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Tema: [Literario] Relatos de Cuentos Infantiles y/o Gotico

  1. #1
    Speed Black Woman
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    Predeterminado [Literario] Relatos de Cuentos Infantiles y/o Gotico

    Bueno, pues aquí tenemos el Primer Relato de Cuento Infantil y/o Góticos, espero que sea de vuestro agrado....Aquí en esta primer post, iré poniendo los relatos con las direcciones, para que os sea más fácil poder releerlos cuando queráis, como siempre......

    Espero muchos mas relatos, con vuestras mentes "perjudicadas" no se yo si me haréis un cuento para niños o para algún "monstruo" maléfico, ajajajajaj......De verdad, gracias por hacernos pasar un rato inolvidable con vuestros relatos, porque las cosas como son, tenéis unas mentes increíblemente fantasiosas.....

    Un saludo...



    Los Cuatro Reinos Mágicos - http://forocer.com/literario-relatos...895#post448153 ([Literario] Relatos de Cuentos Infantiles y/o Gotico)

    Salma y el Ogro del bosque - http://forocer.com/literario-relatos...895#post449020 ([Literario] Relatos de Cuentos Infantiles y/o Gotico)

    Sargón, la princesa y el dragón de tres cabezas - http://forocer.com/literario-relatos...895#post449303 ([Literario] Relatos de Cuentos Infantiles y/o Gotico)

  2. #2
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    Predeterminado

    LOS CUATRO REINOS MAGICOS

    EL REINO DEL OESTE DE LOS ORCOS

    En una calurosa noche de verano, un clan de orcos se reunió alrededor de su chamán para escuchar los relatos de las hazañas de la tribu sobre lugares distintos y escenas extrañas.

    Cuando los miembros de la tribu se fueron a dormir, algunos de loa orcos más jóvenes decidieron que querían viajar y buscar nuevas experiencias, para tener ellos también aventuras que contar. La idea les gustó y tomaron sus armas para iniciar la gran aventura que lees estaba por suceder.

    Para tener suerte en su empresa, tallaron una espada y un escudo en la forja de la tribu para representar su resolución y su fuerza. En el centro del escudo pusieron un cristal rojo, que parecía poseer en su interior una potente energía, que, según los jóvenes, mostraba su fuerza y su decisión. Finalmente cogieron dos plumas de un ave fantástica, y las pusieron alrededor del cristal, a fin de aportar a su aventura sabiduría y fortuna.

    Una vez terminaron el trabajo, pusieron el escudo y la espada en el centro del círculo creado por sus fuegos. Cuando volviesen se sentarían en ese mismo lugar y rodeados por su clan, les contarían sus grandes relatos de aventuras.

    Muchos años después los orcos llamaron a este punto Lugar de los Principios. Cada vez que un orco deseaba empezar una nueva aventura se sentarían en el Lugar de los Principios y allí planearían todas las incursiones y aventuras.

    Un día, pasados muchos años de la creación del Lugar de los Principios, dos jóvenes goblins decidieron que querían salir juntos en busca de fortuna. Sentados frente al escudo y la espada Dark y Shadow, decidieron ser compañeros en la aventura y se dieron la mano, acordando seguir juntos tanto en lo malo como en lo bueno.

    Con su entusiasmo lleno de sueños y deseos, comentaron sus posibilidades y aunque no estaban muy seguros de su destino, si creyeron que encontrarían aventuras fabulosas y peligrosas que les traería fortuna.

    Dark y Shadow sabían que aunque no tenían las cosas muy claras, no podían empezar su aventura sin tener un plan. Por eso estudiaron un libro de mapas que su clan había utilizado antes de las incursiones que habían realizado en otros territorios. Los mapas tenían descripciones de lo que se podían encontrar en cada lugar que visitaran.

    Los dos goblins, habían oído al chamán relatos de la existencia de un Ave Fénix, por lo que decidieron que su primera aventura seria explorar la tierra de los espíritus de fuego para ver esa extraña criatura. Pensaron que el Ave Fénix les daría una pluma con poderosas propiedades mágicas que les daría éxito en su travesía. Ahora ya tenían un plan y una meta que desarrollar.

    El orco que recorrió ese camino anteriormente había dejado señales a las que seguir, por lo que Dark y Shadow disfrutaron de su viaje, estando preparados para todo lo emocionante que les podía ocurrir.

    Al acercarse a los límites de la morada de los espíritus de fuego, se encontraron con una criatura del bosque que llevaba un huevo con puntos dorados que se había encontrado. Los dos jóvenes orcos, le arrebataron el huevo en un alarde de valentía, con la esperanza de que eles trajera suerte, aunque no estaban muy seguros de lo que pudiera haber dentro del huevo, pero creyeron que era algo valioso y lo guardaron.

    Después los dos goblins hablaron sobre lo sucedido y a pesar de que su inteligencia no era muy grande, intuyeron que la criatura del bosque no les deseaba el mal, pero ella tampoco sabía lo que contenía el huevo. Así que se preguntaron que deberían hacer con el huevo, pues aunque Dark crea que se trataba de un huevo de dragón y había que abandonarlo; Shadow creía que era un huevo del Ave Fénix y que tenía que cuidarlo hasta que naciera el polluelo. Este era el primer desacuerdo que tenían, lo que les inquietaba un poco, pero ambos decidieron permanecer allí y esperar a que el huevo se rompiera y saber su contenido. Si fuera un dragón, lo abandonarían.

    Poco después el huevo eclosionó y apareció un dragoncito. Shadow se indignó al no ser el Ave Fénix que espera, aunque temía un poco al dragoncito. Dark estaba contento, por lo que pensó que tener al dragoncito era algo bueno. Lo cogió y lo sostuvo como si fuera un trofeo, lo que a Shadow hizo que creciera su ira, frustración y miedo.

    A pesar de que Dark y Shadow habían decidido permanecer juntos pasara lo que pasara, no era una época buena. El dragón crecía a una velocidad increíble. Y a pesar de la idea inicial de abandonarlo, Dark no fue capaz de dejarlo, pues pensaba que podían criarlo y domesticarlo, controlándolo para sus propósitos. Shadow no creía que pudiera domesticar al dragón y que solo podría traerles problemas y que tenían que dejarlo vivir con los dragones, son implicarlo en la vida de su familia y amigos. Discutieron acaloradamente y sin tener señales de que pudieran llegar a un acuerdo; su amistad corría peligro.

    Como no llegaban a un acuerdo, Shadow amenazó con destruir al dragón, pues pensaban que era la única manera de liberar a Dark de su influencia. Dark no quería abandonarlo ni destruirlo y sabiendo que no había otra opción se subió a lomos del dragón y ambos desaparecieron juntos volando, así, con esta actitud, corto con la amistad de los dos goblins y su futuro.

    Dark estaba solo con su dragón, que había crecido tanto que no sabía cómo controlarlo. Una mañana, vio sangre en la boca del dragón. No sabía que es lo que había hecho durante la noche y aunque se encontraban lejos de su tribu, no era distancia para el dragón y la vida de los orcos pudiera estar en peligro.

    Cuando comenzó su grana ventura, Dark no pensó que podría terminar así, es cuando se dio cuenta de que las elecciones que había estado escogido, le habían llevado al punto en el que se encontraba ahora. Dark, acepto su responsabilidad y reflexión sobre lo que tenía que hacer a continuación.

    Dark tomo la decisión de permanecer junto al dragón, lo más alejado de la tribu y aunque no había distancia lejana para el dragón, lo mantendría atado y se ocupaba de él lo mejor que podía. Dark, pensaba que era el peso que tenía que soportar por su decisión, que tenía que cuidar del dragón al mismo tiempo que lo tenía que mantener alejado del resto de las poblaciones goblins del territorio. Pero era una gran carga pesada y ni Dark ni el dragón, al que había llamado, Moonlight, eran felices.

    Dark era consciente de que tenía que afrontar las consecuencias de sus actos, pero también tenía que tener presente que esas consecuencias no tienen porque convertirse en su destino, nuca es demasiado tarde para tomar las decisiones correctas.

    EL REINO DEL SUR DE LAS HADAS


    Wanderland, era un extraño lugar del mundo de las ninfas, situado entre la tierra y el mar; y entre un grupo de lirios crecía una Celidonia. Como pocas ninfas iban por allí, casi nadie conocía la existencia de la Celidonia y que sobre ella estaba creciendo un pequeño y hermoso cáliz que generaba extrañas persas esféricas que no se sabía muy bien cuál podía ser su uso o de que se trataban.

    Paso el tiempo y los relatos de la Celidonia se fueron convirtiendo en leyendas donde se decía que esa tierra era un lugar mágico donde semillas de amor emanaban desde una flor en forma de cáliz y si pasaban dos seres juntos y compartían dichas semillas, recibirían un gran regalo: el amor verdadero los uniría para siempre.

    Pero todo regalo tenía una condición: ambos seres tendrían que vencer muchas dificultades, sino sus destinos seria una vida de soledad, separados para siempre por no haber sido capaces de cuidar el don del amor verdadero.

    Las ninfas del lugar decían que cada vez que se compartía una perla de la Celidonia, que creía en el lugar, crecería una nueva flor que daría más perlas. Pero a pesar de las promesas de amor que otorgaba el lugar, ni las ninfas o gnomos más aventureros se arriesgaban a ir donde la Celidonia solos ya que las consecuencias de no merecer el verdadero amor eran muy crueles y nadie quería correr el riesgo de la soledad.

    Iowoling, una hermosa ninfa, un día oyó hablar de la Celidonia mágica y de sus perlas de promesas de amor verdadero y decidió ir en su busca. No muy lejos de allí el silfo, Vanderwind, pensó en lo mismo e ir en busca del verdadero amor.

    Iowoling y Vanderwind se descubrieron en el camino y decidieron ir en busca de la Celidonia magia y una perla esférica. A pesar de que eran una ninfa y un silfo guardián de los bosques, razas diferentes, Iowoling acepto la perla que le ofreció Vanderwind, convencidos de la verdad de la leyenda y jurándose amor eterno.

    Tras para el día juntos, paseando explorando y riendo, la ninfa volvió a casa y se reunió con sus amigas para contarles lo que había pasado y celebrar su gran suerte, admirando la perla. Como ninfas alegres que eran nadaron, danzaron y rieron ante el romance que se formaría. Ninguna había conocido nunca a un silfo, solo habían oído hablar de ellos.

    El resto de las ninfas amigas bromeaban acerca del amor de Iowoling y Vanderwind; y comentaban el extraño comportamiento de algunos de los habitantes del bosque. Iowoling aunque no quería hacer caso a estos comentarios, alguna duda se estaba formando en la mente de la ninfa.

