Resultados 1 al 4 de 4
Mostrar en forma de Arbol3Les gusta
  • 1 Post de Sorgin
  • 1 Post de Sorgin
  • 1 Post de mago

Tema: [Literario] Relatos 12º Tema Libre

  1. #1
    Speed Black Woman
    Querer es poder
    Avatar de Sorgin
    Fecha de ingreso
    02 Sep, 12
    Género
    Mi Frase
    Errar es Humano, perdonar Divino
    Mensajes
    14,985
    Gracias
    349
    Menciones
    89 Post(s)
    Citas
    289 Post(s)

    Predeterminado [Literario] Relatos 12º Tema Libre

    Bueno, pues como siempre hemos hecho, aqui os voy dejando los relatos que vayamos recibien, aunque por lo que me temo no van a ser muchos, ajajajaaj



    El final del sueño - http://forocer.com/literario-relatos...565#post501333 ([Literario] Relatos 12º Tema Libre)

    El cuadro - http://forocer.com/literario-relatos...565#post501423 ([Literario] Relatos 12º Tema Libre)
    Última edición por Sorgin; Hace 5 días a las 23:25
    mago le gusta.

  2. #2
    Speed Black Woman
    Querer es poder
    Avatar de Sorgin
    Fecha de ingreso
    02 Sep, 12
    Género
    Mi Frase
    Errar es Humano, perdonar Divino
    Mensajes
    14,985
    Gracias
    349
    Menciones
    89 Post(s)
    Citas
    289 Post(s)

    Predeterminado

    EL FINAL DEL SUEÑO


    Aquella tarde de domingo, John estaba algo disgustado, viajaba por carretera en su coche, cómo lo venía haciendo todos los domingos durante un mes. Se dirigía al aeropuerto a recoger a su mujer.
    Su mujer, Sarah, llevaba cuatro fines de semana consecutivos quedándose en casa de su madre para cuidarla, ya que ésta no se encontraba muy bien de salud últimamente, por lo que su marido tenía que acercarla al aeropuerto los viernes por la mañana y recogerla los domingos por la tarde, pero John ya estaba cansado, le molestaba mucho tener que perderse su partida de cartas de los domingos con su amigos en el bar de siempre y perder toda la tarde para ir al aeropuerto.

    - Para un día libre que tengo a la semana y no puedo ni disfrutarlo. – Pensaba John mientras conducía aquella tarde.

    Sacó un cigarrillo del paquete de tabaco que llevaba en el bolsillo de la camisa, luego se buscó el mechero por los bolsillos del pantalón pero no encontraba ninguno, algo irritado por no poder encender el cigarro, se inclinó para abrir la guantera del coche en busca del tan ansiado encendedor, sólo le bastó perder de vista un segundo la carretera, cuando se percató que iba más rápido de la cuenta al tomar una curva, y cuando quiso reaccionar ya era tarde, tras intentar corregir la dirección y tomar el control del vehículo, éste se precipitó contra el quitamiedos, rompiéndolo y cayendo por la ladera.
    Todo fue muy rápido, cuando un fuerte golpe, menor de lo esperado, frenó el coche en seco durante la caída. Uno de los árboles de los varios que había pendiente abajo, lo detuvo. De no ser así el final habría sido trágico.

    John se quedó durante un minuto paralizado, con el cigarro apagado y roto entre los labios y mirando por el parabrisas las rocas que había justo debajo de él, a unos 40 metros. No se atrevía ni a moverse, por miedo a que el pequeño árbol cediera.

    Había pasado media hora y John seguía prácticamente quieto, con su cuerpo sostenido entre el sillón y el cinturón de seguridad. No podía hacer otra cosa salvo pensar, y pensando estaba cuando algo se le pasó por la cabeza.

    -Esto ya lo he vivido. –Pensó. –Hace unos 40 años tuve un accidente cómo este, idéntico a este. No puede ser que haya tenido dos accidentes iguales. Es demasiada casualidad, incluso llevo la misma ropa y justo en el mismo punto de la carretera y detenido por un árbol en la caída.

    Sea cómo fuese, John tenía que salir de allí, su vida corría peligro. Con movimientos suaves intentaba buscar algo en los bolsillos, primero en los bolsillos de la chaqueta, luego en el bolsillo de la camisa y luego en los de los pantalones, pero no encontraba lo que buscaba.

    -¡¿Dónde estará mi puto móvil?! –Gritó muy disgustado al mismo tiempo que detuvo su mirada en un pequeño calendario que había pegado en el salpicadero.

    -¿Mayo de 1980? –No es posible, ese fue el mes que tuve el accidente hace ya muchos años.

    Cómo era lógico, él se afanaba en seguir buscando su móvil, quería pedir ayuda, pero no había móviles en 1980. Algo extraño estaba ocurriendo.
    Un par de horas más tarde, alguien bajó atado a una cuerda hasta el coche. Era del personal del servicio de rescate.

    -¡Gracias a Dios, ya era hora! –Exclamó aliviado John.
    -¿Se encuentra bien señor? Tranquilícese, vamos a sacarle de ahí. –Le dijo aquel hombre atado a la cuerda.

    Con mucho cuidado, John iba siguiendo las instrucciones que le daba aquel hombre. Primero se quitó el cinturón de seguridad, y luego abrieron la puerta con cuidado. Por suerte, ésta no estaba abollada y pudo abrirse con relativa facilidad.
    Una vez abierta la puerta, el rescatador le colocó un arnés alrededor de la cintura y le enganchó otra cuerda que llevaba.

    -Muchas gracias Andrew. –Le dijo John.
    -¿Cómo sabe mi nombre? – Preguntó el rescatador.
    - Me dijiste tu nombre aquí mismo, hace 40 años, por eso lo sé.

    Efectivamente, aquel hombre que le estaba rescatando se llamaba así, pero no quiso hacerle demasiado caso y siguió asegurando el arnés, cuando de pronto el árbol cedió y el coche cayó empicado ladera abajo. Una de las piernas de John quedó atrapada debajo del asiento del coche antes que el arnés estuviese bien sujeto, y tanto el coche cómo John cayeron al abismo.

    -¡¡Despierta, John, despierta!!
    John se despertó sobresaltado. Miró a su alrededor. Estaba en su habitación, sí, en la habitación de su casa, o mejor dicho, en su habitación de la casa de sus padres. En la cama de al lado, su hermano, que se estaba vistiendo, no paraba de gritarle:
    -¡Vamos, John, despierta! No querrás llegar tarde a tu boda. Se supone que el novio es el primero en llegar a la iglesia. No querrás hacer esperar a Sarah, ¿Verdad?
    John aún estaba intentando comprender donde estaba y lo que había pasado.
    -Entonces, ¿Lo del accidente fue un sueño? Parecía tan real. –Pensaba mientras se sentaba en la cama. Pero seguía sumido en sus pensamientos. Se había despertado en su cama de la casa de sus padres, y era el día de su boda, pero ¿Cómo era posible? Él ya estaba casado, recordaba su boda, incluso el viaje de luna de miel, pero de alguna manera estaba volviendo a revivir todo aquel día.

    Se levantó y se aseó, se miró en el espejo y ahí estaba, era él con 25 años. Se pellizco varia veces en el brazo, no podía ser cierto. Recordaba su boda, todos sus años de casado, incluso el nacimiento de sus tres hijos, incluso su accidente en 1980, pero ahí estaba, y no parecía que fuese un sueño. - ¿Y si tengo la capacidad de ver el futuro? – Pensó. –Bueno, sea lo que sea, tengo que darme prisa o llegaré tarde, aunque sé que llegaré a tiempo. Qué sensación tan extraña, es cómo si fuese actor y tuviese que seguir el guion de una película.

    Cuando llegó a la iglesia todo era cómo él ya sabía. Recordaba que Sarah llegaría unos 15 minutos tras él, y que al bajarse del coche, se tropezaría con la cola del vestido, y así es cómo ocurrió. Para John era cómo estar viviendo en primera persona una película que ya había visto, salvo que esa película era parte de su propia vida.

    Tres horas más tarde estaban celebrando la boda en uno de los restaurantes más famosos de la ciudad. La gente comía, bebía, bailaba, mientras los novios se afanaban en que todo transcurriera de la mejor manera posible, de vez en cuando, no podían evitar abrazarse y besarse, ante la algarabía de todos los invitados, que aplaudían y festejaban cada muestra de cariño entre John y Sarah.

    Llegó la hora de la tarta nupcial, una tarta deliciosa que los camareros repartían en porciones en todas las mesas. Fue uno de los momentos de más calma para los novios, que se sentaron para comer cada uno su trozo, pero lo hicieron de una forma un tanto peculiar, ya que John le daba tarta con su cuchara a Sarah y ésta hacía lo propio con John.

    Todo estaba sucediendo tal y cómo John lo tenía visualizado, pero aun así, disfrutaba cada momento cómo si fuese nuevo para él.

