Se cumplen cien años del nacimiento de la estrella más torturada del Hollywood clásico. Recordamos algunos de sus romances y el conflicto que vivió con su condición de homosexual


Omaha, Nebraska, 17 octubre 1920 / Nueva York, 23 julio 1966

Si Hollywood (y él mismo) hubiese permitido a Montgomery Clift ser él mismo, su (breve) vida habría sido diferente. El joven que cambió para siempre el estereotipo del añejo galán con sus grandes ojos verdes y una melancolía y vulnerabilidad nunca vistas en la gran pantalla fue un alma atormentada. Monty, como lo llamaban sus amigos, se pasó media vida de psiquiatra en psiquiatra, atrapado en adicciones que intoxicaron algunos de los rodajes en los que participó. Y si no, que le pregunten al John Huston de 'Vidas rebeldes', una de sus últimas películas. El director vio cómo la producción casi se va al garete por culpa de las tribulaciones de Clift y de Marilyn Monroe, otro titán de la industria cinematográfica que también estuvo marcado por la desgracia.

Los orígenes de su angustia estaban, como en un mal sueño freudiano, en su propia infancia. Nacido en una familia pudiente venida a menos, sus padres nunca apoyaron su decisión de convertirse en actor. Su madre, Ethel Fogg, había sido una niña adoptada y estaba más ocupada en lograr que una familia rica la reconociese como hija que en el bienestar de su propia prole. El desapego familiar hizo que el pequeño Monty se refugiase en la interpretación. La pasión por vivir otras vidas le hizo debutar muy joven en los escenarios de Broadway. A finales de los 40, 'Los ángeles perdidos' y, sobre todo, 'Río Rojo', en la que se midió de igual a igual a un John Wayne que estaba en las antípodas de lo que él representaba, fueron su carta de presentación en el cine.

Tras encarnar al ambiguo don juan de 'La heredera', llegaron otros éxitos como 'Un lugar en el sol', junto a su amiga Elizabeth Taylor; 'Yo confieso', a las órdenes de Hitchcock, o la multipremiada 'De aquí a la eternidad'. De 'Un lugar en el sol' se dijo que nunca se habían visto dos rostros más bellos juntos en una pantalla. Y razón no faltaba a aquellos que elogiaron la belleza pura y juvenil de Taylor y Clift. Sin embargo, Hollywood miraba con recelo al joven, al que se veía como un bicho raro, un perro verde en una industria que trataba con mano dura a aquellos que se desviaban de la senda marcada. Monty no iba a fiestas por más que lo invitasen, apenas tenía amigos en la meca del cine y no cuidaba demasiado su aspecto. Para colmo, no se le conocía novia alguna, lo cual originó una catarata de rumores sobre sus inclinaciones sexuales. Él confesaba que le encantaban las mujeres pero que prefería estar "solo" cuando a algún periodista intrépido se le ocurría preguntarle por su vida amorosa.
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Consagrado ya como uno de los grandes emblemas del Hollywood del Actor's Studio, el de los Brando o los Dean que desplazaron a los Cooper o a los Gable, a mediados de los 50 Clift sufrió un accidente de tráfico que cambiaría para siempre su vida, su carrera y su rostro perfecto. Corría el año 1956 y el actor rodaba, de nuevo junto a Elizabeth Taylor, 'El árbol de la vida'. La película era una especie de intento fallido de repetir el éxito de 'Lo que el viento se llevó' mediante un dramón sureño de gran presupuesto. A la salida de una fiesta de la casa de Taylor su coche se empotró contra un poste telefónico. La propia actriz salió de su casa para auxiliar a su amigo y lo salvó de morir ahogado cuando le extrajo dos dientes de la garganta. Milagrosamente, Monty salvó su vida, pero su rostro efébico no corrió la misma suerte. Completamente desfigurado, el joven tuvo que someterse a una cirugía que le cambió la cara por completo. Tras la convalecencia, Clift volvió al plató de 'El árbol de la vida'. Cuentan que, cuando la película se estrenó, una de las diversiones de los espectadores más crueles consistía en adivinar en qué secuencias aparecía el viejo rostro del actor y en cuáles el nuevo.

Excesos, alcohol y psiquiatras

Tras el accidente, Montgomery Clift vivió una lenta autodestrucción en forma de alcohol y adicción a los analgésicos. La época de 'De aquí a la eternidad', con la que incluso logró una nominación al Oscar y en cuyo rodaje forjó una gran amistad con Frank Sinatra, quedaba ya lejos pese a que solo habían pasado cinco años. Sus continuos conflictos internos, su inseguridad frente a la cámara y la incapacidad para vencer sus adicciones colmaron la paciencia de Joseph Leo Mankiewicz durante el rodaje de 'De repente, el último verano'. Genio y figura hasta el final, se dice que Katharine Hepburn, coprotagonista en aquella adaptación de la obra de Tennessee Williams, se sintió tan ofendida por el trato que el director dispensó a Clift que acabó escupiéndole en la cara una vez finalizó el rodaje.

Aunque nadie sabía nada de sus pasiones fuera de la gran pantalla, biografías posteriores han revelado que Monty mantuvo relaciones con el coreógrafo Jerome Robbins o con el actor Roddy Mcdowall. Este último incluso intentó quitarse la vida cuando Clift lo dejó por otro. Pese a todo, el verdadero compañero del actor en aquellos años fue el alcohol, que puso en peligro muchos de sus trabajos.

En plena decadencia, cuesta abajo y sin frenos, protagonizó la mencionada 'Vidas rebeldes' en 1961. Marcada por la desgracia, aquella también fue la última película de Clark Gable y Marilyn Monroe. A Monty todavía le quedaban varias producciones por vivir. Por ejemplo 'Freud', en cuyo plató se hicieron patentes sus excesos y sus dificultades para memorizar las líneas de diálogo. Los responsables de los estudios Universal, hartos de su comportamiento, le acabaron demandando por no atenerse a las reglas de la producción.

El 23 de julio de 1966, la vida loca acabó pasándole factura. La mañana de aquel día, el actor apareció muerto en su piso de Nueva York. Tenía 45 años y la autopsia oficial dictaminó que había fallecido de una "oclusión de la arteria coronaria". Si de Bogart se dijo en su día que había muerto "de cáncer y de un millón de whiskys", en el caso de Montgomery quedó claro que también la adicción, unida al tormento y el miedo, acabó con su vida. Una década antes de morir, ya era un cadáver prematuro. En años posteriores, la publicación de varios libros dejó claro que, pese a que el Hollywood de la época no era muy permisivo con la homosexualidad, fue él mismo el que nunca terminó de aceptar quién era. Icono gay pese a ese conflicto interno, para Elizabeth Taylor, Monty también fue "el mejor amigo" que tuvo "hasta el día de su muerte". Sin embargo, la mejor definición de sus últimos años de vida la dio uno de sus profesores del Actor's Studio cuando declaró que el de Montgomery Clift fue "el suicidio más largo de la historia".

vanitatis.elconfidencial.com / Jose Madrid, 17/10/2020

Montgomery Clift: el gay que Hollywood ocultó y el rostro que un coche desfiguró