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Tema: [Literario] Relatos Tema Libre

  1. #1
    Speed Black Woman
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    Predeterminado [Literario] Relatos Tema Libre

    Aqui os voy dejando los relatos que vienen, a camara lenta, pero llegan, ajajajajaja.....Espero que sean de vuestro agrado y que las mentes ocurrentes no hayan pensado mucho, ajajajajaja


    El ultimo deseo de Halim - http://forocer.com/literario-relatos...156#post481222 ([Literario] Relatos Tema Libre)

    Y todo llegara..... - http://forocer.com/literario-relatos...156#post481509 ([Literario] Relatos Tema Libre)

    Ciudad Menguante - http://forocer.com/literario-relatos...156#post482056 ([Literario] Relatos Tema Libre)
    jose angel le gusta.

  2. El Siguiente Usuario Agradeció a Sorgin Por Este Mensaje:

    jose angel (26/07/2018)

  3. #2
    Speed Black Woman
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    Predeterminado

    EL ULTIMO DESEO DE HALIM

    El mapa misterioso


    Cuenta la leyenda que en el antiguo oriente, más concretamente en la ciudad de Damasco, vivía
    Halim, el más pequeño de dos hermanos, cuyos padres murieron siendo muy joven, a duras penas se ganaba la vida como mercader de telas, pero las cosas no le iban demasiado bien, su trabajo apenas le daba para un par de comidas al día. Se pasaba todo el tiempo cargado de telas yendo de un sitio a otro por las calles de la ciudad. Pero pese a ser pobre nunca perdía la sonrisa, era optimista por naturaleza y pensaba que algún día la suerte le cambiaría.

    Bassam, el mayor, al contrario que su hermano, sí que le iba mejor la vida. Era el sastre oficial del visir, lo que le permitía llevar una vida desahogada, incluso se podía permitir el lujo de tener dos esposas. Al contrario que su hermano Halim, que era joven y apuesto, de Bassam no se podía decir lo mismo, era un hombre de mediana edad de rostro no muy agraciado y de barriga prominente, y por si fuese poco, una fea joroba le hacía caminar encorvado.

    Ya fuese por su físico o su personalidad, Bassam casi siempre estaba de mal humor, nunca estaba contento con nada, ni siquiera sus esposas se atrevían a veces a hablarle por miedo a que se enfadara. Tenía un carácter demasiado agrio.
    No eran pocas las veces que Halim, su hermano, iba a visitarle y pedirle unas monedas cuando estaba realmente apurado, pero casi siempre tenía alguna excusa, y es que Bassam era incluso tacaño.
    Cuando le pillaba de buen humor, algo bastante extraño en él, podía acceder a prestarle un par de monedas, pero le exigía que se las devolviese lo antes posible. Pese a tener una economía estable le costaba sudores y lágrimas prestar dinero, incluso a su hermano pequeño que lo estaba pasando realmente mal.

    Cierto día, mientras Halim hacía su ronda diaria por las calles, intentado vender su telas, observó no muy lejos a un hombre que cruzaba la calle torpemente debido a su avanzada edad, cuando un grupo de caballos a galope se aproximaba peligrosamente al anciano.
    El atropello era inminente, cuando Halim dejó rápidamente toda su mercancía en el suelo y corrió velozmente a salvar a aquel hombre. Justo en el momento en que el anciano se vio sorprendido por los caballos, pensando que su muerte era segura, notó que alguien se abalanzó contra él, quitándole del camino por donde segundos más tarde pasaron los caballos levantando a su paso gran cantidad de polvo y tierra.

    -¿Se encuentra usted bien? –Preguntó Halim al anciano.

    Ambos se encontraban tendidos en el suelo, y el hombre anciano respondió:

    -Sí, sí, estoy bien. Me has salvado la vida, muchacho. Y no sólo eso, has arriesgado la tuya.

    -No se preocupe por eso, lo importante es que se encuentre bien. –Respondió Halim sonriendo.
    -Nunca te estaré lo suficientemente agradecido. –Decía el anciano mientras ambos se ponían de pie.
    -No tiene que agradecerme nada, me basta con haberle ayudado. –Contestó Halim mientras se sacudía un poco el polvo de sus ropas. –Eso sí, tenga más cuidado la próxima vez. –Dijo el muchacho mientras se alejaba.
    -¡Espera! No me has dicho tu nombre. –Preguntó el anciano.
    -Halim, para servirle.
    -Me alegro de conocerte Halim, y tanto que me alegro. Pero… espera, no quiero que te vayas con las manos vacías, de alguna forma he de recompensarte.
    -No se preocupe, no tiene que darme nada.
    -Insisto. –Dijo el anciano, que ahora buscaba algo en el interior de su ropaje. –Toma, esto es para ti.

    Lo que el hombre anciano le ofreció a Halim era un trozo de papel amarillento y doblado por la mitad, era un papel grueso de apenas un palmo de tamaño.

    -¿Qué es? –Preguntó el muchacho.
    -Es un mapa, un mapa de un lugar secreto donde se guarda un valioso tesoro. –Respondió el anciano.
    -¿El mapa de un tesoro? ¿Por qué me lo da? Podría quedárselo usted.
    -Yo ya no lo necesito, no me quedan ya muchos años en este mundo. Tú en cambio eres joven y bondadoso, seguro que harás buen uso de él. –Dijo el anciano entusiasmado y con mirada de complicidad.
    -No sé que decirle, ni como agradecérselo. –Decía Halim mientras desdoblaba el papel para ojearlo. Mientras lo hacía pensaba que aquel anciano estaba un poco loco, ¿Darle el mapa de un tesoro? No entendía tanta generosidad, levantó la mirada para darle las gracias, pero el anciano ya no estaba. Halim se giró sobre sí mismo un par de veces, pero ni rastro de aquel hombre. Se sorprendió bastante, luego se guardó el mapa entre sus ropas y siguió con su tarea.

    Tras la dura jornada de trabajo, el joven mercader llegó a casa, si es que donde vivía podía llamarse así, ya que era una especie de choza, salvo que las paredes estaban hechas de adobe y el techo estaba formado por juncos secos entrelazados, y en un rincón un camastro de paja donde se dejó caer, estaba realmente muy cansado.

    Se pasó un rato meditando sobre aquel papel, lo volvió a mirar y remirar muchas veces, no cabía duda de que era un mapa y muy bien señalizado, donde una cruz marcaba el lugar exacto del supuesto tesoro. Pudo ver y calcular según las indicaciones, que el sitio marcado en el mapa no estaba demasiado lejos, a unas diez leguas.

    -Diez leguas –Pensaba y murmuraba al mismo tiempo, dándose cuenta que era una distancia aceptable para ir a caballo, pero muy lejana para ir a pie.

    -¿Necesitaré un caballo o quizás dos? –Se preguntaba. –Si es un tesoro pesado, como pudiera ser un cofre lleno de monedas de oro, necesitaré dos caballos, pero ¿Y si son más cofres?

    Comenzaba a coquetear con la idea de que fuese un gran tesoro, incluso el tesoro más grande que jamás haya existido. Ya se veía rodeado de joyas y piedras preciosas viviendo en un palacio, cuando de momento reaccionó.

    -No, no necesito tanto, me conformaría con algunas monedas de oro para montar una tienda de telas y sedas, me conformaría con eso. –Pensaba ahora Halim en voz alta. –Mañana a primera hora iré a casa de mi hermano, le comentaré lo del mapa y le pediré prestado un caballo, y si accede, estaría dispuesto a compartir el tesoro con él. Sí, eso es lo que haré.

    Luego se quedó dormido.

    En busca del tesoro


    Apenas había salido el sol cuando Halim llamaba a la puerta de su hermano, estuvo golpeando durante un buen rato hasta que la puerta se abrió, donde apareció su hermano a medio vestir. En otra situación, Halim jamás se hubiese atrevido a llamar a la puerta de su hermano con tanta insistencia, ya que su mal carácter le habría impedido intercambiar ni dos palabras, pero aquella ocasión lo merecía. Tenía algo importante que ofrecerle.

    -Pero… ¿¡Qué demonios haces!? ¿¡Qué manera es esa de llamar a una puerta!? – Gritó Bassam encolerizado.
    -Calma, hermano, tengo un negocio que podría interesarte. –Contestó Halim con sonrisa temblorosa.
    -¿Un negocio? ¿Qué negocio podría yo tener contigo? Eres un donnadie –Dijo Bassam en tono muy despectivo.
    -Necesito que me prestes uno de tus caballos. –Añadió Halim.
    -¿Un caballo? Bastante hago con prestarte unas monedas de vez cuando. Lo que tienes que hacer es trabajar y no mendigar tanto. –Decía Bassam mientras se disponía a cerrar la puerta de su casa en señal de desprecio y de que no quería que le molestase más.

    Pero Halim interpuso su pie entre la puerta y el marco, impidiendo que su hermano pudiese cerrar dejándole fuera.

    -¡Espera! ¡Se trata de un tesoro, de ir a buscar un tesoro! –Se apresuró a decir.

    Unos segundos bastaron para que Bassam volviese a abrir la puerta y hacerse el interesado.

    -¿Un tesoro dices? ¿Dónde está ese tesoro? –Preguntaba el hermano jorobado mostrando mucho interés ahora. –Pasa, hablaremos mejor dentro.

    Una vez en el interior, Halim le mostró el mapa, de cómo lo consiguió salvando a aquel anciano y de la idea de que le prestase un caballo para ir al lugar indicado y que por supuesto el tesoro se repartiría entre los dos a partes iguales. El hermano, que era mayor que él, nada más ver el mapa, no tardó en darse cuenta que cabía la posibilidad de que fuese cierto, ya que el papel, la escritura e indicaciones parecían muy antiguas.
    A Bassam le comenzaron a brillar los ojos, también se imaginaba un tesoro inmenso y no tardó en llegar a un acuerdo.

    Al amanecer del día siguiente, Bassam a lomos de un caballo y Halim en otro, junto con cuatro camellos con las alforjas vacías, listas para ser cargadas de joyas y monedas de oro, o eso creían, salían por las puertas de la ciudad.

    Sabían que aquello no era un paseo y no podían ir a un ritmo relajado, de modo que una vez salieron de Damasco, dejando atrás las murallas de la ciudad, comenzaron a galopar tan aprisa como los animales podían. Diez leguas era una distancia considerable y estaban ansiosos por llegar a su destino cuanto antes.
    De vez en cuando paraban un rato para comer algo y dar descanso a las cabalgaduras, también paraban cuando se acercaban a algún riachuelo para que bebiesen, pero no podían detenerse mucho tiempo o el viaje podría demorarse muchos días.
    Atravesaron a su paso comarcas y poblados, caminos de montañas angostos y peligrosos incluso tuvieron que adentrarse en el desierto, donde los animales, sobre todo los caballos tenían que aminorar la marcha, por suerte se encontraron pronto en un oasis, donde pudieron descansar y beber. Allí incluso durmieron un poco, ya que la noche hacía acto de presencia.

    No hizo más que salir el sol, cuando ya se encontraban de nuevo en camino. A lo largo del viaje iban revisando el mapa, esto lo hacía Bassam que tenía algo más de sapiencia en estos temas y era él quien decidía el camino a tomar.
    A lo largo del viaje poco hablaban entre ellos, a pesar de que Halim hacía el esfuerzo por sacar algún tema de conversación, pero su hermano solía estar concentrado en el mapa y se enfadaba cuando su hermano le sacaba de esa concentración.

    Llevaban ya tres días de viaje, cuando al atardecer llegaron al lugar marcado en el mapa. Según la interpretación de Bassam, la cruz del mapa coincidía con un pequeño monte en cuya cima se alzaba una roca blanquecina de un tamaño considerable.

    Decidieron entonces bajar de los caballos para inspeccionar la zona, no sin antes atarlos a un grueso árbol cercano junto con los camellos.
    Subieron el monte hasta llegar a la base de la roca, miraron por aquí y por allá, pero no encontraban nada parecido a un tesoro, incluso el terreno donde pisaban era rocoso, por lo que la idea de que algún cofre estuviese enterrado la descartaron de inmediato.
    Bassam no hacía más que mirar el mapa y a realizar comprobaciones, mientras Halim palpaba la roca con ambas manos, como intentando localizar algún agujero oculto, de esa manera y sin darse cuenta comenzaba a rodear la roca.
    El hermano, mientras, farfullaba en voz baja, estaba casi seguro que estaban en el sitio exacto, se le veía nervioso, ya incluso pensaba que el mapa era falso, la angustia y el enfado empezaron a apoderarse de él cuando oyó la voz de su hermano que le llamaba a gritos:

    -¡Bassam! ¡Ven aquí, he encontrado algo!

    La cueva subterránea


    Al otro lado de la gran roca, Halim había encontrado un hueco justo a la altura de las rodillas, no lo vio a simple vista ya que estaba muy escondido y cubierto de gran cantidad de ramajes. El agujero tenía aproximadamente un diámetro de unos cinco palmos, se agacharon y miraron el interior, donde advirtieron que unos escalones de piedra llevaban a un nivel inferior por debajo de la altura del terreno, pero todo era muy oscuro y apenas pudieron distinguir nada más.

    Sea como fuere, lo que sí tenían claro es que tenían que entrar por aquella abertura, estaban ahora sí, seguros de haber encontrado el camino directo al tesoro.
    Limpiaron el agujero de ramas y demás follaje, dejando la entrada completamente limpia. Ahora tenían que preparar un par antorchas, que fabricaron en seguida con un par de troncos a los que les envolvieron algunas gasas untadas con aceite para luego prenderles fuego con la ayuda de un trozo de pedernal.

    Halim entró primero, tan sólo le bastó agacharse un poco y dar un par de pasos para situarse en los primeros escalones esculpidos en el interior de la roca, en cambio, su hermano Bassam tuvo bastante dificultad para entrar, su obesidad, la joroba y su poca agilidad hicieron que la entrada al agujero se convirtiese en toda una odisea para él, se quedó incluso atascado, aunque con la ayuda de su hermano desde el interior y con mucho esfuerzo, al final logró entrar dentro.

    La escalera era bastante empinada y los escalones muy irregulares y resbaladizos, por lo que en más de una ocasión Halim tuvo que sostener a su hermano para que no cayese. La oscuridad era penetrante conforme descendían, se oían algunas gotas de agua caer sobre algún charco en la lejanía, la humedad y el frio se hacían más palpables y la escalera parecía interminable.

    -Qué Alá nos asista si tenemos que subir el tesoro por esta escalera tan peligrosa. –Pensó Bassam con el rostro preocupado.

    Casi doscientos escalones habían bajado cuando ya veían el suelo firme bajo ellos. Terminaron de bajar lo poco que le quedaban y los dos hermanos levantaron las antorchas para poder ver mejor la situación.
    Se encontraban en una sala extraordinariamente amplia sin otra salida que la escalera por donde habían bajado. El suelo estaba embaldosado de mármol, pero con varias losas salidas de su sitio o incluso rotas.
    Continuaron andando inspeccionado la zona, pero ni rastro de ningún tesoro, ni siquiera un triste cofre.
    Los dos hermanos se separaron, querían examinar la sala cada uno por su cuenta, y fue Halim quien encontró algo.

    -¡Mira esto Bassam! –Exclamo Halim, que estaba justo en el centro del gran salón.

    Durante unos minutos ambos hermanos se quedaron atónitos mirando algo que sobresalía del suelo.
    Justo delante de ellos, un pequeño pedestal, también de mármol, que se alzaba un par de palmos del suelo sostenía una vieja y oxidada lámpara de aceite.

    -Pero… ¿Qué clase de broma es esta? –Dijo Bassam, bastante decepcionado. – ¿Este es el tesoro? Menuda pérdida de tiempo. Esto me pasa por fiarme de ti.

    Bassam estaba muy enfadado, miró un poco a su alrededor para acabar sentándose en el suelo. Además del enfado se sentía muy frustrado.

