situación estaba no he podido dejarla a su destino, sino que he pensado en ti enseguida, eres el único que la puedes sacar de este embrollo. Federico nunca ha sido bueno y tampoco de fiar. Desde joven era propenso a buscar el dinero fácil sin preocuparse de su procedencia.

    Giovanni se quedó pensativo, sabía que los comienzos de su familia no habían sido un camino de ladrillos dorados e incluso su destino tampoco había sido fácil y se identificó con el caso de Rebecca; a él no le habían acusado de loco, pero si de ladrón y manipulador.

    - Después de lo que has contado, con mayor fuerza me hare cargo de su caso y llegaremos al fondo de la historia de locura de Rebecca yd e lo que busca u oculta su tío Federico con tal acusación – dijo Giovanni

    Cuando Rebecca llegó a casa, la estaban esperando su tío Federico, el juez Aiello y el psiquiatra Manfredo.

    - Ya es hora de que llegaras a casa. Niña – dijo su tío. Sabes que no te conviene salir de casa por tu salud. Te estamos esperando. Este es el Doc. Alexandro Manfredo que te va a analizar para saber cuál es tu situación mental y el juez Aiello lo va a supervisar. Y según sea su diagnóstico tomaremos las medidas necesarias para tu curación.
    - Antes necesito ir al baño, si no os importa – dijo Rebecca, mientras se dirigía al cuarto de baño donde se encerró y llamó a Giovanni desde el móvil que llevaba escondido en la bota. Sr. Malasera soy Rebecca, necesito hablar con usted urgentemente
    - Lo siento, Rebecca, soy Michelle, su ayudante, ¿puedo ayudarte en algo?
    - Estoy en mi casa y me he encontrado que mi tío está aquí con el juez Aiello y un psiquiatra que quiere evaluarme, y no me ha gustado nada su actitud
    - Intenta retrasarte algo, voy a llamar a Giovanni y al abogado que están en el despacho. Ahora mismo te llamo
    - Vas a tardar mucho Rebecca, no tenemos todo el día y el doctor y el juez tienen otros asuntos pendientes – dijo Federico desde la sala de estar
    - Ahora mismo salgo, ¿es que una cho no puede tomarse su tiempo para hacer sus cosas? – dijo Rebecca, con sus manos temblando y mirando constantemente al móvil esperando que sonase y que en ese justo momento empezó a vibrar
    - Rebecca, soy Giovanni, Michelle me ha llamado y me ha puesto al día; en diez minutos estaremos Andrea y yo ahí. Haz lo que puedas para que lleguemos a tiempo
    - hare lo que pueda – dijo Rebecca cuya voz temblaba de miedo y que Giovanni pudo percibir. Mi tío es muy intransigente, pero intentare hacer todo lo posible por retrasar el examen todo lo que pueda.

    Cuando Rebecca volvió a la sala, la cara de los tres hombres no era de fiesta, más bien de un funeral. Parecían tres buitres a punto de saciar su hambre con su pobre víctima. Rebecca tragó saliva, mientras se encomendaba a todo lo bueno que conocía para que nos e le notara el nerviosismo y la trampa que había hecho.

    - Empecemos – dijo su tío. Aquí tienes una serie de preguntas que responder. Luego el medico te hará otra serie de preguntas para medir tu locura. Eso le sirvió a Rebecca para poder retrasar un poco y dar tiempo a Giovanni y Andrea a que llegasen.

    Cuando ya estaba terminando y comenzaban las preguntas del Doc. Manfredo, sonó el timbre de la puerta. Federico fue a abrir la puerta y se encontró con el notario y el abogado que le miraban con caras serias y de pocos amigos.

    - Supongo que usted es el Sr. Rímini, Federico. Soy el notario forense Malasera y este es el abogado Frassela, representamos a Rebecca Rímini en su proceso de herencia. Nos hemos enterado de que están intentando hacer una evaluación psiquiátrica bajo la dirección del juez Domini. Si es tan amable de dejarnos pasar tenemos que estar presentes, como bien sabe usted y el sr. Juez, para aconsejar a nuestra cliente.

    A Federico se le bajo la sangre a los pies y quedó tan blanco como una sábana, sin saber muy bien que es lo que estaba pasando, era imposible que la inepta de su sobrina hubiera sido capaz de buscar representación legal para que la ayudasen. Desde el fondo de la sala el juez Domini reclamaba que era lo que pasaba y que estaban retrasando lo inevitable. Giovanni empujo a Rímini y entró junto a Andrea en la sala, donde encontró a los dos hombres entados cómodamente, como si nada pasase y todo fuera normal.

