….. Perritos, pizzas, hamburguesas, kebabs… el secreto no está en la masa.

Michael Moss, reportero del New York Times y ganador de un Pulitzer por su obra Sal, azúcar, grasa: cómo los gigantes de la comida nos sedujeron, explica las claves que tiene esta industria de comida rápida para atraer a la gente; siendo un elemento clave la publicidad y los anuncios que bombardean constantemente nuestro televisor y que hace que nos pasemos una semana deseando esa hamburguesa. Así, el cerebro guarda la información y mentalmente dirigimos nuestras acciones en busca del fruto prohibido (por médicos).

Así que, sí, efectivamente, publicistas aseguran que el motivo principal está en el excelente trabajo de marketing que los profesionales realizan para que nos pasemos media vida pecando y la otra media llorando para bajar los kilos de más.

Y, ahora, la curiosidad del día. La sal también tiene una función fundamental en nuestra adicción por las crujientes patatas fritas que acompañan a todo buen plato de comida rápida que se precie. ¿Que por qué? Porque la sal es un condimento que preserva las ganas de seguir consumiendo.

Médicos confirman que otra de las razones que llevan, en un primer momento y antes de que aparezca el sentimiento de culpa por la cantidad de calorías ingeridas, a comer la denominada comida basura tiene que ver con la grasa, que hace que nos sintamos más relajados. Una forma rápida de saciar el estrés y la pereza.

También, claro está, por el precio que tiene esta variedad de alimentos. Mucho más bajo que una comida de alto postín y casi siempre disponible al lado de la oficina, que no hay tiempo que perder.

esquire.es.CRISTINA ROMERO | 19/9/2014