Durante siglos, los científicos han estudiado el fenómeno de migración de las aves por ser uno de los grandes misterios de la naturaleza. ¿Se debe a una cuestión que está en sus genes o se trata de algo que aprenden?
Abc.es 30/08/13

Un equipo de investigadores de la Universidad de Maryland ha encontrado la evidencia de que las grullas aprenden las rutas migratorias de sus congéneres más viejos, y que a mayor edad, mejor se orientan para llegar a su destino. Así, los grupos de grullas blancas donde se introdujo un ejemplar adulto de siete años de edad tuvieron una desviación un 38% menor en el trayecto que separa sus zonas de reproducción en Wisconsin de las de Florida —donde invernan—. Las aves que no siguieron a las mayores se desviaron unos 97 kilómetros mientras que las que sí lo hicieron tuvieron una desviación de 64 kilómetros.

Según los investigadores, la capacidad de las grullas para adherirse a la ruta «aumentó de manera constante desde el primer año hasta el quinto, y se mantuvo más o menos inmóvil a partir de ese momento».

«Buena parte de los estudios sobre migración se hacen en especies de vida corta o comparando un pájaro joven con un ave adulta», ha explicado Thomas Mueller, biólogo y autor principal de la investigación. «Sin embargo, ahora hemos podido ver qué ocurre a lo largo de la vida útil de los animales de forma individual, y demostrar que el aprendizaje se lleva a cabo durante muchos años», ha añadido Mueller.

Comportamientos aprendidos en sociedad

«Se trata de un conjunto de datos único a nivel mundial para el efecto de la experiencia y nos muestra la importancia de estos comportamientos que aprenden en sociedad», ha señalado William F. Fagan, co-autor del trabajo. A lo que ha añadido que esperaba que grupos grandes tuvieran una menor desviación, al haber más aves participando en el desplazamiento, un efecto que, sin embargo, «no observamos».

Los investigadores indican que las grullas de mayor edad son mejores para reconocer puntos de referencia y hacer frente al mal tiempo, por lo que en las migraciones en otoño la desviación se debería a los fuertes vientos de esa época del año.

Este hallazgo, que se publica el 30 de agosto en la revista «Science», se basa en los esfuerzos para restaurar la grulla blanca —en peligro de extinción— en su área natural. Se trata del ave más grande de América del Norte, con cinco metros de altura, y una de las que más años viven, con una supervivencia media de 30 años. Actualmente, alrededor de 250 ejemplares silvestres pasan el verano en Canadá y emigran al Estado norteamericano de Texas en invierno.