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La necesidad de ingerir líquidos está controlada por una región del diencéfalo que se encarga de controlar el régimen de los líquidos en el organismo. Se llama el hipotálamo, y envía la orden de beber cuando detecta que la sangre y los demás líquidos orgánicos están cerca de la densidad excesiva.

Este peligro puede ser debido al déficit de agua, o al aumento de la concentración de sales en el organismo. Por este motivo disponemos de dos sistemas detectores diferentes, que informan continuamente al hipotálamo. Uno mide la proporción de las sales disueltas en la sangre, y el otro la tensión en las paredes del corazón, lo cual informa sobre el volumen de sangre en circulación. Por eso dan sed las comidas con mucha sal, lo mismo que una gran pérdida de líquido por transpiración.