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Tema: [Literario] Relatos de Ciencia Ficcion y Fantasia

  1. #13
    Speed Black Woman
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    TENGUS

    Estaba mirándose en aquel espejo, había pasado por delante de él y algo se había movido o al menos le había parecido ver moverse algo. A parte de la cuestión de que parecía tener más de cien años, no parecía nada fuera de lo normal, aunque mirándolo bien no había muchas cosas normales en aquel lugar.

    La noche anterior llegaron a aquel planeta desde la tierra, en su nave, que por cierto, era nueva y les avisaron que si le pasaba algo les descuartizarían y mandarían cada pedacito a cada rincón del espacio. Habían dormido un rato en la nave antes de ponerse en marcha y luego salieron a inspeccionar la zona, se habían encontrado con un pueblo medio abandonado, el musgo y la vegetación subía por las fachadas de casas victorianas y al fondo de una serpenteante aldea había un enorme castillo con ocho torreones y un foso rodeando aquella enorme mole. Era como esos castillos que siempre te mueres por ir a visitar, pero que dejas para otro día. Lo malo es que aquel no se podía dejar para otro día.

    La vegetación que se enmarañaba por todas partes, era de un color azul grisáceo. Las casas estaban llenas de telarañas, entraron en un par de ellas, para inspeccionar el lugar, y comprobaron que aquellas personas parecían haber vivido como se vivía hace siglos en la tierra, en la última casa que habían entrado había una especie de árbol que subía desde el salón hasta reventar el techo, subido a aquel árbol descubrieron lo que era el primer animal vivo de la zona.

    Las alas eran de murciélago transparentes, y su hocico era como de gato, se agarraba a aquel árbol como si fuera un mono y les miraba con curiosidad, su compañero había intentado comunicarse con aquel bicho y justo cuando habían decidido largarse la “cosa” se le había lanzado a la cabeza de Roger y le había arañado por donde había podido, luego se fue graznando como si fuera un cuervo a modo de burla.

    German aparto el espejo hacia un lado para mirar detrás y luego lo volvió a dejar en su lugar, seguro que si le llevase uno de estos a su madre, lloraría de la emoción, pero tenían prohibido coger cosas de los lugares que encontraban en sus caminos a no ser que los nativos se lo regalaran. “Nota mental: Si encuentro un nativo le pediré el espejo”

    — ¿Has encontrado algo? —preguntó Roger desde la puerta.

    Roger era un hombre alto y bastante fuerte, con el pelo muy corto casi rapado, de ojos oscuros y mal carácter, sus facciones eran duras, su nariz estaba torcida y chafada como si en sus tiempos de vivir en la tierra alguien se la hubiera roto y una cicatriz le partía una de las cejas en dos, se pasaba horas en el pequeño gimnasio de la nave y entrenando siempre que salían a campo abierto, al igual que él habían estado en el ejército y ahora pertenecían al batallón de primera expedición. O lo que era lo mismo, se comían el marrón los primeros.

    German negó con la cabeza y miro al espejo frunciendo el ceño.

    —Todo parece estar muerto—Se dio la vuelta para salir de aquella sala y volvió al enorme y largo pasillos que les llevaba a todas partes.

    German era alto un metro noventa, su cara era de rasgos suaves marcada por una perilla de pelo demasiado negro y sus ojos azules claros destacaban sobre su piel morena, También pasaba las horas muertas entrenando. Había que estar preparado por si encontraban algún nativo hostil. Ambos vestían trajes de camuflaje, que allí no les servía de mucho, con correas y cinturones llenos de armas bien cargadas, ambos llevaban en sus manos un machete de hoja larga para abrirse paso entre la maleza.

    Roger empujo otra de las puertas que se abrió con facilidad, su cuerpo se tensó en el acto y dio un respingo.

    — ¡Joder! ¡Maldita sea!—German sacó su arma y camino hasta ponerse a las espaldas de Roger.

    — ¿Qué pasa?

    — ¡Esos malditos bichos están por todas partes!

