Heródoto está considerado como el padre de la historia. Sin embargo, su trascendencia va más allá de la simple narración de hechos; sus intereses abrazaban distintas áreas como la filosofía, la geografía, la biología o la antropología. Nacido en Halicarnaso hacia el año 485 a.C. en el seno de una familia aristocrática, la vida del joven Heródoto cambió radicalmente cuando fue desterrado por participar en una conspiración contra el gobierno de su patria. Comenzó desde entonces una larga etapa de viajes en los que conoció la isla de Samos, Susa, Babilonia, Egipto, Atenas, Turios (sur de Italia)… recopilados en su obra de nueve tomos Historiae, a caballo entre una crónica de la historia y del periodismo de viajes. Así que, si a Heródoto también se le podría considerar el padre del periodismo de viajes, las guías de viajes de la Antigüedad bien podría haber sido el periplus, documento manuscrito que enumeraba los puertos y lugares de interés de la costa con las distancias aproximadas, y el itinerarium, hoja de ruta en forma de lista de ciudades, pueblos y otras paradas con las distancias entre ellas, ya fuese el viaje por mar o por tierra. Para la primera guía de viajes con nombre propio habría que esperar hasta 1836.


Así era el mundo según Heródoto

La editorial John Murray, fundada en Londres en 1768, comenzó a publicar en 1836 las Murray Handbooks for Travellers, coloquialmente llamadas las Murray, guías de viajes con información sobre la historia, el paisaje, el clima, la moneda, lugares de interés, hoteles recomendados… y todo ello acompañado de mapas y planos desplegables. Estas guías de viajes fueron la respuesta a ¿qué hacer o dónde ir? Preguntas que se hacía, una y otra vez, John Murray III en sus múltiples viajes por Europa. Aunque las primeras guías, las de Holanda, Bélgica, Francia y Prusia, las escribió directamente John Murray III, al poco tiempo tuvo que contratar a otros escritores para poder cubrir una serie que, con los años, llegó a contar con 70 títulos, incluyendo países tan lejanos como Japón o Nueva Zelanda. Además de ampliar el número de países con guía propia, también se iban mejorando las guías ya existentes con nuevos y cuidados desplegables (auténticas obras de arte) e incorporando más detalles e información.


Murray Handbooks for Travellers

Aquellas guías con las cubiertas rojos y letras doradas tuvieron tanto éxito que unos editores alemanes, los Baedeker, copiaron la idea. Los Murray y los Baedeker llegaron a un acuerdo, para no pisarse el terreno, y cada uno de ellos editaría las guías en su propio idioma… hasta que en 1860 Karl Baedeker, uno de los hijos del fundador de la editorial, tomó las riendas de la editorial y decidió ampliar el negocio editando las guías también en inglés. La verdad es que a finales del XIX las guías alemanas ya superaban a las inglesas y la Baedeker sustituyó a la Murray como el nombre propio de las guías de viajes. Además, la Baedeker incluyó por primera vez el sistema de puntuación de estrellas, que hoy todavía utilizamos, para valorar los puntos de interés de cada uno de los destinos. De hecho, se llamó bombardeos Baedeker a las incursiones alemanas realizadas a partir de abril de 1942 sobre el Reino Unido como represalia por el bombardeo por parte de la RAF de la ciudad alemana de Lübeck. Estos bombardeos se planificaron sobre los planos de la Baedeker del Reino Unido y tenían como objetivo los puntos de interés que en la guía aparecían con tres estrellas, la máxima puntuación.


Una escuadrilla alemana cruzando el canal de la Mancha a baja altitud para bombardear Inglaterra

En Francia no se despertó el interés por la edición de estas guías hasta 1900, cuando la compañía de neumáticos Michelín empezó a regalar a sus clientes, como promoción comercial, mapas y guías de Francia con la localización de los talleres y gasolineras. Lógicamente, aquella promoción tenía un interés crematístico: la venta de neumáticos. Con el tiempo, las guías se fueron ampliando incluyendo alojamientos, restaurantes (a los que se aplicó el sistema de puntuación de estrellas que las Baedeker utilizaban para los puntos de interés), rutas, monumentos… En apenas 10 años las Michelín ya competían directamente con las Baedeker. Tras la Primera Guerra Mundial, las Michelín ampliaron su oferta con guías temáticas, por ejemplo sobre las batallas más emblemáticas de la Gran Guerra. Tal era el grado de precisión y detalle que en 1944 se reimprimieron en Washington la Michelin France de 1939 y se entregó a las tropas que iban a participar en el Desembarco de Normandía el 6 de junio.

Fuente: En el Mapa de cómo el mundo adquirió su aspecto – Simon Garfield

historiasdelahistoria.com / Javier Sanz 14/11/16

Michelín y Baedeker, las guías de viajes que usaron los aliados y los alemanes en la II GM