Como otros colores, el azul tiene muchos nombres alternativos, y todos parecen provenir del exótico Oriente. Azul viene del árabe lazaward, que se refería al lapislázuli. Entró en el léxico español a través del francés y perdió la ele inicial por el camino en un proceso conocido como falso corte, los franceses la interpretaron como su artículo le (que se contrae a l’ antes de vocal) y crearon la palabra azur. En castellano dio lugar a azul y también a azur, que es como se denomina este color en heráldica. Sin embargo, como vemos, en lapislázuli se conserva esta ele, ya que no pasó por el francés, sino que viene directamente del latín medieval lapis lazulī (‘piedra del —color del— cielo’), como en muchas otras lenguas europeas… incluido el francés.


Otra forma de decir azul, sobre todo para referirse a los ojos, también proviene del árabe: zarco. En este caso, de زَرْقَاء ‎(zarqāʾ), ‘azulada’, en femenino. De hecho, existe una ciudad llamada así: Zarqa, la segunda más poblada de Jordania. Se especializó tanto para describir el color de los ojos que generó el adjetivo ojizarco.

En hebreo, la palabra סַפִּיר (sapír) denominaba tanto al zafiro como al lapislázuli, ambas de color azul, así como a cualquier cosa brillante y cara. Los griegos tomaron esta palabra para referirse al zafiro, escribiéndola σάπφειρος (sápfiros) y de ahí pasó al latín sapphīrus, que dio zafiro en español. Por último, el cian también parece provenir de una raíz no indoeuropea, el hitita *kuwanna(n) (‘azul cobre’), pasando por el griego κύανος ‎(kúanos).

Imagen: Lapislázuli


historiasdelahistoria.com / Leticia Martín-Fuertes Moreno — 12 octubre 2015

Los lujosos orígenes del azul