    Mientras comía la tarta, algo se le cruzó en la garganta, algún trozo de fruta quizás, y comenzó a toser ya que se estaba atragantado. Se puso rápidamente en pie y haciendo gestos de que se ahogaba. La gente entró en pánico y la que ya era su mujer, sólo sabía gritar:
    -¡John! ¡John! ¿Qué te ocurre?

    Afortunadamente, uno de los invitados era médico, y saltó rápidamente de su asiento para atenderle. La cara de John estaba cada vez más roja, no podía respirar. El médico puso todos sus conocimientos, aplicando técnicas de primeros auxilios, pero el rostro de aquel muchacho, recién casado se estaba amoratando, intentaba toser. Pese al mal rato que estaba pasando, no recordaba que eso le hubiese pasado en el día de su boda. Finalmente, John, tendido en el suelo, dejó definitivamente de respirar. El médico certificó su muerte.

    -¡¡Despierta, John, despierta!!
    -¡Despierta perezoso!

    John dio un salto de su silla, mientras que oía a la gente de alrededor riendo y burlándose de él. Le decían cosas cómo “El gordito tiene sueño” o “La próxima vez te traes la almohada” Miró boquiabierto a su alrededor y se quedó más sorprendido aún, cuando observó que estaba rodeado de sus compañeros de clase de 5º curso, y que era su antiguo profesor de matemáticas quien le reprendió su actitud.

    -¿No te parece que dormirte en clase es una falta de respeto? No sólo hacia mí, sino para el resto de tus compañeros. –Seguía diciendo el maestro con tono enfadado y con ese aire de superioridad que se le presupone a cualquier profesor.
    - Lo siento… yo… es que… -Balbuceaba John en voz baja, advirtiéndose en su voz una mezcla de asombro y vergüenza.

    En ese momento sonó la campana, y todos los niños comenzaron a recoger sus libros para marcharse, pero John se quedó quieto y sentado en su silla, estaba pensativo. Estaba en clase, en su colegio, y sentado junto a la ventana, volvió la cabeza para usar el cristal a modo de espejo y se vio a sí mismo. Era él, por supuesto, pero con la apariencia de cuando tenía 11 años.
    Lentamente y cómo por inercia, recogió sus libros y cuadernos de su mesa, y salió de la clase sumido en sus pensamientos.

    -¿Estoy reviviendo mi infancia? –Se preguntó. Recordaba cómo minutos antes, se estaba atragantando con un trozo de tarta en su boda, y ahora caminaba por los pasillos de su colegio cómo cualquier otro niño.

    Era imposible que aquello fuese un sueño, se pellizcaba las mejillas regordetas para comprobarlo, una y otra vez.
    Por inercia se dirigía por el pasillo donde estaban las taquillas a dejar allí su libros y cuadernos, mientras poco a poco iba asumiendo que había estado soñando y que tenía que volver a casa.
    Tras dejar sus cosas en su taquilla, oyó que tras él, alguien que se le acercaba rápidamente. Apenas tuvo tiempo de volverse cuando notó un fuerte coscorrón en la cabeza y que le dejó por un momento desconcertado. Luego escuchó risas y cuando vino a darse cuenta estaba rodeado de cinco compañeros de clase, uno de ellos, quien le dio el golpe, estaba de brazos cruzados frente a él con actitud amenazante.

    -¡Oh, Dios mío! ¡Es Adam White, el matón de la clase! – Se dijo así mismo John, bastante asustado.
    Adam White era el típico niño que le gustaba y disfrutaba pelearse con el resto y así ganarse la popularidad de ser el matón de la clase. Siempre estaba rodeado de cuatro o cinco niños más que le seguían cómo perritos falderos. Siempre estaba pidiendo favores forzados al resto de su clase, a algunos le pedía que les hiciera los deberes o trabajos que les pedían los profesores, a otros les pedía dinero, cómo era el caso con John. Todos los días tenía que darle unos centavos, si no quería tener serios problemas con él.
    -Ayer no me diste el dinero ¿Se puede saber por qué? –Le dijo Adam en tono amenazante y la vez burlesco.

    John se puso a pensar y era cierto, no le dio los centavos que debía de darle cómo de costumbre. Fue entonces cuando recordó ese día, cómo si ya lo hubiese vivido e hizo justamente lo mismo, cómo si una fuerza extraña le obligara, salió corriendo por el pasillo hacia la salida, esquivando cómo pudo a los muchos niños que se interponían entre él y la puerta de salida. Miraba de vez cuando hacia atrás, y ahí estaba Adam y sus compinches, intentando darle caza.
    Una vez fuera del edificio escolar, John liberó rápidamente su bicicleta que tenía bloqueada con una cadena, se subió en ella y comenzó a pedalear con todas sus fuerzas calle abajo, pero sus perseguidores hicieron lo mismo. Sus kilos de más y la falta de ejercicio le hacían poco a poco ir perdiendo fuerza, se ahogaba de tanto pedalear mientras sus perseguidores le acechaban a pocos metros.

    -¡Para! ¡John! no te vamos a hacer daño, bueno, al menos no mucho. –Gritaba John que lo tenía casi pegado a su rueda, mientras los otros se reían.
    A John le seguían viniendo imágenes a su cabeza, es cómo si aquello ya lo hubiese vivido, y si era así, estaba a punto de recibir una paliza de Adam, y quería evitarlo a toda costa, pero al doblar una esquina, para intentar zafarse de sus perseguidores, la bicicleta le patinó y cayó de bruces contra el suelo haciéndose mucho daño. Aun así, intentó ponerse en pie y seguir corriendo, cuando un empujón le devolvió de nuevo al suelo.
    Adam se puso sobre él, sentándose sobre su vientre.
    -Dame el dinero o sabrás lo que es bueno. –Dijo bastante enfadado y fuera de sí. No le gustaba que le hubiese hecho sudar y perder el tiempo.
    -No tengo tu dinero – Sollozó John, que ya se esperaba lo que le venía encima.
    -Está bien, tú lo has querido. –Y Adam comenzó a darle puñetazos en la cara, en el pecho, la barriga, mientras el pobre John no paraba de llorar y pedir auxilio, mientras los amigos de Adam se reían y contribuían dándole patadas. Hasta que uno de ellos se dio cuenta de algo.
    -¡Chicos, parad! – Creo que el gordito no se mueve.
    Todos dejaron de pegarle y Adam le miró atentamente y se asustó.
    -Creo que nos hemos pasado esta vez, dijo otro de los amigos de Adam.
    Adam intentó tomarle el pulso, pero no lo consiguió, se puso en pie y comenzó a llamarle.
    -¡John! ¡John!, - Pero John había muerto de la paliza.
    -¡¡Despierta, John, despierta!!
    ¡Vamos! Mi pequeño y adorable John, despierta, es hora de alimentarse.

    John se despertó, se sentía muy bien, cómo flotando en una cálida nube. Se sentía amado y querido oyendo aquella dulce voz de mujer. Apenas había abierto los ojos cuando notó en sus labios algo que al intentar morder, le iba llenando la boca de un líquido muy sabroso. John no sabía donde estaba, lo último que recordaba era la paliza que le estaba dando el matón de su clase, y ahora realmente no sabía que estaba pasando.
    Dirigió su vista hacia arriba y lo que vio le dejó sin palabras. Era el rostro tierno y sonriente de su madre, pero de su madre muy joven. John intentó hablar, pero no le salían las palabras, por lo que se limitaba a mover los brazos.
    John estaba balbuceando, cómo queriendo hablar.

    -¡Ay! Mi niño, ¿Qué me quieres decir? Aún eres muy pequeño para hablar, sólo tienes un añito. –Sonreía la madre tiernamente.
    John ya no sabía lo que estaba pasando, tan real fue la paliza que le estaban dando sus compañeros del colegio, cómo lo que estaba viviendo en ese momento. ¿Volvía a tener un año? Aunque esta vez ya nada le importaba. Se sentía demasiado bien, arropado por su madre y mamando de su pecho. No quería que ese momento terminase nunca y pensando y pensando se quedó dormido.
    -¡¡Despierta, John, despierta!!
    -Despierta mi amor. Estoy muy triste y necesito que me hables.
    -John abrió los ojos débilmente, apenas podía distinguir nada, sólo sabía que estaba en una cama y que un pitido intermitente y muy molesto sonaba tras él. También oía un burbujeo constante. Quiso girar un poco la cabeza a su alrededor, quería saber donde estaba. No tardó ni diez segundos en saberlo. Estaba en un hospital conectado a tubos de goma y cables. Le costaba algo respirar y al hacerlo se oían ligeros pitidos provenientes de sus bronquios. Volvió lentamente la cabeza hacia la voz que había escuchado. Allí estaba, era su mujer, Sarah, el paso de los años había hecho mella en ella, su rostro reflejaba tristeza y amor al mismo tiempo.
    -¿Sarah? ¿Eres tú? –Preguntó John, y su voz sonó entrecortada y distorsionada a causa de la mascarilla de oxígeno que llevaba.
    - Claro que soy yo, cariño. Llevas durmiendo todo el día, y necesitaba oírte y hablar un rato contigo.