    - Buenas tardes, soy Giovanni Malasera, notario forense y este es el abogado Andrea Frassela, mi socio y representante de la Srta. Rímini. Su pondo que usted es el juez Rímini y usted el doctor Manfredo, ¿me equivoco?, quienes intentan declararla loca e incapaz de hacerse cargo de la herencia que su tío Antonio le ha dejado. Andrea, creo que hemos llegado a tiempo para ayudar a Rebecca.

    La pose de los dos hombres cambio y se pusieron en alerta mientras miraban a Federico que entraba a la sala en esos momentos, y a quienes les hacia un gesto como de que no estaba enterado de nada de lo que estaba pasando.

    - Me alegro de que este aquí juez Domini – dijo Andrea. Soy el abogado de la Srta. Rímini como ya le ha dicho el notario Malasera. Así dará cuenta en su acta legal de que el proceso es irrelevante, ya que no se le ha comunicado a la Srta. Rímini de que iba a ser evaluada y me gustaría que constara en acta mi protesta ante la actitud del tío, puesto que mi defendida tiene derecho a que esta evaluación psiquiátrica se haga en un hospital homologado y bajo la presencia de varios médicos incluyendo al Doc. Manfredo, por lo que pediría al sr. Juez que revocase esta situación y que la pospusiera para otra fecha en que las circunstancias fueran más legales y favorables para mi defendida. Y que posteriormente dicha evaluación se la adjuntase al notario Malasera para que lleve a cabo la correspondiente investigación por parte de la herencia que le toca a la Srta. Rímini
    - Esta usted en todo el derecho de la protesta y de pedir otra cita sin que se ponga en duda la legalidad de los derechos de su defendida – dijo el juez mientras carraspeaba y miraba atónitamente a los otros dos hombres y Federico intentaba dar su opinión sobre el tema. Así que posponemos la cita para otro día y que el propio tribunal designe a los médicos y al hospital.
    - Gracias Sr. Juez – dijo Andrea. Será todo un placer exponer nuestro caso ante el tribunal.

    Y dicho esto, los tres hombres se despidieron de Rebecca, que seguía sentada en el sofá, con un humor de perros y su tío maldiciendo entre dientes y dirigiéndose a Rebecca le dijo que esto no acabaría ahí, que él era el verdadero heredero de todo.

    - No sé cómo agradecerles su ayuda – dijo Rebecca, ya me veía encerrada en un psiquiátrico de por vida. Tanto el juez como el medico son íntimos amigos de mi tío y para hacer un chanchullo se bastan solos. La verdad es que yo no quería la herencia, pero ahora voy a luchar por ella, porque es lo que mi tío Antonia quería.
    - Ahora, sino te importa, me puedes explicar todo este embrollo y porque quieren incapacitarla – dijo Andrea a Giovanni. Porque no entiendo nada. Me has sacado del despacho sin decirme nada y atropelladamente me has traído aquí.
    - Se lo voy a explicar yo Sr. Frassela – dijo Rebeca como pidiendo autorización a Giovanni, que se sentó al lado de ella en el sofá. Mi tío Antonio me dejo una cuantiosa herencia, tanto en dinero como en propiedades que heredé de mis padres que murieron en un accidente cuando yo era pequeña y que él fue aumentando a lo largo de los años. Pero su hermano Federico que creía el único heredero de la fortuna de su hermana gemela y de mi custodia. Al leerse el testamento de mis padres, Federico se puso hecho una furia y dijo que iba a impugnar el testamento de su hermana, pero el abogado americano le dijo que no podía hacer nada pues el testamento estaba tan atado en todos los aspectos legales, que era imposible que cualquier juez americano le diera la razón. Por eso se fue a Sudamérica a su plantación y cuando se enteró de que su hermano había muerto, volvió a Italia y ahora intenta hacer lo mismo que años atrás; y ahora piensa que conmigo si lo va a lograr porque no soy lo suficientemente fuerte como para hacerle frente. Pero también se encontró con el bloqueo testamentario de mi tío Antonio, pues como sabía cómo era su hermano, también blindó el testamento para que no tuviera problemas. Tal fue su segundo enfado que dijo que ya encontraría la manera de que las cosas salieran como él quería. Así que se unió a su amigo el juez y buscaron testigos, dentro de mis amigos y vecinos, de que yo estaba con las facultades mentales disminuidas por el dolor de la muerte de mi tío Antonio y necesitaba ingresarme en una clínica de salud para curarme cuyo director es el Doc. Manfredo, mientras él se haría cargo de la herencia. Yo no estoy loca y por supuesto, mi tío Antonio lo hizo todo bien; pero si que se oyen voces y se ven cosas en esta casa, sobre todo en las noches y durante el día, cuando hay alguien visitándome. Y eso mismo es lo que está acabando como mis nervios. Mi médico de cabecera me receto unos somníferos, pero no me hacen efecto.
    - Nos están diciendo que oyes y ves cosas cuando estas solas y cuando hay alguien visitándote ¿Ellos no han notado nada? – dijo Andrea, asombrado por el relato del caso ¿Vives sola?
    - Si vivo sola, tengo una llama de llaves que está conmigo durante el día, pero en la noche se marcha a su casa con su familia. Y si, también han pasado cuando has estado mus amigos en casa, pero según ellos nunca han oído o visto nada. Las voces son como susurros con diferentes voces y las apariciones son como espectros que se reflejan en los espejos o que se reflejan en la entrada de la puerta de la sala. Ya no sé que pensar. Soy muy introspectiva, lo admito, y me cuesta mucho hacer amistades que pueden decir que soy algo ermitaña, pero no loca.

