.....Ojocientífico.com 17/07/13


Siempre se ha escuchado que las personas que comen poco suelen sentir más frío, porque “les faltan calorías”. Sin embargo, recientemente se ha descubierto que las células de grasa sienten el frío, por lo que se podría decir que la solución a los crudos días de invierno está en tener un poco de grasa que nos permita generar calor.

Las células de grasa y la temperatura

La grasa es conocida por ser una capa protectora contra el frío en algunos animales. Pero en diversos estudios de 1990, se comprobó que las células grasas conocidas como tejido adiposo marrón, al bajar las temperaturas, servían como forma para calentarse, ya que actuaban liberando energía en forma de calor de esa grasa acumulada.

Este tipo de grasa se activa gracias a las células neuronales del hipotálamo, que informan de que hay un descenso de temperatura. El cerebro envía norepinefrina directo al sistema nervioso simpático, para que movilice al cuerpo de muchas formas diferentes.

No debemos confundir esta grasa marrón con la grasa blanca, que surge cuando estamos pasados de peso. En general, son los recién nacidos quienes tienen gran cantidad de grasa marrón, que es fácil de descomponer y los ayuda a generar y mantener el calor. Esta grasa puede proteger contra la diabetes y prevenir la obesidad, en lugar de causar enfermedades, ya que el proceso de generación de calor depende de una proteína -la UCP1-, que también puede prevenir la diabetes. En un principio, se creía que los adultos no teníamos este tipo de grasa, aunque ahora sabemos que tenemos pequeñas cantidades de la misma.

Para realizar una prueba más extensa de cómo reacciona la grasa al frío, los investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard decidieron enfriar también la grasa blanca, y vieron que los niveles de la proteína UCP1 aumentaron, mientras que en el caso de la grasa marrón no se habían apreciado cambios significativos sin una primera reacción cerebral. El problema de la grasa blanca es que contiene moléculas más grandes y difíciles de separar, pero como punto a favor, no necesitan al cerebro para reaccionar al frío, como sí lo precisan las células de grasa marrón.

Así que las células grasas sienten el frío, por lo cual pueden descomponerse para liberar energía, y al mismo tiempo, adelgazamos. Ahora mismo me voy a meter dentro del refrigerador a ver si adelgazo, ¿no? Hoy en día, la investigación está en pañales, pero puede hacer un cambio significativo en un futuro.