Dr. James Barry
Inspector General de Hospitales
Muerto el 26 de julio 1865
A la edad de 70 años


¿Y quién fue este James Barry?


Fue el cirujano que, a comienzos del XIX, practicó la primera cesárea de la que se tiene noticia en la que sobrevivieran la madre y el hijo. Aunque algunos se creerán todavía que el origen del término cesárea se debe a Julio César por haber sido el primero en nacer mediante este método, no es verdad. En Roma ya se conocía, pero a la madre de Julio César no se le practicó una cesárea, porque solo se utilizaba en los casos en los que había fallecido la parturienta, y Aurelia, su madre, murió cuando Julio César tenía 45 años. Si el parto en sí ya suponía un riesgo para la madre, practicar una intervención quirúrgica en esta época, con las posibles y frecuentes infecciones, suponía casi una muerte segura para la mujer. Así que, nuestro protagonista fue el primero que practicó está intervención, sin haber muerto la madre, y que tuvo éxito al conseguir que sobreviviesen los dos. Como agradecimiento al exitoso cirujano, al niño le pusieron su nombre: James Barry (con apellido y todo, igual que hace unos años a algunos niños les ponían de nombre propio Kevin Costner).

Con el apoyo de su madre -su padre falleció cuando él era un niño-, la ayuda de David Steuart Erskine, el conde de Buchan, y el dinero de su tío, el pintor James Barry, consiguió que lo aceptasen en la Universidad de Medicina de Edimburgo. A los veintidós años obtuvo la licenciatura, no sin antes haber tenido que intervenir el conde de Buchan en varias ocasiones porque las autoridades académicas sospechaban que tenía muchos menos años (la voz y su rostro imberbe le hacían parecer un adolescente). Tras aprobar el examen del Colegio Real de Cirujanos, y volver a tener que intervenir el Conde y el dinero de su tío, se alistó en el ejército como cirujano auxiliar. Y desde aquel momento comenzó una brillante carrera que le llevaría a India, Sudáfrica, Isla Mauricio, Trinidad y Tobago, Santa Helena, Malta, Corfú, Jamaica y Canadá. Brillante, sí, pero condicionado por su fuerte carácter y los enfrentamientos con las autoridades religiosas y militares. La verdad, era difícil de tratar. Sin embargo, en el ejercicio de la medicina era uno de los cirujanos más importantes de la época. Además de la cesárea ya citada, que practicó en Ciudad del Cabo (Sudráfrica), y la investigación y tratamiento de enfermedades como la sífilis o la lepra, James Barry se convirtió en un activista comprometido por las reformas sanitarias que mejorasen las condiciones de hospitales, cárceles y cuarteles. Mientras, él seguía tratando por igual a ricos y pobres, colonos y esclavos. A pesar de todos los problemas que le generaron sus críticas y sus reformas, tanto con autoridades locales como militares, llegó a ser nombrado Inspector General de Hospitales. Pero su salud empezó a deteriorarse y en 1864 regresó a Londres, donde fallecería de disentería un año más tarde.


¿Cuál fue su última voluntad?


En julio 1865, en Londres, se le encomendó a una mujer llamada Sophia Bishop preparar el cuerpo de James Barry, pero no respetó sus últimas voluntades que eran no examinar su cuerpo, estuviese como estuviese, y enterrarlo con la misma ropa con la que muriese. Así que, desnudó a James y se encontró con…¡¡¡UN CUERPO DE MUJER!!! que, además, por las estrías de su abdomen se podía suponer que había estado embarazada. Más de 50 años antes de que se permitiera a las mujeres practicar la medicina, Margaret Ann Bulkley, que así se llamaba realmente, había conseguido estudiar en la Universidad de Edimburgo, formar parte del Colegio Real de Cirujanos e ingresar en el Ejército británico.

El hecho de que el prestigioso cirujano fuese realmente una prestigiosa cirujana (todos los honores y logros de James correspondían a Margaret) explica algunos detalles. Lógicamente, para que Margaret pudiese estudiar y ejercer la medicina, tuvo que contar con su cabezonería, el apoyo de su madre, que además le ayudó a masculinizarse, el dinero de su tío (para financiar los estudios y del que tomó su nombre) y la complicidad necesaria del conde. Lógicamente, todos los suyos sabían que era mujer, y cada uno de ellos tuvo su papel para hacer realidad el sueño de Margaret. Cuando las autoridades académicas dudaban de su edad por la voz y su rostro imberbe, era porque… porque eran los rasgos propios de una mujer, o ese carácter osco y difícil que tenía, era un papel que interpretaba para mantener las distancias y, ya que su físico no ayudaba, parecer más «hombre». Aunque había pruebas de un posible embarazo no hay constancia de que tuviese ningún hijo, pero sí un romance. Durante su etapa en Ciudad del Cabo, parece que tuvo un idilio furtivo con el gobernador de la colonia, un viudo llamado Charles Somerset.

El hecho es que, tras descubrirse el pastel, muchos se apuntaron al carro del «yo ya lo sabía», pero la realidad es que el tema se olvidó -como decía al principio, en su lápida se grabó el nombre de James Barry-, quizá porque al ejército le interesó correr un tupido velo y no quedar «retratados», o simplemente se consideró que su excepcional labor durante tantos años estaba por encima de su condición de hombre o mujer. De hecho, el médico que firmó el certificado de defunción dijo…

No es asunto mío que Barry fuera hombre o mujer.


Fuente: Ni tontas ni locas

historiasdelahistoria.com / Javier Sanz, 19/09/2019

¿Qué ocurrió al no respetarse las últimas voluntades del prestigioso cirujano James Barry?