    Giovanni y Andrea se miraron y comunicándose con la mirada, ya sabían que todo eso olía a podrido y que había gato encerrado. Tenían que investigar y muy concienzudamente.

    Pasaron varias semanas en las que estuvieron construyendo el caso, investigando y documentándose sobre los “efectos sobrenaturales” que podían producirse en una casa vieja. Al mismo tiempo hicieron que un psiquiatra forense de su confianza reconociera a Rebecca y diera su opinión posteriormente al tribunal.

    María también ayudó acompañando a Rebecca y dándole ánimos, hasta que una tarde coincidió con Federico en casa de Rebeca y amablemente le dijo que se marchara. Cuando María llego a casa, le conto lo ocurrido a Giovanni y a Michelle y comentando que no le gustaba nada el ambiente de esa casa, que era agobiante y muy vigilado por parte de ciertos amigos de Rebecca y de su tío.

    - Hijo, aquello no es normal, los que dicen llamarse amigos de ella no lo son y tan solo están allí para vigilarla y darle luego el informe a su tío. No me gusta nada. Aquello es de lo más raro – dijo María.
    - También lo he notado yo, cuando he ido a que me firmara la autorización del médico para ver su historial – dijo Michelle. Aquella casa esconde algo
    - Mamma ¿puedes llevarte a Rebecca una mañana, mientras Andrea, Michelle y yo la registramos? – dijo Giovanni, mientas su mente ya estaba dando vueltas a todo este asunto
    - Por supuesto hijo. Dime cuando y la llevo a Murano, que le encanta ver como soplan el cristal. Así de paso me traigo algunos vasos que nos hacen falta – dijo María, mientras Giovanni miraba al cielo sabiendo que la verdadera entusiasta del vidrio era su propia mamma.

    Armaron el plan y se pusieron todos de acuerdo en cuál era el papel que deberían desempeñar cada uno. Esa misma semana Maria se llevó a Rebecca a Murano, ante las protestas de su tío; y Giovanni, Andrea y Michelle se fueron a inspeccionar la casa. Era una casa antigua, pero muy bien cuidada en el centro de Burano, lo que no le evitaba que sufriera la temida Aqua Alta, con sus inundaciones y complicaciones de caminar por las calles. Estaba decorada con muchas de las cosas que se trajeron de Estados Unidos y reliquias de la familia que contaban su historia a lo largo de la vida. Tenía muchas habitaciones y pudieron comprobar que había algún que otro escondite y pasadizos. Justo cuando Michelle se miraba en un gran espejo, encontró un resorte que hizo que el espejo se abriera como una puerta y dentro encontraron una sala oculta, un montón de documentos antiguos y el material que provocaban las visiones y las voces de Rebecca.

