Representación gráfica de la Corriente del Golfo en el Atlántico. | EL MUNDO

Nueva York está en la misma latitud que Madrid: 40ºN, y a la orilla del mar. Sus inviernos deberían ser mucho más suaves que los de Madrid, pero todos sabemos el frío que hace allí, la nieve y las borrascas. Terranova está en la misma latitud que Paris. Bergen, en Noruega, libre de hielo, está en la misma latitud que la punta sur de

Groenlandia. Voy a intentar explicar aquí esta diferencia considerable de temperatura (y sus variables asociadas, como la nieve) entre puntos de la Tierra a la misma distancia del ecuador. Por cierto, las preguntas de los lectores, sobre cualquier tema son muy bienvenidas, y las trato de contestar en este mismo blog o de manera directa. Miren al final del post.

En el océano hay corrientes marinas, ríos que se mueven dentro del mismo. Una de ellas es la Corriente del Golfo, que saliendo del Caribe por el estrecho de Florida entre esta península y Cuba se desliza junto a las costas americanas hasta el Cabo Hatteras (Latitud 35ºN) y luego cruza el Atlántico en dirección Noreste hacia Escocia y Noruega (Latitud: 65 ºN), con una rama hacia el Paso de Calais.

La corriente tiene unos 100 km de ancho y 1 km de profundidad. Transporta unos 100 cubos de 100 x 100 x100 metros cúbicos por segundo y una energía de 932 billones (millones de millones) de kilowatios hora durante el mes en que tarda en cruzar el Atlántico.

¿De dónde sale esa corriente?

Los vientos crean las olas por diferencias de presión a uno y otro lado de las mismas, y producen las corrientes marinas al arrastrar el agua como la mano arrastra un montón de hojas puestas encima de la mesa. En la esfera en rotación que es la Tierra, el aire sube de la superficie del mar hacia la capa donde empieza la estratosfera, una capa de la atmósfera que se denomina tropopausa y que está a unos 16 km de altura sobre el ecuador y a 8 sobre los polos. El aire, al llegar arriba no puede seguir subiendo y se desplaza hacia los polos, pero como mantiene la velocidad hacia el Este que tenía en el Ecuador, empieza a girar en su camino hacia el norte, hasta que en las latitudes de las líneas de los trópicos (23º norte y sur) ya se mueve hacia el Este. Al subir se ha enfriado, parte del vapor de agua que contenía ha precipitado, y al estar frío, desciende volviendo a convertir el agua líquida en vapor: entre las latitudes de 15 a 30 grados norte y sur se sitúan los desiertos. Alli el aire baja y se seca, y no llueve casi nunca.

Cuando ese aire ha llegado a la superficie, mantiene su velocidad horizontal pero cambiada de signo porque ha esto bajando en vez de subir: en las latitudes de 15 a 30 grados norte y sur, a nivel del mar, el viento sopla de manera constante del Este al Oeste, o más bien hacia el sudoeste. España pudo descubrir América porque los marineros onubenses que hacían la ruta de Canarias aprendieron lo que eran los alisios, que los ingleses bautizaron como los vientos del comercio: una vez salidos los barcos de Canarias, los vientos los llevan (si son de vela) de una manera constante hacia el Caribe, sin tener que luchar con las olas ni encontrar grandes calmas. Saliendo de Canarias a los 28ºN, se llega a La Española a los 18ºN. Lo mismo ocurre si los barcos salen de Acapulco (18ºN): llegan a las Filipinas a los 12ºN.

Estos vientos constantes arrastran el agua de una banda horizontal muy considerable de agua en el Atlántico y el Pacífico tropicales, acumulándola en el Caribe en el Atlántico, y en el otro mar semi-cerrado entre Filipinas, Indonesia y las costas de Vietnam y China. El agua caliente de los mares tropicales se recalienta aun más en estos dos ''Caribes'' cerrados. El giro de la Tierra hace que toda este agua que viaja hacia el Oeste se acumule en fuertes corrientes cerca de las costas de los continentes americano y asiático, y se desplace en chorros estrechos y poderosos primero hacia el norte o noreste, y enseguida directamente hacia el noreste volviendo a cruzar los océanos. Son las dos poderosas corrientes oceánicas del Golfo, en el Atlántico, del Kuro-shio, en el Pacífico. El agua que se mueve de manera imperceptible bajos los alisios desde África hacia América, se concentra y forma un río de 100 kilómetros de anchura desde Cabo Hatteras hasta Escocia, levantándose incluso sobre el mar que la rodea en su camino hacia los mares polares.

