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Efectivamente, asombra ver cómo a estos soldados chinos no se les helaba la cara, aun estando a -30ºC, cuando se tomó la foto. Tres factores son los responsables. El dermatólogo Agustín Alomar (Instituto Universitario Dexeus), miembro de la Academia Española de Dermatología y Venerología, cuenta a Quo que el primero es la mayor producción sebácea del rostro. En esta zona hay muchas más glándulas sebáceas que segregan una película grasa (lípidos) mayor o menor, dependiendo del individuo.

La segunda razón por la que la cara está bien preparada para el frío es que posee mucha circulación periférica. Según el médico, el rostro, junto con las manos y los pies, son los lugares por los cuales el cuerpo libera calor cuando le sobra: recordemos que después de una comida copiosa a veces nos sonrojamos. Y el tercer factor de resistencia de la piel de la cara al frío es que ella es la encargada de medir la temperatura ambiente para “informar” al resto del cuerpo y tomar, en consecuencia, medidas para reajustar el “termostato”. En cambio, la cara no es mucho más resistente al sol, aunque sí es cierto que el ácido urocánico del sebo actúa de leve filtro de los rayos.