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Tema: [Literario] Relatos de Aventuras Eroticas

  1. #1
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    Predeterminado [Literario] Relatos de Aventuras Eroticas

    Aqui os dejo los relatos que vayamos recibiendo de esta truculenta historias. No se yo que esperar de vuestras mentes calenturientas, pero si espero recibir más relatos que otras veces, pues el tema es del gusto de muchos personajes del foro, o no?.......Venga a escribir y a mandar esas historias.....



    La Urna de Eros - http://forocer.com/literario-relatos...236#post457471 ([Literario] Relatos de Aventuras Eroticas)

    El Camafeo hundido - http://forocer.com/literario-relatos...236#post457665 ([Literario] Relatos de Aventuras Eroticas)
    dan defensor le gusta.

  2. #2
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    Predeterminado

    La Urna de Eros

    Salió del interior del taxi, aquel hombre fornido casi atlético, se notaba que pasaba horas en el gimnasio, llego a su hotel donde iba a pasar unos días, su estancia era un secreto que solo él podía saber, entro por la puerta y se dirigió a recepción, un hombre de rasgos asiáticos le atendió.
    -¿Me permite su nombre por favor?
    -¡John! ¡John Slater!
    -¡Habitación 907! ¡Aquí tiene su llave! ¡Esperemos que sea de su agrado la estancia!-Dijo el recepcionista
    -¡Gracias!
    John se dirigió hacia los ascensores y se percató de una mujer que entro delante suyo de grandes nalgas y unos pechos de infarto, no pudo evitar mirarla, ella le correspondió con sus labios carnosos de la mejor de su sonrisa. El ascensor subió, ella se dio cuenta de la erección que John tenía en ese momento y sin decirse una palabra ambos salieron en el mismo piso, John cogió la trolley y se acercó a su habitación, justo en la habitación de al lado la mujer del ascensor estaba en la puerta.
    -¡Qué casualidad! ¡Si lo tengo aquí al lado!
    -¿Nos conocemos?
    -Mi nombre es Lina Kravenger, estoy aquí por una convención, soy profesora de historia.
    -¡Encantado Lina!-John Slater estoy aquí por negocios no sé si me entiende.
    -¡Ah! ¿Qué clase de negocios, si puede saberse?
    -Reliquias, me dedico a la compra-venta de antigüedades
    Se dieron la mano amigablemente, John no pudo evitar mirarla lascivamente Lina era una mujer muy guapa de casi metro setenta y tenía un cuerpo escultural, ella se intuía algo.
    Se despidieron y se fueron a sus respectivas habitaciones.


    El día amaneció muy caluroso John salió muy temprano para adelantar faena, la montaña se alzaba como un castillo de naipes, llevaba una mochila donde tenía varias herramientas de escalada y acto seguido se puso a escalar llevaba un arnés, un piolet y un martillo no faltaban tampoco su ejército de mosquetones los cuales no están de más llevar encima por si las moscas, la ascensión iba en buen camino según iba subiendo iba asegurándose para evitar una caída, sabía que tenía que entrar por una grieta de la montaña por donde encontraría en algún lugar su más preciado tesoro.

    Lina llevaba mucho camino adelantado, ataviada con una camiseta escotada ceñida a su cuerpo y unos shorts donde colgaban dos glocks y una pequeña mochila en su espalda, ascendía con una agilidad que le dio tantos años de entrenamiento en artes marciales, la larga melena se la recogió en una coleta que le llegaba a la espalda, muy segura de sí misma se sentó en un ribete de la montaña y espero.

    -¡Buenos días!-grito Lina a John cuando este llego a su altura llevándose un susto de muerte, casi pierde el equilibrio lo que le hubiese precipitado al vacio.
    -¡Casi me mata del susto! ¡Se ha vuelto loca!
    Lina no paraba de reír.
    -Vamos, no se lo tome así. Era una broma.
    John se cogió bien, Lina se agarro a su arnés, ya quedaba menos, la obertura estaba en un costado de la montaña, John se fijó cómo iba vestida Lina, como su deseo iba aumentando poco a poco, necesitaba tener entre su boca aquellos pezones y tocar aquellas nalgas que le decían “cómeme”, Lina se le acerco.
    -¡Ahora no es el momento campeón! Sé que quieres follar conmigo me di cuenta desde ayer que te vi, pero ahora..
    John se le acercó para intentar besarla, Lina se le acerco, estando aun allí colgados, en el momento que iban a besarse ella le empujo muy fuerte para coger impulso, John gritaba como un loco cuando ella le volvió a empujar, ya con el impulso que llevaban ella se agarró a la cuerda de él, momento en la cual la corto con una navaja que llevaba en su bolsillo, con el impulso cayeron ambos cerca de la grieta de acceso, el espacio era minúsculo, John estaba caído de espaldas, estaba dolorido debido a la caída aunque Lina le apaciguo su dolor cuando cayó encima de el de manera que aquellos pechos enormes los tenia encima de su cara entonces el dolor se convirtió en placer, Lina se levantó y ayudo a levantarse a John, gracias a Dios no se había roto nada.

    La cueva era enorme, habían decenas de estalactitas y estalagmitas, ambos caminaban con sumo cuidado y provistos cada uno con un casco con luz para tener libertad de movimientos, poco a poco aparecían los claros del día entre las grietas.
    -¡O sea que no es profesora!
    -No, Arqueóloga
    -¿Y también viene buscando la “Urna de Eros”?
    He estado durante mucho tiempo estudiando la manera de sacarla de este lugar y llevarla al museo Nacional de Londres que es el sitio que se merece y ningún saqueador de pacotilla me lo va a impedir.
    John se puso nervioso cuando se le acerco, noto el calor de aquellos inmensos pechos y su pene se estaba poniendo erecto. Noto unas sombras que se movían hacia ellos dando formas óseas y humanas.
    -¡Vale! ¡Vale! Ya lo hablaremos, pero ahora yo de usted me volvería hacia delante y miraría lo que se nos viene encima.
    Lina puso una cara de estupefacto, desenvolvió las glocks y empezó a disparar contra los esqueletos que se les venían encima, estos estaban ataviados con una espada y un escudo, pero no eran impedimento para acabar con ellos, John desenvaino una katana que compro en Japón en uno de sus muchos viajes; con un golpe seco sobre la cintura arraso con varios esqueletos, entre disparos y varias patadas de karate Lina se cargó otros tantos, una pared al fondo se abrió hacia arriba, salieron corriendo para pasar al otro lado y cuando estaba a punto de cerrarse, en el último momento se tiraron ambos hacia el suelo rodando para pasar al otro lado, la pared llego hasta el suelo aplastando el ultimo esqueleto viviente que quedaba en el suelo.
    Exhaustos y cansados vieron como un largo valle se alzaba delante, al fondo una enorme cascada, Lina saco de su escote un mapa y lo observo unos minutos, lo volvió a guardar pero esta vez en el bolsillo de sus shorts.
    -Debemos descansar y relajarnos aún queda lo peor y créeme John no será agradable.
    Ambos llegaron hasta el lago que avanzaba delante de ellos, Lina se quitó la mochila, John también se sacó la suya y todo el armamento que llevaba encima. Sé sentaron en la mullida hierba y se miraron, Lina se desnudó suavemente sin dejar de mirarle a él, ando hacia el lago y entro dentro, el agua estaba bastante tibia para el tiempo que era, sentado aun John estaba excitado.
    -¡Vamos campeón! ¡El agua esta estupenda! ¡Ven aquí!
    John se quitó su ropa y Lina vio lo atlético de su figura, se le notaba que no tenía nada de grasa en el cuerpo, cuando se quitó la ropa interior noto la erección de su pene, empezaba a excitarse. En un leve movimiento ambos estaban metidos en el agua y mirándose cara a cara Lina se abalanzo hacia los labios de John metiéndole la lengua hasta el fondo de la boca; recostados sobre un borde del lago con la naturaleza alrededor se abrazaron, John sentía el calor de aquellos enormes pechos sobre su piel, a Lina le excitaba, ambos notaban el calor de sus cuerpos aun estando debajo del agua, la erección de John se le notaba cada vez más y más, ambos salieron del agua y recostados en la hierba una mano empezó a masajear el miembro viril arriba y abajo hasta que John se excito, una suave boca fue lo siguiente que noto entonces vio las estrellas, Lina se giró y John tenía enfrente una suave fruta la cual también relamió con ganas, ella se salió de encima cuando vio que aquella tranca ya estaba en posición, así que se puso debajo y John no pudo más y la penetro suavemente los gemidos eran de un goce continuo, mientras Lina levantaba las piernas hacia atrás para favorecer la penetración no dejaba de tocar aquellos pectorales, John llegaba al éxtasis y de ahí a la extenuación lo que hizo que salpicase aquel liquido blanco y viscoso en el cuerpo lascivo de Lina, se abrazaron los dos en la hierba dejando escapar unos gemidos de cansancio, un fuerte ruido y temblor como un pequeño terremoto se oyó de repente.

