La teoría del Big Bang nos señala que una fluctuación cuántica, una singularidad espacio-temporal fue la responsable de la creación de todo nuestro Universo, espacio incluido. Pero esta idea plantea a su vez una cuestión que todavía no hemos sido capaces de responder y que algunos quieren ver la mano de Dios en ella ¿Qué la provocó?


Representación del nacimiento del Universo a partir del colapso de una estrella masiva de cuatro dimensiones existente en otro universo. Instituto Perimeter de Física Teórica

Han sido muchas las respuestas dadas a esta pregunta, aunque todas nos dejan con el mismo sabor de boca, un insípido sabor que deja tras de sí más preguntas que respuestas. Y ahora un equipo de investigadores del Perimeter Institute de Fisica Teorica de Canadá nos brinda otra respuesta.

Y aunque es un poco desconcertante, pero debido a que se basa en las matemáticas de sonido puede llegar a ser comprobable, y es lo suficientemente atractiva para ganarse el artículo de portada en la revista Scientific American, llamado “El Agujero Negro en el principio del tiempo.”

Argumentan que lo que nosotros percibimos como Big Bang podría ser el “espejismo” tridimensional del colapso de una estrella en un universo profundamente diferente al nuestro.

La idea convencional sobre el Big Bang es precisamente esa singularidad donde las leyes de nuestra física se rompen, así que es lógico pensar que lo que ocurre dentro de una singularidad escapa a todos nuestros conocimientos. Como señala Niayesh Afshordi, profesor asociado del Instituto Perimeter, podríamos llegar a ver como salen dragones del interior de las singularidades.

El problema, según los autores, es que la hipótesis del Big Bang señala que nuestro relativamente comprensible, uniforme y predecible Universo surge de la locura física de la destrucción de una singularidad. Parece poco probable. Así que tal vez sucedió algo más. Quizás nuestro Universo nunca llego a ser en realidad tan singular.

Su sugerencia: nuestro universo conocido podría ser el “envoltorio” tridimensional alrededor del horizonte de sucesos de un agujero negro de cuatro dimensiones. En este escenario, nuestro universo se formo tras el colapso de una estrella en un universo de cuatro dimensiones en un agujero negro.

En nuestro universo tridimensional, dejando de lado la dimensión temporal, los agujeros negros tienen horizontes de sucesos de dos dimensiones, es decir, están rodeados por un límite de dos dimensiones que marca el “punto de no retorno”. En el caso de un universo de cuatro dimensiones, un agujero negro tendría un horizonte de sucesos en tres dimensiones.

En este escenario, nuestro Universo no estaría dentro de la singularidad, sino que surgió fuera de un horizonte de sucesos, protegido de la singularidad. Se originó como resultado de la implosión de una estrella de cuatro dimensiones.

Los investigadores hacen hincapié en que esta idea, aunque puede sonar “absurda”, está basada en las mejores matemáticas modernas que describen el espacio y el tiempo. En concreto, se han utilizado las herramientas holográficas para “convertir el Big Bang en un espejismo cósmico”. Durante este proceso, su modelo parece abordar un antiguo rompecabezas cosmológico y, especialmente, puede llegar a generar predicciones comprobables.

Por supuesto, nuestra intuición tiende a retroceder ante la idea de que todo y todos surgimos del horizonte de eventos de un único agujero negro de cuatro dimensiones. Y al igual que sucede en el interior de una singularidad, no tenemos ni idea que se esconde en un universo de cuatro dimensiones o si tan siquiera podría ser similar al nuestro, ni mucho menos podemos llegar a imaginarnos como pudo llegar a formarse ese primer universo de cuatro dimensiones.

Aunque de la misma forma este equipo sostiene que nuestras intuiciones humanas son falibles, evolucionaron en un mundo tridimensional que sólo puede revelar sombras de la realidad.

Dibujan así un paralelismo con la alegoría platónica de la caverna, en la que los presos pasan la vida viendo sólo las sombras parpadeantes emitidas por un incendio en una pared de la caverna.

“Sus cadenas les han impedido percibir el mundo real, un reino con una dimensión adicional”, escriben. “Los prisioneros de Platón no entendían los poderes detrás del Sol, del mismo modo que no entendemos el universo mayor de cuatro dimensiones. Pero al menos ellos sabían dónde buscar las respuestas.”

El trabajo ha sido publicado en la revista Scientific American.

espacioprofundo.es 08/08/14