    Halim cogió la lámpara, la observó por arriba, por abajo, por todos lados. Además de parecer oxidada estaba cubierta de polvo.

    -Bueno, por lo que veo, es una lámpara bastante antigua, si la limpiamos bien, quizás podamos venderla por unas monedas. –Comentó Halim, cuyo optimismo parecía inalterado.
    -Toda para ti. –Respondió el hermano mientras se levantaba del suelo. -¿Te vas a quedar ahí todo el rato mirando esa basura? Yo me voy, empiezo a tener frio.
    -Quizás sea de oro. –Dijo Halim. –Voy a limpiarle el polvo, quiero comprobarlo.
    -Comprueba lo que quieras, te espero fuera. –Replicó Bassam mientras se dirigía a la escalera.

    Halim se sentó en el suelo, apoyó su antorcha sobre el pedestal para tener ambas manos libres, con la mano izquierda tomó la lámpara mientras que con la derecha usó su manga para limpiarla.
    Mientras lo hacía, el metal comenzó a brillar levemente, pero estaba realmente sucia y empezó a frotarla y limpiarla con más fuerza, una y otra vez para sacarle todo el brillo que fuese posible. Apenas tuvo tiempo de ver el resultado final, cuando se comenzaron a suceder cosas inexplicables.
    La lámpara comenzó a brillar con una fuerza espectacular, cada vez con más intensidad, hasta el punto de iluminar por completo aquella enorme sala, el suelo comenzó a temblar haciendo que algunas baldosas se quebraran, cuando una bruma o niebla muy intensa comenzó a salir del orificio de la lámpara. Una nube de color rojizo se hacía cada vez más densa y se expandía a lo ancho y alto de la estancia, y esa espesa nebulosa comenzaba a coger forma.

    Bassam, que apenas había subido un par de escalones, se cayó de espaldas al verse sorprendido por lo sucedido, y se quedó tumbado en el suelo mirando sin pestañear lo que estaba aconteciendo. Halim permanecía como hipnotizado, se había quedado con la boca abierta completamente asombrado.

    Mientras tanto, la densa humareda rojiza iba tomando forma humana, en un instante tenían ante sí una figura gigante y demoniaca. Era, en resumen, un cuerpo masculino de color rojo de fuertes músculos, con cabeza y brazos, pero sin piernas, ya que éstas se estrechaban hasta el punto de coincidir con el agujero pequeño de la lámpara como si no pudiesen salir.

    Era una imagen realmente aterradora, un rostro con una enorme nariz, orejas puntiagudas con un pendiente en cada una y una gran boca con dientes afilados y desordenados. La cabeza sin un mísero pelo y unos ojos cuya mirada escalofriante miraba desafiante y de cerca a Halim, el cual y pese a todo aún sostenía la lámpara en sus manos. Tan solo la cabeza era el doble de tamaño que el joven muchacho.

    Los tres deseos


    Bassam se levantó y corrió despavorido para esconderse en algún lugar, quería ponerse a salvo de esa gigante y horrible criatura. Encontró un hueco en la pared que le ocultaba parcialmente de la vista de aquel engendro.

    -Me has llamado y aquí estoy. –Dijo aquel monstruo dirigiéndose a Halim cuya voz era tan grave que hizo vibrar el suelo.

    Halim se quedó mudo, aunque en ningún momento pasó miedo, pero la situación le hacía estar perplejo, se quedó sin habla.

    -Entiendo tu asombro joven mortal, pero la lámpara está en tus manos y estoy aquí para obedecerte. ¡Venga, acabemos con esto cuanto antes! ¡Pídeme tres deseos y te los haré realidad al momento y así podré marcharme! – Continuó hablando la criatura, con algo de enojo en sus palabras.

    Bassam estaba viendo toda aquella escena, prestaba con total atención todo lo que decía aquel demonio, comenzaba a perder el miedo y salió despacio de su escondrijo. Mientras su hermano estaba boquiabierto frente al monstruo, sólo una idea se le pasó por la cabeza, pero tenía que actuar rápido. Cogió una piedra del suelo y caminó hacia su hermano que estaba de espaldas. Justo cuando ya Halim iba a comenzar a hablar, Bassam le golpeó fuertemente en la cabeza con la piedra que acaba de coger.
    Halim cayó desvanecido al suelo, pero antes de caer, su hermano agarró la lámpara y el demonio rápidamente giró la vista hacia él.

    -Ahora eres tú a quien debo obedecer. Formúlame tres deseos. –Dijo el gigante, pero esta vez mirando fijamente a los ojos de Bassam.

    El hermano mayor, que ahora ya no tenía miedo, o al menos no como antes, dijo:

    -Quiero ser rico, muy rico, el hombre más rico del mundo.

    En ese justo instante los ojos de la criatura infernal se volvieron durante unos segundos de color blanco, para volver luego al su color original.

    -Hecho. –Dijo el monstruo. –Siguiente deseo.
    -Quiero tener un aspecto esbelto, sin joroba y ser apuesto.

    De nuevo los ojos de la enorme criatura volvieron a cambiar de color momentáneamente.

    -Hecho. Volvió a decir. Y de no se sabe donde sacó un gran espejo para que se pudiese mirar.

    -Bassam se vio reflejado en él y por un momento pensaba que era otra persona, pero efectivamente era él, se veía mucho más delgado y fuerte, incluso parecía más joven, ya no tenía joroba y su ropaje era distinto, parecía la vestimenta de un rey.

    -¿Tu tercer y último deseo? –Preguntó de nuevo aquel ser, haciendo desaparecer el espejo.
    -¡Quiero ser inmortal! –Respondió.

    Se volvió a repetir el gesto de la criatura, volviendo a dar fe de que el deseo había sido realizado cuando la lámpara dejó poco a poco de brillar y la figura de aquel asombroso ser se comenzó a difuminar para convertirse otra vez en una intensa humareda roja que fue aspirada por la lámpara en cuestión de segundos.

    La gran sala quedó casi a oscuras de nuevo, tan solo iluminada por las dos antorchas que amenazaban ya con apagarse. La lámpara cayó al suelo junto con Bassam que se desplomó desmayado.

    Luego se despertó, abrió lentamente los ojos pero ya no estaba en aquella cueva. Se entristeció de pronto, ahora no tenía dudas de que todo había sido un sueño, pero notaba algo extraño, no estaba en su casa. Se levantó y pudo ver que se encontraba en una habitación muy grande, con varios ventanales por donde entraba la claridad del día a través de unas cortinas de seda de muchos colores, la cama era enorme con el respaldo acolchado y diamantes incrustados, cuatro balaustradas de madera tallada, en cada una de las esquinas, sostenían un entramado de volantes de tela y cortinas de finísima tela, y justo en el centro de la cama, una multitud de almohadones donde tres bellas mujeres jóvenes y desnudas estaban semicubiertas con sabanas de seda.
    Una de ellas se despertó y le dijo:

    -Bassam, mi señor, vuelve a la cama con nosotras.

    Pero él no hizo caso, siguió andando desconcertado por la habitación, llegó a uno de los muchos espejos que allí había, y se miró. Su semblante cambió por completo. No había sido un sueño, su fealdad había desaparecido, reconocía su rostro, pero ahora se veía hermoso y atractivo.
    Muchas puertas de madera con celosías de color verde cubrían toda una pared, eran armarios repletos de todo tipo de ropa, ropajes de magnífica calidad, multitud de calzado, túnicas de telas preciosas, turbantes, chilabas….
    Trató de vestirse lo mejor posible, estaba ansioso por salir de la habitación.

    Abrió una enorme puerta de doble hoja y salió a un pasillo custodiado por dos guardias perfectamente uniformados, cada uno con una lanza en la mano.
    Cuando Bassam vio aquellos hombres sintió algo de miedo, pero en seguida los guardias se arrodillaron ante él en señal de respeto, dejándole seguir su camino sin mayores problemas. Por un momento se sintió importante.

    -¿De quién sería aquel palacio? ¿Del Sultán quizás? –Pensó.

    Desde el pasillo por donde caminaba podía ver gran parte del edificio, ya que se encontraba a una altura considerable, se asomó a uno de los balcones y observó todo lo que pudo.
    Justo abajo un enorme patio con una gran fuente en el centro, todo rodeado de hermosos jardines de todo tipo de flores, regados por canales de agua sobre el propio suelo. Todo el patio interior estaba rodeado de arcos apoyados en columnas de oro macizo cuyos capiteles estaban tallados de la más fina orfebrería que jamás había visto. Los muros exteriores eran de mármol blanco y varias escaleras con escalones de marfil.
    Miró hacia arriba y observó varias torres que se perdían en la altura. Sin lugar a dudas era el palacio más grande y colosal de toda la región.

    Pero quiso ver más, bajó por unas escaleras al piso inferior, agarrándose suavemente a las barandillas también de oro. Todas las paredes interiores adornadas por zócalos de azulejos de multitud de colores que estaban limitados por cenefas doradas en la parte superior.

    De vez en cuando se le cruzaba alguna persona con atuendos de criado, todos se arrodillaban ante él mientras paseaba. Al principio se paraba cuando alguien le hacía una reverencia y le sonreía hasta que se fue acostumbrando, pasándolas inadvertidas al cabo de un rato.

    Continuaba caminando, cuando se detuvo delante de una esclava que vertía vino en una tinaja de barro, y que al verle se arrodilló.

    -Levántate muchacha y dime de quien es este palacio. –Le dijo Bassam.

    La esclava se puso en pie tímidamente pero sin atreverse a mirarle a la cara.

    -¿Cómo dice, mi señor? –Replicó la muchacha. –Es suyo, mi señor Bassam, todo esto es suyo.

    A Bassam se le iluminaron los ojos. Su corazón le latía rápidamente de la emoción.

    -Entonces, también soy rico, ese fue mi primer deseo y también mi físico ha cambiado, que fue mi segundo deseo. ¿Seré también inmortal? –Pensaba mientras la esclava volvió a arrodillarse.

    Pero si realmente era rico, muy rico, quería saber dónde estaban sus riquezas, y tuvo un presentimiento, como si supiera donde ir se dirigió a las mazmorras del palacio. Es como si conociera el camino, atravesando estancias, grandes vestíbulos, suntuosos aposentos, y diversos jardines, bajando y volviendo a bajar escaleras hasta llegar a un portón grueso de hierro a unos pocos niveles por debajo del suelo.

    A ambos lados de esa gran puerta de hierro, otros dos guardias la vigilaban lanza en mano que al ver llegar a Bassam se inclinaron haciéndole una reverencia.

    Cada vez le gustaba más eso de ser respetado y que todos se arrodillasen ante él, se sentía importante y poderoso.
    Casi sin pensar lo que hacía y casi de manera involuntaria puso su mano derecha sobre la puerta y ésta se fue abriendo poco a poco, era como si le hubiese reconocido al tacto.
    Era una puerta mágica sin cerradura, que sólo respondía al contacto de su amo.

    Bassam pasó al interior en penumbra, mientras que el portón se cerró tras él y justo en ese momento aquella gigantesca habitación subterránea se iluminó. Lo que había dentro era indescriptible.
    Infinidad de montones y montones de monedas de oro que llegaban hasta el techo, pilas de diamantes, joyas y piedras preciosas, montículos de decenas de pies de altura de rubíes y esmeraldas, cofres enormes que rebosaban objetos de oro, cómo, coronas, brazaletes, anillos, incluso había armas como espadas, sables, dagas… todo de oro y con incrustaciones de diamantes rojos.
    Era el mayor tesoro sin duda alguna.

    Bassam no cabía en sí de gozo, irradiaba tanta alegría que no sabía si reír o llorar. Sus tres deseos se habían cumplido, aunque todavía le faltaba uno por comprobar, la inmortalidad. No se lo pensó mucho, cogió una daga de las tantas que había de un cofre.

    -Si de verdad soy inmortal no debería pasarme nada si me la clavo. –Pensaba mientras comprobaba el filo del arma. Pero tenía miedo. ¿Y si no era inmortal? ¿Y se moría?, entonces no podría disfrutar de toda su riqueza. Pero la duda pudo más que su propia voluntad y se clavó la daga en el pecho.

    El grito de dolor fue demasiado intenso, haciendo que doblase las rodillas apoyando las manos sobre suelo. La daga cayó cubierta de sangre, y unos instantes más tarde Bassam se volvió a levantar, se miró la herida y ésta comenzaba a cerrarse hasta que en pocos segundos sanó completamente. Bassam también era inmortal.

    Es cierto que notó un tremendo dolor al clavarse la daga, pero nada comparable a la satisfacción que sintió al comprobar que además de ser extremadamente rico, tener un aspecto elegante y exquisito, además de todo eso, era inmortal.
    Pensó en que aquella criatura salida de aquella vieja lámpara le había cambiado la vida, algo que no hubiese pasado sin el mapa de su hermano.
    Pensó un momento en él, recordó el momento en el que le golpeó con la piedra para hacerse con la lámpara.

    -¿Seguirá vivo? –Se preguntó. – ¡Bah, qué más da!, ese cretino de mi hermano jamás hubiera sabido que hacer con todo este tesoro. Ojalá esté muerto dentro de esa cueva.

    Bassam no sentía remordimiento alguno, ya casi estaba pensando en sus asuntos cuando algo se cruzó por su mente.

    -Esa lámpara. Quiero esa lámpara. –Murmuraba ahora, pensando en que quería tenerla a toda costa. –Si es mía, podré pedir más deseos, supongo.

    Por un momento se quedó preocupado pensando en la posibilidad de que su hermano estuviese vivo y se hubiera quedado con ella, porque a saber si habría pedido algún deseo que le pudiese perjudicar.

    A la mañana siguiente, Bassam junto con cincuenta guardias a caballo, salieron de palacio a galope rumbo a la cueva de la lámpara.

    Halim y el Genio Rojo


    En todo ese tiempo, Halim permaneció inmóvil en aquella lúgubre cueva bajo la roca, hasta que comenzó poco a poco a despertarse, por suerte el golpe en la cabeza no fue lo suficientemente fuerte como para matarle, aunque se encontraba aturdido y con un tremendo dolor en la nuca y sin saber lo que había ocurrido, lo único que recordaba era aquella extraña figura gigante que salió de la lámpara y que le hablaba.
    Todo estaba muy negro, no lograba distinguir absolutamente nada en la oscuridad, se sentía helado y había perdido la noción del tiempo. Comenzó a levantarse, primero se puso de rodillas para luego ponerse en pie. Su idea era llegar a una de las paredes de la cueva e ir moviéndose pegado a ella hasta encontrar la escalera.

    -¡Bassam! ¿Estás ahí? –Gritó Halim, pensando que su hermano seguía allí dentro, pero no encontró respuesta.

    Le llamó varias veces, la verdad es que estaba preocupado por él, -¿Y si aquel demonio le había matado? –Pensó.

    Mientras caminaba en tinieblas intentando alcanzar la pared, su pie golpeó algo metálico que había en el suelo. Se agachó, tanteó y cogió algo, él mismo sabía ya lo que era, naturalmente era la lámpara que yacía junto a él.
    Se sentó en el suelo y la cogió con las dos manos. Recordó lo que pasó cuando la encontró sobre el pedestal y comenzó a limpiarla. – ¿Sería por eso por lo que aquella criatura salió de dentro? ¿Habría matado a su hermano? –Se preguntaba Halim algo asustado.
    Pero de nuevo su optimismo se hizo patente, quería salir de dudas, tampoco tenía nada de cobarde y empezó a frotar la lámpara de nuevo con la tela de la manga.

    De nuevo el suelo comenzó a temblar, la lámpara se iluminó y al igual que antes iluminó toda la estancia, y nuevamente una masa densa de humo rojo emergió del interior, y esa niebla se transformó en el mismo ser de aspecto diabólico que ya había visto antes.
    Aquel ser acercó su enorme rostro al del muchacho y habló:

    -¿Otra vez tú? ¡De acuerdo! ¡Está bien! Aquí estoy para obedecerte, pídeme tres deseos y deja que vuelva a la lámpara. –Dijo la criatura con aquella voz siniestra.