La primera consecuencia de esta corriente de agua es que al alejarse en superficie de las costas africanas, fuerza al agua del fondo a subir y desplazarse desde el ecuador hacia el norte pegada a la costa. Es agua fría, llena de oxígeno por estar fría ( el oxígeno se evapora en el agua caliente como sale el CO2 del agua cuando calentamos la gaseosa) y de nutrientes del fondo, que generaba las enormes pesquerías de las costas occidentales de África (Namibia en el sur, el Sahara occidental en el norte, Perú y California en América) de las cuales la de California ha desaparecido por sobreexplotación, aunque el agua fría sigue llenando de niebla las ciudades de San Diego, Los Ángeles y San Francisco en la costa californiana.

La corriente del Golfo la utilizaban los galeones españoles en el tornaviaje cuando cargados de plata volvían hacia España.

Antes de explicar el calentamiento de Europa (y del oeste americano) finalicemos viendo donde acaban esas corrientes. La del Golfo entra en los mares polares entre Escocia e Islandia, y allí se enfría definitivamente. Pero lleva agua constantemente a una zona de donde no puede salir en superficie. El agua salada de la corriente del Golfo se enfría y tiene alta densidad (relativa). Se hunde y cae en una inmensa cascada, la mayor del planeta, entre Groenlandia e Islandia, en el Estrecho de Dinamarca. Ese agua se mueve por el fondo del mar hasta llegar a la Antártida, gira hacia el Este allí y termina saliendo a superficie en el Índico, desde donde retoma su camino hacia el Atlántico y el Caribe. El viaje tarda unos 400 años. La corriente del Kuro-shio se disipa en el Pacífico.

Se supuso durante mucho tiempo que Europa se calentaba directamente por el calor arrastrado por el agua de esa corriente (lo mismo que las costas californianas lo hacían por el Kuro-shio). Hoy se sabe que el fenómeno es mucho más complejo, como todo lo que tienen que ver con el clima de la Tierra. La circulación atmosférica en las latitudes entre los 30 y los 60 ºN es en dirección Oeste-Este, como el propio giro de la Tierra. El río de aire, en este caso, no está forzado por las costas de los continentes, sino por la diferencia de temperaturas entre las zonas tropicales y los Polos. Es un río que hace meandros, cómo todos. Uno de los meandros está más o menos fijo, forzado por la Sierra Nevada y las Rocosas de los EEUU. Al anclarse ahí el meandro, el aire baja hacia el sur sobre Texas, y sube hacia el Labrador, baja desde allí hacia el Atlántico central y vuelve a subir ahora hacia Europa.

Un científico de la Universidad de Columbia, Seager, atribuye las altas temperaturas relativas de Europa en invierno a este arrastre de aire, no sólo sobre la Corriente del Golfo, sino desde todo el Atlántico sub-tropical, el llamado mar de los Sargazos. Pero otro oceanógrafo de la universidad de Washington, Rhines, indica que el calor de este mar solo da para calentar Europa hasta diciembre, y que luego se necesita el transportado desde todo el Atlántico tropical, y arrastrado por la corriente del Golfo. Finalmente, Schneider, de Caltech, sugiere que no sólo se calienta Europa, sino que una corriente de aire forzada por diferencias de presión forzadas por la corriente del Golfo arrastra aire frío sobre las costas del Este americano. Lo mismo debe ocurrir con las costas de Kamchatka en Asia y las costas occidentales americanas: la diferencia es no sólo alta temperatura en Europa, sino además baja temperatura en las costas orientales de América.

La realidad es esta última: el sistema climático -no es- un conjunto de fenómenos aislados. Los alisios, la corriente del Golfo, el chorro polar, El Niño/La Niña, los huracanes y tifones, la corriente circumpolar antártica, y otros muchos.

La realidad es que el sistema climático, atmósfera, océano, hielo, vegetación y desiertos (y finalmente el ser humano, con su búsqueda de energía, sus cultivos y sus ciudades) forman un único sistema con oscilaciones múltiples, evoluciones, y realimentaciones positivas y negativas: no es Gaia, como piensa Lovelolock y pensaba Margulis, no es un ente vivo, pero sí es un sistema complejo que solo se puede entender sintéticamente, no de forma analítica, considerando todas las interacciones de todos sus subsistemas entre sí.

Elmundo.es 18/05/14