Los vehículos eléctricos, que han llegado con fuerza en los últimos años y no solo han abierto interrogantes sobre cómo y por dónde deben circular

También, cuando hace ya unos diez años de la aparición de los primeros modelos, se plantea otra cuestión de ámbito medioambiental: cómo deben reciclarse


Patinetes y bicicletas eléctricas han irrumpido con fuerza en nuestra vida cotidiana en los últimos años. En España, y según datos de idealo.es, comparador de precios, la demanda de "vehículos no contaminantes", como bicicletas eléctricas, plegables, patines o monociclos eléctricos, " se ha triplicado (331%) durante el pasado mes de agosto". Y se han convertido en el regalo estrella de estas Navidades.

Estos objetos son cómodos, versátiles, sobre todo cuando hay impedimentos físicos que impiden pedalear. Además, son pequeños y ocupan poco espacio. Pero plantean ciertos interrogantes, como ¿a qué tipo de vehículo se asemejan?, ¿qué obligaciones y derechos llevan implícitos?, ¿qué debemos hacer cuando se acaba su vida útil?

Interrogantes que plantean estos vehículos

Patinetes eléctricos, segways o bicicletas eléctricas son considerados vehículos eléctricos de desplazamiento unipersonal que se alimentan de una batería recargable con una autonomía muy limitada, que se sitúan entre los 12 y los 20 kilómetros (una hora de funcionamiento, más o menos, según el Instituto Catalán de Energía.

La rápida irrupción de este tipo de objetos, denominados Vehículos de Movilidad Personal (VMP), ha obligado a las autoridades a aprobar nuevas normas sobre cómo y por dónde deben circular, que aprueban cada ayuntamiento porque son los que legislan sobre su circulación en las ciudades. Asimismo, la Dirección General de Tráfico también se ha visto obligada a crear una nueva categoría de vehículos de manera exprés.

Por el momento, su tipología queda expuesta en la Instrucción 16/V-124, que habla de dos características de estos dispositivos: no pueden asimilarse a la figura del peatón, por tanto, no pueden compartir espacios como las aceras; no pueden catalogarse como vehículos de motor. En consecuencia no son considerados como tales ni cumplen las mismas exigencias técnicas. Solo las autoridades municipales pueden autorizar que circulen por aceras, zonas peatonales o parques.

Un vehículo eléctrico, una batería

Los beneficios de apostar por un vehículo eléctrico son numerosos: emiten menos CO2 a la atmósfera y reducen la contaminación acústica en las ciudades. También se están volviendo más asequibles económicamente a medida que la demanda reduce los precios de las baterías. Pero a pesar de que se promocionan por su sostenibilidad, llevan consigo preocupaciones medioambientales.

Especialmente cuando se trata de las baterías y de su reciclado. Por tanto, contaminan porque también debe tenerse en cuenta el proceso de reciclaje, es decir, lo que cuesta extraer los materiales y qué consecuencias tendrá esto. La gran mayoría de las baterías de estos vehículos son de ion-litio, con una vida finita. Tarde o temprano nos tendremos que enfrentar con un tema con repercusiones ambientales: las baterías agotadas.

Además, debe tenerse en cuenta que las baterías se desgastan desde el mismo momento de su fabricación, y este aumenta con el uso. Una vez se termina la vida útil de estas baterías (se calcula que una batería de bicicleta eléctrica debe cambiarse a los dos años, aproximadamente, que es cuando se empieza a notar una menor autonomía) es importante saber qué hacer con ella porque en la mayoría de los casos contienen metales pesados y compuestos químicos perjudiciales para el medio ambiente.

Una legislación a medias

En la Unión Europea es obligatorio reciclar el 95% del peso total de la batería. Pero antes de reciclarlas debe descargarse la electricidad residual. En el caso de las baterías de ión litio la dificultad del proceso de reciclaje es mayor porque los materiales que la componen contienen una alta reactividad. Dada la relativa novedad del mercado de estos vehículos y, por tanto, que la vida útil de las baterías todavía no ha llegado a su fin, es pronto para sacar conclusiones.

Según el Observatorio mundial de los residuos electrónicos Certideal, "se prevé para 2021 que la generación de residuos de equipos eléctricos y electrónicos (RAEE) llegue a las 52.200.000 toneladas". Según el mismo observatorio, en 2016 se recogieron "44,4 millones de toneladas de RAEE", considerado un porcentaje de reciclado muy pequeño teniendo en cuenta la alta demanda.

Ahora se trabaja para impulsar su reciclado y se ha visto que es un proceso complejo. Según la organización Friends of the Earth, de todas las baterías de litio que salen al mercado en la Unión Europea, "solo se recicla actualmente el 5%". Muchas de estas acaban en los vertederos o incineradoras. Tampoco hay en la Unión Europea estándares técnicos para reciclarlas baterías de los vehículos eléctricos, por lo que cada fabricante usa su propia tecnología de fabricación.

En España, el Real Decreto 106/2008 regula la gestión ambiental de las baterías usadas en vehículos y obliga a los fabricantes a retirar las baterías usadas. En 2014, Ecopilas, la fundación de Recyclia dedicada a la recogida y el reciclaje de pilas y baterías, y la Asociación de Marcas y Bicicletas de España (AMBE) firmaban un acuerdo para "garantizar a los fabricantes de bicicletas eléctricas el tratamiento de las baterías al final de su vida útil". Pero parece difícil aplicar la norma cuando el fabricante está en China y el vehículo se ha comprado por internet.

El coste de los otros residuos

Se calcula que una bicicleta eléctrica tiene una huella de carbono de 300 kg, según un estudio realizado por expertos de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid. Es decir, que para fabricarla, y durante todo su ciclo de vida, se han emitido 300 kilos de carbono a la atmósfera.

Técnicamente esta cifra es mucho más pequeña que un coche o una moto con motor de combustión; pero tampoco tiene nada que ver con una bicicleta normal, en todo caso, sí con un ciclomotor eléctrico. Y cuando se acaba su ciclo de vida, una de las opciones que se plantean es ver este tipo de vehículos desechados en un vertedero, algo con un impacto medioambiental enorme, sobre todo la contaminación del suelo.

El objetivo es conseguir un reciclaje ordenado de los distintos componentes de estos vehículos, con la reutilización de algunos componentes de las baterías; el reciclado de metales como aluminio y acero y de los plásticos. Además de las baterías, un vehículo de este tipo también incluye otros residuos como aluminio, plástico o gomas.

Finalmente, algunos objetos incluyen en su manual de instrucciones un apartado sobre "Vida útil y reciclaje del producto" donde se especifica que el producto debe reciclarse al final de su vida útil devolviendo el producto a su lugar de compra o a su fabricante, indicando la dirección de entrega. De nuevo, el problema real es que muchos de estos aparatos se adquieren por internet.

eldiario.es / Marta Chavarrías, 20 enero 2019

Patinetes y bicicletas eléctricas: ¿cómo deben reciclarse sus baterías?