La mantis religiosa es uno de los insectos más conocidos y populares del mundo no solo por su extraordinaria belleza y por los significativos tamaños que pueden alcanzar, sino también por su conocida conducta de devorar a los machos durante o después de la cópula. Pero existe otro artrópodo, en este caso un crustáceo marino, que también recibe el nombre de mantis por su parecido físico al insecto anterior y que es mucho menos conocido pero igual de fascinante que este, tanto por su físico como por su conducta. Por estas razones, queremos comentarte hoy algunas de las curiosidades de la mantis marina.


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Características de las mantis marinas

Las mantis marinas, que también reciben los nombres comunes de esquilas, galeras, langostas mantis y tamarutacas, son crustáceos estomatópodos que, aunque generalmente son pequeños, pueden alcanzar en dependencia de la especie (existen más de 350 descritas), tallas cercanas a los 40 cm de largo.

Son muy comunes en aguas marinas de poca profundidad, sobre todo en regiones tropicales y subtropicales, donde son frecuentes bajo las piedras, en agujeros y en general sitios donde puedan ocultarse de los depredadores, razón por la cual son tan desconocidas a pesar de su abundancia.

Son depredadores muy voraces y agresivos, y su dieta, que es muy variada puede componerse de peces, moluscos, otros crustáceos e incluso pueden practicar el canibalismo, conducta que es muy común en la naturaleza.

La extraordinaria fuerza de la mantis marina
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Una de las características más llamativas de estas criaturas es su sorprendente fuerza. Al igual que las mantis religiosas, presentan unas extremidades anteriores raptoras muy fuertes con las que, mediante rápidos movimientos que están entre los más extremos que se conozcan en el reino animal, capturan a sus presas, perforándolas o triturándolas, en dependencia de si los apéndices son espinosos o con forma de garrote o martillo.

La velocidad del ataque es tal que puede compararse a la aceleración que alcanza una bala de calibre 22 y, si de casualidad falla el ataque, la onda de choque que produce es tal que puede aturdir de tal manera a la presa que esta difícilmente escapará. Es conocido que algunas especies han llegado a romper el cristal de algunos acuarios y que, por unos milisegundos, pueden producir un chispazo submarino solo visible con los instrumentos científicos adecuados y que es capaz de alcanzar cientos de grados de temperatura.

Con este violento golpe son capaces de romper las duras conchas de los caracoles y ostras, así como los caparazones de los cangrejos, o arponear sin posibilidad de escapatoria a los peces que se les acerquen demasiado.

Otras curiosidades de las mantis marinas

Los ojos de estos crustáceos están entre los más complejos que existen, están compuestos por miles de estructuras llamadas omatidios en cada ojo, que se disponen de tal manera que les permiten una visión trinocular, con una amplia percepción de la profundidad. A su vez estos ojos están situados en pedúnculos que se mueven independientemente uno de otro, por lo que es difícil que algo escape a su aguda mirada.

Otra curiosidad es la complejidad de su comportamiento para comunicarse con sus congéneres. Se conoce de los elaborados rituales de lucha de algunas especies para defender su territorio, así como el uso de patrones fluorescentes para avisar de su presencia.

Algunas especies pueden vivir hasta dos décadas o más, y en el caso de las que son monógamas, pueden convivir juntas todo este tiempo estableciendo muy bien las actividades que a cada uno le corresponde dentro de la madriguera, como por ejemplo, la cuida de la puesta o la búsqueda de alimentos.

Ojocientífico.com 13/12/13