Si bien seguir el compás de la música cuando está sonando es algo que los seres humanos hacemos casi de manera espontánea, lo cierto es que muy pocos organismos lo consiguen. La rareza de esta habilidad ha hecho que los científicos se pregunten si los animales pueden seguir el ritmo. Veamos qué se sabe al respecto.

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El cerebro humano y el ritmo

Los científicos llaman seguir el ritmo a lograr una sincronización rítmica con un compás externo a través de movimientos corporales. Algunos animales, como los monos, o aves domésticas, pueden moverse con la música y hasta tocar instrumentos, pero seguir el ritmo según se define no parece ser una habilidad del reino animal.

No es hasta los 4 años que se produce el desarrollo rítmico en el ser humano. Los niños menores pueden escuchar el ritmo pero no sincronizar. Esta habilidad se adquiere en un proceso de socialización, cuando el pequeño interactúa con los otros seres humanos, lo que señala un origen evolutivo.

Durante el proceso de sincronización musical, casi todas las regiones del cerebro humano se activan poniendo a funcionar el área de los movimientos y el de la audición, lo que eventualmente conduce al baile. A partir de ese momento todas las redes neuronales se intercomunican en sincronización rítmica.

El ritmo de los bonobos

Los bonobos son un tipo de chimpancés que tienen facilidad para responder al lenguaje. Con estos se han hecho diversos estudios sobre el seguimiento del ritmo. Al parecer, algunos pueden repetir el tiempo de los instrumentos y mover los pies al ritmo de la música.

Claro que, como ya se ha comprobado, los bonobos poseen una característica extraordinaria: comparten más del 98% del genoma humano. ¿Coincidencias? Los expertos consideran que en estos chimpancés habría una analogía con los niños, que aún no han desarrollado la habilidad de sincronizar, pero sí pueden escuchar el ritmo.

¿Por qué solo los humanos siguen el ritmo?


Hasta la fecha no se sabe con exactitud por qué solo los humanos siguen el ritmo. Sin embargo, se manejan algunas teorías. La idea más extendida es que en la evolución de la capacidad rítmica existe un fuerte componente social. Se cree que la habilidad de repetir sonidos era importante para crear unidad grupal y lazos entre sus miembros.

La sincronización rítmica estaría pues relacionada, de manera mímica, con la capacidad de estar unidos grupalmente, de ser como uno solo: un mismo tiempo, acciones coordinadas.

Justamente como la unidad social es compleja y requiere el desarrollo conjunto de varias habilidades, la resultante de esa sincronización –poder seguir el ritmo– es una rareza, alcanzada solamente en los seres humanos y en muy excepcionales animales.

Ojocientífico.com 18/07/14