    El anciano de unos 85 años que estaba en aquella cama de hospital, era John, llevaba ingresado una semana a causa de una enfermedad grave que le fue diagnosticada hace 7 años. John padecía cáncer de pulmón y estaba en fase terminal. Su mujer, apenas 3 años más joven que él, y pese a su avanzada edad, gozaba aún de buena salud, salud que le permitió estar toda la semana junto a su marido en aquella habitación del hospital. Los dos se querían mucho, y pese a llevar tantos años casados, el amor seguía latente entre ellos.

    -He estado soñando, Sarah. –Dijo John, mientras se cogían de la mano. –He repasado toda mi vida soñando, han sido sueños tan reales que ni siquiera parecían sueños, ha sido cómo revivir de nuevo toda mi vida. He soñado con el accidente de coche que tuve, ¿Te acuerdas? He soñado con nuestra boda, con el día que me casé contigo, incluso he soñado cuando era un niño y cuando era un bebé en brazos de mi madre. Nunca en mi vida he tenido sueños tan reales.
    Sarah, con las lágrimas contenidas en los ojos y con un nudo en la garganta, quería hablarle, tras varios intentos lo consiguió.
    -No te fatigues cariño, descansa un poco. –Dijo su mujer, viendo que su marido le costaba trabajo hablar, le faltaba el aire y tosía de vez en cuando.
    -Supongo que ya me queda poco. Dicen que cuando alguien muere o va a morir, recuerda toda su vida en imágenes, yo la he revivido en sueños. No te preocupes por mí. –Continuaba diciendo John. –Han sido los mejores años de vida los que he compartido contigo, y quiero que sepas que me voy muy feliz. Continúa tu vida, aún te quedan muchos años por vivir.
    Sarah, no pudo aguantar más, y sus lágrimas comenzaron a deslizarse por sus rugosas mejillas.
    -Yo también he sido muy dichosa contigo mi amor, jamás he querido tanto a nadie cómo te quiero a ti. –Lloraba y hablaba Sarah, mientras intentaban abrazarse. Los dos sabían que había llegado el momento de la despedida.
    -Te quiero. –Dijo John
    -Yo también te quiero. –Dijo Sarah.
    Justo en ese momento un pitido continuo inundó la habitación y en un instante una enfermera y un médico entraron rápidamente. El doctor, tras hacer un par de comprobaciones dijo:
    -Lo siento Sarah. Tu esposo ha fallecido.
    Luego la enfermera le desconectó todos los cables y le tapó la cabeza con la sábana.

    Al día siguiente, Sarah, junto a sus hijos y nietos y el resto de la familia, despidieron a John en un funeral que tuvo lugar en la misma iglesia donde se casaron.

    -¡¡Despierta, John, despierta!!


    FIN
    mago le gusta.

  3. El Siguiente Usuario Agradeció a Sorgin Por Este Mensaje:

    miguelpichardo (Hace 1 semana)

  4. #3
    Speed Black Woman
    Querer es poder
    Avatar de Sorgin
    Fecha de ingreso
    02 Sep, 12
    Género
    Mi Frase
    Errar es Humano, perdonar Divino
    Mensajes
    14,985
    Gracias
    349
    Menciones
    89 Post(s)
    Citas
    289 Post(s)

    Predeterminado

    EL CUADRO


    Sofia tomaba una taza de café en el Ben’s como todas las mañanas junto a una tostada y un zumo de naranja. Leía el periódico, como siempre antes de ir a trabajar y observaba a los clientes que acudían a la cafetería y pedían sin levantar la cabeza de sus iPhone o tablets como si el mundo desapareciera si dejaban por un segundo, la tecnología de lado. Se río de sí misma, pues había momentos en que ella hacia lo mismo. Volvió a su periódico y en la sección de cultura pudo leer la exposición rusa de pintura que se había programado para la semana siguiente en el Museo Smithsonita y en el que ella iba a participar, ya que parte de las obras las había prestado su familia. Era una retrospectiva de la época de Catalina la Grande, cuando empezó a acumular obras artísticas tanto de pintura como escultura para su Palacio de Invierno en San Petersburgo y que luego fue llevado al Hermitage.

    La propia Sofia sería la encargada de supervisar la exposición. Era uno de los requisitos que su familia había impuesto para prestar las obras pictóricas al museo, se podría considerar como la Comisaria de las obras de arte y aún le quedaba bastante trabajo; así que respiró fuerte, tomo el último sorbo de su café, se levantó y se dirigió hacia la salida, donde con un movimiento de cabeza saldo al camarero. Tomo aire en la puerta y se dirigió al Museo con un andar armónico y ágil. No es que hiciera deporte o estaría apuntada a ningún gimnasio para ponerse en forma, sino que su carácter y su estructura ósea era magnifica, con que tan solo se cuidara un poco con comida sana y de vez en cuando alguna caminata por Rock Creek era suficiente. Según su madre, había heredado la complexión de la rama rusa y no de la inglesa por parte de padre.

    El Museo no estaba muy lejos de donde vivía, así que pasó por su apartamento, se cambió de ropa y se puso el uniforme de ejecutiva, como ella decía, y dejaba la ropa informal que usaba normalmente, para parecer una verdadera jefa. Llego al Museo a las 9:00 de la mañana y se dirigió a la sala donde se iba a exponer los cuadros y ya estaban allí estaba todo el equipo de trabajadores y los contenedores con las pinturas, tan solo faltaban las de su familia, ya que tenían que llegar desde Inglaterra en un transporte especial.

    - Buenos días, Srta. Lancaster – dijo Douglas Bones, director del Museo
    - Buenos días Sr. Bones – dijo con una sonrisa
    - Como puede ver ya están aquí casi todas las obras y el sitio donde ubicarlas. Esperemos que las más importantes de la exposición lleguen a tiempo – dijo Douglas con cierta ironía por la falta de ellas
    - No se preocupe Sr. Bones, mi familia me ha comentado que a lo largo del día llegaran sin problema – dijo Sofia. Así que tranquilícese y empecemos con el trabajo.

    Con la ayuda de los operarios comenzaron a abrir los contenedores y a sacar las pinturas que pertenecían a diferentes pintores flamencos, barrocos y rusos. Sofia con su mirada criptica fue colocándolos en diferentes lugares como si fueran contando una historia del pasado y dejó un lugar importante para el cuadro que más le importaba y que aún no había llegado.
    Se fueron a comer y a su regreso vieron que por la entrada posterior del museo llegaba el esperado cargamento. Sofia inspeccionó el albarán, verificó los cuadros y dejo que los introdujeran en la galería. Poco a poco fueron apareciendo las magníficas pinturas y en el último lugar su cuadro favorito y más querido. Una vez colgados todos se quedaron boquiabiertos al ver a Sofia y el cuadro colgado en la pared, parecían dos gotas de agua.

    - Es increíble el parecido, ya me lo había dicho su madre, Srta. Lancaster, pero verlo en vivo es aún más impresionante – dijo Douglas

    Sofia lo miraba, acariciando el colgante que siempre llevaba al cuello y que nunca se lo quitaba.

    -Si, la verdad es que a mí también me emociona cada vez que lo veo – dijo Sofia

    Colgado en la pared se podía ver a la tatarabuela de Sofia, Sofia Russyskaya Vasiliev Borisovich, vestida de la época y con el broche prendido en el vestido. Este broche había pasado de madre a hijas, una vez que alcanzaban la mayoría de edad y que Sofia había convertido en un collar, por miedo a perderlo, ya que era un conjunto de rubíes, diamantes y esmeraldas formando una rosa engarzada en un sol de oro. Era una obra de orfebrería magnifica y de joyería aún más.

    - Sr. Bones, tan solo queda ya catalogarlos y ponerles los nombres correspondientes para que sean vistos por los visitantes. Los catálogos vienen mañana, así que, si no tiene objeción, por hoy dejamos de trabajar – dijo Sofia
    - Muy bien Srta. Lancaster. Mañana terminaremos lo que queda y esperemos que no haya complicaciones de última hora.
    - Hasta mañana Sr. Bones
    - Adiós Srta. Lancaster, que descanse.

    Sofia salió del Museo y se dirigió hacia su apartamento en el barrio de Street Northwest. Compró algunas cosas en la tienda de ultramarinos y subió a su casa. Entró en el apartamiento y cuál fue su sorpresa cuando se encontró a su hermana Irina sentada en el sofá.