    Antes de responder, Halim miró a su alrededor buscando el cuerpo de su hermano, pero no lo vio por ningún sitio. Luego volvió la mirada al frente.

    -¿Quién eres o qué eres? –Preguntó Halim.
    -Mi nombre es Samardar, el Genio Rojo. Y ahora que he saciado tu curiosidad, enumérame tus deseos. –Respondió el Genio rojo
    -¡Espera! Dime por qué estás dentro de esta lámpara, me da la sensación que eres preso de ella, y ¿Por qué esa insistencia en que te pida deseos? –Volvió a preguntar el joven, sintiendo mucha curiosidad.
    -Si en lugar de haberme encontrado a mí, te hubieses topado con mi hermano, el Genio Negro, ya estarías muerto. No estoy aquí para tanto charloteo, pero me caes bien, te responderé. –Decía Samardar un tanto molesto y continuó hablando: -Pertenezco a un clan de genios, los de mi generación somos cuatro hermanos, el Genio Azul, el Genio Verde, el Genio Negro y yo. Mi hermano el Genio Negro es el mayor de nosotros y el más poderoso de los cuatro, solo le gusta hacer el mal y nos obliga al resto a que seamos como él. En una ocasión me ordenó aniquilar toda una ciudad, pero me negué en rotundo y me castigó a permanecer dentro de esta mísera lámpara durante toda la eternidad hasta que alguien a quien le ofrezca tres deseos, desee malgastar uno en liberarme. Con eso me quiere demostrar que la humanidad es avariciosa, egoísta y que no merece su existencia. Llevo más de dos mil años condenado a esta tortura confiando en que alguien me encuentre y me ayude a salir de la lámpara. Aunque cada vez tengo menos esperanzas. Pero no te preocupes por mí, dime tus tres deseos y permíteme que vuelva dentro.

    -Entiendo y te doy las gracias por contarme tu historia, tan solo me gustaría saber algo y luego te prometo que pediré mis deseos. –Quisiera que me dijeras que ha pasado con mi hermano y por qué me desmayé la primera vez que te me apareciste.

    Entonces el Genio le narró todo lo acontecido, de cómo su hermano Bassam le golpeó con un trozo de mármol para apropiarse de la lámpara y ser él quien pidiera los deseos, incluso le contó los deseos que su hermano formuló.

    Halim no daba crédito, su hermano le había traicionado y casi le mata para obtener la lámpara, él sabía que no era muy afable, pero de ahí a querer asesinarle por puro egoísmo era algo que se escapaba a su comprensión. Se sentía muy decepcionado y triste, incluso le asomaron un par de lágrimas en los ojos.

    -Comprendo tu pesar, mi pequeño amo, pero es hora que me pidas los tres deseos. –Dijo el Genio que pese a su tamaño se le contagió la tristeza de Halim.

    -Bueno, la verdad es que no sé que deseos pedir. –Decía el muchacho mientras pensaba detenidamente. Hasta que tras un breve instante dijo: -He tenido una vida desgraciada, apenas mi trabajo me da para ganarme la vida, de modo, que si es posible, deseo tener una casita mejor que la que tengo que me sirva de tienda de telas y sedas, quiero ser feliz y eso me ayudaría bastante.

    Al Genio se le iluminaron los ojos y luego dijo:

    -Hecho. ¿Tu segundo deseo? –Preguntó de nuevo Samardar.

    Halim se levantó del suelo lámpara en mano, la alzó ligeramente y sin dudarlo dos veces replicó:

    -¡Deseo liberarte de la lámpara!

    En ese momento el Genio se convirtió en un torbellino de vapor rojo que no paraba de girar sobre sí mismo que poco a poco se iba desacelerando, hasta que tras unos segundos, el genio apareció ante él de pie sobre el suelo. Ya no estaba conectado a la lámpara, de hecho la lámpara había desaparecido.
    Entonces el Genio Rojo se arrodilló ante Halim. –Me acabas de liberar cuando aún te quedaban dos deseos por pedir. No tengo palabras de agradecimiento. Nunca he perdido la fe, albergaba esperanzas en la bondad humana y me lo acabas de demostrar. –Decía el Genio bastante emocionado. –Pero como soy un Genio de palabra y aún te queda un deseo por pedir y ya que no hay lámpara te daré esto.

    El Genio se quitó uno de sus pendientes de una de sus enormes orejas.

    -Toma, quédate con este aro, y cuando sepas que último deseo pedir, sostenlo con las dos manos y pronuncia mi nombre y donde quiera que estés apareceré para concedértelo.

    Dicho aquello, el Genio desapareció y el muchacho cayó desvanecido sobre el suelo.

    Una nueva casa para Halim


    Cuando Halim despertó, se encontraba acostado sobre una mullida cama bastante cómoda, no sabía donde se encontraba. Se puso en pie y vio que estaba en una habitación de una casa de dos plantas, era una vivienda de clase media, muy bien adornada. Bajó las escaleras y observó que también había un patio decorado con plantas, flores y muchas piezas de alfarería. Volvió de nuevo al interior y de las varias habitaciones a las que podía acceder, se fijó en una en particular.
    Abrió la puerta y se sorprendió. Era una sala grande con muchas repisas repletas de todo tipo de telas. Tejidos de todas las clases y colores, estanterías donde había terciopelo, otras con cuero, lino y gasas finas, telas de seda y tejidos preciosos con incrustaciones doradas.

    -¡Es mi tienda soñada! –Exclamó emocionado viendo todo aquello. El Genio Rojo había cumplido su deseo.

    Esa habitación tenía una puerta arqueada de dos hojas que daba a la calle. Ahora estaba cerrada, pero era la puerta de entrada a la tienda. Quiso abrirla ya, quería comenzar a vender cuanto antes, pero advirtió algo que había sobre el mostrador de madera.
    Se acercó, se trataba de un aro plateado de aproximadamente un palmo de diámetro. Era, sin lugar a dudas, el pendiente que le regaló el Genio para poder pedir su tercer y último deseo.
    Lo cogió y lo observó, pero no sabía que hacer con aquello, pero tenía claro que debía guardarlo bien o llevarlo siempre consigo. Tras pensarlo un poco probó a ponérselo como brazalete, la verdad es que tenía el tamaño adecuado. De esa forma lo llevaría siempre con él y escondido bajo la manga.
    Luego abrió el portón de entrada y poco a poco algunas personas iban entrando a curiosear la nueva tienda.

    Durante ese día vendió más telas que en toda su vida, cuando se dedicaba a venderlas por las calles. Al atardecer cerró la tienda y quiso ver el resultado de tan magnífico día. Abrió el cajón bajo el mostrador donde iba echando el dinero de las ventas y observó que estaba lleno.
    Halim dio un grito de alegría, tal grito fue, que incluso él mismo se asustó. Luego reía a carcajadas y bailaba y saltaba de alegría. Se sentía muy feliz. Luego comió algunas frutas que encontró en una mesa y se fue a dormir, ya que tantas emociones hicieron mella en el joven, estaba muy cansado pero sobre todo era un hombre muy feliz.

    Un par de días más tarde, Bassam, liderando su grupo de jinetes, llegaba cabalgando a galope tendido, levantando una gran nube de polvo, a la cumbre de la roca, donde unos días antes llegó allí con su hermano.
    Desmontó de su cabalgadura y observó que sus caballos y camellos que ataron a un árbol cuando llegaron él y Halim, seguían allí. Los desató y los unió al grupo.
    El hecho de que todavía estuviesen allí amarrados, le hizo pensar que su hermano debería seguir dentro de la cueva.
    Dio una orden para que todos esperaran, mientras Bassam se dirigió solo al agujero. Al contrario que la primera vez, ahora pudo acceder al interior con una destreza singular, ahora era mucho más ágil.
    Bajó los escalones, no sin antes encender la antorcha que llevaba. No tardó demasiado en llegar abajo, estaba un poco ansioso, deseaba que aquella lámpara fuese suya.

    Miró, buscó, rebuscó y volvió a buscar por todo los sitios, ni encontró la lámpara ni el cuerpo de su hermano. Ya rendido de tanta búsqueda, comenzó a entrar en cólera.

    -¡Maldito seas Halim, me has robado la lámpara! –Maldecía Bassam en voz alta, dentro de la gruta. –Pero te encontraré, juro que te encontraré. –Volvió a replicar antes de subir los escalones para salir de allí.

    El nuevo Sultán de Damasco


    Los días y las semanas iban pasando en la ciudad, aunque un aire oscuro se olía en el ambiente, se oían rumores de que un nuevo Sultán gobernaba la ciudad y toda la región, un Sultán tirano que comenzaba a intranquilizar a todo el pueblo.
    Resulta que la riqueza y el poder de Bassam le hizo hacerse con uno de los mayores ejércitos, haciendo que el Sultán por derecho se viera derrocado ante tal intimidación, cediendo su cargo al nuevo Sultán, y ese no era otro que Bassam.
    Mientras más poder y riqueza tenía más deseaba, ya no le bastaba con el inmenso tesoro que poseía, ambicionaba mucho más.

    Mientras las pesquisas del nuevo Sultán continuaban por parte de su guardia personal, para hallar el paradero de su hermano Halim, ya que su afán de conseguir la lámpara seguía intacto, se dedicaba a gobernar, o al menos lo que él consideraba que era gobernar.
    En cuestión de pocos meses tenía al pueblo sumido en la miseria, atiborraba a los ciudadanos a impuestos desproporcionados, y ¡ay de aquel que se negara a pagarlos! porque eran encarcelados y torturados, algunos incluso hasta la muerte.

    Bassam el Sultán se convirtió en un ser despreciable, a veces incluso cuando rezaba, se dirigía a Alá de igual a igual. Casi se consideraba un dios gracias sobre todo a su condición de inmortal.
    No eran pocos los días en que le gustaba pasear por las calles en su palanquín, llevado a cuestas por cuatro esclavos y escoltado por medio centenar de soldados armados. La gente al verle venir, se hacía a un lado se arrodillaba y ni se atrevía a mirarle, siempre con sus caras mirando al suelo. Si algún despistado se le ocurría no arrodillarse o mirar al interior del palanquín, era señalado por el propio Sultán, y en seguida era ejecutado por algún guardia, in situ, decapitándole con la afilada cimitarra con la que iba armado.
    Si en algún momento de su vida, Bassam había tenido algo de humanidad, indudablemente ya la había perdido. Su crueldad y abuso de poder convirtió a todo a Damasco en un infierno.
    Era como si el mismísimo diablo se hubiese convertido en Sultán.

    Una mañana, aún no era ni medio día, Halim recibió una extraña visita en su tienda, eran cinco hombres que por su forma de vestir parecían de clase alta. Uno de ellos llevaba el rostro cubierto, salvo los ojos. Fue éste último que haciéndoles un gesto a los otros cuatro, salieron a la calle a montar guardia para que nadie entrase al interior.

    Halim algo desconcertado, le preguntó al hombre de la cara tapada:

    -¿En qué puedo ayudarle señor?

    Entonces, el hombre oculto se descubrió la cara y respondió con aire de superioridad:

    -¿No me reconoces?
    -¿Bassam? ¿Eres tú? Apenas reconozco tu rostro, pero estoy seguro que eres tú. –Replicó Halim que en el fondo, incluso se alegraba de verle, aun sabiendo que había sido traicionado por él en la cueva del Genio.

    -¡Te equivocas! –Exclamó aquel hombre. -No soy Bassam, soy el Todopoderoso Sultán Bassam, dijo con un auténtico aire de grandeza.

    Halim sabía de lo malvado que era el nuevo Sultán, pero nunca se imaginó que fuese su propio hermano. Aun así, no tenía miedo, ni tampoco sintió que tenía que rendirle pleitesía.

    -¿Cómo me has reconocido? –Preguntó el Sultán.
    -El Genio Rojo me habló de tus deseos, y por intuición y aunque tu aspecto haya cambiado, sabía que eras tú. –Respondió Halim tranquilamente.
    -De modo que es así como se llama. El Genio Rojo. –Decía el Sultán mientras miraba por toda la tienda. –Está bien, dejémonos de historias. Estoy aquí para que me des esa lámpara, ¡Quiero que me la devuelvas! –Exclamó el Sultán mirando fijamente a su hermano.
    -Pues siento decirte que no la tengo, y además, tampoco te pertenece, en todo caso sería mía, ya que aquel mapa era mío. –Dijo Halim.

    El Sultán comenzó a enfadarse. –Por menos he cortado cabezas, no eres consciente a lo que te enfrentas si no me das esa lámpara.
    -No me das miedo, eres un mal hermano, me traicionaste, me quisiste matar. –Contestó Halim también enfadado enfrentándose a la mirada maléfica de Bassam.

    Entonces el Sultán sacó una daga de oro de su cinto, acercándose despacio a su joven hermano. Empuño la daga con fuerza, mientras que Halim cerró los ojos esperando una muerte segura, y seguidamente oyó a Bassam gritar.
    Halim abrió los ojos y se quedó boquiabierto, su hermano se había atravesado su propio cuello con aquella daga, y tras el grito, se puso a reír en voz alta con una risa tenebrosa.

    Luego Bassam se sacó la daga del cuello y la herida sanó al instante.

    -¡No me das miedo! –Gritó ahora Halim.
    -Escúchame necio, ya puedes dar las gracias a que eres mi hermano, y ya que tenemos la misma sangre, te daré una semana, te lo repito, dentro de una semana volveré, y si no tienes mi lámpara lista para dármela, créeme que querrás no haber nacido, te someteré a las mayores torturas que te puedas imaginar. ¿Lo has entendido? –Dijo el Sultán encolerizado mientras se daba la vuelta para salir de la tienda, tirando al suelo un estante de telas y tapándose luego el rostro.

    El último deseo de Halim


    Pasaron varios días y por primera vez en mucho tiempo el semblante de Halim no era el mismo, se le veía serio, cosa rara en él y ensimismado en sus pensamientos. Durante días se le notaba incluso inquieto, apenas podía conciliar el sueño, se despertaba de madrugada y se ponía a pensar en voz alta.

    -Jamás me hubiese imaginado que mi hermano pudiese cambiar tanto, no es solamente su físico sino su comportamiento, ahora es un ser malvado y maligno, y por si fuese poco se ha convertido en el Sultán. ¡Maldita lámpara! ¡Tendría que haber roto aquel mapa! –Se decía a sí mismo. –Pero creo que estoy a tiempo de solucionarlo. –Continuó hablándose, pero esta vez tocándose el brazalete del brazo.

    Habían pasado ya seis días, y el plazo de una semana terminaba al día siguiente. Aquella noche del sexto día el cielo estaba completamente estrellado y una enorme luna llena alumbraba el interior del patio de la casa de Halim, donde él se encontraba sentado en una silla de madera.
    Aquella noche debería poner fin a todo. Se sentía demasiado culpable.

    -Todo es por mi culpa, si no hubiese sido por esa dichosa lámpara, todo seguiría igual, mi hermano no tendría tanto poder, no hubiese llegado a ser el Sultán y ni tendría al pueblo atemorizado y esclavizado. Tengo que hacer algo al respecto, y lo voy a hacer ahora mismo. No es que tenga miedo de mi hermano, pero mañana se cumple la semana de plazo, y vendrá a por la lámpara, lámpara que ya no existe, pero si existiera, bajo ningún concepto se la daría. No temo lo que pueda pasarme a mí, pero si algo me pasara, jamás podré pedir mi tercer y último deseo, ya que es mi última esperanza. –Pensaba Halim mirando la luna.

    Entonces fue cuando decidió hacerlo. Se puso en pie, se remangó el brazo donde tenía el brazalete de plata y se lo sacó.
    Luego cogió aire, tomó el aro con ambas manos y pronunció el nombre.

