A menudo, mientras limpiamos nuestra bicicleta podemos encontrarnos con pequeños agujeritos ásperos en alguna zona de su estructura; el fontanero que llamamos para que revise esa pérdida en la cocina nos dice que las tuberías están oxidadas, o el médico que escuchamos ayer por la radio hablaba de antioxidantes. Pero ¿en qué consiste la oxidación? Vamos a verlo.


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Resultado de la interacción de sustancias

En términos científicos, el concepto de oxidación cambió a partir del descubrimiento de los electrones. Tradicionalmente, la oxidación era el efecto de las moléculas de oxígeno al entrar en interacción con otros elementos físicos, como podría ser un metal o un tejido vivo.

Pero, curiosamente, esta concepción fue reformulada con el descubrimiento de los electrones. A partir de este hecho, la oxidación fue el resultado de la pérdida de al menos un electrón al momento en que dos o más sustancias interactúan.

En general, la oxidación se concibe como un proceso negativo, y, a pesar de que en algunos casos puntuales puede no serlo, esta percepción no es errónea. Los efectos de la oxidación son evidentes a simple vista, tanto en la chapa de un vehículo, el hierro de una máquina o en algunos alimentos. La oxidación es sinónimo de corrosión y la corrosión es, sencillamente, destrucción progresiva.

Conjunción de aire y agua

Técnicamente, es importante señalar que no todos los materiales resisten de la misma forma frente a las moléculas de oxígeno generadoras de la oxidación. El nivel de oxidación que puede presentar un cierto material depende fundamentalmente de dos factores: la cantidad de oxígeno presente en el ambiente y el tipo de material que afecta. Las moléculas de oxígeno son las que liberan radicales libres sobre la superficie en cuestión.

Si nos centramos en algunos comestibles que ingerimos habitualmente como la fruta, la única defensa que permite que esta se conserve algunos días evitando la oxidación es la protección de la cáscara. Cuanto más gruesa y resistente es la cáscara, más dura es la batalla para el oxígeno corrosivo, aunque en algún momento se termine imponiendo.

Tampoco podemos obviar el hecho de que el agua suele ser una aliada fiel de las moléculas de oxígeno, por lo que, cuando actúan juntos, el poder de oxidación sobre una determinada superficie se duplica.


Ojocientífico.com 05/04/14