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Dicho a grosso modo, porque el cerebro se confunde. Tenemos un sistema de localización de los dolores que es muy preciso; cada vez que surge uno, la zona afectada hace contacto en cierto punto de la médula espinal y, dependiendo de en cuál ocurra, el cerebro sabe dónde ubicarlo. Pero las vísceras cuentan con un sistema nervioso autónomo que es menos preciso al “avisar”, y a veces manda la señal a través de los mismos nervios que otra zona, de modo que nos duelen las dos. Por ejemplo, el corazón “comparte” zona de aviso con el hombro izquierdo, por eso sufrimos estos llamados “dolores referidos” en esa parte cuando padecemos un infarto. Otro ejemplo es que los problemas de vesícula se reflejan en el hombro derecho.