    La cascada que había se empezó a abrir, dejando un hueco donde había un pasadizo dentro de la montaña, Lina y John cuando lo vieron se vistieron enseguida de nuevo y fueron hacia él, se adentraron vestidos en el lago y subieron al pedestal que sobresalía delante tenían un mini pasadizo por el cual entraron, apenas entraron unos metros la estancia se ilumino y allí estaba sobre un saliente en una pared la famosa Urna de Eros, tenía un tamaño no muy grande y estaba hecha de piedra, en un lado estaba la figura de Eros fornicando con Psique que era una de las hermanas de Afrodita.
    John levanto aquella reliquia y se acercó a Lina.
    -¡Lo conseguimos!-dijo Lina
    -¡Siiiiii!-John se entusiasmó.
    Ambos se abrazaron efusivamente pero con cuidado, no podían permitir que se rompiera después de haberlo conseguido, un fuerte ruido hizo que ambos se parasen, una serie de rocas caían muy violentamente.
    -Salgamos de aquí, rápido!
    Lina lo cogió y metió rápidamente en su mochila aquella valiosa reliquia, salieron a todo trapo de aquel lugar, no dejaban de caer piedras cada vez más grandes, todo el camino andado lo hicieron esta vez a mayor velocidad esquivando las piedras que poco a poco ocultarían aquel lugar para siempre, un pedrusco de pequeñas dimensiones cayo en la cabeza de John dejándole un pequeño chichón en la coronilla, atravesaron el muro que se abrió hace rato y cogieron el camino oscuro que los llevaba hacia el exterior, la pared se cerró detrás de ellos, acabando extasiados debido al cansancio, se echaron al suelo y la increíble suerte que tuvieron se transformó en unas risas contagiosas las cuales se acabaron cuando la culata de un rifle se acercó a sus sienes.
    ¡Oh,oh!-suspiro John.
    A Lina la cogieron por los brazos por detrás de su espalda una mujer más fornida y alta, la agarro con mucha fuerza.
    -Encantado de volverle a ver, señor Slater.
    -¿Quien es este John?-dijo Lina.
    -Leonard Palmer, el tio que me iba a pagar una buena suma por encontrar la Urna de Eros, pero por lo que noto creo que no tenía intención de pagarme, o me equivoco mucho.
    Palmer era un hombre de unos cincuenta y cinco años vestía de sport y con un chaleco de varios bolsillos,llevaba una bandolera colgando e iba armado, le acompañaba la mujer que agarraba a Lina más dos matones con no muy buenas intenciones.
    -Levántese Señor Slater, y no haga ni una tontería, por favor deme la Urna.
    -No la tengo.
    Uno de los matones le dio un puñetazo en el estomago
    -Se lo vuelvo a decir y no me haga perder el tiempo, deme la urna.
    -Le vuelvo a decir que no la tengo hijo puta
    Otra vez se llevó otro puñetazo más fuerte todavía, aunque aguantaba bien los golpes le hizo agacharse, con la cabeza flexionada, empezó a reírse de una manera tan contagiosa, los dos matones también se reían, la mujer fornida y Palmer también.
    -¡Silencio!-grito Palmer. Se me está acabando la paciencia.
    -Lo tengo yo-Dijo Lina.
    La mujer que la agarraba la tiro al suelo, y agarro por una cremallera de la mochila, con aquella enorme mano femenina y musculosa retiro hacia atrás rompiéndola toda, allí estaba la urna, está la agarro y se la lanzo a Palmer que la cogió al vuelo.
    -¡Por fin! ¡Voy a ver si está preparado el helicóptero! ¡Acabad con estos dos! ¡Ya tengo lo que quería!
    Palmer se alejó por la cueva que iba al exterior, oyó tres disparos y pensó que podrían haber sido más silenciosos.
    Lina tenia agarradas en las manos las dos glocks, tres muertos habían en el suelo.
    -Pero ¿Dónde tenías las pistolas?
    -¡Cariño si te lo dijera, tendría que matarte señor Slater!
    -¡Vamos tenemos que evitar que se vaya con la urna!
    Salieron corriendo hacia el exterior, vieron una escalerilla por la que estaba subiendo Palmer hacia el helicóptero que sobrevolaba encima de sus cabezas, de repente John salto encima de la escalerilla y subió con una rapidez increíble agarrándolo por un pie, recibió un puntapié en la cara con la otra pierna a la vez que este pidió que le disparasen desde el helicóptero, cada disparo iba en otra dirección, John consiguió con un salto agarrarse a Palmer y le cogió por el cuello, tenía un bulto en la bandolera que llevaba colgada, noto que era la urna por lo que mientras le sujetaba por el cuello saco el machete que llevaba en su bolsillo y le cortó la cinta a la bandolera, desde arriba el helicóptero empezaba a tambalearse y no dejaban de disparar, lanzo el machete con fuerza hacia arriba y este se clavó en el cuello del francotirador cayendo al vacio con violencia.
    Lina disparo desde una ladera de la montaña sus glocks sobre el piloto, el cual una vez muerto el helicóptero iba sin control, John salto cuando este iba directo hacia un macizo montañoso, Palmer se quedó allí atrapado entre la escalera de mano, las aspas rozaron con violencia provocando una explosión masiva.

    La noche fue un éxito, miles de invitados y muchos vips acudieron a la inauguración de la exposición de grandes tesoros de la antigua Grecia, a el director de la exposición Leonard Swan le llego su turno después de varias copas de Champan y varias charlas entre amigos para citar unas palabras.
    -He de decir que hoy estoy orgulloso que por fin después de muchos años y varias expediciones tengamos entre nosotros la Urna de Eros la cual ya la tenéis aquí instalada y bien conservada, mis agradecimientos para dos grandes personas que han hecho lo posible para traerla aquí, por favor señor Slater y señorita Kravenger pueden subir al estrado.
    Un murmullo se hizo entre los asistentes, Swan pregunto a su persona de confianza.
    -¿Dónde están Helen? ¡Hace un momento estaban aquí!

    En la habitación del hotel delante de la puerta estaba el letrero de “NO MOLESTEN”, dentro los gemidos aumentaban poco a poco, Lina Y John estaban en una pasión desenfrenada desnudos ambos, ella disfrutaba más y más con aquel pene monstruoso el cual relamía gustosamente, cuando era él le encantaba admirar y chupetear aquellas tetas enormes y sobre todo explorar el fondo del sexo de ella, aun no se creía que allí abajo pudiera entrar aquellas dos pistolas, por no hablar de la suya, les venía a ambos a la cabeza de la cara que se les habría puesto a los asistentes cuando salieron de allí por patas, en un momento John la penetro y con varios movimientos, la excitación y el orgasmo era tan fuerte que no pudieron más, John expulso el semen encima de los pechos de Lina la cual se excito, jamás habían experimentado algo tan fuerte.
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    chuky (18/11/2016),dan defensor (05/12/2016),miguelpichardo (02/11/2016),piratazul (04/11/2016),razonable (24/11/2016),valalca (24/11/2016)

  4. #3
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  5. #4
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    EL CAMAFEO HUNDIDO

    - ¡La madre que os traja al mundo!¡Pero que habéis hecho, monstruos! – dijo Sergio cuando pillo a sus dos grandes daneses, Duque y Marques, con las patas en la masa. Habían destrozado el despacho y tenían los cojines entre los morros, estirando de ellos hasta que todas las plumas saltaron hacia el techo y caían hacia el suelo como una lluvia blanca.
    - ¡Os voy a castrar, demonios de cuatro patas!, decidido mañana al veterinario. Marques y Duque se quedaron mirando a Sergio compungidos como si hubieran entendido lo que Sergio estaba diciendo. Dejaron los cojines en el suelo, se tumbaron y empezaron a lloriquear.
    - Me da igual que hagáis pucheros, pongáis ojitos o lo que queráis, pero os va a caer una buena y de momento a la perrera del jardín, hasta que se me quite el enojo.
    Dicho y hecho, agarro a los cachorros pro el collar y los llevó hacia el jardín, encerrándolos en la perrera o, mejor dicho, en el palacio que les había construido para que estuvieran a gusto. Volviendo hacia la casa, Sergio, tenía una media sonrisa, a pesar del circo que habían organizado los dos perros, pues se habían quedado con la cabeza baja y mirándole con tristeza, como si supieran que habían hecho algo malo.

    Entro en el despacho, vio el destrozo que habían organizado y comenzó a recogerlo. Se fijó que debajo de uno de los sofás, algo estaba brillando y le llamo la atención, era un colgante engarzado en una serie de piedras preciosas como si fuera una luna y sol, parecía muy antigua. Mirándola le pareció ver que en la orla del collar faltaba algo porque tenía como una ranura para encajar algo más y hacerla más grande.

    Sergio Alameda procedía de una familia muy antigua de Ciudad de Méjico, que se dedicaban a la abogacía de bienes raíces y propiedades familiares, siendo los albaceas de los bienes de las familias más ricas, excéntricas y viejas de todo el Caribe. En su bufete se reunían las más grandes fortunas del viejo continente junto con todas sus historias familiares, donde podríamos encontrar desde los más grandes piratas, contrabandistas y terratenientes de todos los tiempos.

    Juliana estaba sentada en su escritorio de recepción, terminando de clasificar el corre del bufete y en ese instante salía Diego del despacho en compañía de no de los clientes más importantes del despacho y amigo íntimo de Diego, Rubén Robles. Parecía que estaban hablando de algo muy importante porque estaban muy concentrados en la conversación y muy serios al mismo tiempo; unos minutos más tarde, Rubén se marchó y Diego se quedó apoyado en el marco de la puerta de su despacho muy pensativo. Juliana un pudo más que mirarle y soñar con él; llevaba mucho tiempo enamorada de Diego en silencio. Mientras estaba apoyado en la puerta parecía un dios Maya, erguido en toda su estatura de piel morena y esos ojos negros que te penetraban hasta intentar encontrar lo más oculto de tu mente, mientras avanzaba hacia ella mirándola y sonriendo con esos dientes blancos perfectos.