    — ¡Pero si solo has visto dos! Este y aquel de antes…—German luchaba por no reírse y miro detrás de la puerta con la pistola bien agarrada apunto para disparar.

    —Sigamos, no pierdas tu tiempo aquí—Dijo Roger saliendo de aquella habitación antes de que se le echara encima aquella bestia.

    — ¿Crees que habrá alguien por la zona?

    —No lo creo, solo bicharracos.

    —Le he sacado un par de fotos para escanearlas después.

    —Bien, no hace falta que me pases informe de todo lo que hagas—Contesto Roger de forma brusca. German ya se había acostumbrado a tratar con él, al principio le molestaba su modo de hablar y su forma de tratarlo, luego se dio cuenta de que era así por naturaleza.

    German seguía con su pistola en la mano cuando entro a la siguiente habitación, luego se giró y comprobó que Roger estaba entrando en la de enfrente. Bien, separados trabajarían más rápido.

    El castillo estaba lleno de muebles antiguos y cortinas raídas, la vegetación también había cubierto gran parte de aquella zona.

    German se agacho e hizo una fotografía a la enredadera que cubría el suelo, sus hojas en forma de corazón invertido y el color morado casi azul oscuro eran muy curiosas.

    En aquella habitación al fondo había un escritorio, era una pequeña mesas con cajones diminutos a un lado y un cajón debajo del tablero. German aparto la delicada silla y abrió cada cajón, algunos tenían hojas en blanco, un botecito de tinta, plumas, mas hojas en blanco, y…

    — ¡Voila!

    — ¿Has encontrado algo?

    — ¡Aha! Aquí hay una especie de diario, espera.

    Roger se acercó y miro la habitación, parecía una habitación de mujer por la clase de cortinas y muebles. Aquel lugar le recordaba mucho al siglo diecisiete o dieciocho, era muy malo para ubicar siglos y comparaciones, así que chasqueo la lengua y miro por encima del hombro de German.

    —No entiendo estas palabras, es un idioma extraño, me lo llevare a la nave e intentare descifrarlo. ¿Seguimos?

    Roger asintió y al girarse había un armario enorme de tres puertas, así que se acercaron a mirar que había dentro. Una vez más, no había nada.

    En uno de los pasillos había otro que se desviaba a la derecha, así que ambos se tocaron el localizador y siguieron caminos diferentes. Después de un rato de caminar por aquel pasillo vio una puerta al fondo, German miro hacia atrás y volvió a mirar hacia aquella puerta, aquel pasillo era estrecho, cabían dos personas a lo sumo andando hombro con hombro, Era largo y solo había aquella puerta del fondo.

    Al llegar a ella se le ocurro llamar antes de entrar, el vello de su nuca se encrespo y automáticamente su cuerpo se estremeció con un escalofrío. Decidió hacer caso a su instinto y llamo a la puerta, agarro el localizador preparado para llamar a Roger y empujo aquella puerta altísima hacia adentro.

    Una luz cegadora le hizo poner su brazo sobre sus ojos para cubrirlos por el picor que había producido aquella sensación, luego intento no mirar directamente hacia la luz y vio que la habitación estaba totalmente vacía a excepción de aquella luz a la que tenía que volver a mirar. Empuño su pistola con mano firme y poco a poco fue mirando hacia alli, al darse cuenta de que aquel brillo no era tan intenso frunció el ceño entornando los ojos para poder ver mejor lo que había.

    —Roger. ¡Tengo algo!—Dejo el comunicador en su cinturón enganchado y se acercó a aquella especie de incubadora gigantesca, dentro había algo similar a un cuerpo de mujer de unos dos metros y pico que parecía estar cubierta por una especie de tela invisible, si la observaba con atención parecía que sus brazos estaban abrazándose a ella misma y que lo que la cubría eran unas finísimas alas de murciélago parecidas a las que tenían aquellas criaturas que se habían encontrado por el camino.