    - ¿Cuándo has llegado? No sabía que ibas a venir
    - Buenas tardes hermanita – dijo Irina con sorna. No vengo a incordiar, solo me ha mandado mama en representación de la familia. Ya que sabes que a ellos estas cosas no les gusta y Nikolay está en San Petersburgo cerrando el negocio de importación
    - He hablado hoy con mama y no me ha dicho nada – dijo Sofia
    - Si, le dije que no te comentara nada, que quería darte una sorpresa. Además, papa no se ha recuperado aún de la caída y la operación de cadera – dijo Irina, mientras miraba a su hermana, esperando su reacción. Ambas hermanas eran completamente diferentes en todos los aspectos; Sofia era igual que su madre Olga, morena, alta, delgada y seria. Mientras que Kolia e Irina eran rubios, más bien bajos y más robustos como su padre, habían heredado la sangre inglesa. Incluso su carácter era más extravertido que el de Sofia.

    Sofia la miro, calculando en los conflictos que podría meterla y le dijo: Muy bien puedes quedarte y representar a la familia, pero al mínimo escandalo regresas a Londres sin protestar. Cenaron tranquilas, vieron al TV un rato y al irse a dormir, Sofia le dijo a Irina que por la mañana podría ir al Museo y ver cómo estaba quedando la exposición y darle el informe a su madre.

    Olga, la madre de Sofia era la descendiente directa de Sofia Russyskaya que en Paris se enamoró del duque de Lancaster, Henry Howard, se casó y se instaló en Londres con su marido y en el ducado de Lancaster donde vivió hasta que murió y donde dio a luz a sus cinco hijos. Olga, era, realmente, la que gobernaba a la familia con mano dura, a que su marido Andrew estaba más ligado a la tierra que a los negocios de la familia. Tenía astucia para los negocios que había heredado su hijo Nikolay. A las propiedades inglesas, también se unieron las rusas que Sofia había heredado de su familia, a pesar de la maldición que pendía sobre su familia y de lo poco que pudo traer de Rusia destacaba la colección pictórica anhelada por gran cantidad de Museos internacionales.

    Sofia se levantó temprano a la mañana siguiente, sin esperar a su hermana que aún dormía plácidamente, hizo su rutina diaria, le dejo una nota a su hermana diciéndola que la esperaba en el Museo y que luego comerían juntas. Llegó al Museo y lo primero que hizo fue ir a mirar el cuadro de su “abuela” y darle los buenos días, como hacia cuando estaba en Lancaster y la contaba lo que iba hacer durante todo el día, aunque pudiera parecer una tontería o una locura por su parte, era una costumbre que había adquirido desde niña. Después fue a su despacho para encontrar los catálogos de la exposición y los letreros de los cuadros que había que colocar encima de la mesa. Esperó a la llegada de sus ayudantes para colocarlos, pero sería la propia Sofia, quien colocaría la descripción del cuadro de su tatarabuela.

    Todo quedo solucionado y preparado para el día siguiente, el día que se haría la apertura de la exposición, esperando a la Gran Apertura, con todas las personalidades importantes del arte y la política, programada para dentro de dos semanas. Sería la prueba de fuego para observar la reacción del público. Sofia echo el último vistazo al trabajo y se detuvo ante en su imagen reflejada en el lienzo. Fue a darle las buenas noches y algo la llamo la tención, la iluminación de la pintura hacía que algo se reflejara dentro del cuadro, se acercó y pudo ver algo que antes nunca había visto, se acercó todo lo que pudo y dentro de uno de los azulejos del suelo parecía haber algo escrito, una serie de números o letras cirílicas. Era todo un enigma y que tendría que comentar al director del Museo, una vez pasada el día de exposición.

    La presentación fue todo un éxito y todos admiraron el cuadro de Sofia junto al increíble parecido de ambas, incluso Irina tuvo que admitir que eran como dos gotas de agua. Durante la reunión, Sofia fue a buscar al restaurador jefe del Museo, el Sr. MacBean, para comentarle lo que creía a ver visto en el cuadro y adelantarse para que pudieran estudiarlo a la mañana.
    A primera hora del viernes, Sofia, ya estaba en el Museo esperando al Sr. MacBean.

    - Buenos días Sofia, que madrugadora – dijo MacBean
    - Buenos días, es mucho lo que tengo que tengo que mostrarle y me gustaría poder resolverlo cuanto antes
    - Bien, manos a la obra y creo yo que como vamos a pasar mucho tiempo juntos es preferible tutearnos y no ser tan formales, Sofia, mi nombre es James
    - Un placer James – dijo Sofia mientras mandaba descolgar el cuadro, con sumo cuidado, a los ayudantes del Sr. MacBean que lo trasladaron a la zona de restauración del Museo Smithsonian. Lo dejaron apoyado en el caballete y lo miraron por última vez.

    No tardaron mucho en llegar al laboratorio y una vez Sofia le relató lo que había descubierto, James dijo a sus ayudantes que lo pasaran por el scanner y lo que vieron fue una serie de números y letras dentro de unos de los azulejos del suelo del cuadro y en la ventana, que parecía vacía desde la vista humana, vieron la réplica del Palacio Peterhof, la residencia de sus antepasados en San Petersburgo.

    - Sabes lo que puede significar esto, Sofia – dijo James, volviendo a mirar el suelo del cuadro y la ventana
    - Si le soy sincera no y la verdad no sé qué puede ser. Creía que en la ventana no se veía nada y que tan solo era una licencia artística del pintor para embellecer el cuadro y el suelo es un simple damero de ajedrez en blanco y negro, como cualquier otro de la época.
    - ¿Nunca te habían comentado nada la familia, ni de la historia que puede haber detrás de este misterio? – dijo James
    - No, nunca lo habíamos visto. Nunca antes el cuadro había tenido la iluminación especial que se le puso en la exposición para resaltarlo – dijo Sofia
    - Creo que deberías hablar con tu familia sobre tu descubrimiento. Le haremos una serie de fotogramas como prueba de su existencia y lo volveremos a colgar en su sitio. No deberían de enterarse de lo que nos ha revelado el cuadro al menos por el momento, hasta que descifremos el enigma – dijo James. Puede no ser nada importante, pero si se extiende la noticia de que en el cuadro se esconde un misterio, los caza misterios no nos dejaran en paz e incluso el cuadro puede correr peligro.
    - Estoy de acuerdo contigo. Cuanto más ocultemos el tema, más tiempo tendremos para resolverlo. Nada más que llegue al apartamento llamare a mi madre y le diré lo que hemos descubierto – dijo Sofia, sonriendo a James.

    Bajo las escaleras del Museo, se dirigió a Ben’s a tomarse un café bien cargado con algún capricho. Más tarde se dirigió al apartamento, pensando cómo iba a tratar el tema con sus padres, sin darse cuenta de que cruzaba la carretera sin mirar y no vio el coche que venía por su derecha, a bastante velocidad; sin poder hacer nada, el conductor la atropello y la lanzo por los aires, cayendo al suelo como una piedra y quedándose quieta como una muñeca de trapo que hubieran arrojado al suelo porque ya nadie la quería. La gente se agolpó en el lugar del accidente tras el ruido sordo que hizo la caída de un cuerpo sobre el asfalto. Llamaron a la ambulancia, pero nadie pensó que pudiera estar viva y sobrevivir al accidente, hasta que los sanitarios la encontraron el pulso débil y la trasladaron al hospital, desde donde llamaron a Irina para comunicarle que su hermana había tenido un grave accidente de tráfico. Asustada, se dirigió al hospital donde le dijeron que Sofia sufría un traumatismo craneoencefálico muy grave, con un hematoma que le comprimía la medula espinal y una pierna rota por varias partes. Irina escuchaba al médico como si estuviera hablando de otra persona que no era su hermana, mientras las lágrimas le recorrían el rostro. ¿Cómo se lo iba a contar a sus padres?

    - Me ha entendido lo que le he dicho, señorita – dijo el médico, mientras la agarraba de los brazos y la zarandeaba para que saliese del trance
    - ¿Se va a morir mi herma? – dijo Irina
    - Si somos capaces de controlar el traumatismo del cerebro y la columna, es posible que se salve, aunque puede quedar paralitica o parapléjica. Todavía es muy pronto para decirlo, pero le sugiero que llame a sus padres, ya que las próximas 72 horas son cruciales – dijo el médico.

    Irina le miro a los ojos y asintió como una autómata, mientas pensaba como decírselo a sus padres. En cuanto Irina realizó la llamada, los padres tomaron el primer avión disponible a EE. UU, ya que el avión de la familia lo había llevado Nikolay a Rusia, desde donde se trasladaría a Washington. Cuando llegaron al hospital, lo que encontraron fue tan impresionante que no podían dar crédito a lo que estaban viendo: Sofia tumbada en la cama, con un montón de cables por todo el cuerpo, un tubo le salía desde la cabeza vendada y blanca como un cadáver. Una imagen grotesca como si fuera una imagen sacada de una película Gore. Según el médico, los aparatos la mantenían estable y la ayudaban a respirar y el tubo del cerebro era el drenaje que tenía para drenar el líquido acumulado en el cerebro y disminuyera la presión del cráneo. Ahora lo único que les quedaba era esperar que la fortaleza de Sofia la mantuviera con vida.