    Iowoling y Vanderwind se encontraban muy a menudo en el jardín de la Celidonia, aprendiendo mucho de su forma de ser. En un principio esas diferencias eran emocionantes y graciosas, pero a medida que pasaba el tiempo se cansaron de hablar siempre de lo mismo y se empezaron a concentrar en sus diferencias que poco a poco empezaron a molestarles; preguntándose si tenían en común bastantes cosas como para mantener firme su amistad y su amor. Iowoling comenzó a pensar que tal vez los cotilleos de sus amigas tenían algo más de verdad de lo que ella quería admitir. Finalmente Iowoling y Vanderwind dejaron de visitar el jardín de la Calidonia.

    Con frecuencia, la ninfa añoraba al silfo preguntándose qué estaría haciendo.Cada vez que veía o hacia algo que le hubiese querido contar a Vandewind, su dolor era enorme y su llanto cada vez más frecuente, comenzando a lamentar el haber hecho caso a los chismes y palabras de sus amigas. Tenía que haberse esforzado más en la relación y dejar de lado el amor del silfo por la compañía de sus amigas, sintiéndose cada vez más sola y lejos de sus semejantes, refugiándose en el jardín de la Celidonia.

    La soledad de Iowoling cada día era mayor, aislándose de la amistad y la felicidad, la única cosa que calmaba su hastió era la perla que Vanderwind le había dado hacia tanto tiempo en el jardín de la Celidonia, mirarla le hacía revivir los momentos felices que habían pasado.

    En un principio, se sorprendió al ver cuántos recuerdos felices habían tenido juntos, imaginándose todos los gratos recuerdos que aún les quedaba por vivir y fantaseando sobre todas las cosas que le gustaría experimentar con Vanderwind.

    Tras pasar un rato con sus amigas, la ninfa se retiró a su casa y como siempre miro la perla que estaba sin color y recordó la leyenda y se preguntó si sus recuerdos desaparecerían dejándola sola y en un gran vacío. Se dio cuenta de que estaba ante una gran elección que hacer y que de ella dependería su futuro, o podría quedarse en un vacio tal que podría perderse en la nada o admitir su error e ir a buscar a Vanderwind, su amor; aunque la duda que le daba vueltas en la cabeza era que el silfo no la quisiera ya, pero tendría que intentarlo.

    Después de muchas y peligrosas aventuras con los habitantes del bosque encontró al silfo de los bosques, tan triste y solitario como ella. Ambos se añoraban y deseaban, al abrazarse sintieron que sus deseos volvían a ellos cumpliéndose sus sueños, y que todos esos años de dolor y vacio, eran barridos por la dulzura del momento.

    Su devoción y compromiso se reavivaron por la sabiduría y la experiencia de los malos momentos vividos. Ambos se sintieron felices por haber aprendido la lección antes de ser tarde.

    Vivieron juntos muchos años, no en tierra no en el agua, no diferenciaban la vida de ninfa no de silfo, sino que vivían su propia vida, pasando los días juntos, felices y agradecidos. Valoraban la parte de amor, su símbolo, que los reunió en un principio y que les dio una segunda oportunidad, a pesar de su actitud mal dirigida. Descubrieron que no les importaba estar en silencio cuando no tenían nada de qué hablar y permanecer juntos estando satisfechos con el simple hecho de estar juntos, enamorados y felices consigo mismos.

    Iowoling y Vanderwind aprendieron que el amor, por muy fuerte que sea, necesita tiempo y esfuerzo para mantenerlo, buscando siempre la comprensión y la reconciliación en los malos momentos.

    EL REINO DEL NORTE DE LOS ELFOS

    En un tiempo tan lejano que ni incluso los elfos más ancianos recordaban, existía una Rosa Azul, llamada Losse. Crecía en medio del ancestral jardín del Palacio Elfico Erumare. Era tan espectacular que todos los elfos creían que poseía poderes mágicos, puesto que cuando la Rosa estaba brillante y saludable, la comunidad elfíca estaba también feliz; mientras que cuando estaba mustia y estresada, ellos se sentían iguales.

    Lyrien, el Rey Elfico no quería que el bienestar de su pueblo dependiera de la variable salud de una delicada Rosa. Así que mando construir a los más habilidosos artesanos y a los magos más sabios que fabricasen una espada que tuviera el poder de Losse.

    En el momento de mayor floración de Losse recolectaron una de sus espinas y con ella construyeron la espada que embellecieron con los símbolos más sagrados. Cuando la terminaron la dejaron cerca de Losse y utilizando su magia pasaron el poder de la Rosa hacia la Espada y cuando terminaron intentaron cogerla para entregársela al rey Lyrien, pero descubrieron que nadie podía cogerla y no tuvieron más opción que dejarla donde estaba, preguntándose que es lo que había hecho mal. Hasta que al final se dieron cuenta de que había sido una locura haber intentado alterar el orden natural de las cosas eliminando el riesgo de sus vidas. Así que confundidos, abandonaron la espada, que habían llamado Orión, en el jardín que comenzó a crecer alrededor escondiéndola de su vista para que no les recordarse la prepotencia de sus actos.

    Pasaron varias generaciones y Orión quedo olvidada, donde cada vez crecían más Rosas Azules, llenando todo el jardín. Un día las elfas jardineras Nhiel y Manisse se dieron cuenta que uno de los capullos de Losse sobresalía sobre los demás, cuyo brillo y energía eran únicos, sin duda se trataba de una rosa mágica. Ambas elfas prometieron cuidar y proteger al capillo mimándolo con su amor. Cuando floreciera, enseñarían su regalo a su Reina Aranel, peor mientras seria un secreto.

    Pero un día Nhiel y Manisse descubrieron que la Rosa se estaba muriendo y sintieron que sus corazones se desgarraban y eran arrancados de su cuerpo. Tal fue su dolor que en un momento el suelo estuvo cubierto de sus lágrimas de cristal. No podían creer que todo su amor no había sido capaz de proteger a Losse y sus planes de presentarla a su reina destrozados. Todo lo que sintieron fue una gran pérdida que lloraron durante días.

    Finalmente, agotadas por la tristeza y la pena, no fueron capaces de llorar más ni de afrontar su trágica situación, pues todas sus fuerzas las habían abandonado. Así, las dos elfas se durmieron debajo del capullo pensando que cuando se despertaran todo volvería a la normalidad y solo hubiese sido un mal sueño.

    Durmieron profundamente y su sueño fue largo y tranquilo. La Rosa también lloraba mientras ellas dormían, cuando sus fuerzas llegaron al final, lentamente fluían hacia la tierra, la Rosa moribunda se inclinaba hacia ella. La terrible situación permanecía inalterable a pesar del dolor.

    Tras muchas horas de sueño, Nhiel y Manisse, se despertaron y vieron que no solo el capullo seguía muriéndose, sino que la situación había empeorado, pues todo el jardín se estaba muriendo. Con el reconfortante sueño que había tenido, decidieron hallar una solución averiguando quien podía ser el responsable de esa catástrofe. Aunque se dieron cuenta que ninguna de las dos tenía la sabiduría y experiencia para solucionarlo, peor si conocían a alguien que lo podría hacer. Decidieron pedir ayuda y guía a la Reina de los Elfos, Araner, ella sabría que hacer para salvar al capullo de Losse y así a todo el jardín. A pesar del miedo y la preocupación por el jardín, tomaron la decisión de actuar y aunque solo fuera el hecho de pedir ayuda tuvieron esperanza en conseguirlo y sabían que habían tomado la decisión correcta.

    Al oír el relato de Nhiel y Manisse, Aranel se dirigió rápidamente al jardín para ver al capullo moribundo, percibiendo el peligro de la situación se temió lo peor y decidió actuar con rapidez sin considerar nada y tal vez demasiado apresuradamente. Aranel, al verter su magia sobre el jardín, renació en su color y su olor a rosas, pero todo a su alrededor comenzó a expandirse rápidamente, mientras la reina, era incapaz de detener el crecimiento de las rosas que crecían retorciéndose y expandiéndose su orden.

    Antes de que Aranel pudiera salir del jardín, las espinas de las rosas rojas como la sangre, la envolvieron aprisionando sus brazos y su cuerpo, amarrándola completamente. Inmovilizada e incapaz de realizar magia alguna, la reina estaba totalmente indefensa. Pero, de pronto, el capullo mágico comenzó abrirse, cuando la situación ya era muy peligrosa y desesperada. Tal vez, de alguna forma, la rosa mágicamente se salvara y salaría el jardín y a su gente, a pesar de su impulsivo comportamiento.

    Mientras las enredosas espinas envolvían a Aranel, apretándola cada vez más, la reina se centraba en mirar a la hermosa rosa mágica, sabiendo que su salvación estaba en manos de Losse. Aunque, la reina cada vez se sentía más débil no se desesperó. Cuando sus esfuerzos ya estaban agotándose, apareció volando un pájaro que cortó el capullo azul con el pico y se marcho volando. Aranel lloró por su cruel destino, pues creía que sin la rosa mágica, el jardín continuaría creciendo salvajemente y acabaría con su vida e incluso con la vida de su pueblo.

    Durante la noche, la enredadera continuó apretando su cuerpo y las espinas se calvaban en su piel. Su cuerpo aparentemente muerto seguía en pie gracias a las enredaderas y donde cayó la primera gota de sangre de Aranel, comenzó a crecer un nuevo capullo azul que la reina no pudo ver, donde se encierra una magia maravillosa y potente. A pesar de esta trágica escena, el cielo luminoso estaba lleno de promesas y esperanza.

    El pueblo elfico aprendió, de toda esta dramática situación, que tenían que eliminar todo dolor de su vida que solo genera problemas y aceptar los ciclos naturales de la vida, tanto alegres como trágicos sin querer manipularlos con objetos mágicos y encerrar en ellos sus poderes.

    EL REINO DEL OESTE DE LOS GNOMOS

    Un hermoso día de primavera Dwarf y Ferya paseaban lejos de sus amigos y familiares, encantados por las maravillas que veían en el bosque de Endoren. Pasaron todo el día investigando los distintos senderos sin prisa alguna y sin agobios. Llegando la noche encontraron un cómodo lugar donde echarse a dormir y esperar el amanecer.

    Al despertarse a la mañana siguiente, Dwarf y Ferya se dieron cuenta que estaban perdidos y pasaron días intentando buscar el camino de vuelta pero no lo consiguieron. Sin embargo, no se preocuparon en demasía, pues la tranquila belleza del bosque les gustaba y a su alrededor había gran abundancia de comida.