    Su rostro era suave y delicado, casi parecía que su piel era transparente de lo blanca que era. Su pelo de color negro, caía mojado por uno de los costados enredándose en uno de sus brazos, cayendo por debajo de él y por encima de aquella especie de ala, hasta llegar casi por debajo de sus caderas y terminar en varias puntas.

    — ¡Guau! ¡Casi me quedo ciego por la luz!—Murmuro Roger desde atrás.

    — ¿Dime que crees que es?

    — ¿Un ángel?

    —Estas de coña, ¿no?—Dijo German mirando a Roger con mala cara.

    —Es preciosa— ¿Roger estaba loco? Pensó German.

    — ¿Te has dado cuenta que tiene alas de murciélago? O algo así…

    — ¿Has visto que pelo y que cara más bonita? Por cierto… no había más habitaciones en todo el pasillo.

    —Yo también me he fijado en ese detalle, es como si… ¿la escondieran?

    —Creo que tendríamos que seguir investigando el palacio y cuando terminemos podemos volver aquí a ver que hay con este ¡bombón!

    German miro a Roger con cara de asco. Y asintió saliendo de la habitación y agarrando a su compañero del hombro para salir de allí.

    —No sabemos lo que es, procura no enamorarte de algo que puede comerte—Roger soltó una carcajada y ambos siguieron investigando la zona.

    Después de más de cuatro horas de pasillos, habitaciones, salas de música, lámparas de araña, balcones que daban a la pequeña aldea, murallas que sobresalían por encima de las ventanas, arboles dentro del castillo y más bichos de esos que adoraba Roger, volvieron a aquella habitación.

    Habían encontrado otro diario, esta vez parecía ser del dueño del castillo, lo habían guardado en su pequeña mochila junto con el de aquella otra habitación y habían recogido un par de cartas con el sello roto que parecía haber recibido aquel hombre o mujer que gobernaba aquel pequeño lugar.

    Al regresar para ver aquella cosa encerrada en aquel bote de cristal, se pusieron a investigar sobre aquella máquina que parecía mantenerla intacta, aunque no sabían si estaba con vida o no.

    Después de más de un millón de fotos y otro recorrido hasta la nave, ambos soldados se dispusieron a descansar y relajarse con algo de ejercicio. Luego llenarían sus estómagos e investigarían todo lo que habían encontrado.

    —Me he dado cuenta que no se hace de noche. —Observo Roger.

    —Y yo me he fijado que no hay flores. Ni una flor, a no ser que sean del mismo color que las hojas de las plantas y estén camufladas.

    — ¿Qué opinas de la belleza de la incubadora?

    —Creo que esta en esa máquina, manteniéndose con vida, o manteniéndola intacta pero muerta, no sé si intentar desactivar la máquina, igual causamos algún tipo de desastre y se… ¿Evapora? ¿Desintegra?

    —Mañana cogeremos el jeep y viajaremos más lejos, quiero seguir explorando. Lo que está claro es que aquí ha habido vida antes, y puede que quede algo más que aquella “alada” tan bonita. —German asintió y procedió a enviar el informe a la tierra junto con todos los datos que habían recopilado aquel día. Luego abrió el diario y se puso a revisarlo sin mucho éxito.

    Roger había preparado algo para cenar mientras German seguía con los diarios

    — ¿Giovanna? —La voz femenina y suave de la nave le respondió a Roger.

    — ¿Si? ¿En qué puedo ayudarte?

    — ¿Cuantos idiomas procesas?

    — ¿Contando los de la tierra?—Respondido la nave.

    —Todos.

    —Ocho mil ochocientos cuatro.

    —Pásale alguna captura de ese diario, igual hay suerte, nosotros no somos profesores de lengua. —Sugirió Roger a German.

    German procedió a escanear varias páginas del diario, en el centro de la mesa redonda una luz brillaba como si se tratase de un escáner mientras Roger al otro extremo mordía su trozo de carne.

    La nave era espaciosa, tenían sus propias habitaciones, y aquel salón pequeño donde comían y cenaba, estaba el pequeño gimnasio y la sala de mandos, luego había una zona con algunos juegos, como un billar y una diana para jugar a dardos.

