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«Fígaro» es una cacatúa de Goffin (Cacatua goffini) que vive en un laboratorio de Austria. El ave, un macho adulto, es capaz de esculpir herramientas a partir de un palo de madera de su pajarera para arrastrar hacia sí las nueces que tiene fuera de su alcance. Lo curioso del caso que su especie no sabe hacer nada semejante en la naturaleza.

Sin embargo, en cautividad, «Fígaro» no solo es un hábil carpintero, sino que ha transmitido sus conocimientos a otras aves compañeras como si estuvieran en una escuela.

El descubrimiento, realizado por científicos de la Universidad de Oxford, la de Viena y el Instituto Max Planck en Seewiesen, se considera la primera evidencia de la enseñanza del uso de una herramienta en cualquier especie de ave.

Para investigar si la invención de una sola cacatúa podría ser transmitida a otras, el equipo utilizó a «Fígaro» como un «modelo a seguir», exponiendo a otras aves a las demostraciones del uso de herramientas.

En los experimentos, a una cacatúa del grupo se le permitía observar a «Fígaro» empleando hábilmente una herramienta de palo ya hecha, mientras que otra podía ver lo que los investigadores llaman «demostraciones fantasma», en las que las herramientas se desplazaban por sí mismas controladas por imanes ocultos bajo la mesa y los frutos secos, también gracias al truco de los imanes, se movían hacia «Fígaro» sin su intervención. En ese caso, a las aves se les enfrentó a un problema idéntico, con una herramienta hecha tendida en el suelo a su alcance.

Los tres machos y tres hembras que vieron la demostración completa de «Fígaro» interactuaron mucho más con las herramientas potenciales y otros componentes del problema que los que vieron la demostración fantasma. Recogieron palos y en general parecían más interesados en el logro del resultado. Sorprendentemente, los tres machos de este grupo adquirieron competencias en el uso de herramientas, mientras que ni las hembras del mismo grupo ni el resto de aves en el segundo grupo lo hicieron.

Superar al profesor

Los pájaros con éxito no sólo imitaron los movimientos de su maestro sino que también fueron capaces de hacer nuevos usos. «Fígaro» agarraba las herramientas por la punta, las insertaba a través de la rejilla de la jaula a diferentes alturas y atraía las nueces hacia sí mientras ajustaba la posición de la herramienta a medida que el trofeo se acercaba. Los observadores de éxito, en cambio, ponían los palos en el suelo y propulsaban las nueces a su alcance por un movimiento rápido. Esta última técnica fue sin duda más eficaz para las circunstancias de la prueba, que diferían de aquellas en las que «Fígaro» había hecho su primer descubrimiento. En este sentido, los alumnos superaron a su profesor.

«Esto significa que aunque ver a «Fígaro» era necesario para su éxito, no imitan sus actividades motoras exactas», explica Alice Auersperg, quien dirigió el estudio en el Laboratorio Goffin en la Universidad de Viena. Las aves que tuvieron éxito «parecían atender al resultado de la interacción de 'Fígaro' con la herramienta, pero desarrollaron sus propias estrategias para alcanzar el mismo resultado, en lugar de copiar sus acciones. Esto es típico de lo que los psicólogos llamarían aprendizaje emulación».

Para las aves, parecía importante la existencia de un sujeto al que emular, quizás porque prestan más atención a la tarea o por empatía, aunque los investigadores todavía no saben exactamente el motivo.

Las aves no solo aprendieron a utilizar las herramientas, sino también a crearlas. Tras ofrecerles un bloque de madera, una de ellas creó su herramienta de forma espontánea. La otra falló al principio, pero después de ver a «Fígaro» como carpintero se puso manos a la obra y fue capaz de imitarle.

La investigación aparece publicada en la revista Proceedings B de la Royal Society.

abc.es 03/09/14