Las meteoropatías son dolencias y trastornos que se relacionan con los cambios bruscos de tiempo: ¿es el clima el desencadenante o solo agrava males previos?

El foehn es un característico viento alpino que se da cuando una masa de vapor de agua atmosférica choca con una barrera montañosa, de modo que condensa y precipita en la ladera de barlovento, mientras que al otro lado, en sotavento, el aire pasa extremadamente seco y cálido. A este fenómeno meteorológico se le denomina efecto foehn.

Suele ocurrir sobre todo en verano y merece mención aquí porque desde hace ya muchas décadas se ha comprobado que cuando sopla este viento –y por equivalencia cualquier viento muy seco y caliente– la tasa de suicidios y delitos se eleva significativamente. En otro orden de cosas, los profesores de colegios e institutos saben que los alumnos se muestran más nerviosos horas antes de que caiga una tormenta.

Ambos casos son algunos ejemplos de lo que se conoce como meteoropatía, o afectación física y psicológica por los cambios bruscos en el clima. El primer caso se explica por la ionización positiva del aire en el primer caso, que puede producir alteraciones neurológicas y estrés en individuos ya predispuestos, por ejemplo por una fuerte depresión.

En cuanto al segundo, la bajada de presión, de temperatura y el aumento de humedad disparan los sistemas de alerta, probablemente en un reflejo evolutivo de defensa y búsqueda de guarida que también está en otros animales. Pero hay muchos más ejemplos: las personas que han tenido una fractura ósea en el pasado, o que han sido operadas y llevan placas y clavos, dicen sentir dolor ante un cambio de tiempo. Se debe a los cambios de presión así como de ionización del aire, que afectan a sus dañados nervios sensores.

Relación con el progreso y el bienestar

A las personas que se ven más claramente afectadas, más allá de la anécdota, por estos cambios se las denomina termosensibles. Son las que sufren las depresiones invernales por el descenso de la disminución lumínica diaria, o las que en primavera se muestran más alteradas y en verano excitadas, incluso en exceso. También las que padecen jaquecas y migrañas cuando el tiempo cambia. Incluso algunos investigadores relacionan el aumento de las alergias respiratorias con los cambios climáticos.

Pero ¿hasta qué punto estos cambios ambientales son los que provocan las enfermedades, o más bien lo que hacen es agravarlas? Los estudios parecen demostrar que es más probable el segundo supuesto. Un trabajo del Instituto de Investigación Farmacológica de Milán, de 1992, correlacionó el aumento de estos casos con el primer mundo y la merma del sistema inmunológico propiciada por el Estado del bienestar.

Al parecer, el exceso de higiene, la contaminación y otros factores inciden negativamente sobre nuestra flora intestinal, que actúa como modulador de nuestro sistema inmunitario evitando que nos ataque a nosotros mismos. De este modo, cualquier alteración ambiental puede desencadenar una respuesta autoinmune e inflamatoria, tal como explicamos en ¿Por qué somos cada vez más alérgicos?

Dolor reumatológico y accidentes cardiovasculares

De la misma manera, se sabe que los cambios bruscos atmosféricos también empeoran los síntomas de ciertas enfermedades. Tal es el caso de las dolencias reumatológicas, muchas de ellas con origen autoinmune. Si bien la Sociedad Española de Reumatología (SER) advierte de que la meteorología no da lugar a estas patologías, sino que los afectados sienten más dolor y mayor rigidez en las articulaciones y ligamentos a causa del reumatismo previo. También insiste en que este empeoramiento es transitorio y termina cuando nos adaptamos a las nuevas condiciones meteorológicas o estas revierten.

Otro trabajo de 1989 realizado por neurólogos españoles, y titulado Accidente isquémico cerebrovascular y factores climatológicos, puso en relieve la correlación entre cambios atmosféricos e infartos cerebrales. Las investigaciones estudiaron a 232 personas de ambos sexos afectadas por accidente cerebrovascular y el material del caso fue sometido a un análisis estadístico detallado. No obstante, de nuevo el tiempo no es el causante sino que catalizador de un problema que previamente ya estaba allí.

Cómo protegerse de la meteorosensibilidad

Si sospechamos que achacamos especialmente los cambios de tiempo, por padecer alguna enfermedad artrítica o bien por haber sufrido lesiones o llevar prótesis, debemos saber antes que nada que los trastornos que originan son transitorios y pasarán. Ahora bien, hay varias estrategias que podemos adoptar de cara a aminorar los trastornos y disminuir los riesgos.

• Llevar al día la medicación en caso de necesitarla.

• Pedir a nuestro facultativo que nos recete calmantes en caso de que el dolor sea pronunciado; nunca tomarlos por nuestra cuenta.

• Acudir a un fisioterapeuta para recibir un tratamiento paliativo.

• Procurar estar en un lugar seco y cálido cuando la humedad aumenta.

• Hidratarnos adecuadamente cuando el ambiente se vuelve seco y caliente.

• Consultar con un especialista si sentimos síntomas anormales en nuestro estado de ánimo.

• Hacer ejercicio acorde con nuestras posibilidades; es fundamental mantener tonificada la musculatura para prevenir rigideces y tendinitis, así como dolores articulares.

• Comer adecuadamente prescindiendo de los azúcares ocultos y refinados y las grasas saturadas, ya que una de las principales causas de los accidentes cardiovasdculares es la mala alimentación.

• No fumar.

• Disminuir el consumo de alcohol.


eldiario.es /Jordi Sabaté , 07 marzo 2020

Meteorosensibilidad: ¿puede enfermarnos el clima?