Para desayunar, en nuestros panes o simplemente dentro de una ensalada como cena. La avena nos aporta nutrientes y salud a cada cucharada, por eso te traemos los milagros del cereal definitivo.

Lo primero, el desayuno. Sus hidratos de lenta absorción nos permiten sobrevivir en el trabajo durante toda la mañana sin tener que recargar pilas con la insana máquina de vending.

Sus grasas son insaturadas, ya sabéis, de esas que hacen que nuestro corazón vaya como la seda sin tener que preocuparse por tener las arterias bloqueadas.

Es la solución perfecta para aquellos que no visitan el baño con frecuencia y es que la fibra de la avena, llena de betaglucanos, también nos ayuda a regular los niveles de azúcar.

Y por si fuera poco ayuda a calmar nuestros nervios gracias a las vitaminas del grupo B, relajándonos después de un duro día de trabajo o ejercicio.

Es el cereal perfecto en las dietas de adelgazamiento por su alto poder saciante y la facilidad con la que absorbe las grasas en el tracto intestinal.

De los ocho aminoácidos esenciales para la vida, la avena contiene seis. Es decir, proteínas de alta calidad que además ayudan a nuestro hígado a depurar.

Es un aliado contra el cáncer de primer orden. Sus tocotrienoles ayudan con su poder antioxidante a combatir a los radicales libres que quieren llevarnos por el mal camino.

Y por supuesto, está buena y la podemos comer en tartas, desayunos, panes, bollería, ensaladas o pasta. ¿Necesitas algún motivo más para engancharte a la avena?


¿Por qué la avena es el cereal definitivo? - - Esquire