..Ojocientífico.com 30/07/13..

Si escuchamos la palabra toxina, automáticamente la asociamos con algo malo y venenoso, pero algunas toxinas han sido aliadas de la ciencia, contribuyendo para mejorar la vida de la gente.

Una de las conocidas es la toxina botulínica, producida por una bacteria y que tiene un efecto interesante sobre el cuerpo humano: Producir parálisis y regular la transmisión de impulsos. Suena temible, pero esa misma parálisis ayuda a combatir varias enfermedades si es que es bien utilizada.

La toxina botulínica puede llegar al cuerpo humano de diferentes formas: Ya sea a través de alimentos como la miel, aspirándola mediante esporas de plantas o residuos en productos químicos o, mediante el simple contacto con ojos, piel o mucosas. En el caso científico, se inyecta de forma controlada.

Toxina botulínica y sus aportes a la medicina

La toxina botulínica, también conocido por su nombre comercial de botox, forma parte del conjunto de las neuro toxinas y, se le considera como la más letal de todas. Pero los científicos han logrado dominarla y, gracias a su estudio, utilizarla para tratar varias condiciones.

Algunas de las enfermedades para las cuales la toxina botúlica se utiliza con éxito son:

Migraña crónica: Su uso está aprobado para tratar los casos de migraña más severos. Mediante una serie de inyecciones en la cabeza y cuello, dirigidas a nervios específicos, inhibe la liberación de neurotransmisor que causa las contracciones musculares responsables de provocar el dolor.

Parálisis cerebral: Gracias al uso de la toxina botulínica, niños con parálisis cerebral que presentan ausencia de contractura muscular, lo que impide su fortalecimiento y desarrollo normal, logran caminar y controlar sus extremidades.
Con inyecciones localizadas de toxina botúlica, se mejora la función motora y se normaliza la espasticidad del musculo.

Distonia cervical: También conocida como tortícolis, se trata de un trastorno que provoca problemas musculares y dolor en la zona del cuello. La toxina botulínica, demostró ser útil como tratamiento.

Otras condiciones que se han visto beneficiadas con el uso de la toxina botulínica son el bruxismo (apretar mucho los dientes durante la noche), incontinencia urinaria por espasticidad de la vejiga, hiperhidrosis o transpiración excesiva, entre otras.

Quizá el uso más conocido es el cosmético, área en donde las inyecciones de toxina botulínica se usan para borrar temporalmente arrugas y líneas de expresión, pero la estética hoy constituye un porcentaje ínfimo en cuanto al uso de esta toxina en humanos.

Botulismo

Bajo control, el uso de toxina botulínica puede ser beneficiosos, pero no olvidemos que se trata de un veneno presente en la naturaleza y que proviene de la bacteria Clostridium botulinum.

El envenenamiento con esta toxina, se le conoce como botulismo, una condición grave y que puede causar la muerte, ya que actúa sobre ciertos axones neuronales, provocando parálisis que, si llega al sistema respiratorio, tiene la posibilidad de ser fatal.

Si se detecta a tiempo, existen antídotos que se pueden aplicar para contrarrestar el envenenamiento. En todo caso, es posible prevenir alguna de sus formas de contagio. Por ejemplo, los médicos recomiendan nunca darle miel a los menores de dos años, ya que este alimento puede contener la toxina en dosis bajas, pero suficientes para dañar los cuerpos más pequeños de los menores.

La toxina botulínica, incluso puede ser utilizada como un arma química, por lo que podríamos decir que es un arma de doble filo, siendo tan peligrosa como también terapéutica, todo depende de las manos que la utilicen.