Se acabó el mito.

..... Todos los adictos al chocolate deberán leer este artículo con atención, ya que el chocolate blanco no es chocolate ni se le parece. ¿Por qué? Porque hay razones sólidas de composición que así lo demuestran, y te las contamos.

Vamos a empezar por el principio, donde también parece que hay alguna que otra equivocación de atribuciones. Si Colón fue el encargado de descubrir América, no fue hasta Hernán Cortés y su desembarco en México cuando Europa por fin entró en contacto con la planta de cacao y, por consiguiente, con su explotación. El conquistador a su vuelta introdujo en España la planta y su bebida, bajo el nombre de chocolate.

Caracterizado por su intenso sabor amargo, el chocolate empezó a ser industrializado en el siglo XVIII llegando incluso a dejar en un segundo lugar a sus dos máximos competentes hasta ese momento, precisamente por ese amargor: el té y el café.

Así que hablamos de una composición con denominadores comunes desde aquella época: manteca, azúcar y su ingrediente principal: cacao, obtenido tras la fermentación, secado y tostado del grano de cacao. Tres pasos esenciales e imprescindibles para conseguir esos ricos chocolates tanto en tableta como en polvo.

En base a esto, no podemos decir que el chocolate blanco sea chocolate en el sentido literal de la palabra. Nestlé rompió las reglas del juego y en 1930 lanzó al mercado la mítica chocolatina Galak considerada también chocolate. ¿Error? Que el ingrediente estrella del chocolate, el cacao, aquí quedaba sustituido por la leche. Una evidencia apoyada por el organismo estadounidense Food and Drug Administration.

Al no utilizarse cacao no podemos referirnos al chocolate blanco como chocolate, ya que lo único que incluyen estas barritas es manteca con aroma a cacao para que su gusto recuerde al alimento estrella.

Además, el chocolate blanco siempre es dulce mientras que el cacao se caracteriza por un intenso sabor amargo con alguna que otra ráfaga dulce.

esquire.es / CRISTINA ROMERO | 31/10/2014