    -¡Samardar! -Dijo Halim con voz solemne.

    El aro de plata brilló y con la rapidez de un relámpago, el gigantesco Genio Rojo estaba allí frente a él.

    -Hola de nuevo, Joven muchacho. ¿Dispuesto para pedir tu último deseo? –Le habló Samardar con su voz grave pero un tanto amigable.

    Halím le explicó durante un rato todo lo acontecido con su hermano, y cómo éste se había convertido en un ser despiadado.

    -Ya veo, entiendo y comprendo tu preocupación. Ya sabes que puedes usar tu deseo de la manera que quieras, piensa bien lo que deseas. –Dijo el Genio tras hacerse cargo de la situación.

    Halim no se lo pensó mucho y dijo:

    -Deseo que le quites a mi hermano Bassam todas sus riquezas, de esa forma perderá todo su poder.
    -Lo siento, eso no puedo hacerlo. No puedo deshacer los deseos que yo mismo he concedido. –Respondió el Genio cabizbajo por no poder cumplir ese deseo.

    Esa era la estrategia de Halim, dejar a su hermano sin poder alguno quitándole todos sus tesoros, pero se sentó de nuevo en la silla abatido.

    -Espera, joven amigo –Comenzó de nuevo a hablar el Genio. –No te desanimes aún, algo podré hacer. ¿Confías en mí? –Preguntó ahora guiñándole un ojo.
    -A estas alturas, supongo que sí. –Exclamo Halim. –Pero, ¡Espera! Tampoco quiero que mi hermano muera. –Añadió el joven.
    -No puedo matarlo, recuerda que es inmortal. Pero adelante, ¡PÍDEME EL DESEO! Tan sólo tienes que decirme que ponga fin a la barbarie que está cometiendo tu hermano. –Dijo el Genio al que ahora se le veía un atisbo de astucia y maldad en su rostro.
    -De acuerdo entonces. ¡Ahí va mi tercer y último deseo! ¡Deseo que le pongas fin a la barbarie que mi hermano está cometiendo! –Repitió Halim en voz alta.

    En ese momento los ojos de Samardar brillaron.

    -¡Hecho! –Dijo el Genio. –Ahora tengo que marcharme. Te doy de nuevo las gracias por haberme liberado. ¿Me devuelves el pendiente?

    Halim se lo devolvió y Samardar volvió a ponérselo en la oreja.

    -Hasta la vista y muchas gracias –Dijo Halim, y en un suspiro el Genio despareció.

    En ese mismo instante algo pasaba en el palacio del Sultán. Los esclavos, criados, guardias, incluidas todas sus esposas, huyeron aterrorizados, ya que el edificio comenzó a temblar, y cada vez con más fuerza, algunas paredes incluso se agrietaban.
    Bassam que se encontraba descansando en sus aposentos, se levantó de la cama algo asustado. Le costaba ponerse en pie y mantener el equilibrio. Durante un buen rato el palacio temblaba, la paredes soltaban polvo, el pavimento crujía hasta que todo paró y quedó en silencio.

    El Sultán Bassam fue entonces a uno de los ventanales y ayudado por la luz de la luna se hizo cargo de la situación, aunque no daba crédito a lo que veían sus ojos. Corría de ventana en ventana, de habitación en habitación, no hacía más que mirar al exterior por todas las ventanas y balcones que encontraba a su paso. No entendía cómo había podido pasar aquello.

    El palacio se encontraba ahora en pleno desierto, sólo veía por las ventanas arenas y dunas por todo a su alrededor. Bassam comenzó a llamar a sus guardias, pero nadie había ya en el palacio salvo él mismo. Todos habían huido al primer temblor.
    Se sentó un rato en el suelo bajo una ventana. Quería mantener la calma, incluso creía que todo era un mal sueño cuando de nuevo el palacio comenzó a agitarse, se asomó de nuevo a un ventanal y se le heló la sangre al ver lo que pasaba. Todo el palacio comenzaba a hundirse en la arena y lo hacía con gran rapidez. El asustado Sultán quería salir de allí cuanto antes, se dirigió corriendo a la puerta que daba acceso a los pisos inferiores, pero la puerta estaba atascada.
    Entonces, lo tuvo claro, la solución era salir por una de las ventanas cuando la arena alcanzase el nivel adecuado, fue al ventanal más próximo que vio pero en ese momento una viga de madera del techo se desplomó sobre él aprisionándole las piernas. Ahora no podía moverse, estaba atrapado.

    Dentro del palacio todo se encontraba oscuras, el edificio estaba prácticamente sepultado, salvo la cúpula más alta que aún se resistía a ser cubierta por la arena. Muy profundo y ya bajo tierra se oían la voces de Bassam gritando desesperado pidiendo ayuda. Y el palacio continuó hundiéndose en la arena como si de fango se tratara.

    Comenzaba ya a amanecer cuando ya no quedaba ningún resto de aquel majestuoso edificio, la arena lo cubría todo, el gran palacio, el palacio más grande que jamás hubiera existido, estaba ya sepultado a unos dos mil pies de profundidad. El Genio Rojo había cumplido bien su cometido, había solucionado el problema sin quitarle ningún deseo a Bassam, ya que seguía teniendo la mayor riqueza de mundo dentro de su palacio, seguía siendo apuesto y por supuesto seguía siendo inmortal. El egoísmo, la codicia, la avaricia y la maldad le habían condenado a vivir eternamente dentro de su palacio enterrado en medio del desierto.

    El antiguo Sultán volvió a ocupar su puesto algunos días más tarde y al igual de sorprendida que se quedó la gente cuando apareció de la nada aquel gran palacio por primera vez, lo mismo ocurrió cuando desapareció, tampoco le importó a nadie que el Sultán Bassam hubiese desaparecido, incluso se alegraron y lo festejaron. Su perversidad y tiranía habían acabado.

    Pasaron algunos años de todo aquello y Halim iba expandiendo su negocio de telas, ya que tenía una decena de tiendas repartidas por todo Damasco. Era muy feliz, pero esa felicidad se multiplicó por dos, ya que conoció a una de las hijas del visir, una hermosa joven que un día fue a su tienda y quedaron enamorados a primera vista. Tanto fue así, que aún no pasó un año, cuando Halim y la bella Yasmina, hija del visir, se unieron en matrimonio.

    Halim tuvo una plena y muy feliz vida en compañía de Yasmina y de sus hijos Nahid y Zaid, y nunca más se acordó de su hermano.

    Mil doscientos años después de aquellos acontecimientos, sigue contando la antigua leyenda, que existe un lugar maldito en el desierto, no muy lejos de Damasco, una zona que los viajeros intentan evitar a toda costa, ya que aseguran haber oído gritos y lamentos lejanos que proceden de las entrañas de la mismísima tierra.

    FIN

    نهاية,
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    Y TODO LLEGARA....

    PROLOGO – PARIS JULIO 1789

    Corría el año de 1789 en una Francia alzada por todos los desmanes que Luis XVI y María Antonieta estaban haciendo al país y el pueblo estaba arto de todo ello y su única salida era levantarse contra el reinado de un rey pusilánime y absolutista que vivía en su mundo de ilusión.
    En este ambiente vivían los Condes de Vallerouis con sus hijos, esperando que llegará la hora de que el populacho se levantará y los llevaran a Madame Guillotine, como era la costumbre del pueblo ante la aristocracia acaparadora, egoísta y autoritaria. Aunque sabían que muchos de sus amigos habían escapado a diferentes países de Europa y América; todavía mantenían la esperanza de que la monarquía despertara de su letargo y lograra resolver sus problemas.

    - Papa, deberíamos poner en orden las cosas y escapar – dijo Françoise el hijo del Conde. Todos nuestros amigos se han ido y esto no tiene solución. Hemos luchado mucho para mantener el título, incluso enemistándonos con el Rey y expulsados de la Corte por decir la verdad, y no deberíamos perderlo por dos nefastos gobernantes y toda su corte de facinerosos idolatras que solo quieren vivir bien.
    - No sé qué decirte hijo – dijo Louis, el Conde. Creo que tienes razón, pero nos pides que dejemos todo atrás y toda nuestra vida. Y somos demasiado mayores para empezar de nuevo en otro país que no conocemos. Creo que la mejor opción es que tu hermana y tú, que sois jóvenes, escapéis de toda esta barbarie y forméis una nueva rama de la familia más fuerte y duradera.
    - Tu padre tiene razón Françoise – dijo Marie, la Condesa. Michelle y tu deberíais marcharos. Esto va a explotar en cualquier momento y no tiene solución, sin muchos años explotando al pueblo y se han cansado de aguantar.
    - Mama – dijo Michelle. Creo que deberíais pensarlo mejor y acompañarnos. Tenemos casi todo arreglado para el viaje, tan solo falta decidir cuantos nos vamos

    Marie y Louis se miraron y miraron a sus hijos con todo su cariño, asintieron con la cabeza y aceptaron exiliarse con sus hijos.

    Durante las siguientes semanas, hicieron acopio de todo lo que pudieran llevar y necesitaran en el nuevo país. Las mujeres cosieron las joyas y el oro en los bajos de sus vestidos y abrigos; mientras los hombres, escondieron en sus levitas, los papeles, escrituras y árbol genealógico de la familia y sus propiedades junto a las identificaciones reales de sus títulos. Papeles que posiblemente no les servirían de nada pero que eran su herencia de generaciones de Vallerouis pasados, presentes y futuras inciertas.

    El día en que todo se complicó, llegó sin avisar, la Revolución estalló con la toma de la Bastilla el 14 de Julio de 1789, bastión del absolutismo francés. Antes de que el pueblo se volviera loco e intentara acabar con toda la aristocracia, los Condes de Vallerouis, dejaron su casa y como unos fugitivos más, al amparo de la oscuridad de la noche, dejaron todo aquello que había formado parte de su vida. Cerraron una puerta y fueron en busca de una nueva vida. Madre e hija miraron pro ultima vez su casa y sus recuerdos con lagrimas en los ojos, mientras que los hombres las apuraban para comenzar su viaje hacia lo desconocido.

    Primeramente, irían a Calais, cruzarían el Canal de la Mancha y arribarían en Plymouth, donde se instalarían con unos conocidos hasta que decidieran donde vivir definitivamente.

    La travesía se hizo dura, sobre todo para los Condes que más por su avanzada edad por recordar todo lo que habían dejado atrás y la incertidumbre que les esperaba al final del viaje. Tras unos días de viaje llegaron a Plymouth donde les esperaban sus amigos los Marqueses de Douvalier.

    - Bienvenidos a este vuestro nuevo hogar, Louis – dijo el Marques
    - Gracias, os agradecemos vuestra hospitalidad y esperamos encontrar una casa en el menos tiempo posible y no molestaros mucho – dijo el Conde
    - Tonterías. Aunque no somos familia de sangre, es como si fuéramos hermanos. Acuérdate cuando nos ayudasteis después de que mi hijo dilapidara la fortuna de la familia en el juego. Si no es por vuestro préstamo y tu consejo, no hubiéramos recuperado casi todas las propiedades – comento el marqués. Vamos a recoger vuestras pocas cosas y vayámonos a casa.
    Así lo hicieron, recogieron las míseras dos maletas que llevaban, se dirigieron al carruaje y fueron a la casa. Allí vivieron durante un par de meses hasta que Françoise consiguió una casa muy cerca de la de los Marqueses de Douvalier y donde instalaron su vivienda definitiva, o al menos eso creían.

    Gracias a lo que habían podido traer de Francia hicieron buenos negocios y aumentar la pequeña fortuna que aún tenía. Las noticias que se oían de Francia no eran muy favorables que se podían unir a los tiempos que llevaba Inglaterra con las locuras de Jorge III. Así que tuvieron que tomar otra nueva decisión, dirigirse hacia América, donde se comenzaba a descubrir un territorio virgen para los negocios. Y esta vez estuvieron todos de acuerdo, se marcharían a América. Esperarían hasta el verano, dejarían a los Marqueses de Douvalier encargados del negocio de la naviera que habían fundado y ellos se dirigieron hacia el Nuevo Continente Americano.
    Después de varios meses de travesía llegaron a Charlotte, Carolina del Norte, donde también encontraron muchas de las familias francesas que huyeron de la Revolución. El Conde bajo del barco y cuando vio el extenso territorio supo que allí moriría y que la familia viviría en paz y aumentaría su fortuna.

    CAPITULO PRIMERO – CHARLESTON MAYO 2011


    Desde la carretera John vio a Marisha en el balcón de la casa familiar con la taza de café en la mano. Marisha no era persona hasta que no se tomaba dos tazas de café aromático y John lo sabía, viendo su sonrisa en los labios. Toco la bocina cuando entraba por el camino de acceso a la casa y Marisha le saludaba con la mano y sus ojos comenzaban a brillar al verle al volante de su coche. Bajando por las escaleras laterales del balcón, llego a los brazos de John que la levantó al aire y le planto un sonoro beso en los labios con sabor a café.

    - Cuidado me vas a hacer caer el café y nos vamos a manchar, loco – dijo Marisha riendo a carcajadas
    - No importa, seria una forma de quitarnos la ripa y disfrutar de la mañana – dijo John, mientras la miraba a los ojos azules.
    - Serás salvaje, ¿No tenías entrenamientos todo el día?
    - Si, pero están resolviendo un pequeño fallo en el motor del coche y tienen trabajo para todo el día, así que he aprovechado para visitar a una mujer que tengo por ahí y que dice ser mi novia – dijo John. A la vez recibía un codazo en el estómago por parte de Marisha que intentaba mostrarse muy enfadada pero que no pudo al ver la cara de fingido dolor de John.

    John Leyton era el típico sureño, educado dentro de una gran familia de mucho abolengo en Carolina del Norte y cuyos ancestros se remontaban a la llegada de Mayflower. Tubo la mejor educación que pudo, pero lo que más le entusiasmaba eran las carreras de coche y la velocidad. Por lo que dejo los estudios y comenzó a participar en pequeñas carreras y rallye, llegando hasta la Nascar, donde había cosechado varios campeonatos y era toda una figura de la velocidad. Aunque su familia no lo veía con buenos ojos, no tuvieron más remedio que reconocer que todo lo que John empezaba, lo terminaba y con buena puntuación. A Marisha tampoco le gustaba su profesión, por el ultimo accidente en el que estuvo a punto de morir, pero sabía que la sangre de John era pura gasolina.

    - Tienes que ir a Oconaluftee – le pregunto John
    - Si, pero tengo que reunirme con el chaman Cuervo Blanco. Hoy tenemos que vacunar a los pequeños de sarampión y gripe. Y ya sabes que sino esta presente nadie haría nada. Incluso el jefe Zorro Rojo pierde autoridad – dijo Marisha sonriendo, pues era un chiste que tenía entre ellos. Marisha Vallerouis era la última descendiente de los Condes franceses, aquellos que llegaron a esta tierra escapando de la Revolución Francesa. Era alta como su padre y con su testarudez, mientras que había heredado la belleza y serenidad de su madre sureña.
    - Entra, mientras me cambio de ropa y aprovecha a desayunar. Me imagino que me llevaras a la aldea cherokee ¿no?
    - Vivo para eso, para hacerte de chofer allá a donde vayas – dijo John, cogiéndola de la cintura entrando a la casa y dirigiéndose al comedor donde estaba toda la familia desayunando y discutiendo como era su costumbre.

    Louis, Janet y Philip estaban desayunando en el comedor de la casa enfrascados en una discusión de como llevar el negocio, como siempre. Era una familia muy unida, pero discutían por todo. Louis como padre mantenían el título de Conde de Vallerouis como todo primogénito y que luego heredaría su hijo Philip, que había aumentado la herencia familiar y cuyos valores intentaba inculcar a sus dos hijos por igual, sin diferenciarles en nada. Philip era un par de años menor que Marisha y su educación era la que habían tenido todos los anteriores Condes, internado en Inglaterra, carrera en Harvard y una vez terminada hacerse cargo de la herencia familiar. Mientras que a Marisha se le había dejado hacer la carrera que quiso, aunque el internado era obligatorio para todos.

