Hay momentos en que las ideas geniales se agolpan en la cabeza; pero siempre son los peores: en la ducha, justo antes de dormir, tras una discusión cuando ya estamos solos. Tras ese instante de lucidez, el pensamiento se desvanece y por mucho es esfuerzo que se ponga la idea ya nunca vuelve. Pero, ¿cuál es el motivo de que esto ocurra?

La ciencia que estudia nuestro cerebro tiene la respuesta. Cuando hacemos una actividad monótona, simple y relajada (conducir por una buena carretera, pasear, tomar una ducha, observar un paisaje) las «pepitas de oro» emergen de la profundidad de nuestra psique. Sin embargo, cuando cogemos un lápiz y tratamos de ordenar «racionalmente» las ideas, estas parecen diluirse entre nuestras manos como un azucarillo en el agua.

El culpable de todo es la «red neuronal por defecto», un proceso que se activa cuando nuestro cerebro se pone en modo «desconexión» (cuando estás «empanado», según el dicho popular). Durante los momentos que más exigimos a nuestro cerebro (en el trabajo, al resolver un acertijo...) se activa otra área, aquella con la que se resuelven las tareas, la «task positive network (TPN)».

La «red neuronal por defecto» es la que nos permite desde soñar despiertos a «viajar a Babia». Su actividad se inicia en la corteza prefrontal, la corteza cingulada posterior, el lóbulo parietal inferior, la corteza temporal lateral, la corteza prefrontal dorsomedial y el hipocampo, y su mal funcionamiento influye en el desarrollo de enfermedades como el Alzheimer, el autismo o la esquizofrenia. El «desgaste» del cerebral con motivo de la edad también influye en que se deje de entrar en este «estado» de baja frecuencia que sin embargo activa a nuestro cerebro.

Este proceso, conocido como «default mode» en inglés , se empezó a conocer en 2001 gracias el doctor Marcus Raichle. Antes de sus descubrimientos se presuponía que el cerebro en «descanso» consume menos energía que en máxima actividad. Tras sus avances se sabe que como mucho el consumo de energía se reduce un 5%, ya que el cerebro nunca deja de crear.

Si observáramos a través de una resonancia magnética, la «red neuronal por defecto» se ve como una onda que fluctúa una vez por segundo. Y se mueve más cuanto más está en reposo el cerebro. De esa manera, si a la persona se le obliga a pensar en una tarea, la red se desactiva, según la revista Neurology.

Pero esta función del cerebro no es la panacea. No sirve con sentarse y esperar relajado hasta que se aparezca la idea del millón. Aunque, pensándolo bien, el «Eureka» que Arquímedes exclamó surgió durante un baño de relax.

Abc.es 06/08/2014