    —Creo reconocer el idioma German.

    — ¿Y me puedes traducir lo que dicen esas páginas?

    —Estoy procesando. —Dijo la nave.

    —Has tenido buena idea Roger.

    —Tendrías que escaneárselo todo…

    German procedió a escanear página por página, incluyendo las cartas, luego pasó el otro diario por aquel círculo de luz y esperaron ambos a que Giovanna terminase de reordenar aquellas palabras.

    — ¿Tengo que leerlo todo?

    —Si, por favor.

    —Las cartas dicen…. —Después de terminar con las cartas, procedió a traducir los diarios, cuando termino con todo, se hizo un largo silencio.

    —Así que es un mundo de “solo” mujeres…—Dijo Roger. —Creo que eso me puede gustar.

    —También hablan del miedo a la extinción de la raza.

    —Hombre… está claro, que si no hay hombres… de algún lado tienen que salir las mujeres.

    —Creo que quiero volver a escuchar los diarios.

    —No, espera, German, estoy cansado y necesito dormir y tú también, inyéctatelo y vámonos a la cama.

    German camino hasta una de las capsulas, entro en ella, y esta se cerró descomprimiendo el interior, una alargada aguja salió de uno de los lados y se deslizo en un fino agujero que tenía en su sien derecha, entro hasta dentro y German cerro los ojos con fuerza mientras su cuerpo se tensaba por la falta de oxígeno, sus ojos se pusieron blancos y la aguja salió de su cabeza abriendo la cabina donde se había metido. Su cabeza tardaría un rato en asimilar toda la información, pero eso les ayudaría en su expedición de mañana. La falta de oxígeno de la cabina le había dejado mareado y Roger le acompaño hasta su habitación agarrándolo y haciéndole de apoyo.

    —Creo que tenemos que viajar hacia el norte. —Roger no hizo preguntas. Le dejo allí y se fue a su habitación.

    German tuvo pesadillas aquella noche, se despertó cansado, como si su cuerpo hubiera corrido una maratón, una buena ducha le animaría un poco.

    Roger aporreo la puerta un momento después y grito.

    — ¡German! Cariño, el desayuno está servido—Una risa entre dientes le anuncio a German que su compañero se alejaba por el pequeño pasillo. Su cabeza era como una explosión de ideas extrañas y una lengua a la que aún estaba acostumbrándose, las coordenadas del planeta, junto con su lengua natal y los datos de aquellos diarios rondaban su cerebro como si fueran una bomba.

    German seguía buscando flores, además de que la vegetación era toda de colores morados y azules, en diferentes tonalidades, el suelo tenía una especie de capa de musgo azulada y la tierra era verdosa, el color de la arena y las piedras era de tonos diferentes de verde. Los arboles altísimos se perdían con la vista en copas frondosas azuladas, o moradas, y más bichos de esos que se llamaban Tengus fueron apareciendo a lo largo del camino.

    —Los Tengus son venerados por la raza.

    — ¿De verdad?—Roger conducía con mano diestra mientras iban hablando sobre lo que había aprendido.

    —Sí, hay estatuas de ellos, y son femeninas también.

    — ¿Creo que estamos fuera de lugar, nos ponemos unas faldas?—Dijo Roger riendo.

    —En las cartas se informa que no queda casi nadie en su poblado, se les suplica que hagan algo contra la infertilidad de aquellas a las que se les está segando la vida.

    —Lo que yo creo es que aquella que había en el castillo es la última de esta especie. —Dijo Roger.

    —Yo también lo he pensado pero… ¿Quién la metió allí y por qué? ¿Bajo qué condiciones y como pensaba aquella mujer salir de aquella burbuja?

    —Demasiada incógnita, yo soy militar no estudiante de letras. —Murmuro Roger.

    —No te preocupes, yo no puedo contestarlas tampoco, solo estamos aquí para allanar el camino, luego nos iremos y vendrán los listos a estudiar la zona.

    El otro pueblo era parecido al primero, sus casas vacías y su castillo coronando una pequeña montaña que subía por las calles de aquellas casas.

