Esta frase se utiliza para expresar la exquisitez de algo. Surgió porque esta especia llegaba de Oriente, sobre todo de Ceilán (hoy Sri Lanka), en forma de ramas o como corteza molida. En seguida cautivó el gusto de los occidentales, quienes dieron por supuesto que, si la madera tenía tan delicioso gusto, las flores, que no veían nunca, debían de ser un prodigio de belleza y aroma. La realidad es que resultan bastante discretas.