En ocasiones, la ciencia nos ha mostrado como algunos de los patógenos más peligrosos pueden llegar a tener otros usos más beneficiosos para la humanidad, y ahora le ha tocado a otro de esos enemigos que más problemas nos ha causado desde hace años, la bacteria E.coli.


E. coli en el interior de la estructura salina creada por esta bacteria. JM GÓMEZ-GÓMEZ

Y es que este patógeno escondía un secreto en su arsenal que ha sorprendido a muchos, puede llegar a construir un refugio de sal a su alrededor, secarse y pasar largos tiempos encerrada en esa tumba salina para luego volver a la vida una vez su pequeño hogar entra en contacto con una simple gota de agua.

Y para que podría servir este peculiar método de supervivencia os preguntareis, pues tiene importantes implicaciones en la búsqueda de vida en otros planetas. En otros mundos, cuando las condiciones medioambientales cambian drásticamente, las bacterias presentes en su entorno podrían haber desarrollado sistemas similares, esperando largos periodos de tiempo hasta que regrese la humedad.

“Teniendo en cuenta la riqueza y complejidad de estas formaciones, pueden ser utilizadas como firmas biológicas en la búsqueda de vida en ambientes extremadamente secos fuera de nuestro propio planeta, tales como la superficie de Marte o en el de satélite de Júpiter, Europa” señalo José María Gómez, biólogo del Laboratorio de Investigación de BioMineralógia y astrobiológica LBMARS de la Universidad de Valladolid-CSIC, en un comunicado de prensa.

Sin embargo, y aunque podría parecer lo contrario, Gómez no realizo este descubrimiento dentro de unas gigantescas instalaciones en las que encontraríamos los más complicados aparatos, sino que hizo el descubrimiento en su con un simple microscopio al estar observando la bacteria E. coli, una bacteria que se esconde, entre otros lugares, en la superficie de la carne de vacuno y que, en caso de infestación, puede llegar a provocar de aquellos que coman alimentos no esterilizados o poco cocinados.

“Fue una sorpresa total, un resultado totalmente inesperado, cuando situé células E. coli en agua salada, me di cuenta de que las bacterias tienen la capacidad de unirse a la cristalización de las sales y modular el desarrollo y crecimiento de los cristales de cloruro de sodio”

“Por lo tanto, en unas cuatro horas, en la gota de agua que se había secado, creo un impresionante tapiz de patrones biosalinos con una compleja arquitectura 3-D”, agregó Gómez.

El estudio ha sido publicado en la revista Astrobiology.


espacioprofundo.es 03/08/14