    - Señorita Echevarría, Señorita Echevarría – dijo John, poniéndole la mano por delante de la cara para que le haría caso.
    - Si – dijo Juliana, mientras pestañeaba y volvía a la realidad.
    - Señorita Echevarría, aquí tiene el nuevo proyecto de Sr. Alameda
    - Gracias John. Al tiempo que Juliana miraba al chico del correo, rubito con la cara llena de acné y su cuerpo delgado como una escoba, que diferencia con Diego, pensó Juliana exhalando un suspiro.

    Diego, estaba revisando los papeles que le había dejado Rubén, sin dejar de pensar en lo que había encontrado en su casa, gracias al desastre de sus dos demonios favoritos. Aún se acordaba del desastre que habían organizado y del tesoro que habían encontrado. Pensando por un momento en que tendría que hablar con su abuelo para comentarle lo del collar, ya que la casa era suya y se la había dejado a Diego cuando se fue a vivir a Méjico con los padres de Diego cuando se quedó viudo.

    - Juliana – dijo diego, ¿Tiene algo que hacer este fin de semana?
    - No, ¿por qué? – dijo Juliana, mientras su corazón bombeaba sangre como un volcán y en su cabeza comenzaba a ver imágenes de ellos dos juntos en una cama, haciendo de todo.
    - Necesito que me acompañes a Méjico, a casa de mis padres, para hablar con mi abuelo de algo que he encontrado en su casa. Y así también llevo una serie de papeles para que me firme y luego los traigas sin falta a San Nicolás para pasarlos por el juzgado.
    - Sin problema, Sr. Alameda, no tengo nada urgente – dijo Juliana, mientras todos sus castillos de naipes se caían como si hubiera pasado un huracán.
    - Bien, el viernes salimos por la mañana y por la tarde te regresas, pues apenas son dos horas de viaje.
    Salieron a las 8 de la mañana del viernes de San Nicolás hacia Méjico. Cuando llegaron a casa de los padres de Diego, les recibió la nana Rosario, con una gran sonrisa al ver a su niño convertido en todo un hombre, aunque aún le veía con los pantalones rotos por haberse caído del árbol al que habían trepado su inesperado amigo Rubén y luego llegando de la Universidad con su título de abogado.
    - Vendito los ojos que te ven hijo, eres más parco en tus visitas que una tortuga – le dijo Rosario
    - Nana, ¿cómo estás? – le dijo Diego, mientras la cogía por la cintura, le daba un fuerte beso y la alzaba por los aires.
    - Déjame en el suelo, zalamero, que me vas a quebrar el único hueso que me queda vivo.
    - Nana, esta es Juliana, mi secretaria, sólo se quedará unas horas, hasta que el abuelo me firme unos papeles. ¿Y mis padres, nana?, siguen de viaje.
    - Si, mi niño, se van a llevar un disgusto al no verte, pero bueno, al menos nosotros te tendremos todo un fin de semana.
    Don Álvaro Alameda, estaba sentada en el jardín de la casa, leyendo como siempre. Cuando alzó la vista, vio que Diego, su nieto adorado, se acercaba y una gran sonrisa le iluminó la cara. Don Álvaro era el típico caballero mejicano, con su cabellera blanca como la nieve y su barba bien cuidada. Sus ojos eran como los de Diego, dos carbones negros que penetran en tu alma y ahí se quedan.
    - Mira lo que me trae el viento, a un joven que parece ser mi nieto ingrato que se olvida de su viejo abuelo.
    - Abu, ¿cómo estás?, tan gentil y mordaz como siempre
    - Y quien es esta belleza, ¿tú novia?, ya era hora de que sentaras la cabeza.
    - Abu, por favor, no empieces como siempre. Es Juliana mi secretaria; he traído unos papeles para que me firmes y luego Juliana los llevara de regreso a San Nicolás esta tarde para que los firme el juez Rodríguez, ya sabes que el lunes empieza sus vacaciones anuales y no hay quien le encuentre.
    Juliana intentaba sonreír, para que nadie notara la desilusión que su rostro lucía y que nadie se enterase de su interés por Diego y sus sentimientos, aunque a don Álvaro no se pasó.
    - Encantada de conocerse Sr. Alameda – dijo Juliana, mientras estrechaba la mano y Don Álvaro le ponía las mejillas para que le diera un par de besos.
    Don Álvaro se la quedó mirando y también le sonrió de una forma muy picara. Pensando que a Juliana Diego no le era indiferente. Normal, su nieto tenía el carisma de los Alameda, además de ser un gran ser humano y un buen partido económico, pues el dinero no le iba a faltar en la vida.
    Nana Rosario fue al despacho de Don Álvaro para decirles que la comida ya estaba en la mesa. Nieto y abuelo estaban hablando del negocio de la familia y del tiempo que hacía que no se veían, después de haber firmado los documentos y que Juliana se fuera al aeropuerto para coger el vuelo a San Nicolás.
    - Por cierto, Diego, bonita chamaca tu secretaria Juliana y parece muy eficiente.
    - Si Abu, puedo contar y confiar en ella, sobre todos con los papeles más importantes que tenemos en el bufete.
    - Se nota que está loca por ti y que haría cualquier cosa por ti.
    - Vamos, Abu, no empieces a desbarrar, Juliana es una buena amiga, nada más. Además, tengo cosas más importantes que hablar contigo que de las mujeres de mi vida. Le comentó lo que había encontrado en la casa y le enseñó el colla. Álvaro se quedó de piedra cuando vio el colla, y la cara se le transformo en la mayor tristeza del mundo. Nana Rosario, que en ese momento les traía el café, se le fue la charola al suelo con todo lo que llevaba encima y se echó a llorar.
    Diego no daba crédito a lo que veía en los ojos de los dos ancianos y empezó a preocuparse de que a ambos les diera un ataque de corazón o de apoplejía.
    - Donde has encontrado eso, Diego. Es el collar que le regalé a tu abuela cuando nació tu padre; y pensé que lo había perdido en el traslado
    - En el viejo sofá de casa, dentro de unos de los cojines. Me extrañó encontrarlo allí como si estuviera escondido por algo
    - Tiene una historia muy triste que tu abuela descubrió poco después y no le gustaba ponérselo, porque decía que le traía mucha desdicha al corazón.
    - Puedes contarme la historia Abu, estoy muy intrigado.
    - Su procedencia es española y data del S.XVI, cuando Hernán Cortes conquisto Méjico. Al volver los barcos cargados con el oro maya a España, muchos de los nobles venidos a menos, vieron la oportunidad de volver a ser ricos y que sus apellidos ancestrales tuvieran el renombre de antaño. Uno de esos nobles fue el Conde de Cuevas Don Enrique, que se casó con Doña Antonia Álvarez. Su matrimonio fue por amor y no por conveniencia como muchos otros. Ambos decidieron ir a Méjico y Don Enrique se adelantó, mientras doña Antonia ponía todas las cosas en orden para el traslado de país. Por ello, Don Enrique le compro los pasajes en el único barco que saldría para las Américas antes de que los huracanes y temporales marinos empezaran: el Coromina. En sus bodegas se guardaban las pocas riquezas que les quedaban a estos nobles y al propio conde de Cuevas y en el navegaría su mercancía más preciada y amada Doña Antonia. Antes de su marcha, Don Enrique le regalo a su esposa un collar en cuyo centro se encontraba el camafeo de su rostro, rodeado de rubíes y esmeraldas, y engarzado en un diseño de diamantes que representaban el Sol y la Luna, simbolizando su eterno amor. Cuando Doña Antonia lo vio, se enamoró de él y juró que nunca se lo iba a quitar. Y así, se despidieron. Don Enrique partió antes y tres meses después le seguiría su amante esposa en el Coromina con las pocas riquezas que les quedaban.
    La travesía transcurría de forma normal, las tormentas de costumbres, los malestares normales de los que no estaban acostumbrados a navegar de los primeros días y las conversaciones entre los diferentes pasajeros y la tripulación de cuánto tiempo quedaba para llegar a la tierra prometida. Llegaron a las aguas del Caribe, donde Don Enrique había conseguido tierras en Tulum, unas tierras muy fértiles y donde estaba construyendo la casa que dirigiría Doña Antonia. Los ánimos de los pasajeros cada vez se hacían más ansiosos a medida que se acercaban a destino. El Coromina, antes de llegar a Tulum, tenían que pasar por Playa del Carmen y junto a la Isla de Cozumel, pero cuando iban a fondear el barco un golpe de viento le hizo zozobrar y chocar contra los arrecifes de El Cedral, hundiéndose tan rápidamente que a Doña Antonia solo le dio tiempo a coger el collar con la mano y mirando la imagen de su esposo se despidió de él. Yo lo encontré en una subasta, pero le faltaba el camafeo central, quería poner la imagen de tu abuela, pero cuando le vio le gusto tanto así, que no me dejo añadirle nada. Mucho más tarde, fue cuando descubrimos la historia del collar por el padre de Rubén que es un estudioso de toda la historia de naufragios ocurridos en la zona. A tu abuela le entristeció tanto el destino del collar que lo guardo y no volví a verlo más.
    - Que historia tan triste, no me extraña que a la abuela le impactara tanto y lo guardara. Era muy sensible. Debió de esconderlo en uno de los cojines para no verlo.
    - No diego – dijo nana Rosario. Cuando tu abuela enfermó me hizo prometer que escondería el collar para que tu abuelo no lo viera y le recordara a ella, entristeciéndolo aún más. Así que lo cosí al cojín preferido de abuela y en el que descansaba siempre su cabeza en el sofá. Me pareció el lugar más lógico para que Don Álvaro no lo encontrara.
    - Lo más triste de todo esto es que el Coromina nunca se encontró y todo lo que llevaba en su bodega se perdió en el fondo del mar y ahí está esperando para quienes quieran buscarlo – dijo Don Álvaro con una mirada nostálgica y llena de aventura.

