..... Una antigua interrogante que se ha vuelto cotidiana con los avances de la tecnología. Hoy en día podemos grabar audios de voz todo el tiempo y difícilmente alguien haya evitado la tentación de escucharlos alguna vez.

El resultado es siempre extraño y, generalmente, no muy agradable.

No nos gusta el sonido de nuestra propia voz. ¿Hablamos como estúpidos todo el tiempo y no nos habíamos dado cuenta?

El fenómeno es muy interesante.

La voz que habla y la voz que escuchas

Lo que ocurre es que nos acostumbramos al sonido de nuestra propia voz al escucharnos cuando hablamos, pero aquí intervienen otros factores en el proceso de audición que alteran el sonido de nuestra voz, y que no están presentes cuando la escuchamos en una grabación.

El sonido de nuestra voz que escuchan los demás es el que podemos escuchar en un audio. ¿Pero por qué se escucha tan raro?

Los sonidos que provienen desde nuestro entorno –la voz de otra persona, digamos– son ondas sonoras o acústicas que se propagan por el aire, ingresan en nuestro canal auditivo y golpean el tímpano para crear vibraciones que luego el cerebro transforma en sonido.

Cuando uno mismo habla, ocurre ese proceso: nuestra propia voz genera ondas sonoras que se propagan por el aire y llegan a nuestros oídos para crear vibraciones, del mismo modo que con las voces ajenas. Pero en el proceso también ocurre otra vibración diferente en nuestros oídos, causada por la producción del sonido, por el movimiento de las cuerdas vocales y de las vías respiratorias.

Digamos que nos escuchamos desde adentro, por la cercanía entre la boca y el oído.

Esta cercanía hace que escuchemos nuestra voz más potente cuando estamos hablando que cuando la escuchamos en una grabación. Al mismo tiempo, las ondas más graves se propagan mejor por el interior de nuestro cuerpo que por el aire, de modo que al hablar también percibimos nuestra propia voz como más grave de lo que realmente es.

En resumen, nos acostumbramos a escuchar nuestra propia voz deformada por las vibraciones internas que ocurren al hablar; nuestro propio cuerpo nos miente por mucho tiempo, creyendo que tenemos una voz mucho más elegante, fuerte y grave de lo que en realidad es.

Escucharla en una grabación, desprovista de esta deformación, es enfrentarse a la dura realidad. Y por eso resulta poco agradable.

vix.com / Ernesto William, 23 abril 2018

¿Por qué no nos gusta el sonido de nuestra propia voz?