    Decidieron que no seguirían buscando el camino de regreso y que disfrutarían del bosque de Endoren donde construyeron una casa. En su pueblo habían aprendido a cultivar huertos, jardines y almacenar comida para el invierno y pensaron que no había nada que los dos gnomos no pudieran hacer.

    Dwarf y Ferya comenzaron desde el principio a cultivar el huerto, limpiaron el suelo y buscaron semillas para sembrar, aunque el trabajo era muy duro, no tenían otra opción más que hacerlo. Comenzaron a trenzar cestas para transportar las semillas encontradas y a fabricar herramientas para cavar la tierra. Ambos hicieron un plan de trabajo donde también les dejaran un tiempo de relajación y disfrutar de la belleza del Bosque Endoren. El éxito fue grande, pues el trabajo se hacía con más ganas y también hicieron un jardín donde disfrutar de la belleza de las plantas comestibles y de las hermosas flores como las amapolas y las margaritas. Además que la belleza de las flores atraían a las mariposas.

    Muy pronto las semillas germinaron, primeramente con frágiles plantas y más tarde convirtiéndose en grandes arbustos. A medida que los vegetales crecían, Dwarf y Ferya recordaban todo lo aprendido sobre la agricultura y se preocupaban de que sus plantas estuvieran bien y libres de insectos y enfermedades.

    Mientras los vegetales y frutas maduraban, los dos gnomos trenzaban artísticas cestas donde almacenarían la cosecha. El otoño estaba a la vuelta de la esquina y el huerto estaba lleno de uvas, manzanas, tomates y otras delicias. Una vez que cosecharon el huerto y lo almacenaron en sus cestos se detuvieron a admirar los beneficios de su trabajo. Pensaban en los aromas y texturas que rodeaban el invierno y el largo verano de cuidadoso trabajo. Estaban muy orgullosos de los resultados de su trabajo y no recordaron haber sido tan felices en su vida.

    Pero tanta felicidad les duro muy poco, cuando unos ratones les robaron todo aquellos por lo que habían trabajado. Se llevaron los frutos, verduras y destrozaron su huerto y jardín. Todo por lo que habían trabajado estaba destruido. Sentados entre los destrozos, lamentaban la perdida y allí se quedaron hasta que el rio cada vez era mayor, sin ser conscientes de su propia hambre sintiéndose cada vez más débiles. Cuando intentaban pensar en su futuro y de lo que iban hacer en invierno se sintieron desesperados, preguntándose si pasarían el invierno sin comer.

    Dwarf y Ferya en un estado de gran debilidad, fueron descubiertos por una familia de ratones campesinos, Danus, Thorin y Durin, viendo la triste situación en las que se encontraban los gnomos, se apiadaron de ellos. No quisieron que pasaran hambre por lo que les trajeron frutos y semillas compartiendo sus provisiones. La generosidad de los ratones y su buen corazón conmovió a los gnomos, aceptando su caridad con un corazón agradecido. Al recuperar las fuerzas les invitaron a pasar el invierno en su casa, intentando que Dwarf y Ferya no se considerasen una carga para ellos.

    Nomos se dirigieron a casa de los ratones, mientras el invierno se aproximaba con rapidez y aún quedaba mucho por preparar. Ayudaron a recoger las últimas nueces y semillas. Vieron como se formaban los montones de alimentos y sabiendo que esos montones tenían que conservarse y almacenar adecuadamente para que no se pudriese, y sabiendo que eran dos bocas más que alimentar, comenzaron a trenzar cestas para cada tipo de alimento. La familia de ratones, Danus, Thorin y Durin, estaban impresionados por sus habilidades y se sentían muy agradecidos por su contribución.

    Los ratones estaban fascinados por los cestos trenzados por los gnomos y viendo su interés se ofrecieron a enseñarles. Observaban atentamente mientras los gnomos le decían como tenían que hacerlos y los trucos para que fueran fuertes, útiles y atractivos. Los ratones les preguntaban por el diseño y la elaboración cosas por las que antes no se preocupaban. Sus preguntas les daban a los gnomos nuevas ideas para lograr cestos mejores y más bonitos junto con las propias ideas de los ratones. Aplicaron las nuevas técnicas de trenzado a sus camas y nidos, haciéndolos más sólidos y confortables.

    En invierno los días eran cortos y las noches largas. Los gnomos y los ratones campesinos pasaban las largas noches de invierno cómodos y calientes. Sus sueños eran profundos y tranquilos sabiendo que habían construido un buen refugio que les protegía de frio y que habían almacenado bastante comida para cuando se despertaran. Estaban felices de haber actuado bien en momentos difíciles y disfrutaban durmiendo con sueños felices sobre la próxima primavera.

    Para Danus, Thorin y Durin junto a los gnomos Dwarf y Ferya, los largos y fríos meses de invierno no fueron pensados ni aburridos. Cada comedia era una fiesta con buenos alimentos, compañía agradable y alegría en una ambiente festivo. Los compañeros compartieron relatos, hicieron planes y comentaron las técnicas de trenzado y de agricultura, disfrutando de un entretenimiento constante; ayudándose para mantener la moral elevada.

    Todos estuvieron de acuerdo en que fue un invierno feliz y que había sido como un cuento mágico; que tener abundante alimento era bueno, peor lo mejor era tener seres queridos con los que compartirlos.

  3. Los Siguientes 4 Usuarios Agradecieron a Sorgin por Este Mensaje:

    mamisaz (29/06/2016),neolitico (26/06/2016),Rafi (14/05/2016),valalca (10/07/2016)

  4. #3
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    Salma y el Ogro del bosque

    La pequeña Salma jugaba con sus dos hermanas Annie y Lori , no paraban de correr y tirarse por la hierba , su padre Ron cortaba madera en el bosque y recogía la leña para el invierno que estaría a punto de llegar mientras su madre Laura cosía y preparaba un buen caldero de sopa para cenar esa noche , Salma adoraba a su padre para ella era su héroe el cual le había enseñado a defenderse tanto como a sus hermanas utilizando el manejo de la ballesta y el arco, aquella tarde después de que Ron acabase de cortar la leña irían a practicar con piedras y latas viejas a ver quien acertaba mas.

    Aquella noche después de la cena estuvieron escuchando historias que contaba su papa sobre el bosque misterioso que estaba cerca de allí, según la leyenda lo custodia un ogro de más de tres metros de altura, Salma escuchaba con mucha atención, ese bosque se encontraba pocos kilómetros de allí, su padre les advirtió que jamás se adentraran en el bosque maldito.

    Un día de invierno pero soleado Ron salió para cortar más leña, ataviado con un pequeño carro y un mulo, le acompañaba su pequeña Salma, sus otras dos hijas se quedaron en la cabaña, Salma comía frutos secos mientras su papa seguía cortando madera, una ardilla se le acerco al olisquear aquellas bellotas que comía a ver si caía algo, ambas se caían bien, el pequeño roedor con cola camino entre los arboles a la vez que observaba como la pequeña la seguía ,sin darse cuenta que se adentraba entre el bosque que su padre citaba en sus historias, penetro en aquella masa de arboles donde estaba la pequeña ardilla ,hasta que se paro en un claro donde cayó rendida, la ardilla se volvió a acercar y le trajo otra bellota que esta acepto.

    Salma se levanto, se quito la hierba que estaba pegada a su vestido, tenía que volver donde estaba su papa pero algo la cogió por su pierna derecha que la levanto del suelo lo que la hizo gritar y asustarse estando del revés pero más cuando vio aquella enorme cabeza que la observaba como un bicho raro con coletas.

    -¿Quien eres tú? ¡Bájame tonto!
    Era un enorme ogro tan grande como un castillo aunque bastante asustadizo, la agarro por el cuerpecito aquel tan frágil y la puso sentada en su mano. El ogro se la quedo mirando muy extrañado y la observaba como si no hubiera visto a una niña de ocho años.
    -¡Hola!¡Eres muy pequeñita!¿Cómo te llamas?
    -Me llamo Salma ¿Eres tu el ogro del bosque?

    El grandullón no parecía fiero como la gente de alrededores querían hacerlo ver, a pesar de su aspecto feo y grandote Salma veía en él a un gran amigo para compartir juegos, sentada en la palma de su mano notaba una sensación de seguridad, se tumbo en esa manaza y se revolvió como si fuera la propia hierba del suelo.

    -¡Ja Ja Ja Ja! ¡Me haces cosquillas!-Voceaba el Ogro.
    Salma se puso derecha, veía una cara de felicidad en aquel ser , le propuso un juego pero para eso le pidió que la soltase por que iba a esconderse y tenía que encontrarla , se pusieron a jugar un buen rato , la pequeña se escondía por todas partes , detrás de las rocas y el Ogro las levantaba , detrás de los árboles y el Ogro los apartaba , siempre la encontraba , reían como locos , estuvieron un buen rato hasta que Salma oyó el grito de su papa buscándola , se despidió del Ogro al que le saludo con la mano despidiéndose de él.

    -¡Adiós pequeña Salma!-volverás otro día.
    -¡Adiós! , claro que si, por que somos amigos.

    Salma volvía con su papa para casa, Ron pensó que era una niñería lo que había hecho siguiendo a las ardillas, pero en el fondo entendía que era solo una niña de apenas ocho años aunque le preocupaba que demonios hacia en el bosque prohibido.

    Salma a medida que pasaba los años se estaba haciendo una bella mujer , sus hermanas se habían ido con una tía de la ciudad para continuar la enseñanza , había aprendido a leer y escribir y era ya una maestra en el tiro con arco , cada día salía a ver a su gran amigo y subía por los arboles con una agilidad inmensa , le leía historias y cuentos y observaba que escuchaba con mucha atención , era como un niño gigante a punto de recibir un caramelo.

    Un día un jinete se perdió por el bosque a lomos de su caballo, avanzando a través de sus miles de senderos vio caminando a Selma , no dudo en ningun momento en acercarse a ella.

    -¡Buenos días señorita!¡Permítame que me presente! Soy Lord Edward Ronald segundo¿No cree que no debería ir sola por este lugar?
    -¿Porque no debería?-dijo sonriendo
    -Hay una leyenda que dice que este sitio esta custodiado por un Ogro gigante feroz y salvaje
    -¡En serio!-dijo ella
    -No lo digo yo, lo dicen todos los habitantes del lugar
    -¡Si hiciésemos caso de todo lo que dicen por ahí! ¿Y usted a quien cree?

    Salma no rehuyó la compañía de Lord Edward aunque se iba a buscar a su amigo para pasar el rato , pensó que cuando faltase poco para llegar se despediría de él , a los pocos metros del claro del bosque se dijeron adiós.

