Han pasado más de tres años desde aquel fatídico terremoto que el 11 de marzo de 2011 destrozó la central nuclear de Fukushima, en Japón, pero los efectos de la radiación liberada apenas empiezan a conocerse, como prueban las conclusiones de varios estudios publicados la semana pasada por la revista norteamericana «Journal of Heredity».

Según dichos estudios la exposición crónica a la radiación ha provocado daño genético y aumento de las tasas de mutación en las células reproductivas y no reproductivas de varias especies del área colindante a la planta.

«Un número creciente de los resultados empíricos de los estudios realizados sobre aves, monos, mariposas y otros insectos sugiere que algunas especies se han visto afectados de manera significativa por las emisiones radiactivas relacionadas con el desastre de Fukushima», según explicó el doctor Timothy Mousseau, autor principal de uno de los estudios, a la agencia de noticias científicas EurekAlert!.

Entre los resultados más impactantes de los estudios, sobresale los efectos registrados de la radiación sobre la mariposa «Pseudozizeeria maha», que incluyen una reducción del tamaño, una desaceleración del crecimiento, una alta mortalidad y la aparición de anormalidades morfológicas. No obstante, el equipo que llevó a cabo el estudio también resalta que las mariposas «podrían estar desarrollando una resistencia a la radiación».


Ejemplar de «Pseudozizeeria maha» / Wikimedia Commons

Otro estudio se centró en investigar los efectos de la radiación sobre el arroz, plantando semillas en zonas contaminadas. Según los investigadores, en tan solo tres días las plantas comenzaron a reaccionar a los efluvios radiactivos a nivel genético. Precisamente este lunes las autoridades japonesas han confirmado que reanudarán las exportaciones de arroz producido en la región de Fukushima, principalmente a Singapur.

Además, los investigadores también han comprobado cómo la radiación ha provocado grandes descensos en las poblaciones de aves, mariposas y cigarras, así como cambios en el plumaje de algunas aves. Pese a ello, los científicos admiten que todavía es pronto para conocer en profundidad el impacto de las fugas radiactivas.

La contención de la radiación que escapa de Fukushima ha sido una tarea prioritaria para el Gobierno japonés tras el accidente. Sin embargo, aún hoy, y tras varios escapes serios que incluso han afectado al arroz para consumo humano, no se han conseguido resultados definitivos. El último proyecto para contener definitivamente los escapes fue la construcción de un gigantesco muro de hielo subterráneo que sirviera para cercar los restos de la central, una protección que se prevé que esté terminada para el año 2015.

abc.es 18/08/2014