Supongo que todos alguna vez habéis visto el aviso ¡Cuidado con el perro! en la entrada de alguna casa, pues ni en eso somos originales. Un mosaico encontrado en el vestibulum de una casa en la ciudad de Pompeya ya avisaba…

CAVE CANEM


Junto al Cave Canem, lo normal era encontrar un Molossus, perros de constitución musculosa, fuertes mandíbulas, gran cabeza y hocico corto. Los Molossus eran utilizados como guardianes. Ya lo decía el poeta Virgilio…

Con estos perros de guardia [molossus], nunca temerá a los ladrones de medianoche o el ataque de los lobos.


Marco Terencio Varrón nos describe las características de esta raza…

Debe tener una cabeza grande, orejas caídas, los hombros y el cuello gruesos, patas anchas, un ladrido profundo, y ser de color blanco con el fin de ser más fácil de reconocer en la oscuridad. […] Debe llevar un collar de cuero tachonado de clavos para proteger el cuello. Un lobo, una vez herido, será menos probable que ataque a otro perro, incluso a uno que no lleve un collar.


Lamentablemente para ellos, también fueron utilizados como perros de la guerra (canes pugnaces) luchando junto a las legiones e incluso formaron parte de los espectáculos mortales en los anfiteatros.


Para la caza preferían el Vertragus, a caballo entre un lebrel y un galgo. Perro fino, ágil y veloz que “caza no para él sino para su señor, y le traerá la liebre ilesa en su dientes” (Epigramas, Marcial)


Y cómo no, también los perros fueron mascotas de los romanos. Para este menester era suficiente con ser dóciles y fieles, y los más populares fueron los Canis Melitae, pequeño perro faldero de pelo blanco y largo similar al Maltés. Los Canis Melitae eran de mayor tamaño que sus actuales parientes y su nombre nada tiene que ver con la isla de Malta, sino con la palabra semítica malat que significa puerto, ya que era donde habitualmente cazaban roedores. ¿Y para qué querían una mascota los romanos? Pues aunque parezca mentira, también tenía sus cometidos: era un entretenimiento para los niños, una calefacción para las frías noches, un antipulgas para sus propietarios (igual que la solución faraónica para las moscas) y un símbolo de estatus social. Para la plebe, igual que si ahora le preguntas a los pocos pastores que quedan, no se entendía tener un perro que no trabajase (guardián, pastor, cazador…).

Respecto a los nombres de los perros, Plinio recomienda nombres cortos y el gaditano Columela en su obra De re rustica que tengan dos sílabas, así como nombres referentes a sus características: Asbolo (hollín), Tigris (tigre), Ferox (feroz), Lupa (loba), Leuco (blanco), Pirra (pelirroja), Cerva (cierva), Celer (rápido), Lakon (espartano)…

Fuente: Los inventos de los antiguos

historiasdelahistoria.com / Javier Sanz 8 febrero 2017

Razas de perros más comunes en la Antigua Roma