    ¡Grandote!, grito Salma buscándolo, al momento apareció entre los árboles, se dio cuenta que el gigantón puso una cara muy seria cuando vio aparecer por detrás de la joven a aquel jinete que se bajo del caballo.
    -¿Qué pasa?-le pregunto Salma hasta que giro la cabeza y vio aparecer a Lord Edward entre lo arboles, la había seguido.
    -¡Por fin te encuentro!

    Salma no entendía nada y por qué se comportaba de aquella manera, hasta que vio algo inesperado, se tapo con la capa todo el cuerpo y un manto blanco similar a una neblina se formo alrededor, apareció la figura de una mujer altiva de pelo largo y rasgos envejecidos por el tiempo, en su mano empuñaba un gran bastón que se iluminaba al contacto con el suelo.

    -¡Apártate de en medio niña!-dijo la bruja
    Salma saco una flecha y extendió el arco
    -¡No!¡Es mi amigo!¡Déjele en paz!¡No le tengo miedo bruja!

    El ogro frunció el ceño, sabía que no le quedaba más remedio que enfrentarse a ella y no le gustaba nada que amenazase a su amiga por muy valiente que fuese.

    La bruja lanzo con su bastón un haz de luz directamente a Salma pero la mano del gigantón la recogió antes de que llegase a hacerle daño, la deposito con sumo cuidado en la copa de un árbol , el haz de luz acabo sobre una hilera de maderas las cuales empezaron a arder estallando en miles de pedazos.

    -Tengo que solucionar esto yo solo, quédate ahí no quiero que te haga daño, ¡Es muy mala!
    Volvía a la carga otra vez pero antes de que hiciese nada el ogro le asesto con la mano abierta de tal forma que salió volando cayendo sobre un montón de arboles.

    La intención de la bruja no era Salma , era..¡el ogro! , el gigantón recogió a Salma de aquel árbol y se la puso al hombro salieron corriendo de allí adentrándose en el fondo del bosque, sus zancadas eran enormes dada la envergadura que tenia aunque no le sirvió de mucho cuando algo venia a toda velocidad, la bruja apareció de repente.

    El impacto fue brutal, a pesar del gran tamaño del ogro este cayó al suelo, la tierra tembló como un terremoto.
    La bruja descendió al suelo , el gigantón se levanto , Salma se escondió detrás de los árboles, tenía que hacer algo , saco una flecha y cargo el arco , la disparo hacia el pecho de la bruja justo en el corazón , el grito de dolor era horrible aunque saco una carcajada más horrible todavía.

    -¿Eso es todo lo que sabes hacer?
    Aprovecho el momento y el ogro le asesto con la mano abierta hundiendo aquella presencia bajo tierra, no se oyó nada , parecía que había acabado todo , cuando paso apenas un pequeño intervalo de tiempo un temblor hizo caer al suelo a Salma y el gigante , la tierra se levanto y emergió hacia el exterior esta vez la cosa se complicaba por que la bruja de forma mágica se convirtió en una giganta de grandes proporciones tan grande como el ogro, este se levanto con cara de pocos amigos.
    -¡Ahora estamos los dos a la misma altura!¡Voy a acabar contigo bruja!
    -Eso lo veremos

    Salma se retiro de allí en medio , la cosa se ponía fea y debía evitar ser aplastada , se escondió en un recodo de la maleza.
    Era una lucha sin cuartel , se cogieron por el cuello pero ambos oponían resistencia, se lanzaron mutuamente como si fueran de goma , Salma grito de repente cuando aquella enorme bruja agarro por el cuello a su amigo y salió volando con él en vertical como si fuera un pájaro.
    Asustada Salma echo a correr siguiendo el camino que llevaban por el aire, llego hacia el camino y vio como salían de los limites , aun estaba allí el caballo que dejo cuando todavía era Lord Edward , se monto en él y galopo sin perderlos de vista , Ron estaba dando de comer a las gallinas cuando vio a su hija pasar muy deprisa a lomos de aquel caballo, dejo todo lo que tenía entre manos y le dijo a su mujer que enseguida volvería y la siguió para descubrir que hacía.

    Salma entro al poblado encima del caballo, ambas criaturas estaban bajando en picado, el gigante consiguió zafarse de aquella bestia a la cual le había arrebatado el bastón y de un golpe certero se lo clavo en el corazón atravesándola por completo, el grito ahogado provoco que le empezaran a salir llamas por todo el cuerpo el cual se desintegro por completo, el ogro caía hacia el suelo a una muerte segura.
    Todos los habitantes miraban hacia arriba como algo se aproximaba hacia el suelo, el impacto fue grandioso, varias carretas que tenían frutas para vender quedaron destrozadas, no había pillado a nadie debajo, todos se apartaron a tiempo.
    Los habitantes del poblado se quedaron atónitos por el tamaño del gigante, Salma lo vio todo, se acerco a él.

    -¡No!-dijo sollozando
    Le grito para hacer que despertara, se agarro por los agujeros de su cinturón para subir a su panza y se desplazo hacia el pecho, se sentó.
    -Vamos grandullón, no puedes morir, eres el mejor ogro que jamás he conocido, todos te necesitamos, yo también te necesito.
    -¡Te quiero!

    A Salma se le caían las lagrimas , la gente de alrededor ni se movió , de repente las lagrimas que cayeron formaron un haz de luz sobre el corazón de la bestia , todos se retiraron , Salma se asusto pero en ningún caso bajo de encima de su amigo , aunque noto una sensación extraña, aquel cuerpo enorme estaba menguando , sus facciones cambiaron hasta tal punto que apareció un apuesto joven, se despertó progresivamente mirando a Salma.

    La gente murmuraba y se pusieron todos de rodillas, Salma miro a los ojos al joven el cual le correspondió con una sonrisa.
    -¡Salma!
    -¿Quien eres? ¿Que ha pasado?
    -¡Has roto la maldición!
    Su padre Ron llegaba en ese momento no podía creer con quien estaba su hija, se arrodillo también al ver a toda la gente del pueblo siguiendo el protocolo.

    El camino de vuelta a casa fue muy tranquilo el Príncipe Harold iba muy tranquilo, se le notaba su felicidad, a su lado estaba su prometida Salma e iban también sus futuros suegros con los que tenía una muy buena relación
    Mientras llegaban , el príncipe aun recordaba los momentos que paso al lado de la ya su futura esposa, y lo que es peor también se acordó del día que empezó aquella sirvienta a trabajar en el castillo cuando era un crio, un día descubrieron que aquella frágil doncella desapareció junto al pequeño príncipe el cual secuestro, el pequeño príncipe vio la verdadera cara de aquella mujer capaz de convertirse en cualquier personaje; galopando a través del sendero con una lluvia torrencial el caballo tropezó y los dos acabaron en el suelo, el pequeño echo a correr a través del bosque, la bruja se levanto no sin antes echar una maldición en aquel lugar, donde toda la naturaleza seguía su curso menos al pequeño el cual lo convirtió en un ogro enorme y feroz o así se pensaba, debido a lo extenso de aquel paraje la bruja nunca lo encontró hasta años después que encontró a Salma.

    Desde un torreón la figura de una mujer diviso un carruaje acercándose desde la lejanía, le llamo la atención, aviso a su marido el Rey Harald I los cuales bajaron corriendo, dieron la orden de bajar el puente levadizo, el carruaje entro hasta el patio interior y se paro, de un lado abrieron la puerta y vieron la figura de un apuesto joven salir del mismo.

    La reina se acerco, mirándolo a los ojos no se podía creer que su hijo estuviese vivo lo reconoció como si hubiese sido ayer, la emoción le pudo más y los dos acabaron en un largo abrazo, la reina lo beso en la mejilla y en la frente, el Rey de la emoción abrazo a los dos con su envergadura.
    Salma salió por la otra puerta del carruaje la cual abrieron los lacayos del Rey, no pudo evitar sus lágrimas cuando los vio abrazados.
    Después de un rato el príncipe se separo de sus padres.
    -Mama, papa , os presento a la que quiero que sea mi futura esposa, se llama Salma.
    En apenas unos días después del reencuentro Salma encontró al amor de su vida, sus padres una vida mejor en el castillo del Rey, y se celebraría la boda por todo lo alto.
    Y como no, se casaron y fueron felices para siempre.

    FIN

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    mamisaz (29/06/2016),miguelpichardo (15/05/2016),neolitico (26/06/2016),Rafi (28/05/2016),valalca (10/07/2016)

  6. #4
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    Sargón, la princesa y el dragón de tres cabezas.

    El despertar de la bestia.

    El fuerte aleteo de sus negras, enormes y poderosas alas le hacía surcar los aires a gran velocidad, abajo, las campiñas, los bosques y colinas, pasaban velozmente tras su paso.

    No era una forma de volar elegante ni silenciosa, pero sí muy eficaz. Mientras volaba, unos rugidos terribles salían de sus tres gargantas, pero no eran rugidos producidos por el cansancio o agotamiento, eran rugidos de furia y de hambre.

    La gigantesca y poco agraciada criatura se dirigía a Verdevalle una de las ciudades más cercanas y capital del reino, en busca de su comida favorita, la carne humana.

    Cómo todos habréis podido adivinar, se trataba de Armongh, un dragón de tres cabezas que habitaba desde hace cientos de años, la cumbre Macizoalto, el pico más elevado de la Cordillera Norte.

    Al igual que todos los dragones, Armongh podía permanecer décadas en completo letargo, durmiendo en algún rincón oscuro de su guarida. Pero ahora, había despertado, y cuando estos seres despiertan tienen un hambre voraz y son capaces de cualquier cosa por conseguir un preciado bocado.

    Verdevalle, tal y como he mencionado antes, era la capital del reino. Era una ciudad amurallada en cuyo interior se alzaba su imponente castillo desde cuyas torres se podía otear leguas y leguas a la redonda.

    Aquella mañana, era una mañana soleada, la gente estaba ocupada en sus quehaceres diarios, el zapatero ocupado en el remiendo de algunas botas, el herrero, poniendo herraduras a varios caballos de la Guardia Real, el carpintero haciendo un nuevo banco para la iglesia, el tonelero fabricando algunos toneles para el vino. Todos estaban atareados con sus cosas, incluso algunos niños correteaban, jugando por las empedradas calles gritando y riendo.

    Subiendo por la calle principal, y casi al final de ésta, se situaba el portón de acceso al castillo. Era una entrada de piedra en forma de arco, la cual estaba custodiada en todo momento por dos soldados de la guardia personal del rey, equipados con armadura, alabarda y escudo. El castillo estaba rodeado de varios jardines, con árboles frondosos y flores de todo tipo.