    Descansando en el jardín, Diego estaba pensando en la historia del collar, pero lo que realmente le vino a la mente fue lo que su abuelo le había dicho sobre Juliana. Nunca la había visto como una mujer, sino como su secretaria, aunque si se detenía a mirarla fijamente no estaba nada mal, viejo pícaro, el abuelo. Juliana era alta para ser mujer, llevaba su gran melena negra recogida en un gran moño y aunque siempre vestía con trajes sastre, debajo de la ropa se podía vislumbrar una bonita figura, con un pecho grande y unas largas piernas en las que poder perderse. Diego se quedó medio dormido y entre sueños vio a Juliana acercándose muy sigilosamente, quitándose las horquillas del mono y dejando que su melena se deslizara por su espalda, a la vez que se iba quitando el traje sastre y se quedaba en ropa interior delante de él. Suavemente se fue quitando la combinación de seda dejando al descubierto un pecho erguido y un vientre plano junto a unas largas piernas torneadas. Diego se despertó con tal erección en las partes bajas que la bragueta del pantalón le oprimía un poco más de lo normal. Eso no podía ser, no podía mezclar trabajo con placer. Tenía que quitarse esa idea de la cabeza.

    Diego llego el lunes a la oficina con una idea fija en la cabeza dar con el Coromina, pero antes tenía que hablar con Rubén para averiguar si se apuntaba a la aventura, además de ayudarlo con los gastos de la expedición, ya que no quería que sus padres ni don Álvaro se enterara de lo que iba hacer, no es que dejara el bufete a la deriva, puesto que nunca se había tomado unas vacaciones y entre Juliana y su socio Rodrigo podrían llevarlo bien.
    - Rubén, tengo que hablar contigo y contarte algo que tengo en mente. Fue el mensaje que Diego le dejo a Rubén en su móvil. En cuestión de una hora Rubén ya estaba en el despacho de Diego, quien le conto la historia y le mostro el collar. Rubén no daba crédito a sus oídos y sin pensarlo un segundo ya empezó a hacer planes para la búsqueda del Coromina y su tesoro hundido.

    - Buenos días, don Álvaro – dijo Juliana, cuando el abu de Diego apareció por la oficina
    - ¿Está mi nieto en el despacho?
    - Si, don Álvaro, esta con el Sr. Robles
    Don Álvaro se acercó al despacho y entre la puerta medio abierta, pudo escuchar la conversación que los dos jóvenes tenían entre manos; mientras les oía hacer planes, rememoró sus años jóvenes y lo que le gustaría poder unirse a la aventura.
    - El Capitán Arthur Montgomery os llevara a bordo del Dover, será una forma de que ese barco fantasma se haga a la mar. Rubén y Diego se quedaron espantados al oír a don Álvaro, al entrar por la puerta.
    - No hace falta abu, ya nos las arreglaremos.
    - Tonterías, dejadme, al menos, disfrutar de la aventura que vais a comenzar, al menos desde la retaguardia, ya que los años no me dejan acompañaros.

    En menos de una semana ya tenían todo preparado y el Dover estaba preparado para zarpar. Era un barco magnifico, totalmente restaurado, un velero monocasco con dos mástiles que le hacía desplazarse con una majestuosidad increíble. Tiene 50 metros de eslora y una manga de 11 metros y su quilla llega hasta los 4,5 metros de profundidad. Pero lo que más llamaba la atención eran las velas, desplegadas se podía ver el dios Azteca del viento Ehécatl. Además, disponía de todas las ventajas informáticas para que la navegación sea la más segura posible y un motor que hacia las delicias de las mejores lanchas rápidas.
    Antes de preparar el viaje, Diego reunió a Rodrigo y a Juliana para comunicarles sus intenciones. Ambos se quedaron boquiabiertos, ya que no esperaban la decisión que había tomado. Diego les pidió que se hicieran cargo del bufete en su ausencia y que, si tenían algún problema jurídico, se dirigieran al juez Rodríguez, que era el amigo de la familia y les podría orientar. También le pidió a Juliana que le acompañara al Dover para darle las ultimas directrices sobre sobre el viaje y las copias de la ruta a seguir para que se las enviara a don Álvaro y estuviera al tanto de todo lo que ocurría en la travesía.
    Llegó el momento de la partida y el Dover estaba preparado para el viaje que les llevaría primero a Cancún para bajar luego por la costa hasta Tulum y pasar por la isla de Cozumel, fondear en El Cedral y hacer la primera inversión. Juliana le acompañó al puerto de San Nicolás, subió al barco, mientras el Capitán Montgomery hacia los últimos preparativos y miraba el inventario de la bodega para verificar que la carga estaba en su totalidad y los equipos de buceo estuvieran en óptimas condiciones.
    Bajaron al camarote, donde Diego sacó las cartas de navegación y los planes de la travesía del portafolios, mientras subían las escaleras, sin previo aviso el barco se movió y Juliana se resbaló hasta los brazos de diego, quedándose los dos tan juntos que podían oírse los latidos de sus corazones. Juliana levanto la cabeza hasta que sus ojos se quedaron clavados en la negrura de los de Diego cuyas manos estaban sujetando la cintura de Juliana, tan cálidas que traspasaron la ropa de ella y le quemaron la piel. Diego sentía que su zona bajera empezó a incomodarse dentro de los pantalones y comenzaba a tener vida propia. Con un fuerte empujón se separó de Juliana como si las manos le quemaran y retiró la mirada de los ojos de ella, quien volvió a respirar con normalidad. Algo había pasado entre ellos y no era un simple abrazo.

    - Diego – dijo el capitán Montgomery desde el puente. Ya hemos zarpado y el practico nos ha dado vía libre para la navegación.
    - ¡¡¡¿¿¿Qué???!!!, pero si Juliana aún está a bordo y tenía que quedarse en San Nicolás.
    - Upppsss, pue ya no puede volver. Como os vi que bajabais al camarote, no pensé que ella se tenía que quedar en tierra. Detrás un sonriente Rubén no podía parar de carcajearse y de mirar las caras de ambas, si las miradas matasen, tanto Arthur como Rubén estarían en el fondo del mar siendo pasto de los tiburones.
    - Ya no hay nada que hacer, que se quede hasta que lleguemos a Cancún y que luego se vuelva a San Nicolás en avión, hablare con el abu, para que sepa lo que ha ocurrido y mandarle las cartas y la ruta del viaje por e-mail.

    La travesía se hizo todo un infierno para Diego, cada vez que veía a Juliana, se le aparecía en su mente las imágenes del abrazo que se dieron, las suaves curvas que noto bajo sus manos, la cálida piel, esos ojos y ese pecho que se aplastó contra el suyo, turgente y perfecto, que se adaptaría a su mano sin problema. Mientras bajaba hacia el camarote, oyó una serie de gemidos que venían del camarote de Juliana, pensando que podía tener un mal sueño, se acercó hacia la puerta y lo que vio le paralizó la respiración. Encima de la cama estaba Juliana en todo su esplendor, tan solo con una braguita de encaje blanco, pero lo que no sabía Diego es que encima de esa cama no solo estaba Juliana sino también él. Juliana se había quedado dormida y estaba teniendo el mejor sueño de su vida; a su lado estaba Diego, acariciándola. Inocentemente Juliana comenzó a tocarse los pechos, deteniéndose en el pezón que comenzaba a ponerse duro, su mano fue bajando hacia su estómago y deslizándose por la pierna hasta llegar al centro de su cuerpo, donde su mano comenzó a deslizarse de arriba abajo por encima de la braga hasta que llegó a su vientre plano y metió la mano dentro de la braga, y con un par de dedos comenzó a acariciarse la zona, hasta que sus gemidos se hicieron más seguidos y la humedad comenzaba a aparecer; mientras que con la otra mano seguía acariciándose el pecho y sus botones seguían tan duros como el pene de Diego se encontraba en ese momento dentro de su bragueta. Sin pensárselo dos veces, se abrió la bragueta y comenzó a acariciarse su miembro que empezó a endurecerse, queriendo salir de la prisión que los pantalones le estaban atrapando. Él seguía en el quicio de la puerta y no le importaba que Juliana pudiera despertarse y ver lo que estaba sucediendo. En su sueño Juliana seguía masturbándose, hasta que el orgasmo llego a su cuerpo y se contorsiono con un pequeño gritico que hizo que Diego se corriera en el mismo momento. Juliana se desperezó en la cama y se volvió de lado, de repente abrió los ojos y le sonrió a Diego, que se quedó plantado con la mano en la bragueta; Juliana se volvió a dormir y Diego se dio cuenta de que no se había dado cuenta de que él estaba en la puerta, solo había sido un giño del momento. Jamás pensó Diego que podía comportarse de tal modo y perder el norte ante una situación como esta.