    Después de unas cuantas horas de explorar la zona salieron hacia otro destino algo más alejado, cargados con algunas cartas que habían encontrado y con algunos libros de una pequeña biblioteca que habían cogido siguieron su camino hacia el otro pueblo.

    Más de lo mismo en aquel otro lugar, se quedaron a dormir en una de las casas, mientras uno dormía otro montaba guarda y así pasaron unas cuantas horas descansando.

    —Tendríamos que volver, vamos donde está la mujer misteriosa y pulsamos el botón de descompresión. Esa máquina no parecía complicada, seguramente está congelada ahí dentro. Por cierto, anota en tu cuaderno que no ha anochecido en ningún momento. —Dijo Roger mientras German leía un libro que pesaba más que él, sus tapas eran duras y gruesas y sus hojas parecían de papel pergamino. Iban de nuevo en el jeep y German llevaba sus pies apoyados en el salpicadero con el asiento echado hacia atrás todo lo que se podía mientras pasaba aquellas páginas.

    —No vamos a tocar a la mujer Roger. Aquí dice que son una estirpe de mujeres ancestrales, una especie de brujas o algo así, tenían el poder de reproducirse por sí mismas, cuando lo deseaban hacían una especie de retiro a una montaña y volvían embarazadas.

    — ¿Que montaña?—German abrió más el libro en una especie de mapa, con montañas dibujadas y carreteras que serpenteaban entre los pueblos. —Este mapa parece de hace quinientos años en la tierra.

    —Tengo las coordenadas, ¿si quieres que vayamos?

    —Va a ser que allí están los hombres…—Roger sonrió y piso el acelerador por aquel camino de tierra casi invadido por la vegetación.

    German iba diciéndole a Roger por donde tenía que ir, hasta que llegaron a una roca completamente lisa al pie de una montaña.

    —Creo que aquí hay que subir a pie. —German miro hacia arriba y frunció el ceño.

    — ¡¿Que cojones es eso?!—Más de un centenar de Tengus estaban esperándoles en lo alto de aquella roca lisa, a unos tres metros sobre sus cabezas.

    —No creo que podamos ni subir. Creo que aquí termina nuestra exploración.

    —Desde luego que yo no pienso hacerlo.—Refunfuño Roger.

    Algo que caía en picado desde el pico de aquella montaña llamo la atención de Roger que desenfundo su pistola, luego estiro sus enormes alas transparentes y planeo sobre sus cabezas bajando hasta lo alto de aquella roca. Aquella cosa parecía una mujer que había plegado sus alas tras su espalda, estaba totalmente desnuda pero no parecía tener la fisonomía de una mujer, parecía como si una capa de piel lisa e incolora la cubriera por completo, su pelo largo y rubio subía por su sien hasta una coleta en lo alto de su cabeza, la mata de su pelo caía por uno de sus lados hasta más abajo de sus caderas, su rostros suave y joven les miraba con curiosidad.

    — ¡Madre mía…!—Susurro Roger. Luego German intento decir algo en su lengua pero como no la había escuchado nunca no supo si la estaba usando correctamente.

    —Somos exploradores, venimos solo para ver si…—German miro al suelo maldiciendo para sí mismo su torpeza.

    —Soy Layisa—La mujer parpadeo y les dedico una sonrisa. — ¿Han venido a traerme noticias de mis hermanas?—Roger no entendía nada, pero la dulce voz de aquella mujer le tenía embobado mirándola. Después de que German escuchara la entonación siguió hablando como ella, algo más suelto.

    —Somos Roger y German, estamos explorando tu planeta, venimos de otro mundo. —La mujer inclino la cabeza hacia un lado. —No venimos a haceros daños, y nos gustaría saber cuántas más hay como tú.

    — ¿En la montaña? Solo yo. Mis hermanas están en sus casas en los poblados.

    — ¿Nunca has salido de la montaña?—La mujer negó. Dio un salto y cayo de cuclillas al lado de German, se levantó y le olisqueo, luego resoplo como si le molestase su olor.