    Sofia despertó en un cuarto engalanado con grandes tapices colgando de las paredes y sobre un sofá muy antiguo. No supo que decir y no recordaba donde se encontraba, tan solo sintió un gran dolor de cabeza y que todo se volvía negro.

    - ¿Dónde estoy? ¿Quién es usted? – dijo Sofia a una cara de mujer amable que la miraba angustiada y tremendamente asustada
    - Alexandr, Alexandr, pronto ven, Sofia no se encuentra bien y llama al médico, que venga rápido – dijo Tatiana a su marido. Mientras, Sofia miraba a su alrededor, totalmente anonadada, no entendía nada y no sabía dónde se encontraba, ni tampoco qué hacia allí, si ella iba caminando por la calle hacia su apartamento. Alexandr Russyskaya Vasiliev Ivanov corrió hacia su mujer Tatiana y miro a Sofia muy preocupado.
    - Ya he mandado llamar a Igor Sokolov, esperemos que no tarde. ¿Cómo te encuentras, hija?
    El golpe ha sido tremendo. Sofia intentó levantarse del sofá, sin éxito, pues una mano se lo impidió. No solo era el susto que decía ese hombre, sino la angustia de no saber dónde estaba y que hacía en esa sala y vestida de una forma muy rara.

    Marido y mujer se miraron a la cara y con un gesto preocupado esperaban la venida del galeno. En ese preciso momento llamaron a la puerta y un apuesto joven con un maletín en la mano hizo su entrada. Alexandr se acercó a él y le conto lo que había ocurrido, que Sofía se había subido a la escalera de la biblioteca a coger un libro, perdió el equilibrio y se cayó, dándose un fuerte golpe en la cabeza que la dejo sin sentido. La tumbaron en el sofá y no dejaron que se moviera cuando recobro el conocimiento; pero el problema era que no les reconocía y no sabía dónde se encontraba, ni que aquellos eran sus padres y su hogar.

    - Sofia, soy el doctor Igor Sokolov y vengo a revisarla. Serían tan amables de dejarnos solos, tengo que examinarla. Tan un examen estricto, vino que tan solo tenía un fuerte chinchón en la parte trasera de la cabeza y que no tenía nada roto. Su visión, aunque un poco desenfocada, era normal y la locomotriz normal. Lo único anormal era que no recordaba nada de su vida, ni de su familia.
    - Estoy bien doctor, no me duele nada, tan solo un poco la cabeza – dijo Sofia
    - Me puede decir en qué año estamos, donde vive, quienes son su familia y recuerda la caída – dijo Igor, ante una idea que le rondaba la mente y qué si su fundamento daba positivo, apenas sabía nada de la enfermedad y tendrían que ir viendo su evolución día a día; ya que los lapsus de tiempo era una modalidad nueva de la época, y aún estaba por buscar una cura. Aunque si se guiaba por los remedios de sus antiguos profesores, sería una enfermedad simpática de la cabeza, ya que la cabeza se veía afectada por un fuerte golpe
    - Por supuesto – dijo Sofia algo indignada. Estamos en 1980, vivo en Washington, iba de camino a mi apartamento y de repente se volvió todo negro. Y no sé quiénes son estas personas y no sé en qué lugar me encuentro.

    Sokolov no daba crédito a lo que estaba oyendo y la idea de la nueva enfermedad llamada amnesia temporal cada vez se hacía más apremiante.

    - Siento decirle Sofia que se equivoca. Estamos en 1762, en San Petersburgo y concretamente en el Palacio Peterhof.
    Al oír lo que el doctor decía volvió a perder el conocimiento en el mismo momento en que entraban sus padres por la puerta.
    - Hija – dijo Tatiana corriendo hacia Sofia. Que ocurre Igor, porque ha vuelto a desmayarse.
    - Se que lo que les voy a decir, puede sonarles a algo maligno, pero es una nueva enfermedad que se produce con los fuertes golpes en la cabeza y que aún está por estudiar y aún tampoco se sabe su cura, tan solo se puede esperar que el paciente, con el tiempo, vuelva a recuperarse y volver a ser el mismo otra vez. Lo que Sofia sufre es una amnesia temporal y no se sabe dónde se encuentra y confunde las coas. No quise decirles la verdad entera, ante las consecuencias que pudiera tener. Así, que lo único que nos queda por hacer es darle mucho amor, enseñarles las cosas que puedan ser familiares para ella y hablarle de su vida.

    Un pequeño gemido, les hizo volver la mirada hacia Sofia que volvía a recuperar el conocimiento.

    - Sofia – dijo el médico, mientras le pasaba un frasco de sales por la nariz para que se despejara. Sofia, se ha caído de la escalera del a biblioteca al tratar de coger un libro y se ha dado un fuerte golpe en la cabeza, de ahí su confusión. No estoy muy seguro, pero creo que en un par de días se recuperará y volverá a ser la de siempre.

    Sofia los miraba extrañada. No podía creer lo que la estaba ocurriendo. Intentó levantarse, pero tuvo que volver a recostarse al marearse; la dieron una taza de té, donde Igor le había puesto unas gotas de láudano, para tranquilizarla y así pudiera dormir hasta el día siguiente. Hasta que a la mañana siguiente volviera a visitarla.

    Cuando Sofia volvió a despertar, ya era de madrugada y estaba en una habitación hermosamente decorada y lo primero que hizo fue mirarse en el espejo y no se reconoció. No porque no viera su imagen reflejada sino por lo que el propio reflejo la hacía ver. Una Sofia vestida de forma extraña y en un ambiente diferente al de su apartamento. Intentó hacer memoria y solo recordaba su salida del bar, despertar en un sofá y con la cara de un joven médico que le decía que no estaba en su tiempo histórico. Fue hacia la puerta, la abrió y salió hacia el pasillo; pudo ver casi toda la colección que había en el Museo, colgada de esas extrañas paredes; bajo las escaleras y se encontró con un gran salón donde sentado en un sillón había un hombre fumando en pipa y que le dijeron que era su padre.

    - Buenas noches o mejor dicho buenas madrugadas, hija. ¿Cómo te encuentras? – dijo Alexandr, mientras sonreía y miraba su pipa, ante la misteriosa mirada de Sofia. Ya sabes que a tu madre no le gusta que fume en la habitación
    - Buenos días – dijo Sofia, mirando a esa cara familiar que le recordaba algunos rasgos de la cara de su madre Olga. Me encuentro mejor, un poco aturdida aún, intentando seguir con el juego de la historia.
    - Me alegro, te apetece desayunar algo. Puedo decir al servicio que nos traiga un te o algo para comer
    - No gracias, no tengo hambre

    Ambos se miraron a los ojos observándose y sin decir nada supieron que aún no era hora de seguir hablando. Alexandr pudo ver la confusión en la cara de su hija, el nerviosismo y la duda que acongojaba a su hija por no recordar.

    Unas horas más tarde, la casa empezó a cobrar vida y Sofia se maravilló del orden militar que llevaban los criados, como si fueran una compañía de soldados. Pusieron la mesa del desayuno con todo tipo de exquisiteces y grandes cantidades de té. Ella estaba acostumbrada a su café mañanero, pero sabía que en esa época aún no estaba muy consolidado lo del café. Su madre hizo su entrada como su fuera la propia zarina y se sentó al dalo de su marido. Miro a su hija y a su marido a la vez y se alegró de que ambos estuvieran allí. Tatiana sabía que Alexandr andaba metido en algunos asuntos políticos turbios, que no sabía muy bien cómo iban a terminar; y sabía que Sofia no era feliz con su compromiso con el Conde Mijaíl Rostov Krasny, pero era el elegido por el zar Pedro para unir a ambas familias. Sumida en sus pensamientos no oyó que tocaban a la puerta y que el doctor Igor Sokolov entraba al salón junto a un capitán del ejército que pedía permiso para hablar con el Gran Duque Alexandr Russyskaya Vasiliev Ivanov. El doctor llevo a Sofia hacia un saloncito adyacente para reconocerla y así pudo ver como el capitán le entregaba una carta a su padre que la introducía en uno de los compartimentos de su escritorio.

    - Vamos a ver Sofia, cómo estamos hoy – dijo Sokolov
    - Muy confundida, doctor – dijo Sofia, sigo pensando que este no es mi sitio, ni mi hogar, ni mi familia
    - Los golpes en la cabeza, pueden desorientarnos bastante y pensar que nos equivocamos de lugar. Aún son muy nuevas estas enfermedades mentales y no sabemos cómo diagnosticarlas. Lo único que podemos hacer es esperar, que el paciente se tranquilice y repose, sin esforzarse a recordar; si por las noches tiene dificultades para dormir, puede tomar unas gotas de láudano, pero sin exagerar. Por lo demás la encuentro muy bien, algún moratón por la caída, pero nada de importancia
    - Gracias doctor, eso hare, descansare y me tomare la vida con mucha tranquilidad – dijo Sofia

    Sokolov informó a los duques lo que ambos habían hablado y se marchó. Alexandr y Tatiana fueron junto a su hija y la miraron con todo el cariño que unos padres pueden mirar ante la desesperación de sus hijos. Mirándose, decidieron seguir con su vida normalmente.