    Apenas quedaban dos días para llegar a Cancún y el capitán Montgomery y Rubén estaba estudiando las cartas marinas del S.XVI y las actuales, comparándolas con los cambios de las mareas y los atmosféricos para calcular, más o menos, el lugar del hundimiento del Coromina. Todo un galimatías para quien no entendiera de navegación, pero todo un disfrute para Rubén, un aventurero aficionado que había dejado su trabajo de abogado criminalista para dedicarse a lo que más le gustaba, buscar todo aquello que estaba perdido por el mundo. No es que necesitase trabajar para vivir, pues además de su propia fortuna tenía la de su familia.

    - Parece que no vamos a tener mucho trabajo para rescatar el tesoro, las mareas no han sido tan fuertes y no han cambiado mucho las corrientes, y si el Coromina quedó encallado en el fondo, no se habrá movido mucho. El único trastorno que nos puede dificultar el trabajo es lo que se halle encima del casco – dijo el capitán Montgomery.
    - La verdad es que espero que la estructura no esté muy deteriorada y que a pesar del tiempo pasado quede algo con lo que podamos identificar el navío – dijo Rubén
    - Lo que, si tendremos que tener cuidado, en la zona de Xpu Ha, es a los piratas que vigilan la zona. Según el informe del jefe Smethers parece que han aumentado su actividad debido al turismo que ha fomentado la zona.
    - Habrá que andarse con cuidado y esperar que la corrupción no haya llegado hasta el jefe de policía y tengamos la fiesta en paz. Lo que si tenemos que tener claro es que hay que dejar el tesoro en Tulum, en el museo del centro arqueológico, ya que por la situación política les debemos pleitesía en los descubrimientos que se hacen en la zona.
    - Sí, ya veremos lo que nos depara el futuro.
    - Buenas noches señores – dijo Amanda, la segunda de abordo, o como seria llamada por los negados a los cargos, la copiloto (y así nos entendemos todos). Vengo a relevarle capitán, me toca la guardia de noche.
    - Buenas noches, Amanda, me retiro a mi camarote, te dejo en buena compañía, mirando a Rubén que estaba absorto estudiando los mapas y la información que tenía sobre el Coromina.
    - Quiere un café, Sr. Robles – le dijo Amanda. He traído la cafetera llena.
    - ¿Qué? A perdona Amanda, no me había dado cuenta de que estabas aquí. Si gracias acepto el café. Amanda le sirvió el café, a la vez que llevaba su propia taza en la mano. Se lo iba a dar a Rubén cuando éste se dio la vuelta de repente y le tiro la taza de café al suelo.
    - Perdona, me he dado la vuelta sin mirar y te he tirado el café.
    - No importa, tengo otra taza en el puente, son gajes del oficio, sonrió Amanda.
    Ambos se agacharon para recoger los trozos de la taza y sus cabezas chocaron. Al levantarse sus ojos quedaron a la par y Rubén se dio cuenta de que Amanda tenía una profunda mirada con esos ojos color miel y Amanda se dio cuenta de que el rostro de Rubén era lo más perfecto que había visto nunca. Poco a poco se levantaron sin dejar de mirarse a los ojos y sin previo aviso Rubén le dio un peso, al principio tan solo rozo los labios de ella y al ver que no retirada la cara y que le respondía la beso, fue más audaz. Fue mordisqueando los labios de Amanda, mientras pasaba la lengua por ellos e intentaba que abriera la boca para que su lengua pudiera explorar todo lo que guardaba en esa oscura cueva.

    Amanda, al principio se asustó un poco, pues Rubén no era indiferente y sabia la fama de aventurero y don Juan que tenía, pero se olvidó de todo y dejo que avanzara en su exploración. El beso se hizo más profundo y cuando ambas lenguas se tocaron fue como un destello de luz en el horizonte. Las manos de Rubén fueron subiendo por el cuerpo de Amanda hasta que capturo uno de los pechos de ella con su mano y empezó a masajearlo y a coger entre sus dedos uno de los pezones que se tornó erecto, por encima de la ropa, al contacto de la mano cálida de Rubén. Amanda comenzó a gemir mientras él no dejaba de besarla y ella bajaba sus manos hacia el cinturón de los vaqueros de él, notando como su miembro comenzaba a endurecerse poco a poco, lo que hizo que sonriera.

    - Como sigas tocándome así, Amanda, te voy a decepcionar, vamos a terminar antes de empezar.
    - ¡Oh, por Dios!, eso no es lo que queremos ¿verdad? – le dijo Amanda sin reconocerse ante la respuesta; no podría creerse que se comportara como una devoradora de hombres, no era su carácter, ni su forma de ser, era mucho más recatada y sería. Rubén la miro con tal descaro que asomo en él su lado más salvaje que tenía escondido y ya no se detuvo ante nada.

    Tomo las manos de Amanda y se las sujetó en la espalda con una mientras que con la otra comenzaba a acariciarle el cuerpo, parte por parte, le fue quitando la ropa, primero el suéter que dejo al descubierto un pecho grande y erguido; no llevaba sujetador, a lo Rubén pensó, una prenda menos que quitar y un disfrute más. Y siguiendo con las manos en la espalda, Amanda abrió mucho los ojos cunado Rubén comenzó a chuparle el pezón y a succionarlo como si fuera un chupete, cuando termino con uno comenzó con el otro y cuando termino con ambos le dio un soplido, tal fue la sorpresa de Amanda que algo en su parte bajera cobro vida propia y empezó a palpitar. Rubén fue bajando el beso hasta el ombligo, donde también todo su tiempo de lamido, llego a la cintura de los shorts y comenzó a bajarlos cuando descubrió unas bragas blancas de algodón. Se sonrió, pues pensaba que iba a encontrar algo más sugestivo; pero eso no le quitó el lívido que ya tenía muy subido. Arrodillado bajo las bragas y metió los dedos en el hueco entre los muslos y pudo comprobar que ya estaba preparada para él. Pero quiso llevar más lejos su exploración. Hizo que Amanda se abriera un poco las piernas y con la mano que tenía libre comenzó a acariciar ese lugar sumamente excitado, cuando terminó con la mano, Rubén hizo que Amanda se tumbara en el suelo, le abrió por completo las piernas y comenzó a besar y lamer su botón secreto, a la vez que metía ambos dedos en la cueva húmeda de Amanda, que no dejaba de moverse y gemir hasta que llego al orgasmo, lo que hizo que Rubén siguiera acariciándola y que llegara a un segundo orgasmo que no tardó en llegar, pues Amanda ya estaba totalmente desatado y cogiendo la cabeza de Rubén entre sus manos, le incito para que siguiera lamiendo y besando, succionando y acariciando sobreexcitándola. Cuando terminó, fue subiendo por el cuerpo de Amanda y llego hasta la boca que devoro.

    Mientras Rubén la besaba, Amanda se puso encima de él y le dijo que ahora le tocaba a ella hacerle disfrutar. Los ojos de Rubén parecían que iban a salirse de sus órbitas, lo que hizo que Amanda se sonriera de forma gatuna, como si fuera a comerse el ratón de postre. Comenzó besándole los ojos, la nariz y bajo hasta su boca que la exploró profundamente que hizo que él lanzara un gemido de placer. Fue bajando por el cuello donde se detuvo más tiempo de lo debido, mordisqueándole los lóbulos de las orejas y le diera pequeños mordisquitos en la yugular como si fuera una vampira. Un escalofrío de placer le recorrió todo el cuerpo y que le bajo hasta su miembro, que menos mal estaba retenido en los pantalones, sino se hubiera derramado encima de las manos de Amanda. Ella seguía a lo suyo, la lengua y su boca bajaba por el cuello hasta el pecho de él, lo que más le gusto es que no estaba rasurado, sino que tenía pelo de donde agarrar y darle pequeños tirones. Las manos de Amanda se relajaron en el pecho de Rubén donde fue acariciando las tetillas de él que también se pusieron duras y sin previo aviso le dio un mordisco que hizo saltar a Rubén. Mientras seguía con las manos en el pecho de Rubén, Amanda fue bajando por el tórax, a la vez que sus pechos se iban deslizando por el estómago masculino. Puso la mano encima de la bragueta del pantalón y comprobó que algo duro había debajo de los tejanos. Sonrió, abrió la cremallera y le bajo los pantalones. Dentro del bóxer, el miembro de Rubén tenía vida propia. Le quito el bóxer y el miembro masculino salió disparado, Amanda lo cogió con las manos y comenzó a lamerlo, primero la punta como su fuera un caramelo y después el resto hasta llegar a los testículos, que se metió en la boca, primero uno y después el otro teniendo el mismo tratamiento que el miembro y con la otra mano no dejo de masajear ese tronco duro, que ya no podía aguantar más, corriéndose en la mano de Amanda. Sin previo aviso Amanda se llevó el miembro de Rubén hacia su hueco húmedo y se sentó encima hasta que se lo introdujo hasta el fondo. El aparato de Rubén comenzó a crecer dentro de ella en el momento que empezó a moverse encima de él. Acompasaron el movimiento, primeramente, despacio, pero a medida que iban alcanzando el clímax, los movimientos se hicieron más rápidos hasta que ambos llegaron al orgasmo a la vez y os gemidos se hicieron más fuertes. Cuando ambos se vaciaron, Amanda se desplomó encima del cuerpo de Rubén con la respiración tan rápida que parecía que el corazón se les iba a salir del cuerpo. Rubén le levanto la cara y todavía dentro de ella le dio el beso más sensual que nadie le había dado nunca.