    - Hola chicos, pasad, John siéntate y desayuna – dijo Janet
    - Gracias, tomare un tentempié
    - Voy a cambiarme, John me va a llevar a la aldea
    - Me parece bien hija – dijo el Conde. No se que experiencia puedes adquirir en esa aldea, pudiendo tener ese mismo trabajo en la empresa familiar
    - Ya hemos hablado de eso, papa – dijo Marisha. La empresa se la dejo a Philip, yo soy más feliz con la gente de a pie. Marisha había estudiado Recursos Humanos también en Harvard y desde el primer momento su objetivo había sido mejorar la vida de los menos agraciados económicamente y su primer puesto había sido la Aldea Cherokee de Oconaluftee donde aún había muchas creencias antiguas, aunque era uno de los destinos turísticos de la zona.

    Cuando llegaron a la aldea, les estaba esperando Joseph Whitewater y Rosalin Bearbig, medico y enfermera del centro medico de la aldea y que la dirigían con mano firme, a pesar de las creencias; y algo más alejado estaba Cuervo Blanco con la vista perdida en el horizonte hablando con sus antepasados y espíritus.

    - Hola chicos – dijo Joseph
    - Joseph, Rosalin – dijeron Marisha y John. Dirigiéndose a saludar al chaman con todo el respeto que tenia su poder dentro de la tribu
    - Buenos días cuervo Blanco – dijo Marisha. Ya tenemos todo dispuesto para las vacunas. Y miró hacia el centro medico donde ya se encontraba una larga cola. Seria todo un honor que bendijeras el medicamente y fueras el primero en vacunarte, de ese modo verán tu valentía y que no dañan. El chamán afirmo con la cabeza y le dijo a Marisha que más tarde tendrían que hablar sobre sus antepasados. Ella aceptó e intuía que algo muy fuerte era lo que tenia que contar, porque sabia que el chaman no hablaba de los asuntos espirituales con los no nativos.
    Una vez que terminaron la vacunación y el trabajo de revisión a todos los de la aldea, incluidos los adultos, Marisha se dirigió a la tienda de Cuervo Blanco y desde fuera se oían los canticos rituales que usaba para hablar con sus espíritus. Entro dentro de la tienda y espero a que el chaman terminara con sus rezos.
    - Bienvenida Mujer Medicina – le dijo Cuervo Blanco que era la forma con la que la llamaba a Marisha desde el día que la conoció y empezó a trabajar con la tribu. Tengo un mensaje de los espíritus para tu familia y para ti; tienes que regresar a tu país de origen y hacerte cargo de tu herencia.
    - Pero si no tenemos propiedades en Francia. Fueron requisadas por el gobierno de la Revolución Francesa para el pueblo, tan solo podemos usar el titulo nobiliario por no tener una remuneración económica – dijo Marisha
    - No es lo que los antepasados me han dicho. Tenéis una casa muy grande que ha sido usurpada por personas familiares. Si no me crees, tendrás que hablar con tus espíritus en la ceremonia de la Purificación del alma en la Cabaña del Sudor y encontrar la visión del guerrero para que guie tus pasos en el camino de la verdad.

    Marisha se quedo dudando y asombrada, las visiones del chaman no eran fraudes y nunca se equivocaba en sus vaticinios. Así que decidió ir a casa y contárselo a sus padres. Durante el trayecto, mientras le contaba lo que había hablado con Cuervo Blanco a John, pensaba como se lo diría a sus padres, que eran unas personas muy analíticas y no creían en esas cosas. En cuanto llegó, reunió a la familia y se lo soltó todo de golpe sin dar un solo rodeo. En cuanto vio las caras de sus padres supo que a visión del chaman era cierta.

    - Pero como es posible que una persona ajena a nosotros supiera de muestras cosas – dijo Louis asombrado ante el relato de su hija. Cuando tus tatarabuelos salieron de Francia tan solo trajeron con ellos todos los títulos de propiedad de las tierras que poseían y los avales del titulo de Condes de Vallerouis, que es el que ostentamos actualmente y que el día que yo muera pasara directamente a tu hermano, pero que no tiene ningún beneficio económico, ya que el Château o Castillo que lleva el título, fue devuelto al pueblo y por las noticias que tuvimos, se destruyó en un incendio.
    - Según Cuervo Blanco, nuestra propiedad sobrevivió en el tiempo y esta explotada por una rama de la familia que la usurparon con mentiras y posiblemente con alguna falsificación de los títulos de propiedad. Pienso que deberíamos pensar en tomar alguna decisión al respecto e informarnos mejor de toda esta historia.
    - Papa, creo que deberías mirar todos los papeles de la familia y ver si tenemos algo referente al Castillo y de todas las tierras que le rodean y hacer algo al respecto como dice Marisha – dijo Philip

    Tanto Louis como Janet asintieron a la vez y fueron al despacho donde tenían todos los papeles que se trajeron de Francia sus parientes y que a pesar del tiempo se conservaban los originales, puesto que actualmente era muy difícil encontrar los registros. Aunque estaban en francés no fueron un problema leerlos y entenderlos, ya que una de las normas de la familia era que el francés fuera la lengua que se hablara entre la familia y aunque su educación fuera americana, el francés sería el idioma familiar. Después de leer todos los papeles y documentos legales que encontraron, dieron con lo que buscaban. Era la vieja casa familiar el Château se encontraba en Chablis, en la región vinícola de Borgoña y la extensión de los viñedos era muy amplia, dedicándose principalmente a la destilación del champagne, el vino blanco y algo de coñac. Era la finca principal de la familia y de la que se vivía y de la que correspondía el titulo nobiliario; además de los viñedos tenían una granja que auto abastecía a la casa principal y de la que pudieron vivir en épocas en que el champagne no era tan cotizado.

    Louis no se acordaba de la propiedad, ya que había pasado de generación en generación la historia de que había sido devuelto al pueblo y que el S.XIX había perecido en un incendio y que no merecía la pena volver a levantar el viñedo, porque se había quemado hasta el sarmiento madre. También sabían que tenían alguna propiedad más en Francia, pero desde que se instalaron en América no las habían tenido en mente, puesto que su residencia ahora estaba en Charleston y las tierras en Francia eran de simples cultivos, sin mucho beneficio económico.

    - Papa, si poseemos esta finca y tu querías expandirte al negocio del vino, creo que deberíamos recuperarla y explotarla nosotros, si nos corresponde en herencia – dijo Philip. Marisha ¿Cuervo Blanco ha dicho algo más sobre la visión?, comento Philip sin pensar mucho en que estuviera dando crédito a lo que un viejo loco había visto.
    - No, solo que tenía que regresar a Francia y recuperar lo que nos habían quitado; y si no estaba segura, tendría que hacer yo misma el viaje hacia los espíritus para que ellos me guiaran en el camino de la verdad.
    - No sé lo que opináis padres, pero después de haber visto los documentos y de lo que Cuervo Blanco ha dicho, tenemos que actuar – dijo Philip, asombrado de lo que estaba diciendo, puesto que era la persona más incrédula del mundo, tenía que ver y tocar para creer las cosas.
    Los condes no sabían muy bien que decir ante la situación y decidieron pensárselo durante la noche y decidir que hacer con toda la información que les rondaba por la cabeza.
    - Louis que deberíamos hacer – dijo Janet, ya en el cuarto de la pareja y vistiéndose para ir a dormir.
    - No lo sé querida – dijo el Conde. Creo que los chicos tienen razón y deberíamos recuperar la finca, pero yo ya no tengo ganas de pleitos y Philip aún no ha terminado la carrera y Marisha no sabe mucho de empresas.
    - Querido, a Philip apenas le queda un trimestre para terminar los estudios y Marisha tiene vacaciones ahora y sabe más de la empresa de lo que tu te crees; puede ir a tantear el terreno, mientras el chico termina los estudios y ya sabemos que Philip sabe como manejar una empresa por las horas que ha pasado en el despacho.
    - Ya tenemos una respuesta que dar a los chicos entonces y que Dios les ayude

    A la mañana siguiente, en el desayuno, Louis comunico a sus hijos a la decisión que habían llegado. Decisión que fue tomada con agrado y con alegría por parte de ambos. De lo que no estaba muy de acuerdo el Conde era dejar sola a Marisha en un país que no conocía y en una investigación que podría volverse peligrosa.

    - Yo puedo acompañarla – dijo John Leyton, que como todas las mañanas desayunaba con la familia. Tengo todo un mes de vacaciones e incluso podría quedarme algo más si hablo con el jefe de la escudería y con el sponsor. Podría ser una manera de buscar pilotos buenos para la Nascar y de darnos a conocer aún más en Europa
    - Eso estaría muy bien. Yo estaría más tranquila sabiendo que está protegida – dijo la Condesa
    - Creo que ya esta todo dicho y decidido – dijo el conde. A principios de semana Marisha y John volaran a Paris y desde allí se dirigirán a Borgoña e investigaran lo que ha ocurrido. Mientras Philip terminará la carrera y con el titulo y la experiencia que tiene por haber trabajado en las empresas sabrá cómo administrar el problema. Así, también, la parejita podrá hacer algo de turismo y que Marisha conozca el país de sus antepasados, comento Louis, mientras una sonrisa malévola se dibujaba en la cara de John.
    Ese mismo lunes, John y Marisha, se dirigieron al aeropuerto Douglas para ir al JFK y coger el vuelo a Paris.

    CAPITULO SEGUNDO – FRANCIA JUNIO 2011


    Cuando John y Marisha llegaron a Paris era de noche. Tomaron un taxi y se dirigieron al hotel donde habían alquilado una suite. Apenas vieron algo de la ciudad, tan solo querían llega a la habitación, ducharse y dormir; ya tendrían tiempo de aventurarse por Paris cuando hubieran dormido algo.

    - Buenos días – dijo John, que estaba desayunando cubierto con una toalla y recién salido de la ducha. Con una gran sonrisa se volvió hacia Marisha exhibiendo toda su desnudez y cuerpo trabajado en el gimnasio, era todo músculos.
    - Me encanta lo que estoy viendo – dijo Marisha, pero no tenemos tiempo para divertirnos. Tenemos que llamar a mis padres e investigar cómo llegar a Borgoña sin levantar sospechas.
    - Aguafiestas, pero esta te la guardo para más adelante, cuando me digas que no soy romántico – dijo John, mientras Marisha se reía y se dirigía al cuarto de baño a ducharse. Al menos ¿puedo tomar otra ducha contigo?, haciéndole pucheros a Marisha
    Llamaron a los Condes a Carolina, les dijeron que habían llegado bien y maquinaron la forma de llegar al Château sin poner a nadie en antecedentes.
    - Podríais ir como pequeños productores de vino americano, interesados en los métodos franceses de procesamiento de vino y utilizar nombres ficticios, al fin y al cabo, no lo van a comprobar y no creo que a John le reconozcan. Si por casualidad os piden credenciales o certificados dar el numero de la oficina de Charleston y ya le comunicare yo a Eva, la secretaria de papa, que os proteja la tapadera – dijo Philip y Louis asintió.
    - Pero antes haced un poco de turismo y disfrutar de la ciudad del amor - comento el Conde, guiñando el ojo a la pareja
    - Eso haremos papa. Pero primero planearemos el plan e investigaremos algo de la propiedad y esperaremos a que Philip se reúna con nosotros en Borgoña.
    - Buena suerte hijos – dijo Janet, despidiéndose de ellos y mirando de forma esperanzada a su marido e hijo
    - Bien, nos han dado permiso para divertirnos – dijo John, ¿Qué vamos a hacer primero?, sonriendo abiertamente a Marisha con una picara mirada en los ojos
    - Primero investigaremos un poco y luego descubriremos porque la llaman la ciudad del amor – dijo Marisha, cogiendo el bolso de encima de la cama y la mano de John para salir del hotel.

    En la recepción les dijeron donde podían dirigirse para informarse sobre Chablis y sus viñedos. Se dirigieron al Registro de la Propiedad para ver quien era el propietario y sí de verdad había sufrido muchos destrozos en el incendio. Luego fueron al periódico local por si hubiera algo más sobre el Château. Y cuando terminaron todo, descubrieron porque a Paris la llaman la Ciudad del Amor.

    - Buenas noches papa, ¿Qué tal estáis? – dijo Marisha cuando llegaron al hotel y llamaron a sus padres
    - Habéis encontrado algo interesante – dijo el Conde
    - De momento sabemos que el dueño de la propiedad es un tal Pierre Dechange cuya familia la posee desde 1895 después de que los viñedos se quemaran y los anteriores propietarios la dejaran vacía. Se dedican a la exportación de champagne y vino blanco, cuando replantaron los viñedos nuevos. No tienen ningún pleito legal actualmente y parece ser muy legal todo lo que hacen. Mañana John y yo nos vamos a Borgoña. Nos haremos pasar por inversores americanos que quieren ingresar en el negocio del vino y coger experiencia en los procesos de fabricación. Papa, ¿te suena el apellido?, y ¿nuestro titulo de propiedad tiene validez actualmente?
    - Del apellido tendría que mirarlo en el árbol familiar, de momento no me suena, pero lo mirare. En cuanto al titulo de propiedad, al tener el original y aunque hubo una intercepción por parte del gobierno entrante revolucionario, junto que han pasado muchas generaciones, la finca sigue siendo nuestra, eso no cambia, según nos ha dicho Dolphin Stewart, el abogado de la empresa en derecho internacional. Si tenemos todos los títulos de cómo somos los verdaderos descendientes de los Condes de Vallerouis, podemos reclamar las tierras.
    - Esa es una buena noticia
    - Solo tendríamos que pagar los aranceles atrasados y los derechos sucesorios, que me imagino serán muchos – se rio a través del teléfono. No os metáis en muchos líos y esperar a que llegue tu hermano la próxima semana. Os llevara todos los documentos que pueden encontrar. Cuidaros y tened sensatez.
    - Gracias papa y no te preocupes, seremos muy formales – dijo Marisha. Pero como es que mi hermano llega la semana que viene, si todavía le falta un mes para terminar
    - Ya sabes cómo es Philip de intrépido y ante la situación no ha querido esperar más y ha hablado con el rector de la universidad para adelantar los exámenes y poder coger el titulo antes. Así que lleva dos semanas encerrado en la biblioteca y pasado mañana tiene los exámenes. Esperemos que por querer adelantarse las cosas le salgan mal, aunque salga como salga, ha decido ir a ayudaros – dijo el Conde.

    A la mañana siguiente alquilaron un coche y se dirigieron a Borgoña, mientras John conducía Marisha comentaba los planes para lograr toda la información que necesitaban. Llegaron cuando la noche empezaba a caer en el horizonte de los viñedos y era todo un espectáculo. Se acercaron al hotel tan pintoresco donde habían alquilado una habitación y que más parecía una casa rural que un hotel de cinco estrellas. Durmieron toda la noche y a la mañana siguiente, en el desayuno, se enteraron de que el viñedo de los Dechange tenia un tour de visita para conocer toda la propiedad y la bodega, así como el proceso de fabricación y conservación del champagne. El conserje del hotel les dijo que no había problemas que dijeran que iban de parte de Bonemarche y les harían la visita VIP. Al comenzar el recorrido ya pudieron ver la extensión de los viñedos y de la propiedad, de los magníficos viñedos y de la grandeza del Château. También pudieron ver las bodegas, incluso las más antiguas que eran de la época de Luis XV e incluso alguno de los caldos más prestigiosos de la casa.