    - No te olvides hija, que mañana celebramos tu cumpleaños y tu compromiso con el Conde Krasny. Aún tienes que probarte el vestido y las joyas que vas a llevar.

    A Sofia no que le quedó más remedio que afirmar con la cabeza y dejarse llevar. Durante todo el día estuvo recorriendo el Palacio Peterhof, leyendo su historia y preguntando a los sirvientes por su vida, que la contestaron amablemente, pues sabía el problema que tenía sin hacer conjeturas. Por la tarde vino la modista a probarle el vestido que iba a llevar y Sofia se asombró al ver que era el que su tatarabuela exhibía en el cuadro, tan solo faltaba el broche, que su madre le entrego una vez que estuvo vestida. Unas lágrimas se deslizaron por el rostro de Sofia y su madre pensó que eran de felicidad; pero realmente eran de tristeza y añoranza.

    - Estás magnifica hija – dijo Tatiana. Mañana Mijaíl no podrá alejar los de ti. Sofía sonrió ante el entusiasmo de su madre, pero en su foro interno no veía salida a lo que estaba ocurriendo

    A la mañana siguiente, la casa era todo un hervidero de acción, en la concina estaban todos ansiosos por que saliera la fiesta bien y los invitados se lo pasaran lo mejor posible. Todos los sirvientes limpiaban la casa, ponían mesas para los juegos de cartas, jarrones con flores frescas de los jardines del palacio, enrollaban las alfombras para la sala de baila, quitaban el polvo a las lámparas y reponían las velas por unas nuevas. Todo ello para que la fiesta de cumpleaños y compromiso fuera todo un éxito.

    Llamaron a la puerta de la habitación de Sofia, cuando estaba vistiéndose para la fiesta y en la puerta asomaba la cabeza su padre con una caja en la mano. Se la dio, como regalo de cumpleaños, la abrió y pudo ver unos hermosos pendientes de diamantes con una lagrima azul de agua marina como sus ojos.

    - Espero que te gusten, hija – dijo Alexandr, fueron de mi abuela y ahora te los doy a ti. Cuídalos y recuerda de donde proceden y a que familia perteneces.
    - Gracias papa – dijo Sofia dándole un abrazo, que le salió del corazón y sonándola rara la palabra “papa” en su boca.
    - Estas preciosa hija – dijo Tatiana, mientras entraba por la puerta en la que había estado esperando el momento oportuno para pasar a la habitación y no interrumpir la conversación de ambos. Con lágrimas en los ojos y con el broche en la mano, se lo dio a su hija. Este broche me lo dio mi madre cuando cumplí 17 años y me comprometí con tu padre. Es tradición en nuestra familia que pase de madres a hijas en sus 17 cumpleaños y espero la sigas con tus propias hijas algún día. Sofia lo cogió y se lo prendió en el vestido, recordando que ella lo llevaba todos los días colgado del cuello; y pensando que tan solo su madre se lo iba a prestar para la fiesta. Nos toca bajar, hija. Te esperamos abajo.

    Sofia se miró al espejo y seguía sin reconocer la imagen que el espejo la devolvía, pero tendría que acostumbrarse a esa vida y a esa época junto a la nueva vida que iba a tener sino ocurría un milagro. Podría tener razón el doctor Sokolov y ser solo una invención de su cabeza. Salió de la habitación y comenzó a bajar las escaleras, donde en el último peldaño le esperaban sus padres y un joven moreno que tendría que ser el Conde. Todos comenzaron a aplaudir su descenso majestuoso y que lo hizo con todo el cuidado que pudo para no resbalar y caerse de bruces. El joven moreno le tomo de la mano y se la beso, felicitándola con una gran sonrisa en la boca y una mirada de admiración.

    - Estas guapísima, querida; vas a ser la envidia de todas las mujeres de la fieste – dijo Mijaíl
    - Gracias, Conde Krasny, es muy amable – dijo Sofia
    - Creía que habíamos dejado los formalismos a un lado Sofia y que ya me llamabas Misha. Aunque puede que lo hayas olvidado por el accidente. Y sin dejar que Sofia contestara, la condujo a la sala de baile, donde comenzaban las primeras notas de un vals.

    Sofia bailo toda la noche con los invitados y con el propio Misha. No sabía que pudiera bailar tan bien y que podía divertirse tanto. En un momento de descanso Misha fue a recogerla y la llevo a un apartado saloncito del palacio. Allí le entrego un anillo y le pidió matrimonio. Sofia no sabía si aceptarlo o no y le pidió un poco de tiempo, mientras recuperaba la memoria. A Misha no le gusto la respuesta, pero tuvo que aceptarla, sino que quería que Sofia le rechazara finalmente por presionarla demasiado. Volvieron al salón de baile y ante la ansiosa mirada de sus padres, bailaron el ultimo vals de la noche.

    Sofia les conto a sus padres lo que le había respondido al Conde y ambos aceptaron la decisión. Paso una semana y la memoria de Sofia seguía igual, en las noches las pesadillas volvían a su cabeza y tenía que tomar un poco de láudano. Ya no sabía cómo aceptar lo que la estaba ocurriendo, era para volverse loca. Y una cálida tarde de verano aporrearon la puerta del palacio; una compañía de soldados de la zarina entró y detuvieron al Gran Duque Alexandr acusándolo de traición hacia la gran zarina por unirse a las filas del zar Pedro en su política de secularización de bienes y en la disputa por la provincia de Schleswig. Sofia y Tatiana corrieron hacia el Gran Duque, gritando y llorando que era inocente y que tenía que ser una confusión. No pudieron llegar a él, ya que uno de los soldados les propino un culatazo con su fusil que las hizo caer al suelo inconscientes.

    Desde la UCI llamaron al médico de Sofia, acaba de despertar del coma.

    -Srta. Lancaster, me oye – dijo el médico. Puede sentir esto, mientras le pasaba una aguja por la planta del pie, para si la columna habría sufrido algún trauma más o el hematoma ya se había disuelto.
    - Donde estoy, quien es usted – dijo Sofia, mientras intentaba quitarse los tubos del cuerpo y enfocar la mirada hacia la habitación donde estaba. ¿Qué me ha ocurrido? ¿Dónde está mi familia?
    - Esta en el Hospital de Washington, en la UCI, ha estado en coma casi un mes y su familia esta fuera esperando que se despertara. Y por cierto son el medico que la ha estado llevando su caso – dijo el médico mientras controlaba las constantes vitales de la paciente.

    Cuando Sofia logró enfocar la vista y ver al médico, algo le resulto muy familiar, no era la primera vez que lo veía y sus recuerdos volvieron a San Petersburgo y al doctor Sokolov

    - Doctor Igor Sokolov, ¿es usted?, ¿qué hace en Washington si estamos en San Petersburgo? Han acusado a mi padre de traición a la zarina y le han detenido, tenemos que hacer algo. Tengo que levantarme y ayudar a mi madre Tatiana.

    Sergey se quedó mirándola y pensando que se había vuelto loca de golpe. Volvió a mirar el encefalograma que tenía en la mano y era normal, no había nada raro.

    - Sofia ¿Dónde estamos? – dijo Sergey
    - En San Petersburgo, por supuesto, en el Palacio Peterhof, mi casa, con mis padres y mi futuro esposo – dijo Sofia, totalmente convencida
    - Le voy a dar un calmante para que se relaje y duerma un poco; así mañana se sentirá mejor

    Sergey salió de la UCI y se dirigió hacia la familia de Sofia y les dijo lo que ella recordaba y lo que le había dicho. Olga se sentó de golpe sobre la silla y agarró la mano de su marido. Olga se preguntaba como era posible que Sofia supiera el gran secreto de la familia, nunca se lo había comentado a nadie, tan solo a su marido, junto al motivo de que sus antepasados emigraran a Francia y después a Inglaterra. Sergey, también los miro algo extrañado, porque en su familia también había un Igor, medico de la zarina y de la aristocracia rusa. Una gran casualidad. El médico les dijo que había dado un sedante a Sofia y que dormiría hasta el día siguiente, por lo que podían irse a casa y descansar.

    Olga estaba sentada en la cocina del apartamento de Sofia con un te en la mano y la mirada en otro tiempo y otra época. Recordaba lo que su abuela le contó sobre la familia y el gran secreto que escondían en lo más profundo de su historia.