    Así estuvieron juntos hasta que pudieron respirar con normalidad y Amanda bajo del cuerpo de Rubén. Se miraron a los ojos y rompieron en carcajadas, sin creerse que ambos habían follado tan salvajemente como lo habían hecho.
    Mientras se vestían, oyeron que algo había golpeado el casco del barco; fueron a cubierta a ver qué ocurría y en cuanto salieron del puente le apuntaron a la cabeza con unas pistolas.

    - Buenas noches, esto es un abordaje y el barco queda en nuestras manos – dijo uno de los piratas
    - Soy Kevin Foster y tengo noticias de que este barco esta en busca de un tesoro de oro, así que quiero aquí a todo el mundo. Id a despertar al resto de la tripulación y a los pasajeros y reúnelos en la cubierta – fue lo que le dijo el jefe de los piratas a su compañero.
    En pocos minutos todos los ocupantes del barco estaban en cubierta, preguntándose qué es lo que pasaba y quienes eran esos hombres, armados y que querían. Somnolientos aparecieron Diego y Juliana, mientras Rubén y Amanda se miraban entre ellos. A lo poco llego el capitán Montgomery, sonriendo abiertamente a todo el mundo.
    - Kevin
    - Capitán
    - Parece que hemos llegado a tiempo
    - Si, nunca mejor dicho, pensábamos dejaros llegar a Cancún, pero hemos pensado que mejor era abordaros en mar abierto y llegar directamente a destino
    - ¡Que significa esto, Arthur!
    - No te lo imaginas, niño rico, te han secuestrado unos piratas, ajajajajaja
    - ¿Por qué Arthur? ¿Qué pretendes con todo esto? ¿Acaso crees que vas a salirte con la tuya? Diego incrédulo, ante la atenta mirada de Juliana, Rubén y Amanda no podían creer lo que estaba ocurriendo.
    - Por qué estoy harto de que otros vivan la vida que yo merezco y con este trabajo no puedo, siempre son los demás quienes lo tienen todo, mientras yo, que trabajo como un burro, no tengo nada. Así que ya es hora que me beneficie y reciba lo que realmente merezco.
    - Bueno, bueno, dejémonos de sensiblerías y vayamos a lo que nos interesa. ¿Dónde está hundido el Coromina? – dijo Foster.
    - Qué se lo diga su capitán, si tanto sabe y tanto quiere – les dijo Rubén. Uno de los secuaces de los piratas le dio un culatazo en la cara con el rifle que tenía, lo que hizo que Rubén se desplomará y Amanda y Juliana gritaron al ver la sangre que le había producido el golpe. Diego intentó quitarle el arma al pirata y recibió otro puñetazo, no tan fuerte, pero si lo suficientemente grande como para ponerle el ojo morado.
    - No se hagan los valientes, de todas formas, nos van a llevar al lugar exacto, de lo contrario aténganse a las consecuencias.
    - Ahí tienes las cartas marinas que han estado estudiando esta noche, comprobando las mareas y el posible lugar del hundimiento – dijo el capitán Arthur y Foster que miro las cartas y puso rumbo a la isla de Cozumel y a la Playa del Carmen, donde fondearían el barco, en la orilla más alejada de El Cedral y estudiarían el lugar.

    Como hacía un par de días que don Álvaro no tenía noticias de Diego, llamo a Tulum al jefe Smether, poniéndole al corriente de su preocupación. El jefe de policía le comunico al abuelo de Diego, la posibilidad de que hubieran sido secuestrado por piratas para pedir un rescate por ellos, fuera lo que normalmente pasaba últimamente por la zona; el secuestro de turistas adinerados y la petición de rescate. Pero a don Álvaro, algo no le cuadraba pues a pesar de esa posibilidad, nadie se había puesto en contacto con ellos, por lo que le contó el plan de Diego p ara rescatar el Coromina. El jefe Smether, se quedó helado no daba crédito a lo que oía. Sin perder tiempo puso a toda la oficina en marcha y avisó al centro arqueológico del museo para que estuvieran al tanto y estudiaran la posibilidad de que la historia de don Álvaro fuera cierta.
    A las pocas horas Smether recibió un informe detallado de lo que se podría encontrar en el naufragio y la veracidad de la historia. Puso al departamento marino al conocimiento de lo ocurrido y comenzaron a patrullar la costa en forma camuflada, como si fueran inocentes turistas de vacaciones para localizar el Dover y a los piratas. No tardaron mucho en localizarlos, estaba en el punto exacto donde les había dicho don Álvaro. Vieron como Diego y Rubén se sumergían con el equipo de buceo, mientras Juliana y Amanda estaban atadas en cubierta. Lo que les pareció rato es que el capitán del barco estuviera hablando tan tranquilamente con los piratas, como si fueran conocidos de toda la vida.

    La patrulla dio la voz de alarma y Smether dio orden de que capturaran con toda la cautela posible y sin bajas. Aproximándose a proa del barco, la policía marina subió al Dover y con el mayor sigilo posible se pusieron en posición. Amanda les vio y le hizo un gesto con la cabeza a Juliana; sin previo aviso se tumbaron en el suelo y la policía atrapó a los piratas. Pero entre ellos no estaba Foster.

    - Esta en su barco, en el otro lado de la isla, a la espera de lo que hallen abajo – dijo Amanda
    - Bien, llamaremos a Smether y que lo detenga, pues está más cerca de ellos que nosotros – dijo el sargento de la patrulla.
    Ajenos a lo que estaba ocurriendo en superficie, Diego y Rubén seguían sumergidos en busca de algo que les dijera que estaban en el lugar exacto. A pocos metros, encontraron un trozo de madera, emocionados, subieron a bordo y se encontraron con todo el lio. En cuanto se quitaron el equipo de buceo, el sargento les conto todo lo que había ocurrido y que don Álvaro había revuelto a todo el Estado de Quintana Ro para que les encontraran. Por radio se dio la noticia de la captura de Foster y del botín que tenían en la bodega del barco de todos los abordajes que habían hecho y de su negocio de los secuestros. También fue apresado el capitán Montgomery. Después de la aventura, todos fueron llevado s al puerto de Tulum, donde prestaron declaración y donde don Álvaro les estaba esperando.
    - Abuelo, ¿qué haces aquí?
    - No podía esperar en Méjico vuestra vuelta y tenía que ver con mis propios ojos que estabais bien, sin ningún rasguño.
    - Abu, mira esto. Diego le dio un trozo de madera, donde estaba escrito “COROMINA”; lo hemos encontrado abu, el barco está anclado en el fondo, bastante deteriorado, pero se puede apreciar todo su esplendor.
    - No me lo puedo creer, tu abuela estaría encantada con esta aventura - le dijo don Álvaro, mientras en sus ojos aparecían unas pequeñas lágrimas recordando a su amada esposa.

    En una semana se puso en activo toda la operación de rescate. El centro arqueológico de Tulum puso toda su tecnología en manos de los aventureros, la policía marítima también ayudo en la operación de rescate. Aunque fue muy costoso rescatar todo lo que había en el fondo del mar, y sobre todo reflotar el Coromina sin que se deteriorase, se consiguió lo que Diego y don Álvaro se porpusieron encontrar la verdad sobre el collar.
    Un mes después de limpiar el tesoro, reconstruir el barco de madera y catalogar todo el inventario, el museo arqueológico abrió la exposición del Coromina; y en el centro de todo lo rescatado, el collar de doña Antonia, regalo de don Enrique conde de Cuevas, totalmente restaurado, pues el camafeo se encontró entre todas las joyas recuperadas del fondo del mar. Al fondo se podía ver el Coromina, o al menos su esqueleto junto con las joyas, armas, oro y vajillas españolas que transportaba. Fue todo un éxito, tanto para el Museo como para Diego y Rubén quienes fueron reconocidos como los descubridores y artífices del evento.