    La historia de los viñedos era muy interesante, supieron que los primeros propietarios fueron la familia de Vallerouis, que durante la Revolución huyeron a Inglaterra donde se les perdió la vista y donde intuían que habían muerto porque no se supo de ellos nunca más y la propiedad quedo abandonada cuando la Revolución termino y cuando en 1890 se produjo un incendio en los viñedos, los siguientes descendientes en la rama familiar, los Dechange, los reconstruyeron, actualizaron la Casa y los procesos de fabricación del champagne y que son los que aún se utilizan en los vinos de reserva. Todo lo visto era muy legal, pero a Marisha no se le quitaba de la cabeza la predicción de Cuervo Blanco. Cuando terminaron la visita, Marisha se dirigió al guía y le preguntó donde podían ver a los propietarios, a lo que el guía le dijo que se dirigieran al capataz, él les daría la información pertinente, que preguntaran por el M. Bovauer.

    Se dirigieron a las bodegas y preguntaron por el capataz. Era un hombre pequeño, rechoncho y con un principio de calvicie cuyos ojos eran como los de una comadreja, mirándolos de arriba abajo.

    - M. Bovauer – dijo Marisha, somos los Sres. Dayton de Charleston y nos gustaría hablar con los propietarios de los viñedos, sobre una posible inversión
    - No creo que los dueños estén dispuestos – dijo M. Bovauer, mirándolos despectivamente con sus pequeños ojos. En estos momentos no necesitamos nuevos inversores y mucho menos nuevos ricos americanos, comento con todo el desprecio que pudieran expresar las palabras. Iba a decir algo más, pero en ese momento apareció Pierre Dechange hablando con el encargado de las cubas y se quedó asombrado, mirando a John.
    - Usted es John Leyton, el piloto de la Nascar, ganador por tres años consecutivos la Daytona 500. No me lo puedo creer que este en mi casa. Soy muy aficionado a las carreras de coches y un gran coleccionista de clásicos – dijo Pierre
    - Pero M. Dechange, me ha dicho que se llaman Dayton y que son inversores – dijo M. Bovauer, mirándolos con muy malos modos
    - M. Bovauer, como usted comprenderá no coy a dar mi verdadero nombre, sabiendo que se puede producir un revuelo muy grande y prefiero ir de incognito, aunque siempre hay una excepción a la regla. Pero si es cierto que me gustaría invertir en el negocio del vino y me han hablado muy bien de este en particular, ya que no hay como los vinos franceses en experiencia de mercado – dijo John mirando atentamente a Dechange. Ella es la Sra. Leyton, mi esposa Marisha (siguiendo el juego del camuflaje)
    - Encantado de conocerla Sra. Leyton, puede que se lo hayan dicho alguna vez, pero ¿tiene familia francesa?, se me hace una cara muy conocida – dijo Pierre
    - No Sr. Dechange, que yo sepa, pero todo es posible, mi familia es muy cosmopolita y esta integrada por muchos países europeos y americanos – dijo Marisha
    - Si lo desean, les puedo enseñar todo el viñedo, las bodegas y las cubas donde se guardan los mejores caldos y las botellas de champagne y su proceso de elaboración. Así podremos hablar del negocio del champagne.

    Volvieron hacer el recorrido, pero en esta ocasión pudieron ver la bodega oculta particular de la familia, donde se guardaban autenticas maravillas de botellas de champagne y vino, e incluso algunas obras de arte muy valiosas. Todo parecía muy normal y muy claro, pero la duda estaba ahí latente, ya que Pierre les dio muchas más explicaciones de las que habían pedido y eso no era normal en un propietario que quería guardar en secreto su éxito del mercado del vino. Cuando llegaron al hotel, tenían un cado de Philip diciéndoles que llegaría el jueves de esa semana y que tenía lagunas novedades que contarles. John y Marisha fueron a recogerle a la estación de Chablis, Philip saludo a John con un fuerte apretón de manos y a Mariza con un fuerte abrazo. Fueron directamente al hotel donde ya tenia reservada una habitación y mientras tomaban café, Philip les conto todas las novedades.

    Sabían que la propiedad oficialmente era suya y no constaba en ningún juzgado de Londres o de Paris una investigación sobre los propietarios originales del Château, porque lo ahí ya había un problema menos para ellos y una imputación para Pierre Dechange. También habían averiguado que en los últimos años se habían hipotecado hasta casi perder el viñedo y de la noche a la mañana hicieron frente a la hipoteca e incluso tenían beneficios, y los pedidos que tenían de Champagne no eran tan algos, lo que les hacia pensar que había gato encerrado. Y, por último, el incendio que se produjo en 1890 parece que fue intencionado o había muchas dudas sobre ello, porque tan solo se quemo una parte del Château y si por completo los viñedos, pero no el sarmiento madre de la uva Pinot-cabernet, y eso que estaba muy cerca de los viñedos afectados.

    - Y como habéis conseguido toda esa información, si nosotros no hemos hecho más que contactar con Dechange. No encontramos casi nada de información – dijo Marisha, mirando a John con autentico asombro y a Philip con una mirada incrédula.
    - Papa tenía unos contactos en el Congreso que nos ayudaron a pedir documentación interna a la embajada de Londres y Paris; además nos dieron la información de que podrían estar investigándolos por blanqueo de dinero y asociación con bandas criminales rusas y rumanas. Además, encontramos en el despacho los planos del Château – dijo Philip sacándolos de su maletín. Los extendió en la mesa y pudieron ver la magnitud tanto de la casa como la extensión de los viñedos.
    - Pero esta parte abovedada no la hemos visto, ni figura en ninguna parte de las bodegas – dijo Marisha
    - Esa parte es como un pasadizo secreto o una segunda pared, de uso exclusivo para guardar las propiedades más valiosas de la familia e incluso en la época de la Revolución se uso para esconder a gente hasta que pudieran huir. Tiene que haber una puerta secreta o un pale, que nos y vea. Seguramente ahí podemos encontrar muchas cosas inesperadas – dijo Philip.
    - Y como pretendemos entrar ahí, sin ser vistos – dijo John, mirando a Philip, que tenia una sonrisa muy contagiosa en su cara. No somos ninjas, ni fantasmas para traspasar las paredes.
    - Muy fácil, existen unos túneles excavados que recorrían toda la ciudad y que comunicaban todas las propiedades vecinales de la época de Luis XV, cuando hacían las fiestas y tenían que comunicarse con sus amantes y nadie tenía porque enterarse.
    - Como sabes todo esto – dijo Marisha, imaginándose que Cuervo Blanco no le había comunicado todo lo que había visto y que ahora estaría sonriendo, pues tan solo le había dicho lo más importante y la dejaba que se metiera en la aventura por sí misma.
    - Como ya os dije Papa tiene muchos amigos y en muchos despachos diferentes, en los que existen información muy privilegiada que nos esta ayudando, y nosotros les tendremos que informar de todo lo que encontremos y sobre todo si es ilegal

    Esa misma noche, bajaron al sótano del hotel, donde en la pared había una especie de perchero, dieron con el brazo que abría la pared de la izquierda que se abrió sin hacer nada de ruido, como si se utilizaría con frecuencia. Encendieron los candiles de luz y entraron a la oscuridad. Siguieron el laberinto de caminos gracias a los planos que tenían y llegaron al Château de Dechange, después de haber hecho un largo recorrido. Abrieron una puerta que daba a la antigua bodega donde ya habían estado. Marisha se lo dijo a Philip quien se dirigió a la pared contraria e hizo una serie de golpes a diferentes ladrillos que hicieron un ruido muy extraño y abrieron una puerta de piedra, que daba a otro pasadizo oscuro. Philip les hizo entrar y la puerta se cerro y en el momento de que la puerta se cerró, la pared de enfrente se abrió en su totalidad como si fuera una puerta corrediza. Alumbraron el interior y encontraron todo un tesoro que los hizo quedar con la boca abierta y sonreír como tontos.

    En el interior había pinturas, orfebrería, oro y plata como en un museo, las épocas eran indistintas desde la Edad Media a la Edad Contemporánea. Lo que más les llamo la tención fue el cuadro del rostro de una mujer muy hermosa y que el parecido con Marisha era increíble. Se acercaron y en l a placa ponía Condesa Marie de Vallerouis, agosto 1780, eso quería decir que era su tatarabuela, que tuvo que huir de la Revolución y se establecieron en su casa de Charleston.

    - Esto es de un valor incalculable – dijo John. Como es que no sabían de la existencia de este lugar.
    - Antiguamente se hacían los Chàteau o Castillos a gusto de los aristócratas y sus reyes para ocultar todo tipo de cosas y sobre todo los deslices amorosos. Si no tuviéramos los planos originales, estos lugares permanecían ocultos eternamente – dijo Philip. Pero lo que nos interesa es buscar unos documentos que Papa dice que tienen que estar ocultos aquí y que os darán el poder de quedarnos con todo, que unidos a los que ya tenemos añadirán más información y valor a lo que ofrecer a la corte francesa.
    - Que es lo que realmente buscamos – dijo Marisha
    - - una especie de escondrijo, caja fuerte antigua o un agujero en la pared – dijo Philip

    Repasaron cautelosamente todas las paredes, ladrillos, agujeros y cajones que encontraron en la habitación, pero fue inútil.

    - Esto es una pérdida de tiempo – dijo Marisha, dejándose caer en un sillón y que hizo un extraño ruido, como si se hubiese roto una pata de tan viejo que era, pero que en realidad se había desplazado hacia un lado. Dando un pequeño grito se levantó y descubrió que a su lado se había abierto un agujero en el suelo por que se veían unas escaleras que conducían a otra habitación.
    - No me lo puedo creer – dijo John; esto es un laberinto de pasadizos y habitaciones ocultas. ¿Encontraremos algo más oculto?, preguntó mientras todos se miraban y sonreían nerviosamente.

    Bajaron cautelosamente las escaleras y encontraron una especie de Biblioteca, con todo tipo de libros de cuentas, albaranes, pedidos e ingresos de dinero. Muchos eran de la época de Luis XVI y otros, ante el asombro de los tres, eran mucho más modernos y concretamente del año pasado. En ellos se veían entradas y salidas de dinero, aperturas de empresas que daban muchos beneficios y poco déficit. Asociaciones con agentes de los Países del Este y concretamente con rusos y rumanos.

    A Philip se le abrieron los ojos y su risa de satisfacción era como la de un gato que había cazado al ratón. Estudió todos los contratos detenidamente; mientras Marisa y John seguían buscando y se concentraron en los papeles antiguos y concretamente en la época de sus antepasados. En un rincón del escritorio encontraron un libro con la historia de la familia Vallerouis.

    - Con todo esto, podemos hundir a Dechange y recuperar lo que nos pertenece. Incluso podemos acusarle de usurpador de apellido, falsificación y blanqueo de dinero. Además, de poder dar toda la información de los socios de Dechange a la Interpol que los estaba investigando por delitos monetarios - comento Philip que no cabía en su gozo y satisfecho de que su experiencia en los negocios de la familia diese su fruto.
    - Sabrán del resto de las instalaciones o solo sabrán de esta – dijo Marisha
    - Detrás de esa puerta tiene que haber la subida a las estancias actuales. Pero dudo mucho que conozcan todos los pasadizos. Como puedes ver, esta habitación arece normal, no se ven ni las escaleras de la bajada de la estancia superior y todo queda pared maciza – dijo Philip
    Así que los tres cruzaron la puerta señalada y encontraron las escaleras de ascenso al Château. Después de subir como tres pisos accedieron al salón principal a través de un panel oculto en la pared. No sabían muy bien cuanto tiempo habían pasado buscando las cosas y tuvieron miedo de que les descubrieran, pero aún la casa estaba en silencio y no se veía a nadie deambulando por los pasillos. Marisha se sobresaltó y caso grita cuando el reloj de la pared dio las campanadas de las seis de la mañana. Habían pasado toda la madrugada en el castillo. Sigilosamente se dirigieron a la parte trasera de los jardines y a través de los viñedos se fueron a buscar el coche que habían dejado escondido. Durante todo el trayecto al hotel no dejaron de hablar y decidir que iban hacer a continuación. Si actuaban con cautela o iban directamente a los gendarmes y a la Interpol para denunciarles. Marisha y John discutían como siempre que había que tomar una decisión, mientras Philip maquinaba un plan maquiavélico para hacerlos caer en la trampa.

    Llegaron al hotel, llamaron a Louis y Janet, les contaron todo lo que habían hallado y trazaron un plan.

    CAPITULO TERCERO. Y TODO LLEGA A SU FIN


    El plan que urdieron era muy meticuloso y ambicioso, que si iba bien todas las instituciones policiales y políticas iban a conseguir un trozo del pastel.
    Esa misma mañana el Conde y la Condesa se iban a trasladar a Paris desde Charleston con la intención de reclamar su herencia, acompañados de varios agentes de la Interpol camuflados cómo secretarios de los condes que no hablaban francés y no conocían el país no las leyes francesas. Ese era el primer punto del plan.

    Al mismo tiempo Philip se iba hacer pasar como un inversos que tenía necesidad de blanquear dineros de sus empresas americanas y que buscaba una empresa extranjera en alza y como ahora exportar vinos y champagne estaba de moda entre la gente joven rica, sería una buena opción para ello.

    Querían encerrarlos en todos los frentes para que se ahogaran ellos mismos con la soga que les habían lanzado. Mientras Marisha y John estudiarían el ambiente siguiendo con el plan de inversores serios y de un personaje famoso interesado en sus viñedos para ensalzar el ego de Dechange de rodearse de gente famosa.

    Un martes de julio, sin querer tener connotaciones con el inicio de la Revolución Francesa, los Conde de Vallerouis, Louis y Janet, aterrizaron en el aeropuerto Charles de Gaulle de Francia para iniciar su propia revolución. Pasaron por la aduana y pasaportes, y en la entrada del aeropuerto les esperaba una limusina con le escudo de la Casa Francesa de Vallerouis (sin querer llamar la tención de la gente), dentro estaban Marisha, Philip y John.

    - ¿Qué tal viaje habéis tenido? – preguntaron al unísono los tres
    - Bueno y tranquilo, pero ¿no os habéis pasado un poco con la ostentación? – dijo el Conde. Me parece muy exagerado, mientras se reía alegremente del ingenio de sus compinches.
    - En América estamos acostumbrados a ser anónimos o mejor dicho a no ser ostentosos con los títulos nobiliarios, es algo normal. Pero aquí, en Europa, hay que llevar el titulo con orgullo y extravagancia y si encima se viene a reclamar una herencia, aun hay que ser más exagerados – dijo Philip

    Los Condes asintieron mirándose a los ojos, rieron abiertamente, y vieron que algo había cambiado en la actitud taciturna de su hijo. Atrás había quedado el joven estudiante, concienzudo y que apenas tenia confianza en sí mismo, que hacia unas semanas había conseguido su titulo universitario y le habían obligado a trabajar todos los veranos en las empresas de la familia, mientras sus amigos se divertían en viajes y fiestas durante días. Se había convertido en todo un adulto, seguro de si mismo y hablando de planes, estrategias y leyes como si fuera lo más normal del mundo. Llegaron al hotel donde también estaban los chicos, alquilando todo un piso completo para su descanso. El director en cuanto le vio y les reconoció, hizo todo lo posible para agasajarles, a la vez que mandaba un mensaje a Dechange de su llegada a Chablis, de que los verdaderos dueños del Château habían llegado.

    Sin dar tiempo a que el mensaje llegara a su destino y al mismo tiempo que los Condes salían del aeropuerto, los supuestos secretarios se dirigieron a los viñedos y presentaron la demanda de apropiación indebida de propiedad privada, presentando los verdaderos títulos a Dechange, quien en ese momento se quedo sin sangre en el cuerpo y su cara se iba blanqueado como el dinero; tan solo pudo decir que tenía que hablar con sus abogados, puesto que él también tenia la documentación en orden.

    Al día siguiente, Marisha y John, volvieron con la ida de invertir en los viñedos y ofuscando a Dechange con otro problema añadido y esa misma tarde se presentó Philip, como un joven emprendedor, avalado por una serie de gente cómplice de sus socios. El plan era acorralarle por todos los lados para que no tuviera una salida fácil y no le quedara más remedio de hablar con sus socios.