    —No me está permitido. —German no sabía que podía o no podía contarle a aquella mujer, sobre lo que habían encontrado en su planeta.

    —He llegado hasta ti, mediante este libro. —Layisa agarro el libro con sus dedos largos y lo olisqueo, luego lo ojeo y sonrió.

    —Conozco este libro. Es sobre fertilidad y fecundación. ¿Acaso queréis tener hijos?

    —No, no…—Roger dio un paso atrás y se cruzó de brazos y German se puso nervioso. —Nuestra raza no puede quedarse embarazada, somos hombres.—Dijo German.

    —Cuéntale lo de la mujer de la burbuja—Le dijo Roger a German

    —Cuantos poblados hay en este planeta—La mujer levanto los dedos y se puso a contar. Luego le enseño ocho dedos a German.

    —Hemos explorado cinco de ocho, no está nada mal. Cuéntale lo de la mujer en la burbuja. —German asintió y trago saliva.

    —Venimos del sur. Hemos encontrado todos los poblados abandonados desde hace como mínimo diez años.

    — ¿Cómo dices? ¿Abandonados?—La mujer empezó a pasear impaciente de derecha a izquierda con los brazos cruzados—Todo ese tiempo sin ver a nadie, ahora entiendo todo… ¿Donde? —Llegar a la conclusión de que estaba sola la paró en seco.

    —No sabemos que puede haber pasado.

    —Habían problemas de… las mujeres no tenían hijas, la reina de la raza fue congelada, supongo… ¿La habéis visto?—Roger asintió.

    —Está en el primer poblado donde hemos explorado. En una especie de burbuja.

    —Soy una chaman, que ha hecho que miles de mujeres de mi raza quedaran embarazadas. Ahora vuestra noticia me deja desolada, y al mismo tiempo sabía que esto había pasado. No puedo abandonar mi montaña, si lo hago la vejez hará mella en mí, y moriré.

    —Si podemos hacer algo por ti…

    La mujer salto hacia arriba y abrió sus enormes alas. Desde lo más alto les grito a los dos hombres.

    —Id donde está la reina, si soy la última de mi raza no tiene sentido que siga en la montaña, os estaré esperando allí.

    Después de unas horas de jeep, ya estaban en la entrada de aquel poblado que habían explorado el primer día, entraron con las manos sobre la pistola y la otra empuñando sus largos machetes. Al llegar a aquel largo pasillo, la luz brillante de la incubadora les llego desde lo lejos, una sombra cubría la luz a intervalos cortos, como si la mujer que habían encontrado estuviera paseándose de un lado a otro de la habitación.

    Al llegar vieron que efectivamente allí estaba, algo más vieja y deteriorada.

    —No sé qué hacer.

    — ¿Crees que puede haber algún libro o diario que pueda ayudarnos?—Dijo German. —Dentro de poco llegaran otros humanos como nosotros para aprender de vuestra cultura, tal vez ellos puedan hacer algo.

    — ¡No! Vosotros sois los elegidos—La mujer les miro, con los ojos destellantes de color rojo brillante, luego apretó sus puños y aporreo el cristal haciendo una suave grieta. Otro enorme golpe hizo que un chorro de agua saliera por la grieta.

    —Espera, ¡oye! ¡No hagas eso! Podrías matarla. — Otro golpe más y un estallido de agua y vidrios salto sobre los tres, haciendo que se cubrieran para que no les alcanzara ningún cristal.

    Al girarse a mirar lo que había causado Layisa vieron como la mujer que había en la incubadora tosía y se convulsionaba en el suelo. German se acercó a ella y le dio la vuelta para ponerla boca arriba, luego le aparto el pelo de la cara y vio los ojos de aquella mujer que le estaba mirando asustada.

    —Tranquila, no voy a hacerte daño. —La mujer estiro una mano y agarro el cuello de German, Roger apunto a la mujer a la cabeza.

    — ¡Suéltalo bonita! O te meto una bala en la cabeza.

    —Mi compañero te está avisando para que me sueltes o te matara.