    - Estas muy pensativa mama – dijo Kolia mientras se servía un café. Olga miro a su hijo, le sonrió y pensó que los recuerdos volvían a su mente, removiendo todo lo que quería olvidar. Porque no me lo cuentas mama. Puede que si lo dijeras la pena y los remordimientos sean menores
    - No sé si será lo mejor – dijo Olga. Es un episodio de la familia que nos gustaría olvidar y por lo que no he podido volver a San Petersburgo y aunque se remonta a tiempos de tu tatarabuela, siempre está presente.

    Kolia tomaba el café lentamente, mientras examinaba a su madre, nunca antes la había visto tan pensativa ni tan deprimida. Tardaría un poco de tiempo, pero lo que con tanto apego ocultaba saldría a la luz.

    Para Sofia fue una noche muy movida, en su mente se mezclaba la realidad, con los suelos y las imágenes del pasado. Despertó muy cansada y con la cabeza llena de imágenes revueltas. Les preguntó a las enfermeras si pasaría mucho tiempo más en la UCI, quería reunirse con su familia y tener una conversación muy larga con su madre. Las enfermeras le informaron que, si evolucionaba positivamente durante el día, el doctor Sokolov la subiría a planta en la noche. Ese apellido estaba grabado en la memoria de Sofia y tenía gas de conocerle. Durante la noche, la trasladaron a la habitación, aunque hasta la mañana siguiente no lo descubrió, cuando abrió los ojos y vio a su madre sentada junto a su cama y que la miraba con lagrimas en los ojos; y aunque aún estaba algo dormida sonrió a Olga y volvió a sumergirse en esa neblina onírica tan conocida en ella. Avanzada la mañana, el doctor Sergey Sokolov pasó para examinar a Sofia que comenzaba a despejarse de los efectos de los sedantes que le habían dado durante la noche. Enfocando la vista, Sofia miro al doctor y dijo: Igor. Sergey también la miro y le explico, que él era un descendiente del doctor Sokolov, y que su familia también había emigrado a América durante la Guerra Civil rusa de 1917. Pero todo esto tendría que tener una explicación científica, no podía ser un mal sueño.

    Sergey acudió a su amigo Geoffrey, psiquiatra jefe del hospital, para explicarle el caso y le diera una solución plausible.

    - Geoffrey, vengo a pedirte una opinión medica sobre un caso que tengo entre manos – dijo Sergey
    - Y has acudido al lava cocos del hospital – dijo el psiquiatra sonriéndole. Si tu no creen en la psiquiatría, pero bueno, cuéntame el caso. Sergey, le explicó el caso, mientras el doctor Geoffrey Howard, médico en psiquiatría y análisis del comportamiento de la psiquis humana, le escuchaba sin perderse una coma.
    - Y eso es todo lo que te puedo contar – dijo Sergey
    - La mente humana es muy compleja – dijo Geoffrey. Y más estando en coma. Muchos que se han despertado después de un tiempo en ese estado, han dicho que oían todo lo que había a su alrededor incluso las conversaciones; otros que se han encontrado con sus seres querido y han hablado con ellos y finalmente los que han retrocedido en el tiempo y han vivido en otras épocas, viviendo experiencias que posteriormente han leído en libros históricos. Aunque lo que yo creo es que su retroceso esta relacionado con el momento del accidente y que en su mente se han mezclado varios episodios de la historia. Tendrás que hablar con ella y con la familia para descubrir el misterio.
    - Yo creía que me ibas a dar una solución científica más lógica – dijo Sergey
    - ¡Ay amigo!, la mente del ser humano es mucho más compleja de lo que pensamos y aún tenemos muchas lagunas en las enfermedades mentales y en sus sucesos. Todo esta en pañales todavía y cada caso es una historia aparte.

    La familia Lancaster estaba toda reunida en la habitación de Sofia, a la espera del informa diario del doctor Sokolov.

    - Qué tal se encuentra hoy Srta. Lancaster – dijo el médico
    - Muy bien – dijo Sofia. Aún estoy un poco confusa, pero ¿Cuándo puedo irme a mi apartamento?
    - Si las pruebas siguen dando bien y el scanner no nos muestra ninguna secuela de los hematomas craneal y espinal, en un par de días podrá volver a su casa.
    - Muchas gracias doctor – dijo Olga. Y en lo referente a las imágenes de su mente y a sus recuerdos, podrían producirle alguna alucinación o algún problema importante, preguntó
    - He comentado el caso a mi compañero, el jefe de psiquiatría del hospital y no tiene porque existir ninguna secuela, aunque sería conveniente que tuviera un seguimiento psiquiátrico para que su mente se ordene. La mente humana es muy compleja y aún no tenemos todas las respuestas a mano
    - Gracias doctor – dijo Olga

    Cuando Sergey iba abandonar la habitación, Olga le tomo del brazo y le pregunto si su antepasado era el doctor Igor Sokolov médico de la zarina Catalina La Grande, a lo que Sergey le dijo que si y Olga le mostro una miniatura antigua donde estaban Alexandr Russyskaya Vasiliev Ivanov, su esposa Tatiana, su hija Sofia y el doctor Igor Sokolov, y detrás de la foto estaba escrito “San Petersburgo. Palacio Perterhof, abril de 1762”. Sergey miro a Olga, luego a Sofia y después el grabado y los ojos le devolvieron al doble de la miniatura, Igor y Sergey parecían gemelos como dos gotas de agua con tan solo 200 años de diferencia al igual que Sofia con su tatarabuela.

    Una semana más tarde, la ambulancia dejaba a Sofia en su apartamento, aunque aún tenia que andar con muletas, estaba en su querida casa. Y aunque aún le quedaba mucha rehabilitación para hacer una vida normal y volver al trabajo, tenía muchos recados del museo interesándose por ella, y sobre todo del Sr. Bones y el Sr. MacBean por si había descubierto algo del misterio del cuadro antes del accidente. Olga le pregunto sobre lo que habían visto en el cuadro y Sofia le contó lo que habían descubierto en uno de los azulejos del suelo y en la ventana del cuadro. Olga se puso blanca y tuvo que sentarse en la butaca antes de desmayarse y caer al suelo, no podía creer que el misterio se podía resolver tan fácilmente y el honor de la familia limpiarse de toda ofensa. Había estado siempre delante de sus ojos y nadie lo había descubierto; Olga supo que ya era hora de que la familia se enterase del gran secreto, mirando a su marido, que justo en ese momento entraba con las maletas de Sofia en el apartamento. Esperaron a que Irina y Kolia llegaran al apartamento y con la mano de su marido entre las suyas, Olga procedió a relatar su historia familiar.

    -Creo que os debo una explicación y el porque de la huida de mi familia de la patria Rusia y el porque yo no he podido pisar suelo ruso durante todo este tiempo – dijo Olga

    Nuestra familia es muy antigua e incluso se decía que estábamos emparentados con los antiguos zares rusos. Mi tatarabuelo Alexandr Russyskaya Vasiliev Ivanov, era el Gran Duque Ivanov, con importantes propiedades y muy relacionad con la que luego seria la zarina Catalina La Grande, la gran zarina de toda Rusia. Se conocieron antes de que se casara con Pedro III. Luego conoció a Tatiana, se enamoraron nada más que se vieron en un baile del Palacio de Invierno en San Petersburgo, se casaron y tuvieron una hija, Sofia, que creció rodeada de grandes artistas y políticos de la época y que fue comprometida con el Conde Mijaíl Rostov Krasny. Pero cuando Catalina fue coronada zarina junto a Pedro, tuvieron muchos problemas, hubo muchos conflictos y complots políticos y Pedro cada vez fue más excéntrico y sus arreglos internos y políticos no fueron muy acertados. Así que sin que nadie supiera nada Catalina, mando llamar a Alexandr para que espiara la corte de Pedro, que se infiltrara entre sus conocidos y la informara de todo lo que en ella se tramaba, con la promesa de escribir un salvoconducto y una carta de puño y letra exculpándolo de cualquier acusación de traición hacia la patria y hacia la zarina. El espionaje de Alexandr junto con toda la información que acumulo, le dio la oportunidad a Catalina de usurpar el trono y dar un Golpe de Estado a Pedro, acompañada de Grigori Orlov, jefe de su ejército. Pedro se trasladó a Oranienbaum con sus guardias y amigos dejando el camino libre a Catalina para que gobernara sobre toda la Rusia. El ejercito de Grigori Orlov, detuvo y apresó a todo aquel que formara parte de la farándula de Pedro III, acusándolos de alta traición y unos días después de anunciar el compromiso de Sofia con el Conde Krasny, fue detenido, acusado y fusilado, sin que pudiera explicarse y dar con la carta que Tatiana dijo que la propia Catalina le había dado como aval. Tatiana y Sofia pudieron huir a Francia, gracias a la influencia que el doctor Sokolov tenia en ciertos ambientes artísticos rusos y pudieron salir con una compañía de danza y opera que se dirigía a Paris a una representación para Luis XV en Versalles. Y también gracias a amigos y familiares pudieron conservar algunas propiedades de Alexandr y huir con las joyas familiares con las que pudieron vivir algo más cómodas hasta decidir qué harían. Posteriormente Sofia conoció al Duque de Lancaster, se casaron y se trasladaron a Londres donde vivió hasta su muerte. Pero nunca pudo limpiar el nombre de la familia y esa mancha aún sigue oscureciendo el honor de los Russyskaya Vasiliev Ivanov y por ello, a pesar de todo el tiempo que ha pasado y todo lo que políticamente ha sucedido en Rusia, mi familia no puede pisar suelo ruso.