    Aquella mañana soleada era propicia para pasarse un rato sentado en uno de los bancos de piedra de esos jardines, tomando el sol. Justo en uno de ellos, el Capitán de la Guardia del Rey, estaba sentado junto a una joven y hermosa dama, la cual vestía una larga sotana y con una capucha que le cubría su bello rostro, cómo queriendo ocultar su identidad a ojos de extraños.

    -Estoy dispuesta a abandonarlo todo y marcharme contigo donde sea. –Dijo ella.

    -No, no puedo permitir que lo dejes todo por mí. Aquí tienes tu casa, tu familia y en un futuro, heredarás el trono de tu padre.

    Efectivamente, aquella joven y hermosa mujer, era la princesa Laylan, hija única del rey, y que estaba profundamente enamorada de Sargón, el joven y apuesto Capitán de la Guardia. Pero tenían que verse a escondidas ya que su padre, el rey, tenía otros planes para ella. Quería casarla con el Marqués de la Corte, un aristócrata de familia noble pero que le doblaba a ella en edad, y que le interesaba más el poder que cualquier otra cosa. Bajo ningún concepto, el rey permitiría otra boda que no fuese esa.

    -Escúchame, amor mío, si me quedo, lo nuestro será imposible. Ya están los preparativos en marcha, y muy pronto estará todo listo para casarme con el marqués, muy a mi pesar. - Decía ella un tanto afligida.

    -¡No! ¡Eso no! –Respondió Sargón. –Entonces, siendo así, tendremos que irnos, haré lo que sea por ti. Y no me quiero ni imaginar que te tengas que casar con ese… mentecato.

    Mientras tanto, una sombra negra y extraña se paseaba dando círculos por toda la ciudadela, sobre los tejados de la casas, las calles y los jardines.

    De pronto, el cuerno de la torre norte sonó, era el sonido de alarma. Algo estaba pasando.

    Durante un instante todo se quedó en silencio, y acto seguido los gritos aparecieron de repente. La gente corría despavorida por las calles para entrar en sus casas.

    -¡Un dragón! ¡Un dragón! –Gritaba la gente atemorizada.

    Algunos corrían en dirección al castillo lo más deprisa que podían, muchos eran los que se resbalan o tropezaban y caían, pero se levantaban rápidamente mientras el dragón les seguía a poca altura rugiendo y lanzando llamaradas de fuego.

    El dragón era demasiado rápido y en un instante se abalanzó sobre la gente agarrando con cada una de sus garras a dos hombres, luego remontó el vuelo, y ya en las alturas, Armongh lanzó a los dos sujetos hacia arriba y una vez en el aire, los engulló en dos bocados, cada uno en una garganta.

    Pero la cabeza principal, la del centro, aún tenía que saciar su hambre y el dragón volvió a planear sobre la ciudad, buscando al menos otra presa.

    Mientras esto ocurría, Sargón puso a salvo a la princesa, ocultándola debajo del banco donde estaban sentados y corrió velozmente hacia uno de los muros exteriores, donde pensó que tendría una visión general de lo que pasaba. En ese momento, el dragón le vio y él vio al dragón. El Capitán de la Guardia blandió su espada a la espera de la acometida de Armongh.

    El dragón caía desde las alturas en dirección a Sargón, justo antes de llegar a él, abrió sus grandes y membranosas alas para parar en seco y poder agarrarle, pero en ese instante, el joven y valiente capitán, esquivó la embestida dándole de paso un fuerte golpe con su espada lo que hizo que el dragón perdiera el control y se estrellara de lleno contra uno de los muros del castillo.

    Durante un tiempo el dragón se quedó tumbado en el suelo, pero no estaba herido, simplemente aturdido por el impacto, desde esa posición y al abrir sus grandes y rojos ojos, vio algo debajo de uno de los bancos, se levantó con algo de esfuerzo y comenzó a andar hacia lo que había visto.

    Evidentemente lo que había visto había sido el bello rostro de Laylan, y la quería a toda costa, la joven princesa muy asustada, salió desde debajo del banco y corrió aterrorizada para ponerse a salvo, Sargón saltó del muro exterior y espada en mano se dirigía rápido y veloz a ayudar a su amada.

    La princesa iba corriendo hacia él, y él la cogió del brazo y la puso justo detrás suyo, para protegerla. El dragón iba andando hacia ellos con paso firme, cada paso que daba parecía un estruendo que hacía vibrar el suelo.

    Sargón, sin mostrar ni una pizca de miedo avanzaba también hacia el monstruo alado. Estaban ya a unos pocos metros cuando hombre y bestia se detuvieron, se miraban fija y desafiantemente. Armongh bajó sus tres cabezas y comenzaba a girarse sobre sí mismo, cómo si tuviese la intención de marcharse y de abandonar en su empeño.

    Entonces, con la velocidad de un rayo, el animal se giró tan rápido que su cola salió lanzada en forma de látigo impactando de lleno con el cuerpo de Sargón, arrojándolo contra la muralla y quedando inconsciente al momento. Luego, la criatura levantó el vuelo, se acercó a la princesa, la agarró con una de sus garras con mucho cuidado, como si estuviese cogiendo algo delicado y salió volando alejándose rápidamente de la ciudad.

    Una princesa que rescatar.


    El gran salón del trono estaba vacío, tan sólo se podía distinguir la figura de un hombre anciano sentado en el suelo a los pies del Gran Sillón.

    El hombre estaba abatido, su rostro se apoyaba sobre sus manos abiertas y de entre los dedos se podía ver muchas lágrimas de tristeza que caían sobre una corona de oro que yacía del revés en el suelo.

    Por supuesto ese anciano hombre era el rey, y lloraba desconsolado la pérdida de su hija.

    Desde lejos, una voz le hizo levantar la cabeza.

    - ¡Majestad! Su Excelencia, el Señor Marqués ya está aquí. – Dijo uno de los guardias.

    -Hazle pasar inmediatamente. – Exclamó el rey.

    El marqués entró en la gran sala, se dirigió al trono y comenzó a hablar con el rey.

    -Elije a cien de mis mejores hombres y parte en seguida hacia Macizoalto, tienes que traerme a mi hija de vuelta.- Ordenó el rey en tono desesperado pero solemne.

    -Pero, majestad, quizás ya sea tarde, aunque cabalguemos a galope, tardaríamos varias jornadas en llegar, y para entonces muy posiblemente la princesa ya esté…

    -¡Calla! Ni se te ocurra decirlo.- Replico furioso el rey. – Si de verdad te crees digno sucesor del reino, si de verdad eres digno de unirte con mi hija en matrimonio, tráela de vuelta y haz que mi decisión de casarla contigo no haya sido un error.

    El marqués se quedó pensativo, la idea de ir a la caza de un dragón no era precisamente de su agrado, ni mucho menos, y menos aún sin tener demasiada maestría ni destreza con las armas.

    -Eso de usar espadas y mancharme de barro al cabalgar es demasiado vulgar para alguien tan refinado como yo.- Pensó. Pero la recompensa era lo suficientemente atractiva para él y en contra de lo que le decía su cabeza, asintió.

    -Acepto, majestad, saldremos al alba.

    -¡No! Al alba no, salid esta misma tarde.- Concluyó el rey.

    Aquella misma tarde, un centenar de hombres, comandados por el Marqués de la Corte, salía de la ciudad a galope tendido. El tremendo ruido de los caballos al salir de la ciudad llegó a la sala de curación.

    Sargón, que estaba siendo atendido por las heridas, se despertó. Se levantó con algo de dificultad del camastro, ya que tenía el brazo roto, y se asomó por la ventana.

    -No debería levantarse de la cama.- Le dijo el fraile que se ocupaba de las curaciones. –Le acabo de entablillar el brazo y necesita guardar reposo.

    -¿Dónde va la caballería? – Preguntó Sargón.

    -Se dirigen a la Cordillera Norte, a rescatar a la princesa.

    -Ayúdame a vestirme, tengo que partir yo también en seguida. - Dijo Sargón nerviosamente.

    -Pero capitán, no creo que sea buena idea, creo que no podrá ni mantenerse en el caballo con ese brazo.

    Pero nada pudo hacer el fraile para convencerle de lo contrario, y al cabo de un rato, ya estaba el joven capitán cabalgando en su blanco caballo, perfectamente vestido y armado, aunque con el brazo izquierdo en cabestrillo. En otras circunstancias no habría podido ni tan siquiera subir a su caballo, pero la enorme preocupación que sentía por la princesa le llenaba de fuerzas. Es cierto que el marqués ya había partido con los mejores caballeros de la ciudad, pero él sentía la necesidad de ir a buscarla, la amaba de verdad.

    Caía la noche, cuando decidió parar en la orilla de un riachuelo, si por él hubiera sido hubiese seguido sin demora, pero su caballo necesitaba un descanso y beber un poco de agua.

    Mientras el caballo bebía, oyó no muy lejos el aullido de un lobo, pero no era un aullido cualquiera, era un aullido de sufrimiento, de dolor. Sargón bajó de su caballo, eso sí, con mucha dificultad, y comenzó a caminar en dirección a un pequeño bosque cercano.

    El aullido sollozante era cada vez más audible, hasta que guiado por el sonido y detrás de una roca, había un enorme lobo negro tendido en suelo. No paraba de aullar.

    Conforme se acercaba, el capitán observó que el lobo estaba atrapado, una de sus patas había sido aprisionada en un cepo de caza. Quizás la idea de liberar a un lobo de semejante tamaño no podría considerarse como una idea brillante, pero Sargón tenía un gran corazón, y no podía dejar a aquel pobre animal con aquel sufrimiento, de modo que desenvainó su espada y fue hacia él.

    Introdujo la espada entre las dos partes dentadas del cepo y la clavó en el suelo para hacer palanca, se agachó y con la mano derecha abrió el cepo, dejando libre al lobo. En ningún momento pensó en el peligro que corría al acercarse y dejar libre a la criatura, pero ahora que lo había hecho pensó que no había sido demasiado prudente.

    Se levantó y retrocedió unos pasos con la espada el alto, el lobo negro también se puso en pie y comenzó a lamerse la herida, luego miró a Sargón.

    -Gracias joven caballero, me has salvado la vida. No temas, no voy a hacerte ningún daño, jamás le haría daño a alguien que me salvado de una muerte segura. - Decía el lobo mientras que una neblina le comenzaba a cubrir el cuerpo, y mientras hablaba su voz iba cambiando, cada vez era más humana. La neblina se hacía cada vez más opaca, hasta que un fuerte destello hizo cerrar los ojos de Sargón.

    En el lugar donde estaba el lobo, ahora había una mujer anciana, vestida con harapos. La verdad es que no podía decirse que fuese una imagen agradable, ya que la fealdad de la mujer asustaba más, si cabe, que el lobo.