    - Ya nos podemos morir tranquilos – dijo Rubén mientras miraba la exposición. Hemos hecho lo que muchos anhelaban hacer en toda su vida.
    - Sí, sino hubiera sido por el follón que armaron mis dos demonios de cuatro patas, nunca hubiera encontrado el collar; y su el abu, no nos hubiera contado la historia, esta aventura no hubiera sido posible – dijo Diego
    - Compañeros, nos merecemos un premio – dijo Rubén, mirando a Amanda a los ojos.
    - Sí, uno muy grande, después de todos los avatares que hemos tenido que soportar – dijo Juliana.
    - Nos vamos de cena y de discoteca, a quemar la ciudad – dijo Diego con el beneplácito del resto de la expedición.
    Después de cenar opíparamente y haber estado bailando hasta bien entrada la madrugada, los cuatro se dirigieron al hotel.
    - Nos tomamos la espuela – dijo Rubén, al que ya no le hacía falta más alcohol en el cuerpo, mientras se apoyaba en los hombros de Amanda para no caerse al suelo.
    - Me temo que ya tenemos suficiente bebida en el cuerpo – dijo Diego. Mejor nos acostamos y descansamos, aún nos quedan muchos días bastante movidos con la prensa y con los derechos de adquisición del tesoro. Tenemos que recibir nuestra recompensa-
    - Aguafiestas, siempre has sido el más formal; pero bueno, seremos obedientes y nos iremos a la cama, cada uno con su oveja, ¿verdad, amor? – dijo Rubén mirándola a los ojos y sonriéndola con carita de bueno.
    - Sí, mi aventurero de pacotilla, anda, vamos a tumbarte en la cama ante de que te deje en la arena para que te coman los cangrejos – dijo Amanda, mientras le sonreía.
    - Te acompaño a tu habitación Juliana, creo que también estamos un poco perjudicados – dijo Diego.
    - Creo que el más perjudicado de todos es Rubén, pero está bien, acompáñame a la habitación, le dijo Juliana mirando a esos ojos negros como la noche. Todavía estaba en su memoria el sueño erótico que tuvo con él.
    Diego la cogió de la cintura y ambos entraron en el ascensor, subieron al tercer piso y como un caballero le tomo de la mano la tarjeta de la habitación, y la abrió devolviéndole la llave.
    - Ya estas a salvo de los lobos de la noche. Que descanses, mañana va a ser un día de mucho trabajo con la prensa y los abogados.
    - ¿No quieres pasar y tomar un cape para despejarnos? – dijo Juliana, acercando su boca a la mejilla de Diego y dándole un suave beso.
    - Creo que, si paso, no va a ser café lo que pienso tomar.
    - Quien dice un café, dice algo más fuerte, le dijo Amanda bajando su mirada hacia una zona muy peligrosa para Diego. La tomo por la cintura, la acerco a su cuerpo y le tomo de la boca con un salvaje beso y que sintiera en su centro la dureza que se estaba formado dentro de los pantalones de Diego. Juliana le devolvió el beso y subiendo sus manos hasta la nuca de él, le agarro del pelo, gimiendo con el beso que le estaba dando Diego, que demostraba la urgencia de la espera.
    - No querrás tener público para lo que va a suceder, será mejor entrar en la habitación y cerrar la puerta.
    - Sí, será mejor, no quiero manchar tu reputación de buen chico, por uno depravado y sin escrúpulos. Ambos sonrieron a carcajadas, entrando en la habitación y cerrando la puerta.

    Sin prisa se acercaron a la cama mirándose a los ojos prometiéndose muchas cosas. Diego fue quitándole la blusa poco a poco, a la vez que Juliana le quitaba la chaqueta y comenzaba a desabrocharle la camisa botón a botos acariciándole el pecho y pesándole cada trozo de carne que le iba destapando. Se podían oír los gemidos que se alzaban. Diego llego al sujetador de Juliana, lo desabrocho, no sin antes pasar sus manos por los esplendidos pechos de ella y le lamio cada uno de los botones que comenzaban a ponerse erectos. Fue bajando las manos llegando a la cinturilla de la falda, se la deslizó por esas torneadas piernas descubriendo un diminuto tanga que apenas le tapaba ese volcán ardiente que comenzaba a humedecerse de placer. Tampoco Juliana se quedó atrás ante las caricias de Diego, le bajo las manos por la espalda y las metió dentro del pantalón donde encontró su culo que comenzó a acariciar sin ningún pudor y deslizándolas hasta la bragueta, allí se hallaba su miembro tan duro que trataba de salirse de los apretados boxers. Juliana se rio entre los besos que se estaban dando, sin saber el placer que le estada dando a Diego; y no paró ahí, sino que le quito toda la ropa y cogió con sus manos el vibrante miembro de él, metiéndoselo en la boca y lamiéndolo suavemente, primero la punta como si fuera un helado de vainilla y bajando hasta los testículos que tuvieron el mismo tratamiento que su miembro. Diego no pudo reprimir un gran suspiro y sin previo aviso la llevo hasta la cama y la tumbo boca abajo, para sorpresa de Juliana.

    Diego la fue besando cada vertebra de la columna bajando hasta el redondeado y respingón trasero, con la ayuda de las manos y del cordel del tanga, le retiro los papos del culo que comenzó a lamerle, introduciendo la lengua y cuando vio que ya estaba bastante masajeado le introdujo un dedo, que hizo que Juliana soltara un pequeño grito. Cuando se cansó de hacerla sufrir la dio la vuelta y le quito el tanga, paso su mano entre los muslos y pudo comprobar que estaba más que preparada para penetrarla, pero aún no había acabado con el castigo amoroso que le iba a dar por la espera desde aquel memorable día en el barco. Se puso encima de Juliana que pudo comprobar la dureza que oprimía su estómago, que intentó agarrar pero que Diego no le dejo, pues aún no era el tiempo, todavía tenía que disfrutar más del cuerpo de ella. Comenzó besándola los ojos, la nariz, las mejillas y el cuello, llegando a esos labios que estaban rosados e hinchados de los primeros besos, se deleitó con ellos, pasándole la lengua por los labios e introduciendo poco a poco la lengua hasta que abrió la boca y la todo con toda la ansiedad que le provocaba ese beso. Diego se rio entre dientes y siguió introduciendo su lengua en la boca de Juliana hasta que no quedo un hueco sin inspeccionar. Cuando ya se cansó de la boca, bue bajando por la clavícula y el toco el turno a sus pechos turgentes que se adaptaban a sus manos como manzanas maduras. Fue de uno a otro, succionando, besando y acariciando hasta que tuvo los pezones tan duros que parecían que iban a explotar, peor sin dejarlos de acariciar fue bajando por todo el cuerpo hasta que llego a su ombligo, que tuvo el mismo tratamiento que sus pechos. Juliana nos había hasta donde podría aguantar, pues cuando creía que iba a llegar al clímax, Diego paraba hasta que se calmaba y volvía a torturarla otra vez.

    Llego el turno a esa húmeda cueva, lamio, beso y acaricio hasta llevar a Juliana a un suplicio tal que ella solo le suplicaba que la penetrase, pero Diego no estaba aún satisfecho, así que le introdujo varios dedos en su vagina, mientras seguía con la tortura del clítoris. Moviendo los dedos dentro de ella, la dejo que llegara al clímax. Juliana se derramo en los dedos de Diego que se los lamio saboreando el jugo que había quedado impregnado en ellos. Ya lo único que quedaba para su alivio era penetrarla lo más profundo que pudiera y disfrutar. Pero eso no era la idea que Juliana tenía en mente, si ella había sufrido el acoso de Diego, él iba a sufrir el acoso de Juliana.

    - No, no, no, no te vas a liberar tan fácilmente sin haber probado mi técnica amatoria – dijo Juliana mientras se pasaba la lengua por los labios como si fuera una gata relamiéndose ante la presa que tenía delante. Diego no podía creer lo que estaba oyendo, ninguna mujer nunca le había dicho que iba a sufrir. De la misma manera que él la había puesto boca abajo, le obligó a él.

    Comenzó del mismo modo que había empezado él con ella, mientras sus manos bajan por los costados y llego a su trasero, esta vez le empezó a dar pequeños azotes en cada cachete del culo hasta que se pusieron de color escarlata, invitando a darles unos besos para que se curasen. Diego no pensó nunca que un chalo en el trasero pudiera resultar tan erótico, sexi y placentero. Juliana se rio, mientras Diego comenzaba a sentir en sus carnes lo que a ella le había hecho disfrutar. Entre chalo y chalo, le introdujo un dedo en ese orificio tan oculto, lo que hizo que Diego gruñera y quisiera darse la vuelta, pero Juliana no le dejo, a la vez que le masajeaba el trasero con la otra mano bajo hasta encontrar los testículos y también comenzó a masajearlos. Cuando Juliana se quedó satisfecha de torturar esa parte del cuerpo de Diego, le hizo ponerse boca arriba y se fue haciendo más audaz, dejando atrás toda prudencia; y viendo que estaba tan preparado como ella estuvo antes, su miembro palpitaba a punto de reventar. Colocándose estomago contra estómago, Juliana fue subiendo poco a poco hasta que alcanzo la boca de Diego, a la vez que se restregaba contra el miento de él que seguía palpitando. Fue besándolo suavemente hasta que sus lenguas se buscaron y comenzaron un baile que no paró hasta que ambos se saciaron. La boca de ella fue bajando hasta llegar al tronco que Diego tenía, en ese momento, por miembro. Juliana le lamio la punta y pudo comprobar que estaba a punto de derramarse, así que paro y volvió a su boca y su cuello, esperando que los gemidos y la respiración de Diego se hicieran más lentos. En cuanto se normalizaron, Juliana volvió al ataque, entre lametazo y lametazo, entre beso y beso, y entre succión y succión, los testículos y el culo tuvieron el mismo tratamiento; Diego ya no pudo controlarse más, la tomo por la cintura y la volteo de espaldas, le alzó las caderas y la penetró tan profundamente que ambos llegaron al clímax en la primera embestida. Sin salirse de ella, Diego comenzó a moverse otra vez y Juliana pudo comprobar que el miembro volvía a endurecerse. Fueron movimientos muy lentos al principio, hasta que las piernas de Juliana envolvieron los costados de Diego para que le penetrase más a fondo, transformándose en una cabalgata con movimientos más rápidos, en cada penetración los gemidos de ambos se hacían más profundos y se olvidaron de todo lo que les rodeaba, así llegaron al orgasmo los dos juntos, mirándose a los ojos y derramándose uno dentro del otro. Diego se desplomo encima del cuerpo de Juliana hasta que sus respiraciones se hicieron normales y rítmicas. Entonces se deslizo hacia el lado de la cama cogiendo a Juliana por la cintura y adaptándola a su costado, parecía como si no quisiera soltarla para que no se escapase.

