….. A medida que transcurre el verano, nos damos cuenta de que las horas de luz disminuyen y los días son más cortos. Si antes madrugábamos y el Sol ya iluminaba la habitación, ahora, a la misma hora, es posible que tengamos que recurrir a la energía eléctrica. De igual forma, el rato en la terraza antes del anochecer parece más breve.

Esto ocurre porque la duración del día (desde el amanecer al ocaso) con respecto a la de la noche no es igual durante todo el año; depende de la fecha y de la ubicación. Esto es debido a la esfericidad de la Tierra y a su situación con respecto al Sol.

Nuestro planeta tarda aproximadamente 365 días y seis horas en dar la vuelta a su estrella, el Sol. Pero la órbita de la Tierra no es exactamente circular, sino elíptica. Cuando el punto de la órbita de la Tierra coincide con uno de los extremos del eje mayor de la elíptica recibe el nombre de solsticio, cosa que ocurre dos veces al año. Uno coincide con el inicio del verano (solsticio de verano) y el otro con el inicio del invierno (solsticio de invierno). El solsticio de verano tiene el día más largo del año y la noche más corta, exactamente lo contrario de lo que ocurre en el de invierno.

De igual forma, los puntos de la órbita en los que la Tierra coincide con los extremos del eje menor se llaman equinoccios. Son otros dos y se producen en el inicio de la primavera (equinoccio de primavera) y del otoño (equinoccio de otoño). En ambos, el día y la noche duran lo mismo, 12 horas.

Desde el equinoccio de primavera hasta el solsticio de verano la duración de la noche es cada vez menor, y hay cada vez más horas de luz (más de 12 horas). A partir del solsticio de verano las horas de luz se van reduciendo, hasta que en el equinoccio de otoño se igualan las horas de luz y de oscuridad, y en el solsticio de invierno se alcanza el máximo de horas de oscuridad. Esto cambia según la la latitud. Por ejemplo, en las regiones polares existen días o noches permanentes en alguna época del año.


abc.es 30/08/2014