    Apenas medía ocho palmos, su espalda encorvada mostraba una pronunciada joroba tapada por algunos mechones de pelo blanco, que le caían también por el rostro. Su cara llena de arrugas, su nariz exageradamente grande con varias verrugas y unas manos de dedos delgados cuyas uñas eran tan largas como cuchillos.

    -¿Quién eres? –Preguntó sorprendido Sargón aun deslumbrado por el destello.

    -Grubilda, así me llamo. –Respondió la anciana.

    -¿Grubilda? He oído hablar de usted, aunque de eso hace mucho. En la ciudad se cuentan historias de una mujer mayor que vive sola en el bosque y que se alimenta de niños, aunque siempre he creído que sólo son cuentos de críos. Pero ahora que la veo, y la he conocido, ya tengo mis dudas. - Le comentaba el capitán a aquella mujer.

    -Sí, ya se lo que se ha comentado en Verdevalle, pero solamente son habladurías. Siempre he vivido en esa ciudad, allí nací y allí viví hasta que un día me echaron. Pensaban que mi existencia era diabólica, y me desterraron por practicar brujería….

    -Entonces….- Interrumpió el Capitán. – ¿Es una bruja?

    -Bueno, digamos que practico ciertas artes mágicas, pero sería incapaz de hacerle daño a nadie, y menos a un niño.- Respondió Grubilda. -También poseo ciertos poderes que he ido perfeccionando con el tiempo, por ejemplo, puedo adoptar la forma de cualquier animal, y eso me ayuda a sobrevivir. A veces me convierto en lobo para poder cazar algún conejo o liebre, pero hoy he tenido la mala suerte de caer en esta trampa. De modo que te doy nuevamente las gracias. ¿Quién eres? Aun no me lo has dicho, y que asuntos te trae por esta zona tan apartada de la ciudad.

    -Sargón, Capitán de la Guardia del Rey. –Contestó él. –Y le contó todo lo sucedido con el dragón y su amada, la princesa Laylan, y de su afán en querer ir a buscarla.

    -¡Vaya! Mal asunto ese, pero será mejor que descanses esta noche en mi casa, ya es de noche y no es buena idea cabalgar en la oscuridad. –Sugirió la vieja mujer.

    Sargón y Grubilda subieron en el caballo y se alejaron del lugar.

    La casa estaba en un pequeño claro del bosque, no era demasiado grande ni demasiado pequeña. Estaba hecha de piedra y con la puerta y sus cuatro ventanas de madera ya carcomida. En el curvado tejado se dejaba ver una gran chimenea torcida de donde salía algo de humo.

    Una vez llegaron, pasaron dentro, tan sólo una vela medio derretida sobre una mesa, alumbraba el interior. Grubilda le dijo a Sargón que se sentara, mientras que la mujer se dirigía cojeando, debido a la herida del cepo, a una oscura estantería que había en un rincón. Cogió un bote de cristal y se sentó cerca del muchacho.

    Destapó el bote, y articulando unas palabras en un idioma desconocido, vertió un poco del líquido que había sobre la herida de su pierna y en apenas un instante la herida desapareció. Luego le pidió a Sargón que le dejará ver su brazo, la mujer le quitó las tablillas y el vendaje con cuidado y puso también un poco de ese ungüento. Acto seguido, el joven capitán comenzó a mover el brazo sin notar dolor alguno.

    -¿Cómo has hecho eso? –Preguntó él.

    -Es una pócima mágica, capaz de curar cualquier herida casi al instante. Para que veas lo mala que soy. –Dijo Grubilda con ironía y medio sonriendo. –Ahora descansa, puedes dormir aquí. Mañana podrás irte cuando amanezca. Debes darte prisa aunque según me has contado puede que la princesa aun esté con vida. Cuando Armongh rapta a una bella doncella, no se la come, a no ser que tenga demasiada hambre. La suele tener como trofeo y siempre cerca para poder verla.

    La anciana se levantó de la silla, está vez ya no cojeaba, incluso caminaba bastante deprisa para su avanzada edad. Volvió a colocar en su sitio el bote de cristal y cogió otro de la parte de arriba del estante, luego volvió otra vez donde estaba Sargón.

    -¡Toma! Guarda este frasco. Creo que te será de ayuda. –Dijo ella.

    -¿Qué es? ¿Algo para curar heridas también? – Preguntó él.

    -No. Esta pócima es diferente. Es un suero mágico. Si te tomas tres gotas, tu tamaño disminuirá al tamaño de un ratón. Para volver a tu tamaño real, debes volver a tomarte otras tres gotas. Pero… ¡Cuidado! Si te tomas más de tres gotas, nunca volverás a tu estado normal. Debes tener mucho cuidado con eso. ¿Lo has entendido? – Le decía muy seriamente Grubilda.

    - Si, lo he entendido perfectamente. ¡Muchas gracias! – Respondió Sargón muy sorprendido y guardándose el frasco.

    La guarida del Dragón.


    La mañana era oscura, el cielo estaba gris y amenazaba tormenta cuando el joven Capitán de la Guardia del Rey salió a galope desde aquella casa. Con el brazo curado, ahora sentía tener fuerzas renovadas y le hacía ser más optimista.

    Durante varias jornadas cabalgando, atravesó bosques, ríos, lodazales, subió y bajó decenas de colinas. Apenas paraba, excepto para que su caballo descansara y alimentarse con algunas frutas que llevaba consigo.

    Una mañana, mientras seguía su camino, observó las huellas de lo que parecía una hueste de caballería. Se bajó del caballo y las examinó de cerca. Las huellas eran recientes y pertenecían a los hombres del rey comandados por el marqués.

    Siguió adelante. El terreno cada vez era más escabroso, sin duda alguna era el suelo montañoso de la Cordillera Norte. El frio cada vez se hacía más intenso y calaba en los huesos, comenzaba a nevar copiosamente cuando a lo lejos divisó una inmensa montaña, muy muy alta, se trataba sin lugar a dudas de Macizoalto. Continuó adelante y tras subir por una ladera con bastante pendiente, abajo y a los pies de la montaña, observó algo terrorífico. La caballería enviada por el rey había sido derrotada. La gran mayoría de los caballos permanecían tumbados en el suelo sin vida, muchos de ellos estaban calcinados. Y apenas pudo distinguir varios hombres que seguían aún en pie. Rápidamente espoleó a su caballo hacia el lugar.

    -¿¡Dios mío que os pasado!? –Exclamó Sargón dirigiéndose a uno de los soldados que permanecía de pie.

    -Mi capitán, ha ocurrido un enorme desastre. –Respondió el soldado desolado.

    -Cuéntame exactamente lo sucedido. –Replicó el capitán.

    -Llegamos aquí al mediodía. Nos disponíamos a urdir un plan para entrar dentro de la montaña por una de sus cuevas, cuando de pronto una negra sombra nos acometió desde el cielo. No sabemos cómo, pero el dragón seguramente advirtió nuestra presencia y nos envistió por sorpresa. Apenas tuvimos tiempo de reaccionar cuando comenzó a agarrar nuestros caballos y lanzarlos contra las rocas. A muchos soldados se los comió sin apenas resistencia. Otros, intentaban huir pero el fuego y las llamaradas que lanzaba ese monstruo los abrasó al instante. ¡Ha sido terrible, mi señor! – Relataba el soldado.

    -¿Y el marqués, que ha sido de él?- Preguntó el capitán.

    - Cuando vimos que no teníamos escapatoria, el marqués huyó hacia el interior de la montaña, se ocultó en la cueva. Supongo que aún debe estar escondido ahí dentro. –Dijo el soldado.

    -De acuerdo, está bien. Debo ir en busca de la princesa sin demora. –Decía Sargón mientras se bajaba del caballo.

    -Tenga mucho cuidado mi capitán. Tenga, llévese esta antorcha, ahí dentro está muy oscuro.

    Sargón tomó la antorcha y andando rápidamente entró en la cueva.

    El silencio era ensordecedor, interrumpido de tanto en cuando por el sonido de alguna gota de agua que caía por algún lugar. El joven y valiente caballero, ayudado por la antorcha, se iba abriendo camino en la oscuridad de aquella gruta.

    La verdad es que no sabía qué camino tomar en aquella laberíntica caverna, cuando se le presentaba la duda entre elegir uno u otro camino de los muchos que había. No sabía muy bien por cual abertura debía ir, simplemente se dejaba llevar por su instinto, lo único que tenía claro era que tenía que elegir caminos que le hiciesen subir a lo más alto de la montaña.

    Llevaba ya bastante tiempo sumergido en esa asfixiante oscuridad, tanto que ya había perdido la noción del tiempo, se sentía incluso mareado. Ya comenzaba a sentirse abatido cuando oyó en la lejanía un rugido, pero era un rugido calmado y sosegado.

    -¡Es el dragón! –Pensó. Y se apresuró a ir en esa dirección.

    El sonido de aquel gruñido era cada vez más audible. Hasta que al fin, Sargón le vio. En una especie de gran sala esculpida en el interior de la montaña y ligeramente iluminada por unos grandes huecos que daban al exterior, ahí se encontraba Armongh tendido en el suelo. Estaba durmiendo y mientras lo hacía, unos leves pero espantosos ronquidos salían de las tres gargantas del dragón.

    El capitán observó con detenimiento toda la sala, intentado buscar, entre la multitud de huesos que había en el suelo, a su princesa. Lo repasó todo con la vista una y otra vez, hasta que en un rincón la vio. Allí estaba Laylan, sentada contra la pared y temblando de frio y de miedo. En ese momento sintió el deseo de ir rápidamente hacia ella, y acogerla en sus brazos, pero tenía que ser precavido, no podía arriesgar su vida, ya que de él dependía la salvación de la princesa.

    Sacó su espada y comenzó a caminar lentamente hacia el dragón, quería ser lo más sigiloso posible. Su idea era la de llegar hasta ella, y sacarla en silencio aprovechando que Armongh estaba durmiendo.

    El dragón prácticamente ocupaba todo el diámetro de la sala, y apenas tenía espacio para llegar al otro lado donde estaba Laylan. Sabía que no podía rozar lo más mínimo a la bestia, no quería que se despertase. Por un momento se quedó pensando, no se le ocurría la forma de llegar al otro lado sin tocar al dragón, retrocedió unos pasos, y se ocultó tras una pared para poder pensar mejor.

    -¡Claro! ¡Eso es! –Se dijo asimismo.