    - Por Dios, que ha sido esto, en mi vida había disfrutado tanto de acostarme con una mujer. Qué razón tenía mi abuelo cuando dijo que eras especial y que no te dejara marchar.
    - ¿Don Álvaro, se dio cuenta de que me gustabas? – dijo Juliana, mientras su cara se volvía blanca como la cera, toda la sangre se le marcho de la cara.
    - Sí, el fin de semana que estuvimos en Méjico. Diego no pudo ver el gesto de dolor que en ese momento asomo en la cara de Juliana porque se dio la vuelta para que la lágrima que surcaba su mejilla fuera absorbida por la almohada. Pensó que le gustaba a Diego por ella misma, no por algo que le había dicho don Álvaro y lo quisiera comprobar.

    Mientras Diego se acomodaba en la espalda de Juliana, la abrazó por la cintura y se quedó dormido. A la mañana siguiente cuando Diego despertó no encontró a Juliana en la cama, su huevo estaba frío, lo que le hizo pensar que se había levantado hacía tiempo, se fue a dar una ducha pensando que estaría con Rubén y los demás desayunando en el comedor. Cuando bajo, los vio a todo, don Álvaro estaba con ellos desayunando y comentando toda la aventura, pero ella no estaba.

    - ¿Habéis visto a Juliana?
    - No creíamos que estaba contigo, descansando después de la noche pasada – dijo Rubén mientras miraba a Amanda y a don Álvaro con una sonrisa pícara en la cara.
    - No, esta mañana cuando me he despertado, ya no estaba – dijo Diego temiéndose lo peor
    - Pregunta en recepción, puede que allí te digan algo – le comento don Álvaro.

    Fue a recepción y pregunto por la Srta. Echevarria, el recepcionista le dijo que la señorita había dejado el hotel muy temprano en la mañana con instrucciones de entregarle esta nota. Diego abrió el sobre y leyó el papel que había dentro:
    “Gracias por una noche inolvidable, pero me tengo que ir. No quiero ser un juguete de alguien que hace las cosas porque otros le dicen que son buenos partidos. Que te vaya bonito en la vida y no me busques.”
    Juliana.

    Diego no daba crédito a sus ojos y volvió junto a los demás. Le enseñó la nota a su abuelo, quien movió la cabeza negativamente. A groso modo les conto lo que había ocurrido y la conversación que tuvieron.
    - Pues mira que eres cazurro, nieto. Como se te ocurre decirle que yo te dio que estaba enamorada de ti, si decirle antes que estabas enamorado de ella. ¡Ay, esta juventud!, tendrás que mirar cómo arreglar este enredo.

    Cuando atendieron los asuntos que les retenían en Tulum, volvieron a San Nicolás. Diego esperaba que Juliana estuviera en el despacho, pero cuando llego se encontró con que había recogido todas sus cosas y se había ido. Preguntó a Rodrigo si había dejado alguna dirección, pero no había dejado nada y nadie sabía nada de ella.
    Diego la buscó por todo San Nicolás, pero no la encontró, era como si se la hubiera tragado la tierra, o un sueño dentro de esa aventura. Con el tiempo la rutina volvió a su vida y los encuentros amorosos con algunas de sus amigas de turno no eran lo mismo que aquella mágica noche en Tulum con Juliana. Una tarde de invierno, cuando Rubén fue a Méjico por asuntos laborales, ya que se había asociado con Diego en el bufete después de la expedición, se dio de bruces con Juliana. Estaba fantástica y en un coche llevaba un niño y una niña, parecían gemelos. Se saludaron como si fueran dos extraños, se devolvieron el saludo para todos los conocidos y se despidieron. Cuando llego a San Nicolás, Rubén le conto lo que le había sucedido a Diego, quien siguió con atención todo lo que su amigo le dijo y salió disparado del despacho. Tomo el primer vuelo a Méjico y sin avisar a nadie se presentó en casa de su familia.

    En cuanto entró por el portón, se oían unas alegres risas, de su abuelo, su nana Rosario y de otros que no consiguió identificar. Siguió hasta el jardín y lo que encontró le paralizó de golpe, no podía creer lo que veía, una escena que no pensó que pudiera ver en la vida. En el centro del jardín estaba su abuelo sentado con Juliana, jugando con dos niños y a Duque y Marques saltando a su alrededor y que reían a carcajadas con las caras que don Álvaro les estaba poniendo y a una Juliana más bella que nunca, y con una sonrisa cómplice en su cara.

    - Buenas tardes – dijo Diego
    - Buenas tardes, hijo – dijo don Álvaro como si no pasara nada. Juliana saluda a mi nieto y de paso preséntale a mis biznietos, son todo un sol para mis ojos.
    Diego no podía creer lo que había oído de boca de su abuelo y mirando incrédulo a todos, desde el suelo le miraban los ojos de dos diablillos morenos que se cogían de la pierda de don Álvaro como si intentaran levantarse y sin miedo le sonrieron enseñándole unas paletas delanteras que les hacía parecer dos ratoncillos. Mirando a Juliana, le dijo que tenían que hablar.
    - Vete sin miedo Juliana, yo me quedo con estos dos soles – le dijo don Álvaro
    - ¿Por qué, Juliana?
    - Por qué tu no me amas, solo fui algo que tu abuelo dijo que valía la pena. Digo se pasó las manos por la cara para cuadrar todo lo que estaba pasando.
    - Vale, fue culpa mía no decirte que me había enamorado de ti y que, si al principio fue algo pasajero, con el tiempo se convirtió en amor. Y porque no me dijiste lo de los niños y donde te metiste, te estuve buscando y no te encontré.
    - Cuando me di cuenta de que solo era un pasatiempo, me fue lo más rápidamente posible para no sufrir más; recogí mis cosas y me fui con mi familia a Oaxaca. Cuando me enteré que estaba embarazada me fui a Méjico a buscar trabajo, pues mis ahorros se estaban gastando e iba a necesitar el dinero para criarlos y seguir adelante. Un día me cruce con tu abuelo en la alameda, yo estaba paseando con una amiga y él estaba comprando un regalo para tu madre, ya que pronto sería su cumpleaños. Se dio cuenta de mi embarazo, a pesar de que yo lo intente negar y me dijo que teníamos que hablar, me convenció para ayudarme y hacerse cargo de mí. Yo la única condición que le puse fue que no te dijera nada y que aceptaba su ayuda si mantenía oculto mi secreto. Aceptó y así es como tuve a los gemelos.
    - Pero yo he venido mucho a esta casa y no te he encontrado.
    - Por qué don Álvaro siempre se enteraba cunado ibas a venir por Rubén y tu secretaria y yo me iba a Oaxaca con mi madre, hasta que tu volvías a San Nicolás.
    - Le voy a decir un par de cosas a ese viejo entrometido, no tenía derecho a ocultarme todo esto
    - No le culpes, solo me estaba protegiendo y cumpliendo la promesa que le hice prometer. Diego volvió la cabeza y vio como si su abuelo hubiera rejuvenecido jugando con los niños y los niños le miraban con tanto cariño, que no pudo más que sonreír ante la sabiduría de ese viejo cascarrabias.
    - Me presentas a mis hijos, creo que es hora de que me conozcan y yo a ellos. Juliana le sonrió y le cogió de la mana para llevarle ante ellos.
    - Te presento a Álvaro y Lucia, mientras los cogía del suelo. Desde los brazos de su madre, dos pares de ojos le miraron y le sonrieron. Diego, se quedó con la boca abierta, pues les había puesto los nombres de su abuelo y abuela. Los gemelos le miraron y le echaron los brazos al cuello para que les cogiera y le dieron los juguetes que tenían en la mano para que él jugara con ellos.

    Desde su silla don Álvaro vio cómo su nieto y biznietos se sentaban sobre la hierba y comenzaban a jugar, mientras Juliana les miraba con todo el amor que una madre y mujer enamorada. Así don Álvaro se dio cuento que todos los problemas habían quedado atrás y que de ahora en adelante iba a poder disfrutar de toda la familia y de una vida feliz junto a ellos.
    chuky y dan defensor les gusta.

  6. Los Siguientes 5 Usuarios Agradecieron a Sorgin por Este Mensaje:

    chuky (18/11/2016),dan defensor (05/12/2016),piratazul (06/11/2016),razonable (24/11/2016),valalca (24/11/2016)

  7. #5
    Speed Black Woman
    Querer es poder
    Avatar de Sorgin
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    Mi Frase
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    Predeterminado

    Hala pues....Ya hemos terminado un concurso más.....No estoy muy contenta por que no he recibido todos los que esperaba, pero bueno, tampoco voy a sacar la escoba así sin más....

    Gracias a todos por hacer que esto sea posible y espero que no os haya subido mucho la bilirrubina, ajajajjajaja

    Un saludo....
    dan defensor le gusta.

  8. El Siguiente Usuario Agradeció a Sorgin Por Este Mensaje:

    miguelpichardo (22/11/2016)

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