Representación artística de un gran impacto de dos objetos protoplanetarios alrededor de la joven estrella NGC 2547-ID8. NASA / JPL-CALTECH

Hasta ahora hemos planteado diversas teorías que explican la formación planetaria, sin embargo, y pese a que hemos encontrado discos de acreción alrededor de otras estrellas, no éramos capaces de comprobar que esas teorías fuesen correctas. Pero el descubrimiento de un mundo rocoso en torno a una joven estrella situada a unos 1.200 años luz podría cambiar eso.

Este mundo se encuentra en pleno proceso de formación, marcado por grandes colisiones de asteroides y otros cuerpos protoplanetarios, algo que pudo ser detectado debido a un drástico cambio en las emisiones de radiación infrarroja reveladoras procedentes del polvo caliente que rodea a esta estrella de 35 millones de años de edad.

El estudio de esta estrella, conocida como NGC 2547-ID8, se realizo gracias al telescopio espacial infrarrojo Spitzer de la NASA entre el 25 de mayo del 2012, y el 23 de agosto 2014, salvo durante un periodo de 157 días debido a que la estrella se oculto tras nuestro Sol. Durante este periodo de “descanso”, el brillo emitido por el disco de material que rodea a la estrella aumento drásticamente para, durante el transcurso de casi un año, descender lentamente.

“El brillo repentino observado y la consecuente desintegración sería muy difícil de explicar, si es posible, sin la aparición de un nuevo impacto” comento Huan Meng, estudiante graduado del departamento de ciencias planetarias en la Universidad de Arizona.

Meng y sus colegas tuvieron que realizar diferentes simulaciones para tratar de entender que es lo que estaba sucediendo, y la mejor explicación es que a finales de 2012 tuvo lugar una gran colisión entre los cuerpos que se encuentran en el disco protoplanetario que rodea la estrella, generando una gran cantidad de vapor que formo una densa nube de esferas de silicatos. Posteriores colisiones pulverizaron las pequeñas esferas hasta convertirlas en polvo, un evento similar al que dio lugar a la formación de nuestra Luna, por suerte, nuestro mundo sobrevivió a tal colisión.

Pese a que ya se habían descubierto con anterioridad zonas brillantes en otros discos protoplanetarios, no se había logrado realizar una observación en tiempo real que permitiese descartar otros fenómenos capaces de generar este aumento del brillo. Por ejemplo, la explosión de un supervolcán en un joven mundo rocoso cercano a nosotros o la desintegración de un cometa podría dar como resultado un aumento en el brillo de un disco protoplanetario, pero estos eventos no causarían las variaciones en el tiempo observadas en torno a esta joven estrella.

“Esta es la primera detección de un impacto planetario fuera de nuestro sistema solar”, señalo Meng.

Durante el proceso de formación de nuestro Sistema Solar, se estima que fueron necesarios entre 10 y 15 grandes colisiones entre pequeños protoplanetas para permitir la aparición de nuestra Tierra.

“Ahora presenciamos directamente un gran impacto en ID8, lo que sugiere un depósito de grandes asteroides y embriones planetarios, pero seguimos sin saber si ID8 tiene planetas gigantes o gigantes de hielo, o planetesimales exteriores análogos a los objetos del cinturón de Kuiper” agrego Kate Su, astrónomo asociado del Observatorio Steward de la Universidad de Arizona.

espacioprofundo.es 01/09/014