    Entonces, sacó el frasco que llevaba guardado en su ropaje, lo destapó y confiando en la suerte, introdujo el dedo dentro y tomó tres gotas, tapó de nuevo el frasco y se lo volvió a guardar. Hecho esto y casi de inmediato notó como todo su alrededor se hacía grande, la antorcha que dejó en el suelo, ahora a sus ojos, parecía un gran tronco de árbol encendido en un extremo. Miró al dragón de nuevo, y si antes le parecía un ser gigantesco, ahora ya no tenía palabras para describirlo, era descomunal.

    Sargón, en ese momento no era mucho mayor que un ratón. De esa forma, podría deslizarse por debajo de uno de los cuellos del animal, el único sitio por donde podría pasar siendo tan pequeño.

    Pese a su pequeña estatura, no quería hacer ningún ruido, caminaba lo más silenciosamente posible que podía, poniendo atención en cada paso. Mientras lo hacía, iba pensando en cómo sacar a la princesa de allí. Se le ocurrió que una vez llegara donde estaba ella, podría darle otras tres gotas de esa pócima mágica, y salir de la misma forma, por debajo de una de las gargantas del dragón. Pero si una cualidad tienen los dragones, es que poseen un gran olfato.

    Ya casi estaba al otro lado el joven y ahora pequeño caballero, cuando Armongh, se levantó de golpe y comenzó a olfatear en todas direcciones. Sargón, al igual que un ratoncillo que se siente amenazado, corrió rápidamente y se ocultó detrás de unos de los tantos huesos que había en el suelo y esperó a que la bestia se calmara y se volviese a recostar.

    No tardó mucho el dragón en volver a echarse en el suelo y volverse a dormir, lo que aprovechó Sargón para ir en busca de Laylan, que permanecía en aquel rincón oscuro, pero ahora recostada de un lado mirando a la pared.

    Una vez que el Capitán llegó a ella, tomó de nuevo el frasco y se tomó otras tres gotas, quería volver a su tamaño real, y eso fue exactamente lo que ocurrió. Luego se le acercó a ella.

    -Laylan. Soy yo. Despierta, tenemos que salir de aquí. –Le dijo Sargón susurrándola al oído.

    Pero la princesa, no pudo evitar contener su enorme alegría y gritó, -¿¡Sargón, eres tú!?

    Entonces el dragón se levantó del suelo, y esta vez muy furioso, cuando sus tres cabezas se giraron rápidamente donde estaban los dos enamorados y comenzó a andar hacia ellos. Sargón se abrazó a ella y luego se apartó en seguida yendo hacia el otro lado de la sala, quería atraer al dragón solamente hacia él, y que la princesa no se viera envuelta en la ira del Armongh.

    El dragón rugía furioso, no solo le habían despertado, sino que querían robarle su tesoro, pese a la torpeza del dragón al caminar, en un suspiro arrinconó a Sargón en un rincón y cómo un rayo, la cabeza central del monstruo se abalanzó hacia él para cogerlo entre sus afilados dientes, pero el joven fue aún más rápido y le esquivó, poniéndose justo detrás del animal, y en ese momento desenvainó su espada, dio un salto en el aire para subirse a los lomos del dragón y agarrando el acero con sus dos manos corrió por encima de él para saltar de nuevo y dejar caer su espada afilada contra el cuello de la cabeza izquierda, cortándola y cayendo ésta al suelo dando vueltas.

    Armongh lanzaba rugidos de dolor y comenzó a tambalearse perdiendo el equilibrio. Sargón quiso finalizar su trabajo, quería aprovechar ese momento de duda para asestarle a la criatura el golpe definitivo, pero se confió en exceso y cuando estuvo a punto de clavar su espada en el pecho del dragón, recibió un fuerte manotazo con una de las garras, lo que hizo que el capitán saliera despedido para chocar fuertemente con una de la paredes de aquella cueva, quedándose en suelo aturdido.

    En la semioscuridad, el valiente guerrero buscaba a tientas su espada, pero la había perdido, y ahora el dragón herido caminaba firmemente hacia él, muy poca distancia les separaba cuando la cabeza central del dragón se echó levemente atrás, como para coger aire, luego abrió sus grandes mandíbulas, y un pequeño fuego se atisbaba en su interior. Armongh se disponía a lanzar un fogonazo de llamas. Sargón se veía perdido, ahora ya no tenía escapatoria, el momento de su fin se acercaba, pero de pronto algo le vino a la mente.

    Sacó de sus ropas el frasco con la pócima e inmediatamente la destapó, ya el dragón se disponía a lanzar su llamarada mortal cuando Sargón arrojó con fuerza el frasco a la garganta de aquel engendro.

    En ese instante las mandíbulas se cerraron, el dragón retrocedió unos pasos, sentía como si se hubiese atragantado con algo y siguió retrocediendo. Comenzó a rugir con la otra garganta, el rugido era cada vez más suave, mientras que su tamaño empezó a reducirse rápidamente, hasta que su estatura no era mayor que un perro pequeño.

    El ahora pequeño dragón pasó de ser depredador a presa y corría desesperado a esconderse en algún sitio.

    Sargón se levantó y corrió hacia su princesa y se fundieron en un enorme abrazo, fue entonces cuando él se dio cuenta de lo débil que se encontraba ella, no había comido nada desde que fue raptada.

    -¡Vamos, amor mío! Aguanta solo un poco más, pronto estaremos en casa. –Le decía él animosamente.

    -Sí, mi joven y valiente capitán. Y ahora, después de haberme rescatado y haber derrotado al dragón, seguro que mi padre accederá a que me case contigo. –Dijo la princesa con su voz cada vez más débil.

    Él la ayudó a levantarse, pero tras caminar unos pasos, se desplomó y cayó desmayada, pero Sargón la cogió en sus fuertes brazos y ya se disponían a buscar la salida cuando oyó una voz que le hablaba.

    -¡Bravo capitán! Eres todo un héroe, has derrotado tú solido al dragón y tú solito has salvado a la hija del rey, mis más sinceras felicitaciones.

    Era el marqués, que desde un principio le había estado siguiendo desde que entró en la cueva, y que oculto en la oscuridad, estuvo observando todo lo acontecido entre el dragón y él. Y ahora estaba allí de pie frente al Sargón y la princesa, que permanecía inconsciente en sus brazos.

    -¡Venga, señor marques! ¡Ayúdeme a sacar a Laylan de este sitio! ¡Tenemos que salir ya de aquí! La princesa está muy débil. –Exclamó Sargón, mientras continuaba caminando adelantando a su paso al marqués, que se quedó ligeramente rezagado.

    -Tienes razón, pero hasta aquí ha llegado tu contribución a la causa. –Respondió el marqués que ahora estaba justo detrás de él, y sacando una daga de su cinto, apuñaló a Sargón por la espalda traicioneramente. - ¿Te pensabas que iba a dejarte marchar sin más? ¡Soy yo, y no tú quien debe casarse con la princesa! El trono de Verdevalle me aguarda.

    Y dicho esto, el marqués envolvió la cabeza cortada del dragón en su capa, y la ató como pudo a su espalda. Luego medio a rastras, medio en brazos sacó a la princesa de la cueva.

    Una vez en el exterior, el marqués se encontró con uno de los soldados que habían sobrevivido.

    -¡Rápido! ¡Prepara dos caballos! Tenemos que partir en seguida. La princesa está muy débil. –Ordenó el marqués.

    -Pero… señor. ¡Qué alegría verle a usted y la princesa con vida! ¿Qué ha ocurrido ahí dentro? ¿Y el capitán, donde está el capitán? –Preguntaba exaltado el soldado.

    -He derrotado al dragón y he liberado a la princesa. Mira, esta es una de sus cabezas. –Dijo el marqués mostrándole la cabeza del dragón.

    -¿Y el capitán? –Volvió a preguntar el soldado.

    -¡Ha caído! Intenté salvarle de las garras de Armongh, pero me fue imposible. Pero ha caído con honor. –Respondió el marqués. –Más ahora, debemos apresurarnos.

    El marqués, la princesa y los soldados que quedaban, salieron a galope en dirección a Verdevalle.

    Arriba, en el interior de la cueva yacía el cuerpo de Sargón, la herida de la daga era profunda y aunque por fortuna aún seguía vivo, se debatía entre la vida y la muerte. Abrió los ojos, y se puso boca arriba, le faltaba el aire, apenas podía respirar, su visión comenzó a ser borrosa, aunque todavía era capaz de distinguir los huecos por donde entraba algo de la luz del exterior.

    El capitán veía pronto su fin, pero seguía teniendo fuerzas, ya que se arrastraba por el suelo. Quería encontrar su espada y morir junto a ella, como era costumbre en los caballeros que perdían su vida en batalla, pero escuchó de pronto un pequeño aleteo. Miró hacia lo alto. Un cuervo entraba por una de las cavidades superiores, volaba hacia él, y se posó en el suelo.

    Una luz cegadora le hizo cerrar los ojos durante un instante, luego los abrió, y vio ante él a aquella mujer anciana. Habéis adivinado, naturalmente era Grubilda.

    -¡Vaya! Te veo algo desmejorado, capitán. –Dijo la mujer medio sonriendo.

    Pero Sargón apenas podía hablar, ni tan siquiera respirar. Entonces, Grubilda sacó de una de sus mangas un frasco de cristal, lo destapó y vertió un poco de su contenido sobre la herida que tenía el muchacho en la espalda.

    La respiración del capitán se hacía cada vez más estable, y en poco tiempo ya se encontraba sentado y casi recuperado.

    -¿Cómo me has encontrado? –Le preguntó a la anciana.

    -Tengo ciertos poderes. ¿Recuerdas? Tuve un mal presentimiento y pensé que las cosas no te iban bien, de modo que decidí venir en tu ayuda. Y por lo que he podido ver, la poción mágica que te regalé la has sabido usar sabiamente. –Respondió la mujer haciéndole un guiño.

    -Muchas gracias Grubilda, me acabas de salvar la vida, ya lo veía todo perdido. –Dijo Sargón.

    -Bueno, ya estamos en paz. Tú me salvaste a mí la vida y yo he salvado la tuya. –Dijo ella sonrientemente.

    Luego, mientras Sargón terminaba de recuperarse, le contó todo lo sucedido, de cómo usó la pócima para pasar por debajo del dragón, y la lucha que tuvieron cortándole una de sus cabezas, y de cómo utilizo in extremis, el frasco para reducir el tamaño de Armongh. Y luego la traición del marqués, clavándole la daga en la espalda.

    -Está claro que ese marqués es un ser despreciable. –Decía Grubilda. –Lo único que le mueve son sus ansias de poder a cualquier precio, y ahora hará creer a todos que el verdadero héroe ha sido él. Ahora se habrá ganado la confianza absoluta del rey y le casará con su hija.

    -¡Debo impedir esa boda sea como sea! –Dijo Sargón que ahora parecía bastante enfadado.