    A Dechange se le complicaban las cosas. Sus socios no estaban muy contentos con tanta intromisión, añadiendo el problema de la sucesión de títulos. Así que decidieron hacer una reunión, Dechange con sus socios rusos y rumanos, en la cámara secreta, sin percatarse que en la sala contigua estaban todos los responsables de la trampa, incluidos los agentes de policía de la Interpol y los gendarmes, donde habían colocado unas cámaras digitales para poder seguir la reunión.

    - Dechange, queremos saber que es eso de que hay dos nuevos inversores y un pleito sobre la herencia del viñedo por parte de los verdaderos descendientes. Usted nos dijo que la propiedad estaba libre de cualquier carga o conflicto jurídico – dijeron sus socios
    - Y no había nada por el estilo que yo supiera. Yo heredé el Château de mi padre y el de su padre. Siempre me habían dicho que no había ningún superviviente de los legítimos dueños, que cunado se exiliaron nunca más se supo de ellos y cuando reclamaron la propiedad nadie se presentó a reclamarla.
    - Eso no es lo que hemos investigado. Según el registro de la propiedad, nunca se mandó un solo papel a la embajada para que localizaran a los dueños y realmente ustedes no tienen derecho a nada, puesto que no son descendientes directos, sino una rama muy lejana. Nosotros confiamos en ustedes para blanquear nuestro dinero y que nuestros negocios prosperaran como el suyo propio, que gracias a nosotros no se ha hundido ni quebrado. Además, el producto que saca de las bodegas no puede competir en ninguna cata por su calidad inferior que fue lo que nos animo a invertir, ya que no existía una publicidad importante y nadie pudiera meter sus narices en nuestro s negocios. Pero viendo todo lo que esta pasando creo que nuestra sociedad se va a terminar – dijeron los rusos.
    - Si les soy sincero – dijo Dechange, tampoco es que me importe mucho, ya que uno de los inversores que quiere hacer negocios conmigo, también quiere blanquear su dinero americano y su contrato es mucho más fructífero que el suyo y creo que tendre mayores expectativas a la hora de ganar dinero. Tan sólo tengo que decirle a otro inversor que no estoy interesado ya que es una persona famosa, que podría traer mucha publicidad al viñedo.
    - Entonces, visto lo visto, restringimos el contrato ahora mismo. Como tenemos a los abogados y al notario lo podemos dejar finiquitado este mismo momento – dijeron rusos y rumanos. Tendrá toda la documentación preparada para firmar y poner fin a nuestros negocios.
    - Así se hará – dijo Dechange

    Toda esta conversación había sido escuchada por los Condes y Philip, ya que anteriormente habían preparado la habitación secreta, puesto que sabían que en ese lugar se hacían todas las reuniones privadas, por la privacidad y la ausencia de su conocimiento por el personal del viñedo.

    - No vamos a detenerlos – dijo Philip impaciente. Ya tenemos sus confesiones y todo lo que nos interesa para inculpar a los implicados.
    - Aun no – dijo el inspector de la Interpol. Vamos a esperar a que firmen los documentos, así tendremos todas las pruebas en las manos de sus delitos. Y aunque el caso esta bien fundamentado, es mejor tener todo firmado junto con los documentos que avalan esos negocios ilícitos por ambas partes. Incluso podremos detener a toda la cupula de los jefazos y no solo a los esbirros.

    Esta misma tarde, se reunieron todos los involucrados en el blanqueo de dinero y después de que todos firmaran, el techo de la habitación se abrió con un gran estruendo y todos los efectivos policiales entraron en tromba, ante el asombro de Dechange y sus socios.

    - Quedan todos detenidos, por blanqueo de dinero, prevaricación y estafa en negocios ilícitos – dijo la Interpol
    - Recojan todos los documentos libros y demás que encuentren – dijeron los gendarmes y el fiscal del Estado. Non se dejen nada por muy pequeño o sin importancia que les parezca.
    Ante es estupefacto de los implicados, aparecieron en escena los Condes Vallerouis, Philip, Marisha y John, con el semblante serio, pero contentos de que todo hubiera salido a la perfección y todos los estuvieran esposados.
    - De la cárcel no les va a librar nadie – dijo el Conde en un perfecto francés. Como puede ver Dechange, los genes se heredan no sólo se usurpan, sonriéndole abiertamente

    CAPITULO CUARTO. CHARLESTON. NOVIEMBRE 2011


    En casa de los Vallerouis, se estaba preparando la comida de Acción de Gracias. Se celebraba el cuarto jueves de Noviembre y en n principio era para dar las gracias por la cosecha que se había recogido y actualmente se celebra para dar Gracias por lo que se había recibido y por lo que se pueda recibir.

    Todos estaban alborotados con los preparativos, ya que este año iba a ser muy diferente a otros años, había mucho por lo que agradecer y los invitados iban a ser más de los que otros años fueron.

    - Mama, está todo preparado – dijo Marisha. Tengo que ir a la aldea primero y luego a por John
    - Si, cariño, puedes ir tranquilamente. Tu padre esta en la bodega escogiendo el vino para la comida
    - Entonces me voy. Adiós mama

    Por el camino Marisha pensaba como había cambiado su vida sin querer y todo por una visión de un chaman al que respetaba y admiraba cada día más. En cuanto llegó a la aldea Cherokee, los niños la esperaban para darle mazorcas de maíz en representación de la cosecha, Marisha los cogió con todo el cariño y le dio las gracias. Se dirigió hacia el centro medico y allí le estaban esperando sus invitados: Cuervo Blanco, Zorro Rojo, Joseph Whitewater y Rosalin Bearbig.

    - Buenos días – dijo Marisha. Preparados para acompañarme. Aunque primero tenemos que hacer una parada.
    - Si, Mujer Medicina – dijo Cuervo Blanco
    Joseph no lo imaginaba, pero iban a parar en el Motor Speedway a buscar a John y allí podría subirse a uno de los coches y dar unas vueltas al ovalo de la pista. John sabía que Joseph era un admirador de la Nascar y que su mayor deseo era poder conducir uno de los coches y ese deseo se le iba hacer realidad.
    - Hola – dijo John, mientras daba un beso a Marisha y daba la mano a los indios nativos
    - Joseph, me ha dicho un pajarito que te gusta la velocidad y que eres un enamorado de los coches – dijo John
    - Quien te lo haya dicho, es verdad – dijo Joseph, asombrado y emocionado por la sorpresa que le habían dado. No podía creerse que estaba dentro del box del equipo de John Leyton, campeón de la Nascar
    - ¿Te gustaría conducir mi coche? – le preguntó John, que no pudo evitar la carcajada ante la cara incrédula de Joseph. Acompáñame para que te vista y te dé una lección rápida.

    Una vez en la pista, John tuvo que reconocer que no lo hacía tan mal y que la pequeña lección le había entrado bien en la cabeza de Whitewater, que disfrutaba como un niño dentro de la cabina del coche vuelta tras vuelta. Llegaron a la casa de los Condes y en la puerta les estaban esperando el matrimonio para darles la bienvenida.

    - Es un placer tenerles en nuestra casa y gracias por aceptar la invitación – dijo Louis
    - Gracias a ustedes por invitarnos y darnos cobijo en su casa – dijo Zorro Rojo
    - Y usted tiene que ser Cuervo Blanco – dijo Janet. El que nos aviso y nos ayudo a recuperar a nuestros antepasados
    - Si soy yo – dijo Cuervo Blanco, con la seriedad que le caracterizaba y la sabiduría que emanaba su personalidad. A pesar de ser mayor, su espíritu era joven y se apreciaba en su mirada limpia y cristalina como una cascada de agua clara.

    Entraron y se acomodaron cada uno en su sitio y lo primero que hicieron es dar gracias por los nuevos amigos y por la comida que iban a recibir y por todos los dones que ese año les habían sido concedidos. Después de una gran comida, todos asaron a tomar café a la sala y ahí comenzaron las preguntas y las respuestas.

    - Cuervo Blanco, me gustaría agradecerte que le pusieras en antecedentes a Marisha, de lo que vio en su visión – dijo Louis. Tengo que decir que no creía en esas cosas o quera un escéptico, pero tengo que rectificar y pensar que todo es posible en este mundo.
    - A mi no me tiene que dar las gracias, sino a los antepasados y a los espíritus que me dieron la visión – dijo el chamán. Ellos son lo que guían nuestros caminos y nos dan las pautas para seguir uno u otro. Son ellos a quienes debemos nuestra sabiduría.
    - Si no es una impertinencia, como puede ser eso posible – dijo Louis. Marisha ha intentado explicármelo, peor aún no lo entiendo bien
    - Todos tenemos antepasados y espíritus que nos guían. En la Ceremonia del Inipi en la Cabaña del Sudor intentamos ver nuestros espíritus animales que será el que guie nuestras vidas y quien hará de guía hacia los espíritus de los antepasados que nos pondrán en el camino correcto y nos dirán lo que tenemos que saber. Si aún esta dispuesto a abrir su mente, este fin de semana tenemos una Ceremonia de Purificación y usted podría participar – dijo Cuervo Blanco. De esta manera podrá entender mejor a la Mujer Medicina, comento mirando a Marisha
    - Si me admiten ahí estaré – dijo el Conde. Después de estos meses ya estoy abierto a aprender de todo

    Así estuvieron hablando mucho tiempo, descubriendo el mundo mundanal y el espiritual; discutiendo de temas que para un profano eran imposibles de creer y afianzando una amistad que iba a durar toda la vida.

    Marisha, los miraba con amor tanto a su padre como al chamán que le había abierto todo un mundo espiritual. En el otro lado de la sala Janet y Rosalin hablaban de las mujeres cherokee y de la invitación que la Condesa había aceptado para ir a la aldea y conocer el trabajo que allí hacían y como subsistían de la artesanía elaborada pro todos los cherokees, y de las visitas de los turistas.

    - Familia he llegado – dijo Philip desde la entrada. Espero que me hayáis dejado una porción de pavo y de pastel de calabaza.
    - Hijo, creía que no ibas a llegar – dijo Louis, no te esperábamos ya
    - Si el vuelo se ha retrasado y he tenido que parar primero en Nueva York para hacer unas gestiones, pero por fin he llegado.
    - Déjame que te presente a nuestros nuevos amigos cherokees y a Cuervo Blanco – dijo el Conde
    - Encantado de conocerlos y sobre todo a usted Cuervo Blanco, sino hubiera tenido la visión, no tendríamos un viñedo y un Château de mis tatarabuelos – dijo Philip

    Cuervo Blanco inclino la cabeza, y dando la mano al joven heredero supo que su vida iba a estar colmada de éxitos y satisfacciones y que su corazón era tan grande cómo el título que heredaría en un futuro muy lejano.

    FIN
    Rafi, piratazul y jose angel les gusta.

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    jose angel (27/07/2018),miguelpichardo (05/07/2018),Rafi (27/07/2018),valalca (03/08/2018)

  7. #4
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    CIUDAD MENGUANTE


    Karen se despertó en medio de la noche, el calor sofocante la atormentaba y casi la dejaba sin respiración, se levanto silenciosamente hasta la cocina y cogió un botellín de la nevera relleno de agua, se dio un paseo por toda la casa, decidió salir al exterior y mirar la noche estrellada y ya de paso tomar el aire, paso el dedo por la huella dactilar a la altura de donde existió tiempo atrás un pomo para poder tirar de él, una voz de mujer se oyó.

    -¡Puerta abierta! ¡Buenas noches Karen!
    -“La temperatura exterior es de 22 grados, plus de peligrosidad del 12 por ciento, humedad relativa en torno al 8 por ciento y quedan apenas 2 horas para la puesta de sol”

    Karen ni la escucho, se paro enfrente de la puerta, el poco aire que tomo que le golpeaba en la cara fue suficiente para refrescarse un poco, al cabo de unos minutos volvió a entrar, cerró la puerta y una luz en esta giro haciendo un circulo y se volvió a oír la misma voz.

    -“Puerta cerrada”

    Cuando amaneció, Karen se ducho con agua tibia y desayuno un café acompañado de tostadas que se había preparado, tenía cinco minutos antes de coger el autobús que la llevaría hacia el centro, se recogió el pelo como casi siempre hacia y se dispuso a salir, una vez en la parada espero unos segundos cuando llego el vehículo que la recogía y llevaría hacia el centro de la ciudad. Estaba casi completo pero encontró un sitio donde poder sentarse, aun tendría unos veinte minutos para poder llegar, se masajeo el cuello a la altura de la nuca y noto algo en el interior que la preocupo, varias caras se giraron poco a poco, cuando se noto observada dejo de tocar esa zona de su cuerpo y se relajo en el asiento.
    Varias cosas se amontonaban en su cabeza le aparecían imágenes borrosas, dos personas atandola a una camilla, justo al lado estaba aquel hombre también atado a otra camilla, aquella sala se vació enseguida, no se podían mover ninguno de los dos.
    -Karen, no te preocupes, te encontrare y entonces saldremos de aquí!
    -¿Me lo prometes?
    -Por supuesto
    En ese momento las camillas se elevaron hasta ponerse en vertical.
    -Karen ¡Despierta!-dijo aquella voz
    -Hemos llegado, te habías quedado dormida

    Karen estaba sentada aun en el autobús, se levanto poco a poco y no dejaba de pensar en lo que había soñado ¿Qué paso después? ¿Quién era aquel hombre? ¿Y de que le conocía?, tenía muchas cosas alojadas en su cabeza y le venían flashbacks como si hubiese tenido una vida anterior. La muchedumbre de gente avanzaban por una gran avenida que ya se conocía de memoria, todos iban en línea recta y los guardias vigilaban que todo fuera perfectamente, Karen llego hasta su despacho y se puso el auricular para desempeñar sus tareas, delante tenía el ordenador encendido, cuando llevo un par de horas tuvo una pequeña punzada en el cuello y sus recuerdos se le iban apareciendo, veía como todo a su alrededor se alejaba en el vacío y caía por un agujero, volvió otra vez a aquella oficina, estaba en el suelo, varios compañeros estaban a su alrededor y la ayudaron a incorporarse, desde el otro lado una persiana flexible se movió, alguien la observaba. El teléfono sonó

    -¿Ya ha dicho algo nuestra amiga?
    -No, esperaremos el momento! Tarde o temprano se reunirá con el señor Stark y entonces les sonsacaremos la clave para la inversa.
    -Tenemos que conseguir esa clave
    -Déjemelo a mí

    Colgó el teléfono y volvió a abrir la persiana, Karen seguía en su sitio.
    Albert Stark aparco su coche, salió despacio y espero unos minutos, en seguida aparecieron dos hombres con malas pintas, uno calvo y con un mostacho y el otro tenía un peinado punk y lleno de cadenitas en el cuello.
    -¿Eres el “científico”?-dijeron
    -Sí, soy yo

    Se giro y fue a abrir el maletero, en su interior habían dos cajas herméticas y con una combinación, giro las pestañas numéricas y abrió las cajas, estaban llena de reguladores.
    - ¿Funcionan?
    -Ya se lo dije a vuestro jefe funcionan para la reducción, para obtener la inversa se necesita la otra parte de la clave

    Los dos hombres sacaron dos pistolas eléctricas.

    -Te quieres quedar con nosotros. Necesitamos salir de aquí y para eso necesitamos la inversa!

    Albert levanto las manos, sabía bien que necesitaba la otra parte de una fórmula que alguien tenía en algún sitio sabia quien la tenia pero para poder salir de aquel agujero debía primero conseguir llamar la atención, en un momento no tardo en oírse una sirena, aparecieron en aquel momento varias naves de la guardia nacional, unos laser les apuntaban a los tres.

    -¡Guardia Nacional! ¡Agáchense al suelo! ¡Quedan detenidos!

