..20minutos.es 23/08/12..

Simplemente al oír la palabra, dentera, ya los estamos evocando y hasta estremeciéndonos, la tiza que chirría en la pizarra o unos dedos arañándola, el roce entre sí del corcho blanco de embalaje (poliestireno), un tenedor arañando un plato… sonidos penetrantes y desapacibles, que provocan en la mayoría de las personas una reacción física involuntaria y automática muy desagradable, una especie de escalofrío y necesidad inmediata de que el sonido pare acompañado de una extraña sensación en dientes y encías, lo que muchos califican como “me da cosa, me da repelús o me da grima”.

Aunque la mayoría de las veces la provoca un sonido como los descritos hay gente que la sufre también mediante el tacto de superficies como por ejemplo los melocotones, la felpa, el gusto de sustancias ácidas, la vista de alguien comiéndose las uñas o arañando una superficie o incluso el simple recuerdo de estas situaciones.

No se sabe porque nuestro cuerpo reacciona de esta manera aunque se ha constatado que es la parte autónoma o vegetativa de nuestro sistema nervioso, que también está a cargo de otras funciones tales como el respirar o la sensación de miedo, la que regula esta reacción.

Según algunos expertos podría ser una relación que hemos incorporado desde tiempos ancestrales en que este tipo de sonido chirriante era sinónimo e indicativo de una señal de peligro para el hombre prehistórico y le avisaba de que era necesario huir.

En 1986 se realizó un estudio en la Northwestern University (Chicago) para clasificar los ruidos según el nivel de perturbación que causaban en el oyente. Se desveló que dichos sonidos pertenecían a frecuencias medias (no agudas como se había pensado hasta entonces) situadas entre 2000 y 4000 hercios, hecho que se corroboró recientemente en el 2011 por los musicólogos Michael Oehler, de la Macromedia University (Colonia) y Christoph Reuter, de la University of Vienna (Austria), que llegaron a la conclusión que las molestias las causaban la combinación de las partes armónicas (opuestas al ruido) de los sonidos estudiados y el rango de frecuencias mencionado. La estructura que presenta el oído haría la función de amplificador de los tonos dentro de ese intervalo, lo que podría ser causa de las molestias

En el proyecto Bad Vibes de Trevor Cox, llevado a cabo en la University of Salford (Manchester), se confirmó que además de los sonidos, la imagen jugaba un papel primordial y aquellas personas que reforzaban la percepción del sonido mediante una imagen visual del mismo tenían mayor sensación de desagrado.