    —Han muerto todas—Dijo Layisa —Majestad… no queda nadie.

    La reina soltó el cuello de German e intento levantarse, su cuerpo cansado y entumecido le hacía tener movimientos torpes. Layisa se acercó y la ayudo a levantarse luego ambas se fundieron en un abrazo, una cola larga y enorme salió de la espalda de Layisa y se introdujo en la parte baja de la espalda de la reina.

    — ¡Que porno! —Dijo Roger irónicamente. —Creo que esto me está poniendo cachondo. Y creo que toca largarse.

    —No, espera. Y deja de decir tonterías, la está fecundando. —Roger miro a German boquiabierto.

    — ¿Están follando y dices que digo tonterías?—German descarto aquella idea con la mano y siguió mirando a aquellas mujeres, una vez terminaron se soltaron y Layisa ayudo a la reina a caminar por aquel largo pasillo.

    Fueron todos hasta una habitación y ayudaron a Layisa con la reina. Luego todo sucedió demasiado deprisa, ambas mujeres deslizaron sus largas colas estirándolas y clavándolas en el pecho de aquellos hombres, luego tiraron con fuerza arrancándoles los corazones, la reina devoro ambos mientras se reponía de su letargo, Layisa, fue desmembrando los dos cuerpos y dándole pequeños trozos a su reina.

    —Creo que voy a ir hasta donde tienen su vehículo a ver qué puedo hacer con él. —Layisa le dio un beso en la frente a su reina y esta le acaricio la mejilla.

    —Estas envejeciendo Layisa.

    —Mi heredera esta en ti…—Layisa toco el vientre de la reina que ya había empezado a crecer—En menos de dos horas estarás de parto y podremos volver a empezar, supongo que dispongo de varios días para poder volver a poblar nuestra casa. Y además, mas comida viene en camino.

    FIN

  2. Los Siguientes 4 Usuarios Agradecieron a Sorgin por Este Mensaje:

    dan defensor (16/03/2016),mago (18/02/2016),mamisaz (15/02/2016),txusher (15/02/2016)

  3. #14
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    Avatar de txusher
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    Otro gran relato,si señor!!!
    Esto empieza a ponerse complicado.

  4. #15
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    Avatar de Sorgin
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    Predeterminado [Literario] Relatos de Ciencia Ficcion y Fantasia

    Cita Iniciado por txusher Ver mensaje
    Otro gran relato,si señor!!!
    Esto empieza a ponerse complicado.
    Son ideas tuyas..... Si todo está fácil....

    Xddd que mentira acabo de decir, me va a crecer la nariz como a una bruja mala...... Jajajaja

    Un saludo......

    Enviado desde mi Xperia
    dan defensor le gusta.

  5. El Siguiente Usuario Agradeció a Sorgin Por Este Mensaje:

    txusher (15/02/2016)

  6. #16
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    nos falla el apoyo logistico es decir la pasta jajajaa caguuenn ....bueno otro mas pa pensar
    dan defensor le gusta.
    ya me canse de la bonita firma de Miguelpichardo

  7. #17
    Speed Black Woman
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    A ver escritores, que os queda ya poco tiempo para entregar trabajos....Me parece a mi que voy a tener que ponerme más dura con la gente que no hace su trabajo....

    Aunque tampoco me puedo quejar que los fieles siempre estan ahí escribiendo, ajajajajajaaj



    Un saludo....
    dan defensor le gusta.

  8. #18
    Speed Black Woman
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    Bueno, pues hasta aqui hemos llegado....Se termino el concurso y ahora solo toca votar.....Gracias a todos los participantes y que gane el mejor...

    Un saludo....
    dan defensor le gusta.

  9. El Siguiente Usuario Agradeció a Sorgin Por Este Mensaje:

    dan defensor (16/03/2016)

  10. #19

    Quien tiene un amigo...
    Avatar de joramson
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    Estoy disfrutando mucho leyendo estos relatos, menudo trabajo, excelente.

    Un abrazo a todos.
    loki le gusta.

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