...Espacioprofundo.es 01/01/13

Entre muchos de los peligros a los que se enfrentan los astronautas se encuentra la radiación. Siempre hemos pensado en este en este asesino invisible como algo que puede llegar a provocar mutaciones en nuestro ADN, incluso son elevadas las tasas de cataratas entre los exploradores del espacio, pero nunca nos habríamos imaginado los daños que puede llegar a ocasionar en nuestros cerebros. Esta radiación espacial podría provocar efectos que acelerarían la aparición tan despiadada como el Alzheimer, añadiendo así otro riesgo para las misiones tripuladas en el espacio profundo.

“Este estudio (sobre ratones) demuestra por primera vez que la exposición a los niveles de radiación equivalentes a una misión a Marte podría producir problemas cognitivos y acelerar los cambios en el cerebro que se asocian con la enfermedad de Alzheimer”, señalo el autor del estudio, Kerry O’Banion, neurocientífico de la Universidad de Rochester Medical Center, en un comunicado.

Si hay algo seguro que podemos encontrar en el espacio es sin lugar a dudas la radiación, esta puede provocar múltiples daños sobre la vida, pero mientras que en la Tierra nos encontramos protegidos por nuestro campo magnetico terrestre, una vez que los astronautas se aventuran más allá de la órbita baja terrestre, están constantemente bombardeados por una lluvia de partículas peligrosas, aquellas que conocemos como rayos cósmicos. Cuanto más tiempo se encuentra un astronauta en el espacio profundo, mayor es el riesgo, algo que es especialmente preocupante para la NASA dados sus planes de enviar una misión tripulada a un asteroide en 2025 para, posteriormente, llegar a Marte en 2035, cuyo viaje de ida y vuelta podría llegar a durar por lo menos dos años.

Durante más de 25 años, la NASA ha financiado múltiples estudios para descubrir cuáles pueden ser los potenciales peligros de los viajes espaciales, anteriores investigaciones ya señalaron el riesgo al que se someterían a los astronautas al enfrentarse a los rayos cósmicos, mostrando una alta tasa de probabilidad de padecer cáncer, así como problemas en los sistemas cardiovascular y musculoesquelético.

Pero los últimos estudios señalan a que la radiación espacial podría tener efectos sobre la neurodegeneración y en particular sobre los procesos biológicos del cerebro relacionados con el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, que generalmente implica un declive mental progresivo durante varios años. Este trabajo mostro que “radiación cósmica galáctica representa una amenaza importante para los futuros astronautas”, comento O’Banion.

O’Banion y sus colegas de investigación mostraron que un tipo específico de radiación espacial, la conocida como de alta masa y partículas altamente cargadas (o HZE) es potencialmente dañina. Estas partículas viajan a través del espacio a velocidades muy altas, probablemente son el resultado de explosiones de estrellas y otras catástrofes producidas en el espacio profundo. A diferencia de los rayos cósmicos que consisten sólo de los núcleos de hidrógeno, la radiación generada por las erupciones solares, la masa y la velocidad de las partículas HZE les permiten atravesar los objetos sólidos tales como una nave espacial, o cualquier astronauta.

“Debido a que las partículas de hierro imparten un golpe más grande, es muy difícil, desde el punto de vista de ingeniería, protegernos eficazmente contra ellos”, comento O’Banion ”Esencialmente tendríamos que envolver una nave espacial en un bloque de plomo u hormigón de 2 metros”.

Los científicos se centraron en el impacto de las partículas de hierro HZE generadas por aceleradores de partículas en el Laboratorio de Radiación Espacial de la NASA situado en el Laboratorio Nacional de Brookhaven, en Nueva York. Los ratones se tuvieron que enfrentar a los niveles de radiación comparables a los que encontrarían los astronautas durante una misión a Marte.

La función mental de los ratones se probó con una serie de experimentos, por ejemplo, tuvieron que reconocer los lugares relacionados con desagradables descargas eléctricas en sus patas, aquellos roedores que fueron sometidos a esta radiación se mostraron más propensos a los fallos durante estas tareas. También los cerebros de los ratones mostraron signos de inflamación de vasos sanguíneos, y poseían niveles anormalmente elevados de beta amiloide, un péptido que suele relacionarse con el Alzheimer, aunque también está asociado con múltiples actividades no afines a esta enfermedad.

“Estos hallazgos sugieren claramente que la exposición a la radiación en el espacio tiene el potencial de acelerar el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer”, dijo O’Banion. ”Este es otro de los factores que la NASA, que está claramente preocupada por los riesgos para la salud de los astronautas, tendrá que tener en cuenta para sus planes de futuras misiones”.

Aunque no está claro por qué estas partículas HZE podría tener este efecto sobre el cerebro.

“Esto es, por supuesto, la pregunta de los 10 millones”, comento O’Banion a SPACE.com. El hecho de que los investigadores viesen una respuesta vaso-sanguínea no indica la inflamación del cerebro, son que sugiere que estos efectos de la radiación se producen en realidad en el cuerpo de los ratones, y que los cambios podrían estar afectando la acumulación y eliminación de este amiloide.

Es por ello que O’Banion se mostro precavido ya que, durante el experimento, se sometió a los ratones durante apenas unos minutos a radiación a la que se enfrentarían los astronautas durante una misión de tres años, por lo que ignoran cuales serian sus efectos si esta radiación es administrada en dosis bajas “Muchos dirán que el nuestro es el peor escenario, y que los cambios tienden a ser completamente diferentes, ya que el cuerpo puede adaptarse a las pequeñas dosis crónicas”.

En el futuro, O’Banion y sus colegas trataran de examinar los efectos de la radiación sobre el cerebro que puedan estar vinculados con otras enfermedades, como por ejemplo en el desarrollo de la enfermedad de Parkinson.

“Me gustaría añadir que hay por lo menos otros tres laboratorios que realizan estudios similares”, comento O’Banion. ”Lo bueno de esto es que pronto sabremos si nuestros resultados se mantienen en otros laboratorios”.

Los científicos detallaron sus hallazgos en línea el 31 de diciembre en la revista PLoS ONE.