    Andrea consultó los papeles, mientras Michelle hacia fotografías y Giovanni decía en voz alta que tenían que coger in fraganti a toda esa panda de carroñeros. Sabían por Maria que muchas tardes estaban los amigos y su tío haciéndola compañía y eran cuando se producían los episodios más violentos. Cuando iban a salir de la habitación oculta, maquinando lo que iban hacer para cogerles, Michelle acción una palanca y quedaron cerrados dentro de la habitación y pudieron ver que el espejo era doble, es decir, que desde dentro se veía todo lo que ocurría en la sala de estar de Rebecca. Así, sin quererlo, ya sabían lo que tenían que hacer para atraparles, se miraron, pensando en lo mismo y se echaron a reír, a sabiendas de lo que le esperaba a toda esa ralea de tramposos.

    Dos días después, recibieron la notificación del tribunal de que en la semana entrante se celebraría el juicio por incapacitación mental e impugnación testamentaria en el juzgado del juez Aiello Domini.

    Llegado el día se presentaron todas las partes y comenzado el juicio ya supieron que iban a tener mucho trabajo por delante y que tendrían que luchar contra el propio juez que no les iba a poner las cosas fáciles. Por parte de Federico Rímini, su abogado expuso el caso de porque impugnaba el testamento y que su sobrina no era la adecuada para administrar el capital. Presentó la prueba de la evaluación psicológica por parte del Doc. Alexandro Manfredo y la documentación de como su hermano Antonio ponía en duda la capacidad de que Rebecca supiera administrar su herencia debidamente. Andrea tuvo la oportunidad de interrogar a los testigos y amigos de Rebecca, pero fueron preguntas aleatorias en las que no tenía mucha importancia. Ante esta actitud el juez le llamó la atención por su poco entusiasmo y Federico ya se veía con el caso ganado. Llego la hora de que Andrea presentara su argumentación y sus testigos. Llamo primero a Giovanni.

    - Sr. Malasera, sería tan amable de presentarse a la sala del tribunal
    - Soy el notario forense Giovanni Malasera y mi función es valorar los actos notariales que necesitan una valoración psicológica en clientes cuya capacidad de testar, comprar, donar o vender está en duda
    - Es decir, que usted puede decir si un testador está en su sano juicio para dejar su herencia a quien quisiera
    - Si, exactamente
    - Protesto señoría – dijo el abogado de Federico – el testador está muerto, así que el Ser. Malasera no puede asegurar que el Sr. Antonio estaba en capacidad legal para testar a favor de su sobrina
    - Eso es cierto- dijo Giovanni. Por eso normalmente se hace una investigación exhaustiva y mediática del testador, aunque haya fallecido. Tanto de su vida como de su historial médico ¿Queda así su pregunta contestada?
    - Prosiga abogado Frassela – dijo el juez Domini
    - Gracias su señoría, notario Malasera, en el trascurso de su investigación ¿Qué información ha podido recopilar?
    - Investigamos su vida tanto aquí en Italia como en su estancia en América, e inspeccionando la casa de la acusada hemos podido encontrar documentación del de aparecen los errores económicos y profesionales del Sr. Federico Rímini, es decir, hemos encontrado todos los malos movimientos bursátiles del susodicho junto a un balance bancario donde se dice que el Sr. Federico Rímini están en quiebra total y que tiene sin pagar una serie de pagares bancarios que son imposibles de cobrar
    - Tiene aquí esos documentos – dijo Andrea. Mientras la sala murmuraba y Federico se iba encogiendo más y más en la silla
    - Si, en esta carpeta esta todo lo que hemos recogido y que fueron guardados por el Sr. Antonio Rímini, en una sala oculta dentro de la propia casa. Giovanni se los entregó al juez, que sudaba profusamente debajo de la toga y cuya cara cada vez era más transparente, como si la sangre se le hubiera bajado a los pies directamente.
    - Gracias notario Malasera. Ahora me gustaría llamar al Ser. Michelle Buonarotti, investigador y ayudante del notario Malasera y mío también.
    - Hágalo pasar – dijo el juez, con una voz tan cuartada que no parecía ni la suya propia. Ya no sabía por dónde iba a parar todo aquello, incluso que su propio cargo de juez estaba en un hilo por haberle hecho caso a Federico y ayudarlo en dicho pleito, por mucho que le hubiera prometido su ayuda económica en su reelección política
    - Sr. Buonarotti – dijo Andrea. Usted es el investigador y ayudante del notario Malasera. Nos podría decir que ha encontrado en sus investigaciones
    - Si abogado, incluso también para usted he investigado alguna vez. Pero mejor lo vemos en el video que hice y luego podemos comentarlo. Si su señoría da su permiso para ello, ya que es mucho más ilustrativo que mis palabras
    - Alguacil, haga el favor de pasar el reproductor para que todos podamos ver al video – dijo el juez

