El acero, la pólvora y el ingenio no fueron los únicos que ayudaron a los conquistadores españoles a extenderse por un continente inexplorado en el siglo XVI. Consigo llevaron enfermedades que en Europa eran habituales y en ocasiones no muy peligrosas, pero que tuvieron unos efectos devastadores sobre las poblaciones indígenas de América del Sur. Fue el caso de la gripe, el tifus, la difteria y sobre todo de la viruela, que contribuyó en gran medida a la desaparición de los aztecas y los incas. Hasta el momento, también se consideraba que los españoles habían llevado la tuberculosis a Sudamérica.

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Puede que la abuela de Mycobacteium tuberculosis llegara a América «a bordo» de una foca

Ahora, un estudio publicado en la revista «Nature» sostiene que los que llevaron la tuberculosis a América no fueron los conquistadores españoles, sino las focas. Han llegado a esta conclusión después hacer dos hallazgos: por un lado, han encontrado restos humanos con signos de haber pasado la enfermedad 500 años antes de la llegada de los colonos en el siglo XVI, y por otro, han visto que las bacterias que causan la tuberculosis en América son muy parecidas a las que provocan la enfermedad en focas.

«Este es un artículo clave que cambia nuestras ideas previas sobre los orígenes de la tuberculosis, no solo en América sino en todo el Viejo Mundo», explica Terry Brown, algo así como un arqueólogo genético que ha participado en la investigación.

El equipo, dirigido por Johanes Krause, de la Universidad de Tubinga (Alemania), ha buscado en restos humanos de más de 1.000 años de antigüedad huellas de los genes de las bacterias que vivieron en sus cuerpos. Es posible encontrar estos «fósiles genéticos» ya que «los patógenos (...) dejan su ADN en el esqueleto, los dientes y los huesos de las víctimas de una enfermedad», ha explicado el científico en la revista «Nature».

Buscar genes «fósiles»

Después de hallar estos fósiles, se propusieron compararlos con los ya existentes y así dedujeron que la primera bacteria de la tuberculosis que generó todas las variedades actuales desapareció (se diversificó) hace 6.000 años. O sea, antes de la llegada de los europeos a América y después de la desaparición de un puente de hielo que unía este continente con Rusia, este microorganismo ya estaba allí. Esto quiere decir que aquella bacteria primigenia atravesó el océano y llegó al nuevo continente de alguna forma (o sea, «a bordo» de un animal marino o de uno terrestre que fuera buen nadador o navegante).

Intrigados, los investigadores compararon las actuales cepas causantes de la tuberculosis con aquel «ejemplar» ancestral o primigenio (se puede decir que era la abuela de las bacterias de la tuberculosis actuales). Descubrieron que las que están ahora en América se parecen mucho a las que infectan a las focas de hoy en día.

Como ha habido casos de infecciones de tuberculosis en humanos que entraron en contacto con focas infectadas de parques zoológicos, los investigadores proponen que fueron estas las que llevaron la tuberculosis a América. Los cazadores de entonces pudieron consumir y tocar carne contaminada, la bacteria les infectó y a lo largo de miles de años, esos microorganismos comenzaron a evolucionar hasta llegar a las variedades de hoy.

Algunos investigadores son escépticos. Tal como explica Tom Gilbert, un biólogo evolutivo de la universidad de Copenhague, la hipótesis es atractiva pero puede ocurrir que no se haya situado correctamente la antigüedad y la naturaleza del ancestro común (la abuela), y que al estar mal la referencia se hayan cometido errores.

La tuberculosis

La tuberculosis es la segunda enfermedad infecciosa más letal en el mundo, por detrás del sida. Solo en el año 2013 causó 1,3 millones de muertes, que en el 95% de los casos se produjeron en países poco desarrollados económicamente.

Es producida por una bacteria llamada Mycobacterium tuberculosis, que se llama así por producir protuberancias (similares a tubérculos) en los pulmones. Tiene la peculiaridad de resistir muy bien el frío pero ser muy sensible a la luz solar. Se transmite a través del aire (al hablar, toser y estornudar) y por eso suele infectar a los pulmones, pero en realidad puede atacar a muchos otros tejidos del cuerpo humano. Para acabar con ella, es necesario tomar antibióticos durante unos seis meses.

En los últimos años, han surgido cepas de M. tuberculosis resistentes a varios antibióticos a la vez (multirresistentes). Estas «súper-bacterias» pueden ser un enemigo temible y pueden llegar a ser invulnerables al tratamiento con antibióticos. En esos casos, hay que recurrir a una quimioterapia de hasta dos años, con todo el coste y efectos secundarios que supone.

Los relojes moleculares

Una forma de analizar el origen de las bacterias y cuál ha sido su pásado evolutivo es comparar cuánto difieren los genes de las bacterias del mismo grupo. Es decir, se mira el reloj molecular o reloj genético. Es parecido a lo que ocurre con los hijos, padres y abuelos: al igual que los padres y los hijos tienen más cosas en común que los nietos y los abuelos (al menos en términos de similitud de los genomas), las bacterias se van diversificando a lo largo del tiempo. En concreto, se compara una secuencia del genoma de las bacterias que sirve como código de barras evolutivo y que se llama secuencia 16 S del ARN ribosomal.

De hecho, para saber si un animal desciende de otro, o qué grado de similitud hay entre el hombre del Neandertal y el humano moderno, también se recurre a uno de estos relojes moleculares. En estos casos, se comparan las secuencias de ADN de las mitocondrias, que son un componente de las células que cambian poco a lo largo de las generaciones.

abc.es 21/08/2014