    -Lo intentaremos, pero ahora lo primero es salir de aquí – Replicó la mujer.

    Grubilda, que durante todo ese tiempo había permanecido de rodillas, se levantó. Se quitó el manto que llevaba y lo extendió en el suelo, luego comenzó a andar deprisa por el interior de la cueva buscando algo. Transcurridos unos instantes, la anciana mujer volvió con el pequeño dragón cogido por la cola, como si de una rata se tratara. Lo puso en medio del manto y lo envolvió.

    -¿Qué estás haciendo? – Preguntó él.

    -Esto nos servirá de prueba. –Contestó ella. Y una vez envuelto el pequeño Armongh, pronunció unas palabras extrañas.

    De nuevo un fuerte resplandor iluminó el lugar, Grubilda había adoptado la forma de un águila, pero un águila gigante.

    -Vamos, súbete a mis espaldas. Nos vamos a casa. –Dijo el águila.

    El ave remontó el vuelo y salieron por una de las cavidades de la montaña.

    Una boda que celebrar.


    Un par de semanas más tarde la ciudad de Verdevalle estaba engalanada con los más variados y preciosos adornos, todos se preparaban para el gran evento, la ceremonia nupcial entre la princesa Laylan y el Marqués de la Corte.

    El marqués fue recibido como un auténtico héroe cuando trajo a la princesa sana y salva de Macizoalto y cuando dejó caer la cabeza del dragón, en la plaza principal de la ciudad, todos gritaban de alegría. – ¡Viva el Señor Marqués! ¡Viva nuestro Salvador! ¡Viva el Mata-dragones!

    Una vez recuperada la princesa, ésta le contó a su padre, el rey, la verdadera historia, que quien realmente la había salvado había sido Sargón, pero su padre no la creía, sabía que lo hacía para no tener que casarse con el marqués.

    Cuando Laylan se enteró del cruel destino de su amado, no podía creerlo. Estaba segura de haber visto como su capitán había derrotado al dragón, pero el marqués la intentaba convencer de lo contrario, alegando que con lo débil que estaba podría incluso haber estado delirando y que fue él quien la salvó, matando a Armongh y no pudiendo hacer nada por joven capitán. Aunque ella estaba segura de lo ocurrido en aquella cueva y su corazón le decía que Sargón seguía vivo, tuvo que resignarse a su fatal destino.

    Aquella tarde, las campanas repicaban, cuando todo estaba dispuesto para la boda. En la iglesia, una multitud de invitados veía como el marqués y la princesa caminaban juntos hacia el altar, donde el sacerdote junto al rey esperaban.

    La princesa lloraba en silencio bajo su blanco velo mientras el sacerdote comenzaba a recitar algunos versículos de la Biblia. Todo estaba a punto, predispuesto, la unión matrimonial era inminente cuando un murmullo de voces procedentes de la entrada a la iglesia llegaron a los oídos del rey e interrumpiendo la ceremonia.

    -¡¿Qué demonios ocurre?! –Gritó el rey.

    A lo lejos, vio como dos personas se acercaban. Parecían ser frailes, ya que llevaban unas sotanas y capuchas sobre sus cabezas. Uno de ellos era alto y fuerte, el otro era mucho más bajo y andaba encorvado. El fraile más alto llevaba un saco con algo dentro al hombro.

    Todos, incluidos la princesa y el marqués veían como ambos frailes se acercaban al altar.

    -¡¿Qué queréis?! ¡Espero que tengáis un buen motivo para interrumpir la boda! –Les dijo el rey enfadado.

    -La princesa no puede casarse con ese traidor. –Dijo el monje más alto.

    -¿Cómo me has llamado? –Dijo el marqués bastante enojado. -¿Cómo te atreves?

    -¿Por qué dices que el marqués es un traidor? –Preguntó el rey.

    -Por haber intentado matarme una vez que derroté a Armongh y cuando me disponía a traer a la princesa de vuelta, Majestad. – Dijo el monje alto mientras se quitaba la capucha.

    -¡Sargón! ¡Eres tú! ¡Sabía que seguías vivo! – Gritó Laylan con lágrimas en la cara, pero ahora eran de felicidad.

    Y toda la gente murmuraba y hablaban entre ellos.

    -De modo que estás vivo, pensé que el dragón había acabado contigo. –Dijo el marqués muy nervioso y con varias gotas de sudor frio que le caían por la frente.

    -Se cuenta, que usted mató a Armongh, señor marqués. ¿Puede decirnos cómo lo hizo? –Preguntó Sargón, mientras todos esperaban la respuesta.

    -Eee, yo, pues, si, yo… le maté. Si, le clavé mi… daga, perdón, eee, mi espada. –Respondió el Marqués medio tartamudeando.

    Sargón puso sobre el suelo el saco que llevaba a la espalda, desató el nudo y lo abrió.

    Un clamor de miedo y sorpresa inundó la iglesia cuando desde dentro del saco un pequeño dragón de dos cabezas salió muy asustado mirando con sus cuatro ojos en todas direcciones.

    -¡Es el dragón! ¿Pero por qué es tan pequeño?- Se oía entre la multitud.

    El marqués no sabía dónde mirar, ni que decir, ni que hacer. Le hubiese gustado desaparecer de allí o esconderse en algún sitio. Pero no tuvo más remedio que aguantar el tipo.

    -¡Explícate mejor, Capitán de la Guardia! –Le ordenó el rey a Sargón.

    Entonces, el valiente joven, comenzó a narrarlo todo. De cómo cabalgando se encontró con Grubilda convertida en lobo, de cómo la salvó del cepo. Habló de las pócimas mágicas. Relató su entrada a la montaña después de hablar con uno de los soldados supervivientes de la batalla entre Armongh y la caballería enviada por el rey. De cómo una vez en la guarida del dragón usó el brebaje que le regaló Grubilda para reducir su tamaño y llegar al otro lado de la cueva, por debajo del dragón, donde estaba la princesa. Contó su lucha con la bestia y de cómo le cortó la cabeza izquierda y de cómo viéndose perdido, arrojó el frasco de la pócima en el interior de una de las gargantas de Armongh. De cómo al querer salir de la montaña, el marqués le traicionó clavándole su daga en la espalda. Y por último describió la llegada de Grubilda convertida en cuervo, la cual le salvó la vida y le ayudó a salir de allí.

    -¿Grubilda, te refieres a la vieja bruja que según cuentan, ya debe ser pasto de los gusanos? ¿Esa bruja que aparece en los cuentos que les contamos a los niños? – Preguntó el rey en tono burlesco.

    -Todos sabemos que Grubilda es solo una leyenda. Nadie cree ya en esas historias, salvo los niños. – Dijo el marqués mirando al rey algo más aliviado y riendo.

    Sargón se giró hacia el fraile que iba con él, echándole la capucha de la cabeza hacia atrás.

    -Majestad, os presento a Grubilda. –Dijo Sargón.

    Nuevos gritos de asombro se oyeron por todas partes. El rostro del marqués se volvió pálido. La anciana que ahora vestía como un fraile, se arrodilló e hizo una reverencia al rey.

    -¡Por todos los santos, es cierto! – Exclamó el rey. –Grubilda aún vive.

    Entonces el rey miró muy seriamente al marqués.

    -¿Qué tienes que decir en tu defensa? – Le dijo el rey.

    El marqués se quedó mudo, intentaba hablar pero no le salían las palabras. Le habían descubierto. Lo único que pudo hacer fue ponerse de rodillas y pedir perdón. Pidió perdón muchas veces.

    -¡Guardias! ¡Lleváoslo! ¡Apartadle de mi vista! – Ordenó el rey. Y el marqués fue sacado de la iglesia ante los abucheos e insultos de la gente.

    -¡Qué no se vaya nadie! – Grito el rey haciéndole un guiño a su hija - Aún tenemos una boda que celebrar.

    Finalmente, aquella tarde si hubo una boda, la de Sargón, el noble y valeroso Capitán de la Guardia, con la Princesa Laylan y fueron desde aquel día las dos personas más felices del reino.

    El marqués fue desposeído de sus tierras, de su título nobiliario y fue desterrado. A Grubilda se le otorgó el título de Curandera Oficial del Reino y pudo vivir felizmente en Verdevalle hasta los últimos días de su vida.

    ¿Y qué pasó con el pequeño Armongh? Os preguntaréis. Pues nadie sabe muy bien lo que fue de él. Algunos cuentan que escapó de nuevo a su montaña, aprovechando el jolgorio de la gente en la boda, pero hay quienes aseguran haberle visto en las cloacas de la ciudad, alimentándose de ratones y ratas.


    FIN

  7. Los Siguientes 5 Usuarios Agradecieron a Sorgin por Este Mensaje:

    mamisaz (29/06/2016),neolitico (28/06/2016),Rafi (28/05/2016),razonable (20/05/2016),valalca (10/07/2016)

  8. #5

    Ya estamos con que si la abuela fuma
    Avatar de razonable
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    Hola Sorgin.
    Muy interesante, un pelin largo para leerlo de un tirón pero bueno!!!
    Me gustaría tener a Grubilda.. de medico de cabecera...
    Un besin

  9. #6
    CINEMAN
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    Que dificil sera decidirse por uno..joder que nivelazo!!!




    Gracias a Mago por las firmas,un gran trabajo..muy agradecido..











  10. #7
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    Esto se termina......solo os queda hasta las 00:00 de la noche......que se os acerca el tiempo.....A ver los rezagados.....



    Un saludo....

  11. #8
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    Avatar de miguelpichardo
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    Cita Iniciado por Sorgin Ver mensaje
    Esto se termina......solo os queda hasta las 00:00 de la noche......que se os acerca el tiempo.....A ver los rezagados.....



    Un saludo....
    A esa hora el menda ya esta...........





  12. #9
    ¿A que te baneo?
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    Avatar de loki
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    Cita Iniciado por miguelpichardo Ver mensaje
    A esa hora el menda ya esta...........
    Ese nick no me suena.



  13. #10
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    Bueno, pues hasta aqui hemos llegado, han sido pocos los relatos, pero suficientes para votar y pegarnos, ajajajajajaj

    Gracias a todos por hacer que esto siga adelante....



    Un saludo.....

  14. #11
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    Cita Iniciado por Sorgin Ver mensaje
    Bueno, pues hasta aqui hemos llegado, han sido pocos los relatos, pero suficientes para votar y pegarnos, ajajajajajaj

    Gracias a todos por hacer que esto siga adelante....
    .
    Para votar si serán suficientes, pero me pregunto si serán suficientes como para hacer que un niño se duerma.



  15. #12
    Salud
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    Hola, ¿donde deposito mi voto?

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