Los neandertales no solo fueron cazadores-recolectores, también fueron pescadores. Los restos hallados en una cueva de Portugal confirman que la pesca y el marisqueo contribuyeron a su subsistencia. Hasta ahora, existía poca evidencia de que estas prácticas fuesen habituales en estas poblaciones.


Restos de lapa común encontrados en la cueva portuguesa frecuentada por neandertales. / Zilhão et al.

El análisis de los restos hallados en la cueva de Figueira Brava en Portugal, que era usada por los neandertales (Homo neanderthalensis) hace entre 106.000 y 86.000 años, revela que la pesca y el marisqueo contribuyeron de forma muy significativa a la economía de subsistencia de estas poblaciones. Hasta ahora, apenas había indicios de que estas prácticas fuesen habituales entre los neandertales.

El estudio, que se publica en la revista Science, muestra que hasta un 50 % de la dieta de los habitantes de Figueira Brava estaba constituida por recursos del litoral: moluscos (lapas, mejillones y almejas); crustáceos (buey de mar y centollo); peces (marrajo, tintorera, anguila, congrio, dorada, mújol); aves (ánade real, negrón, ganso, cormorán, alcatraz, pardela, alca, garceta, colimbo), y mamíferos (delfín, foca gris).

Los neandertales complementaban su dieta con la caza de ciervos, cabras, caballos, uros y también de pequeñas presas como la tortuga terrestre. Entre los restos de plantas carbonizadas se han podido determinar el olivo, la vid, la higuera y otras especies típicas de un clima mediterráneo, entre las que era más abundante el pino piñonero, cuya madera fue utilizada como combustible.

Los científicos, dirigidos por el investigador ICREA João Zilhão, del Seminario de Estudios e Investigaciones Prehistóricas de la Universidad de Barcelona (SERP-UB), también constataron que estos humanos explotaban los pinares como huerto de árboles frutales: las piñas maduras, pero aún cerradas, se recogían de las ramas y se almacenaban en la cueva, donde se las abría al calor del fuego para extraer y comer el piñón.

Gracias a estas evidencias, el equipo internacional revela que los neandertales no eran solo pueblos del frío y de la tundra, especializados en la caza de mamuts, rinocerontes, bisontes y renos. Esa caracterización es sesgada. “La gran mayoría de los neandertales habrían habitado en las regiones del sur, especialmente en Italia y, sobre todo, en la península ibérica, y su modo de vida habría sido muy parecido al de las gentes de Figueira Brava”, apunta Zilhão.

Otro corolario importante del estudio es que la familiaridad de los humanos con el mar y sus recursos es algo mucho más antiguo y extendido de lo que hasta ahora se ha pensado. “Esto posiblemente ayude a explicar cómo fue posible que, hace entre 50.000 y 45.000 años, los humanos hayamos podido cruzar el estrecho de Timor para colonizar Australia y Nueva Guinea y, a partir de ahí, hace unos 30.000 años, las islas más cercanas del Pacífico occidental”, apunta el investigador.


Entorno de la cueva portuguesa. / Zilhão et al.

Mayores capacidades cognitivas

Investigaciones anteriores recalcaban, por otra parte, que el consumo habitual de recursos acuáticos –ricos en omega-3 y otros ácidos grasos que favorecen el desarrollo de los tejidos cerebrales– habría propiciado un incremento de las capacidades cognitivas en los humanos de anatomía ya más moderna que fueron contemporáneos de los neandertales y suelen ser considerados los únicos ancestros del Homo sapiens actual en África.

Pero los resultados de la excavación de Figueira Brava establecen que “si ese consumo habitual de recursos marinos desempeñó un papel importante en el desarrollo de las capacidades cognitivas, lo hizo a escala de la humanidad en su conjunto, incluyendo a los neandertales, no únicamente a escala de la población africana que después se expandió”, apunta el investigador.

Esta investigación se une a la línea de las pruebas que se han venido acumulando durante la última década de que los neandertales tenían una cultura material simbólica. De hecho, en 2018 se publicaron dos trabajos codirigidos por João Zilhão en los que se demostraba que, hace ya más de 65.000 años, los neandertales habían realizado pinturas rupestres en por lo menos tres cuevas de la península ibérica: La Pasiega, Maltravieso y Ardales.

Asimismo, hace más de 115.000 años, usaban conchas perforadas y con restos de ocre, como las de la cueva de los Aviones (Cartagena, Murcia), a modo de colgantes o de contenedores para mezclas sofisticadas de diferentes tipos de pigmento.

Todos esos hallazgos, más el actual de la cueva de Figueira Brava, “fortalecen una visión de la evolución humana en la que las variantes fósiles conocidas, como las de los neandertales de Europa y sus contemporáneos africanos de anatomía ya más parecida a la nuestra, han de interpretarse, todas ellas, como restos de nuestros antepasados, no como de especies distintas, una superior y las otras inferiores”, concluye Zilhão.

agenciasinc.es / 26 marzo 2020

Los neandertales fueron pioneros en la explotación de recursos marinos