    Se miraron entre los tres, varios guardias bajaron de los vehículos, uno de los detenidos se giro y disparo hacia los guardias, el laser eléctrico les atravesó todo el cuerpo, el fogonazo que recibió le dio de lleno en el corazón, Albert se agacho y se escondió por un lateral de su vehículo, cerro el capo mientras sorteaba los disparos, entro por la puerta del copiloto y la cerro, el otro hombre seguía disparando hasta que otro disparo le dio de lleno en la cabeza dejando un reguero de sangre, Albert encendió el motor y salió de allí a toda velocidad, cuando tuvo la suficiente potencia se elevo, debía de encontrar a su mujer que poseía la otra parte de la fórmula para poder escapar de todos, tenía la intención de sacar créditos vendiendo el material que llevaba en el mercado negro, seguía sorteando los disparos de la guardia que le seguía muy de cerca, entro en la ciudad y daleando el vehículo entre edificios se puso de lado, los de atrás al ver que no pasaban se estrellaron contra un muro de edificios a ambos lados, Albert soltó un grito de júbilo.


    Delante de su ordenador portátil, una vez en casa Karen noto una vez más en la nuca ese bulto que le preocupaba, noto un pliegue en su piel y noto que no le hacía nada de daño al estirar, era falsa, era como una plaquita que estaba adherida, mirando hacia un espejo y con ayuda de otro por encima de su cabeza pudo verlo al fin, tenía unas lucecitas de color rojo, el caso es que le sonaba de haberlo visto en algún lugar, otro flashback se le formaba en su cabeza, estaba ella y el otro hombre que estaba en la camilla al cual recordó, en un laboratorio donde trabajaban en una tecnología experimental, de repente entraron varios antidisturbios disparando a la gente que había alrededor, todos caían muertos, Karen se agacho, se escondió debajo de una mesa, y desenchufo el disco duro del ordenador, delante suya miro la puerta de atrás la cual pasaba por un largo pasillo y la llevaba al exterior, gateo el espacio hasta la puerta la abrió y salió corriendo lo mas que le daban sus piernas, seguía oyendo los disparos y una pequeña explosión, la onda expansiva la hizo tirarse al suelo, volvió a incorporarse casi llego hasta la puerta de salida, cogió su coche y salió corriendo de aquel lugar, durante el trayecto estaba triste pensando que había sido de su compañero de laboratorio ¿Estaba muerto?.

    Los flashes cesaron, de repente sonó el timbre.


    Karen lo vio, era el hombre que salía en sus pensamientos.

    -Por fin te encuentro karen
    -Te conozco, eres el que ha salido hace un momento por televisión ¿Por qué escapabas de la guardia?
    -Karen, soy Albert, ¿no te acuerdas de mí? Dios mío, déjame verte el cuello
    -¿Qué es esto del cuello? ¿Qué demonios es?
    -Vamos adentro y te lo explico todo

    Albert le separo la piel que quedaba colgada del cuello de Karen, destornillo parte del entorno del aparato que seguía con las luces de color rojo, se extraño porque las luces debían de ser amarillas en el aquel estado, podría haber muerto, abrió su mochila y saco del interior un soldador, con unas pinzas recogió un cable que estaba suelto y lo soldó hacia una pestaña, enseguida las luces cambiaron de color, ahora le aparecieron otra vez ordenados todos los pensamientos a Karen, Albert se giro hacia el rostro de ella

    -Albert
    -Hola Karen
    Se fundieron en un abrazo.
    -Pensé que habías muerto
    -No Karen, pude escapar

    Lo malo es que cuando entraron en el laboratorio se llevaron todo, los discos duros, todo el trabajo realizado durante tantos años, estaban hasta los videos de pruebas que hicimos con los animales, pero fui más listo, no pueden hacer nada más sin el resto de la clave.

    -¿Qué clave?
    Lo siento Karen, una clave que escondí en tu cerebro, fue mientras dormías un día que estuvimos trabajando tan tarde en el laboratorio.
    -¿Pero?
    -Me estás diciendo que la combinación de los reguladores está incompleta
    -Exacto
    -Pero cómo se te ocurrió,sabes el tiempo que llevo así
    -No tenía elección Karen, hay alguien implicado, pero ahora mismo hay que sacártela antes de que te vuelva a alterar lo que tienes en el cuello
    -Albert ¿No me estarás diciendo que..?
    -Es un regulador, mira mi cuello, yo tengo otro

    El grupo armado se acerco hacia la casa, el comandante McQuarry transportaba un receptor donde dos luces parpadeaban, estaban cada vez más cerca, todo el bloque armado esperaban instrucciones, una voz salió a través de un walkie talkie
    -Comandante le recuerdo que los quiero vivos, les necesitamos a los dos.
    -No se preocupe-dijo McQuarry, les cogeremos.

    Después de haberle puesto una placa de forma redonda en la cabeza, Albert lo conecto a través de un cable USB de ordenador al PC que saco de su mochila, Karen se relajo unos minutos y pudo buscar a través de sus ondas cerebrales, empezaban a salir en la pantalla unos dígitos, era una secuencia de casi veintiséis caracteres, una expresión de alegría recorría en su interior.
    -¡Bingo! ¡La tenemos!

    Albert desconecto la placa de la cabeza de Karen y guardo todo en su mochila. Acto seguido saco dos monos elásticos.

    -Toma, cámbiate
    -¿Y esto?-dijo Karen
    -Son unos trajes elásticos, vienen con el calzado adaptado, tengo que alterar la secuencia de tu regulador y tú harás la del mío
    -Tenemos que salir de este lugar, confía en mi. Ahora cambiate.
    Karen se puso manos a la obra, cogió un puerto USB, le puso la clave entera y lo introdujo en el regulador de Albert, luego él se lo hizo a ella, las luces amarillas se cambiaron a verde.
    -Vale, y ahora que se supone que ha de pasar-Dijo Karen
    -Piensa en algo grande, por ejemplo un animal, una jirafa.

    Karen se relajo cerró los ojos, pensó en el animal, de repente noto un hormigueo en su cuerpo y la casa se le encogió encima, se sentía atrapada como en el episodio aquel de Alicia en casa del conejo sombrerero.
    -Dios, que es esto, estoy atrapada.
    La cabeza le tocaba al techo de la casa, estaba sentada en el comedor y su cuerpo voluminoso ocupaba toda la estancia. Albert estaba acorralado en un rincón.
    -Vale, no te preocupes ahora piensa en algo pequeño
    Karen volvió a la normalidad, se oyeron unas voces en el exterior de la casa.
    -¡Muy bien, salgan con las manos en alto! ¡No les haremos daño, solo queremos lo que tienen ahí
    -¿Cómo es posible que nos hayan descubierto? ¿Y quiénes son?-dijo Karen
    -Escúchame ahora Karen, vamos a salir si te ves en peligro utiliza el regulador. Ahora puedes menguar y crecer a voluntad, esta gente es peligrosa, cuando realizamos todas las pruebas de esta nueva tecnología era con fines beneficiosos para la humanidad, si cae en las manos equivocadas que crees que podría pasar.
    -Pero ¿Y tu? ¿Qué vas a hacer?

    -Yo te guio, hemos de ir a casi cinco kilómetros de aquí, no te preocupes todo irá bien.
    -¿Qué hay en ese punto?-dijo Karen

    -La salida
    Varios botes de humo entraron por la ventana, empezaron a toser, sabían que eso les haría salir de la casa, Karen paso el dedo por la obertura de la puerta principal, la voz ya no se oía, hace días la desconecto, salieron hacia fuera, varias armas les apuntaban, oyeron de repente una voz.
    -¡Sabia, que muy pronto o más tarde ustedes dos se reunirían! ¿Dónde está la clave?
    Enseguida las toses desaparecían.
    -¿Señor Gendal? ¿Qué hace usted aquí?-Dijo Karen
    -¿Le conoces?
    -Es el hombre que me contrato en la oficina en la que trabajaba.
    -Mi querida señorita Sanders, se lo vuelvo a repetir ¿Dónde está la clave?
    -No se lo pienso decir Gendal
    -Mire, no me haga perder la paciencia, llévenselos de aquí
    -Busquen por todas partes, tiene que haber notas o documentos importantes
    Enseguida dos mercenarios les ataron las manos a los dos y se los llevaron al lado de los coches, otro grupo entraron en la casa, tiraron todo revisaron papeles que habían por varios cajones, Gendal miro hacia el ordenador y se fijo en unas combinaciones binarias, se puso las gafas, de repente se dio cuenta de que estaba la secuencia completa y cambio la expresión de su cara.
    -Cuidado.Tienen la inversa.-grito Gendal.

    Un militar salió corriendo hacia el exterior por la puerta que estaba abierta, noto como algo le agarraba alrededor del cuerpo, era la mano de Karen, el cuerpo del militar salió despedido y cayó a varios metros de allí, dentro de la casa notaron como el techo se resquebrajaba como una casa de muñecas, hasta que se quedo todo el interior a la vista, los militares que aun habían dentro empezaron a disparar hacia la Karen enorme, las balas no le hacían nada, Gendal intento escapar pero Karen fue más rápida y le dio tiempo a cogerlo como si fuese un hámster aprovechando su tamaño y fuerza y salió corriendo de allí, Albert se deshizo de los vehículos y el tanque aplastándolos con sus enormes pies, se encontraron en el punto de salida, la gente que los observaba no daban crédito a sus ojos.
    -Karen ¿preparada?
    -Si, lo estoy
    -Un momento Karen, si volvemos a nuestro mundo ese hombre que llevas en la mano no tiene el regulador preparado
    -Le necesitamos. Tiene muchas cosas que contarnos

    Volvieron a encogerse, Albert le dio la vuelta y le aguanto mientras Karen le retocaba el regulador.
    -Ya está. Nos vamos

    El comisario Nelligan estaba en el laboratorio central, llevaban más de tres meses de investigación, aun no entendía como desaparecieron de allí los dos científicos que debían presentar una tecnología muy sofisticada, no se creía en absoluto que estuvieran investigando y consiguieran reducir de tamaño seres vivos, después de su investigación.
    En la habitación que observaba vio dos camillas erguidas, debajo había una guía y esta se introducía en una cámara que cabían hasta cuatro personas, de repente se pusieron en funcionamiento, Nelligan se puso todo en marcha, varias luces y números salían en los ordenadores, una luz cegadora se formo y aparecieron de la nada Albert ,Karen y Gendal, las puertas de la cámara se abrieron, abrieron los ojos y vieron allí delante al comisario, a Gendal que estaba detrás se le había roto la ropa, una bata que había sobre un perchero le sirvió para poder taparse.
    -¿Ustedes son Albert Stark y Karen Sanders si no me equivoco?-Dijo Nelligan
    Ambos riéndose lo afirmaron, estaban contentos de estar en el mundo real, Gendal intento escapar pero los hombres de Nelligan lo detuvieron.


    Al dia siguiente se encontraron los tres en la comisaria.
    -¡llevábamos tiempo detrás de Gendal, cuando dábamos por perdido todo el operativo aparecen ustedes y ese maldito espía!
    -¡Un espía!-Karen quedo estupefacta.
    -Sí, un espía, señorita Sanders. En todo este tiempo que ustedes estuvieron encerrados en esa ciudad menguante, he averiguado muchas cosas de ustedes dos, pero sobre todo de nuestro amigo. Su intención era robar los prototipos ya diseñados con la supuesta clave para agrandar y menguar, vendérsela a gente peligrosa del este, a saber que intenciones tendrían esa gente pero se encontraron con un problema, la secuencia no estaba completa.

    -Lo sé-dijo Albert
    -Fue entonces cuando ustedes dos desaparecieron misteriosamente, suerte de Jonah.
    -¡Jonah!-volvió a repetir Karen.
    -Si , Jonah Apleton-dijo Nelligan. Fue quien nos llevo hasta el laboratorio, ustedes diseñaron una ciudad virtual con una extensión de un campo de futbol , tenían todos los servicios necesarios para poder vivir con las comodidades necesarias, cuando hubo el ataque, toda la gente del centro fueron reducidos e introducidos en ese mundo. Miren estas fotos.

    Albert y Karen vieron varias fotos, se veía la cúpula y dentro de ella se veía un paisaje y varias ciudades concentradas pero en miniatura, también se divisaba mucha gente que andaban de un lado a otro.

    -Jonah era el único que dominaba la maquina reductora, necesitaba su proceso porque primero te analiza como un scanner-dijo Albert
    -Cuando llego aquí, pensaba que era una broma, que nos tomaba el pelo, hasta que me lo enseño todo y pude hacer esas fotos, el pudo escapar, no sin antes reducirlos a todos aun sin tener esa secuencia completa, tuvieron el error de quitarse de en medio a ustedes dos, pero eran los únicos que tenían los datos necesarios, así que no tuvieron más remedio que ir en su busca.
    -El caso es que para la reducción se necesita el regulador conectado al cerebro a través de un biopuerto, este se adhiere al cuello y es el que mantiene el tamaño diminuto con la mitad de la clave, si se introduce la clave entera el cuerpo puede volver a crecer-dijo Albert.
    -La verdad es que estoy impresionado y ahora ¿Qué van a hacer con esta tecnología?
    -La verdad comisario que aun tenemos que hacer muchas mas investigaciones, y aun tenemos faena para días, tenemos que sacar a la gente que está atrapada en la cupula-Dijo Karen.

    Se miraron todos, al espia lo deportaron y todo se acabo, Karen Sanders y Albert Starks salieron por la puerta, miraron a su alrededor y respiraron hondo, anduvieron unos metros y entraron en el coche, una vez en las afueras, Albert paro el coche, delante suyo una hilera de vehículos estaban atascados por culpa de varios árboles que cayeron en medio de la carretera, Karen salió del coche, a través de la ventanilla le dirigió la palabra a su compañero.
    -Albert ¿No te parece que deberíamos echar una mano?
    Lo sé, lo sé aun tenemos los aparatos puestos en la nuca. ¿Qué propones?
    -Quitar esos árboles de ahí, pero pesaran mucho, la única manera seria incrementar la fuerza, con una altura superior.
    -yo es que me quite el traje elástico Karen, además tenemos que quitarnos los reguladores en cuanto lleguemos al laboratorio.
    -Yo aun lo llevo puesto.
    -Estás segura de lo que quieres hacer
    -Si Albert, puedo hacerlo

    Karen se despojo de su blusa y su pantalón vaquero, se acerco hacia los troncos caídos, la gente de los coches se quedo atónita cuando la vieron pasar con aquel traje que moldeaba su cuerpo.

    El coche llegaba hacia el laboratorio, allí estaba Jonah el cual se abrazo a los dos, les quito los aparatos a los dos y se sentaron a descansar un rato, Karen aun estaba impresionada de su hazaña de la cual salió vitoreada.
    -Bueno, ¿Y ahora qué?-dijo Jonah
    -Tenemos que liberar a toda la gente que hay ahí dentro-respondió Albert
    Abrio una puerta que estaba justamente detrás de una estancia, una gran nave industrial ocultaba la cúpula donde se encontraba toda una ciudad en miniatura.
    piratazul le gusta.

  8. Los Siguientes 2 Usuarios Agradecieron a Sorgin por Este Mensaje:

    Rafi (27/07/2018),valalca (03/08/2018)

  9. #5
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    CERRADA LA ENTREGA DE RELATOS

    Si ya se que fue ayer el final del plazo, pero se me complico mucho el dia y no la pude cerrar.......Pero como los que escribimos ya estamos, pues tampoco era mucho más....Voy a sacar la escoba y a dar de mamporros a los vagonetas del foro.....

    Gracias a todos por participar y a los que "van a leer", pues tambien gracias....Luego pongo las votaciones.....

    Un saludo....
    jose angel le gusta.

  10. Los Siguientes 4 Usuarios Agradecieron a Sorgin por Este Mensaje:

    jose angel (01/08/2018),loki (27/07/2018),Rafi (08/08/2018),valalca (03/08/2018)

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