    Sofia no daba crédito a lo que había oído, eso es lo que había vivido en su cómo. Y lo más importante sabia como encontrar la carta y limpiar el honor de la familia.

    - Mama, yo se donde se encuentra esa carta y donde la escondió Alexandr para ocultarla de sus enemigos. Es lo que viví cuando estaba en coma. Viví la fiesta de compromiso, al capitán del ejercito que le entregaba la carta a Alexandr, donde la guardo y cuando le apresaron y como un soldado nos golpeó a Tatiana y a Sofia; y ya no recuerdo más, solo despertarme en el hospital.
    - Hija, es en ese momento cuando despertaste del coma. Que razón tenia Sergey que la mente humana es un complejo desconocido – dijo Olga. ¿Sabes dónde está la carta?
    - Si, en el escritorio de Alexandr del Palacio Perterhof, en un cajón especial – dijo Sofia. Tendré que ir al Museo y descifrar lo que hay en la loseta del suelo. Pero el escritorio no se donde esta, se que lo he visto en alguna parte, pero ahora no recuerdo donde
    - En mi despacho hija – dijo Andrew, su padre. Me lo trajeron del Palacio cuando me case con tu madre como un regalo de bodas. Tu has pintado muchas veces sobre la mesa con tu cuaderno de dibujo
    - Habrá que volver a Londres – dijo Misha y destapar el misterio. Como vosotros tenéis que estar aquí para la gran inauguración de la exposición que se retraso por el accidente de Sofia, iremos Irina y yo. Pero primero, Sofia descifra el enigma.

    Al día siguiente, Sofia fue llevada al Museo para que hablara con el Sr. MacBean e hicieran todas las pruebas necesarias al cuadro y poder descifrar lo que ponía. Le pasaron por el scanner pictórico y vieron que justo debajo del pie de Sofia Russyskaya había una serie de números y letras a las que sacaron un fotograma. Lo ampliaron y vieron que ponía “17 I 14 D 6 D” (parecía una combinación numérica de una caja fuerte) y una serie de iniciales A.R.I en letras cirílicas. Llamaron a Nikolay y a Irina, que habían despegado del aeropuerto antes para ir ganando tiempo, pues el viaje era algo largo hasta llegar a Inglaterra. Una vez que llegaron a Lancaster, llamaron a Sofia para que les fuera guiando según sus imágenes del suelo.

    Les dijo que vio a Alexandr abrir un cajón central y meter la mano bajo una tabla de madera. Kolia se sentó en la silla de su padre y abrió el cajón, pero no vio la tabla de madera. Sofia intentó concentrarse y vio que la mano del Gran Duque tocaba algo en el centro del cajón. Kolia introdujo la mano más adentro del cajón y toco un resorte con los dedos, lo accionó y del cajón se deslizó una tapa de madera y vieron otro cajón más profundo con una serie de letras en alfabeto cirílico. Sofia les dijo que marcaran A.R.I; y ante el asombro de Kolia e Irina, se abrió otra tapa de madera y dejo al descubierto una rueda con números, marco los que le indico Sofia, se abrió la caja y dentro estaba el salva conducto y la carta lacrada y escrita en ruso. Irina con mucho cuidado metió el contenido en un estuche de cuero. Corrieron al aeropuerto para volver lo antes posible a Washington con una gran sonrisa en la cara y con la esperanza de que pronto todos los misterios se descubrieran.

    Cuando los hermanos llegaron al apartamento de Sofia, enseñaron su descubrimiento a la familia y Olga no pudo reprimir el llanto cuando vio las cartas lacradas, el nombre del Gran Duque Alexandr Russyakaya Vasiliev Ivanov y el sello de la Gran Zarina Catalina la Grande. No quisieron abrirla hasta que los expertos del Museo verificaran si era verdadera o una falsificación.

    Después de una angustiosa semana, la familia Lancaster fue llamada al despacho del director del Museo el Sr. Douglas Bones. Allí les esperaban los responsables del departamento de ruso.

    - Buenos días Lady Olga, Duque Lancaster, milord; es un honor tenerlos aquí – dijo el Sr. Bones. Veo que ya esta totalmente recuperada Srta. Lancaster.
    - Si gracias Sr. Bones – dijo Sofia. Con una gran angustia en el cuerpo pregunto porque les habían llamado
    - ¡Ay, Srta. Lancaster! Tan impaciente como siempre – dijo el Sr. Bones. Bueno, según los expertos aquí presentes, tenemos en nuestras manos la prueba que exonera al Gran Duque Vasiliev Ivanov de todo cargo de traición que trabajaba bajos las ordenes de la zarina Catalina. Se ha estudiado el manuscrito meticulosamente, la escritura, los sellos, la tinta, el papel y la cinta con las que se ato y sin ninguna duda es totalmente autentica. Su autenticidad no tiene discusión ni dudas; y con mucho gusto les devuelvo el documento. Espero que con ello puedan limpiar toda sombra de acusación sobre la familia Vasiliev Ivanov.

    Olga no podía dejar de mirar ambos documentos, no sabía si leer el original o la copia traducida. Fue Andrew quien tomo la iniciativa y comenzó a leer en voz alta el documento:

    San Petersburgo, Agosto 1762

    Yo, Catalina II de Rusia, la Grande, gran emperatriz de Rusia, por la presente comunico que el Gran Duque Alexandr Russyskaya Vasiliev Ivanov, trabaja bajo mis ordenes y según ellas, se infiltrara dentro de la corte de Pedro III, mi esposo y zar de Rusia, con la finalidad de informarme de todos los complots políticos y actividades que perjudiquen al país y vayan en su contra. Tiene la orden directa de informarme a mi en persona o en caso de no estar disponible, lo tendrá que hacer a Grigori Orlov, comandante de mi ejército, de todo cambio que el zar Pedro intente hacer para su propio beneficio o beneficie a cualquiera de sus amigos.

    Exonero de toda culpa de traición hacia mi persona o hacia el país al Gran Duque y le agradezco toda la ayuda que pueda proporcionar a Rusia para hacerla más grande.

    Firmado
    Catalina la Grande, zarina de Rusia


    Ahí estaba, por fin podrían descansar en paz sus antepasados y sentirse orgullosos de su apellido y que Olga pueda volver a Rusia y a San Petersburgo con la cabeza bien alta y orgullosa de poder pasearse por el Palacio Perterhof, la casa de su familia, y rezar una oración por ellos en la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, donde se casaron Alexandr y Tatiana. Además de recorrer el Palacio de Invierno, donde la propia Catalina, reunió a los mejores artistas de Europa.

    Todo volvía a la normalidad y la familia Lancaster-Russyskaya disfrutaría de su herencia.

    FIN

  5. El Siguiente Usuario Agradeció a Sorgin Por Este Mensaje:

    miguelpichardo (Hace 4 días)

  6. #4
    immune fools
    Mala hierba nunca muere
    Avatar de mago
    Fecha de ingreso
    09 Jul, 12
    Género
    Mi Peli
    avatar
    Mi Serie
    hijos de la anarquia
    Mi Frase
    donde las dan las toman
    Mensajes
    6,829
    Gracias
    5,411
    Menciones
    32 Post(s)
    Citas
    243 Post(s)

    Predeterminado

    miguelpichardo le gusta.

Temas similares

  1. [Literario] Votaciones Segundos Relatos Tema Libre
    Por Sorgin en el foro Relatos Literarios
    Respuestas: 21
    Último mensaje: 21/03/2019, 15:38
  2. [Literario] Relatos Tema Libre
    Por Sorgin en el foro Relatos Literarios
    Respuestas: 7
    Último mensaje: 01/03/2019, 16:40
  3. [Literario] Relatos Tema Libre
    Por Sorgin en el foro Relatos Literarios
    Respuestas: 4
    Último mensaje: 27/07/2018, 12:38
  4. [Literario] Votaciones Relatos Tema Libre
    Por Sorgin en el foro Relatos Literarios
    Respuestas: 13
    Último mensaje: 23/04/2018, 15:27
  5. [Literario] Relatos de Tema Libre
    Por Sorgin en el foro Relatos Literarios
    Respuestas: 19
    Último mensaje: 03/04/2018, 16:20

Permisos de publicación

  • No puedes crear nuevos temas
  • No puedes responder temas
  • No puedes subir archivos adjuntos
  • No puedes editar tus mensajes
  •