Aunque la Prehistoria es el periodo que abarca desde la aparición del ser humano hasta la invención de la escritura, hace unos 5.000, vamos a situarnos en momento anterior a la llamada Revolución neolítica, cuando se produce la primera transformación radical de la forma de vida de la humanidad pasando de ser nómada a sedentaria y de tener una economía recolectora (caza, pesca y recolección) a productora (agricultura y ganadería).


Aquellos antepasados eran cazadores-recolectores, es decir, su alimentación consistía en una dieta variada procedente de la carne de animales que cazaban o la de los restos que dejaban los depredadores, la que obtenían de la pesca y el marisqueo, y de todo aquello que les proporcionaba su entorno: bayas, frutos, raíces, hierbas, tubérculos… Fueron los inventores del consumo sostenible: comían productos frescos, de temporada y de proximidad. Se movían en pequeños grupos, generalmente con lazos familiares, según lo dictaba la naturaleza, ajustándose a la flora y la fauna de cada lugar, y estableciéndose normalmente en refugios básicos y temporales como cuevas y otras áreas con formaciones rocosas para protegerse de las inclemencias del tiempo y de las fieras. A medida que sus cerebros evolucionaron y desarrollaron las herramientas de caza les permitió acceder a cazar piezas de mayor tamaño -ocasionalmente se aliaban con otros grupos para “atreverse” con los mamuts-. Asimismo, esta evolución les permitió desarrollar un conocimiento más complejo de la vida de las plantas comestibles y los ciclos de crecimiento, consiguiendo un aprovechamiento más eficiente de cada lugar. Disponer de más recursos permitía poder mantener a más miembros y, lógicamente, aumentar la población. En este aumento población también podría caber una respuesta evolutiva: la menopausia. Y si la evolución no da puntadas sin hilo y tiene un porqué para todo, habría que preguntarse…

¿Por qué sólo las hembras de cinco especies -la humana y cuatro cetáceos (orcas , calderones, ballenas beluga y narvales)- sufren ese cambio hormonal por el que dejan de procrear y, sin embargo, sus vidas se prolongan muchos años más?

La evolución fisiológica también condujo a cambios, con cerebros más grandes y, lógicamente cabezas más grandes, que, dada la limitación de la pelvis de las madres, llevaron a que la criatura más evolucionada necesitase períodos más largos de la niñez y la adolescencia para su completo desarrollo. Así que, está claro que el “cachorro” humano es el que más cuidados necesita y durante más tiempo, por lo que la menopausia liberaría a las mujeres más mayores de su labor reproductiva y permitiría que las jóvenes tuviesen más hijos al disponer de “abuelas” dedicadas a… a lo mismo que ahora, a cuidar nietos.

La única organización social de estos grupos venía determinada por la edad y el sexo. Los hombres se encargaba de cazar y las mujeres… de todo lo demás. Además de la maternidad y la perpetuación del grupo, cuidaban y educaban a los hijos, se encargaban de mantener el fuego, recolectaban, cocinaban, fabricaban la ropa… Así que, en estas comunidades nómadas con poca diferenciación de riqueza entre ellas y donde las únicas posesiones eran algunas herramientas fácilmente transportables -el adjetivo superfluo todavía no se había inventado-, las mujeres eran el “bien” más preciado, no de los hombres si no de la comunidad. Cada grupo debía proteger a sus mujeres de otros grupos y, sobre todo, al igual que ocurre con las manadas de otros “animales”, cuidarse del hombre “soltero” que hará todo lo posible para raptar alguna mujer y poder formar su propio grupo.

Ya sabía lo que hacía Rómulo, el primer rey de Roma, cuando ante la escasez de mujeres invitó a los sabinos a una gran fiesta y, tras emborracharlos, los latinos asaltaron sus casas y raptaban a sus mujeres. Y también gracias a las mujeres la cosa terminó bien, porque las sabinas se interpusieron entre ambos ejércitos y les pidieron que no luchasen…

si vencían los sabinos, ellas perderían a sus maridos, y si vencían los latinos tendrían que llorar la muerte de padres y hermanos.

historiasdelahistoria.com / Javier Sanz, 11 abril 2019

La mujer en la Prehistoria, el “bien” más preciado