    Michelle puso el DVD en el reproductor y lo primero que se vio fue el salón de la casa de Rebecca vacío y luego como los amigos de Rebecca iban llegando junto al tío Federico. Se podía oír y ver con la reunión se animaba y todos disfrutaban de la velada. Pero de porno se empezaron a oír voces, susurros y gritos; junto a un a Rebecca asustada y mirando a sus amigos, quienes la miraban atónitos, ya que ellos no oían nada. Siguieron la velada y a los pocos minutos, en el dintel dela puerta de la sala se podía ver un reflejo que parecía un espectro acompañado de la imagen de su tío Antonio. Se pudo oír el grito de Rebecca y las miradas asustadas de los presentes por la actitud de la chica, ya que ellos tampoco veían anda. Ante la tensión de Rebecca, su tío le dio un calmante y la acompaño a su dormitorio para que se recostara y descansara. Mientras en la sala se pudo oír como los amigos de Rebecca comentaban el hecho de que igual se estaban pasando con la función y si valía la pena ayudar a Federico por mucho que les hubiera prometido ayudarlos en sus carreras y dándoles puestos importantes en las empresas de Rebecca. Toda la sala se quedó en silencio. Rebecca miraba a su tío; y el juez miraba a Federico, dejándole claro que no le perdonaba la manera tan burda en el que le había engañado. Cuando el DVD terminó, no quedaba ninguna duda de que todo era un montaje por parte de Federico Rímini para coger la herencia y poder pagar todas sus deudas.

    - Sr. Buonarotti, ¿encontró algo más en sus pesquisas? – preguntó Andrea
    - Sí, este video está grabado desde dentro del espejo doble donde se encontraba una sala oculta bastante grande y dentro existe una habitación donde encontramos todo un equipo de sonido e imagen, programado para que en ciertas horas del día se pusiera en marcha. Y sabemos que el equipo pertenece al Sr. Salvatore amigo del a Srta. Rímini que es técnico en sonido e imagen
    - Gracias Sr. Buonarotti, ya puede retirarse. En vista de las pruebas presentadas y de lo expuesto aquí, pido al Sr. Juez que nulo el juico y presente un auto de prisión para el Sr. Federico Rímini por estafa y falsificación; junto al Sr. Salvatore por coacción e intento de trastornar psicológicamente a la Srta. Rímini – dijo Andrea
    - Silencio en la sala – dijo el juez, dando con el mazo en la mesa ante el revuelo que todo había provocado. Ante las pruebas presentadas y ante la petición del Sr. Abogado Frassela, no tengo más remedio que darle todos los derechos de herencia a la Srta.
    Rebecca Rímini y retribuirle todas las disculpas de este tribunal por todo el daño moral y psíquico que le ha ocasionado la acusación del Ser. Federico Rímini. Y en cuanto a las acusaciones que se han expuesto hacia la persona del Sr. Rímini y al Sr. Salvatore decreto auto de prisión preventiva, sin posibilidad de fianza, hasta que el nuevo juico por sus injurias, calumnias y daño moral hacia la persona de la Srta. Rímini se celebre.
    Rebecca se abrazó a los tres, a Giovanni, Andrea y Michelle, y les agradeció lo que habían conseguido y por probar que ella no estaba loca.

    DOS MESES MAS TARDE

    La mesa era tan larga como los comensales que la ocupaban. La conversación se centraba en un único tema: la sentencia judicial y la repercusión que tuvo todo ello.

    Giovanni, Andrea y Michelle hablaban animadamente con el juez Salvieri que se hizo cargo de la demanda que pusieron junto a Rebecca por la implicación que el juez Domini tuvo en todo el asunto y de la clínica del Doc. Manfredo.

    Rebecca se reía de las ocurrencias de maría, la madre de Giovanni que hizo que todos se reunieran junto a la mesa.

