Espacioprofundo.es 05/04/13

¿De dónde venimos? Esa es la pregunta fundamental que ha perseguido a la humanidad desde los albores del tiempo, al tratar de responderla hemos creado dioses y teorías, unas más acertadas, otras un tanto peregrinas.

Una de estas ideas nos indica que la vida en nuestro mundo obtuvo su primer “empujón” desde el espacio, las rocas espaciales que amenazan nuestra existencia podrían ser el origen de las primeras formas de vida con moléculas esenciales que permitirían a los microorganismos almacenar energía, asegurando así que estas diesen lugar a la vida tal y como la conocemos en la Tierra.

Cada organismo habría tenido incorporado estas “pilas” en forma de moléculas que almacenan la energía de los alimentos hasta que la necesitase. Todas estas moléculas de almacenamiento están basadasen fósforo. Pero esta vida espacial temprana necesitaría acceder al fósforo terrestre ya que hasta ese momento estaría encerrado en el interior de las rocas.

Hoy en día la molécula más común capaz de almacenar energía es el trifosfato de adenosina (ATP), utilizada por millones de organismos complejos. Pero, ¿cómo aparecieron estas primeras moléculas para permitir la evolución de las baterías? Necesitas enzimas si quieres fabricar ATP y liberar así su energía, pero los primeros organismos no habrían sido lo suficientemente sofisticados como para crear esta molécula, por lo que no queda más remedio que pensar en una versión más simple, predecesora del ATP.

Según Terry Kee, de la Universidad de Leeds en el Reino Unido, la primera “pila biológica” podría haber sido una molécula llamada pirofosfito, esta contiene fósforo, oxígeno e hidrógeno. Además muestra poseer muchas de las mismas propiedades químicas que tiene el ATP, pero es más reactiva así que la vida no necesitaría crear encimas para liberar su energía.

Para ver si el pirofosfito pudo haberse formado cuando los meteoritos alcanzaron la Tierra primitiva, el equipo de Kee estudió un meteorito siberiano que contenía una gran cantidad de fósforo. Incubaron fragmentos del meteorito en el agua ácida obtenida de estanques volcánicos en Islandia, unos estanques que se piensa que pueden ser químicamente similares al agua de la Tierra primordial. Después de cuatro días en el agua, estas muestras de meteoritos habían liberado grandes cantidades de fosfito, un componente que al secarse se transformó en pirofosfito (Geochimica et Cosmochimica Acta , doi.org / KZC). ”Hemos demostrado que es muy fácil formar”, comento Kee.

Su idea se ve reforzada por el descubrimiento en 2009 que señala que las piscinas geotérmicas californianas contienen grandes cantidades de fosfitos. Estas piscinas se asemejan al ambiente primordial, sugiriendo así que la Tierra primitiva también era rica en este material.

Sin embargo, la idea del pirofosfito como el primer almacén de energía ha dividido a los que investigan el origen de la vida. El mayor problema es que todos los organismos modernos utilizan fosfatos para almacenar energía, no fosfitos, señala William Martin de la Universidad Heinrich Heine de Düsseldorf, Alemania. Animales y plantas utilizan ATP y la mayoría de los microbios optan por el pirofosfato. ”Mi corazonada es que siempre fue así”.

Por esta razón, muchos investigadores piensan que el pirofosfato es el antiguo almacén de energía más prometedor, pero hay problemas. Tendría que formarse a partir de fosfatos, pero estos son muy reactivos, de modo que no habría durado mucho tiempo en la superficie de la Tierra. Los pirofosfatos también reaccionan con agua en lugar de disolverse en ella como lo hace el pirofosfito. ”La comunidad ha favorecido pirofosfato porque es lo más sencillo”, dice Steven Benner de la Fundación para la Evolución Molecular Aplicada en Gainesville, Florida. ”No hay razón para creer que fue la primera reserva de energía”.

Kee piensa que el pirofosfito podría haber sido el precursor del pirofosfato, utilizándolo hasta que la vida logro evolucionar como para ser capaz de trabajar con los fosfatos. Su último trabajo respalda esta afirmación: en los experimentos, aún sin publicar, su equipo está encontrando que el pirofosfito puede ser fácilmente convertido en pirofosfato. Sugiriendo así que la vida podría, de hecho, haber cambiado rápidamente de una a la otra.