    - Se puede saber a que vienen todas esas risas – dijo Andrea, mientras miraba a su mujer que sostenía en brazos a su pequeño hijo
    - Nos estábamos acordando del día del juicio, la cara de circunstancias que se les quedo a los involucrados y las sonrisas socarronas que el jurado tuvo, cuando miraban el video, aunque si soy sincera, no era para nada humorístico – dijo María
    - Si, la verdad, a pesar de que pudiera tener su morbo, no es una cuestión de chiste. Y poco fue la sentencia que les pusieron – dijo Giovanni
    - Sr. Juez, si no es secreto de sumario, cuanto podría ser la encarcelación de mi tío Federico – dijo Rebecca, que había resurgido como un ave fénix, su semblante ya no era de una niña asustada, sino de una jovencita que disfrutaba de la vida y de lo que poseía.
    - Srta. Rímini, no es secreto de sumario – dijo el Sr. Juez Salvieri. Por la documentación que su abogado y notario han adjuntado al caso, su tío Federico no saldrá de la cárcel en un largo periodo de tiempo; y el juez Domini, además de la cárcel por complicidad, se le ha inhabilitado de su cargo y de sus aspiraciones política han quedado obsoletas al denunciarlo al colegio de abogados y jueces. Así que cuando salga de la cárcel tendrá que buscar trabajo en otro lugar que no sean relacionados con leyes.
    - Actúa contra natura y recibirás tu correctivo – dijo Michelle. Al que todos miraron y se rieron de su ocurrencia, tomando café y la famosa tarda de tiramisú de la Sr. María Malasera.

  5. Los Siguientes 6 Usuarios Agradecieron a Sorgin por Este Mensaje:

    dan defensor (12/10/2017),karter (11/09/2017),mago (11/09/2017),miguelpichardo (11/09/2017),Rafi (16/09/2017),razonable (03/10/2017)

  6. #16
    immune fools
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    bien bien ya van dos a ver si se anima el personal
    loki y dan defensor les gusta.

  7. #17
    ¿A que te baneo?
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    bien bien ya van dos a ver si se anima el personal
    A ver si contamos bien, van 3




  8. El Siguiente Usuario Agradeció a loki Por Este Mensaje:

    mago (11/09/2017)

  9. #18
    immune fools
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    hostia es verdad no me acordaba del primero jajaj
    bueno pues tres y aun siguen siendo pocos mas mas maaaaaaaaaassss a ver si no como los vamos a vender para mantener el foro jajaja
    Pegasus01 y dan defensor les gusta.

  10. #19
    Gangs of Cinema
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    Predeterminado

    es verdad..son 3...jajaja...a ver si la gente se anima mas..XD..
    mago y dan defensor les gusta.




    Gracias a Mago por las firmas,un gran trabajo..muy agradecido..











  11. El Siguiente Usuario Agradeció a Rafi Por Este Mensaje:

    mago (18/09/2017)

  12. #20
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    Predeterminado

    Cita Iniciado por Pegasus01 Ver mensaje
    audio relato no hay?
    Audio..que?????
    Anda y lee..que ya te vale...
    mago y dan defensor les gusta.




    Gracias a Mago por las firmas,un gran trabajo..muy agradecido..











  13. El Siguiente Usuario Agradeció a Rafi Por Este Mensaje:

    mago (18/09/2017)

  14. #21
    Speed Black Woman
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    Venga cuadrilla, a ver quien se anima más, que ya nos queda menos días para que termine el concurso....Me parece que voy a tener que sacar la escoba y empezar a barrer esas mentes, xddddd




    Un saludo...
    dan defensor le gusta.

  15. El Siguiente Usuario Agradeció a Sorgin Por Este Mensaje:

    miguelpichardo (26/09/2017)

  16. #22
    ¥♫share is not a crime♫¥
    Querer es poder
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    Cita Iniciado por Sorgin Ver mensaje
    Venga cuadrilla, a ver quien se anima más, que ya nos queda menos días para que termine el concurso....Me parece que voy a tener que sacar la escoba y empezar a barrer esas mentes, xddddd




    Un saludo...


    dan defensor le gusta.





  17. #23
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    Predeterminado

    Pues cuadrilla, hemos llegado al final de los relatos......Iba a cerrarlo esta noche, pero como veo que nadie más se anima, pues para que le vamos a dar mas vueltas al asunto, ajajajaja

    Así que doy por cerrado el concurso, gracias a todos por participar y ahora lo que os toca es votar.....

    Mañana pondré el post de votación.....

    Un saludo....

    dan defensor le gusta.

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